domingo, 10 de agosto de 2008

Néstor Perlongher: Cadáveres


A Flores



Bajo las matas

En los pajonales

Sobre los puentes

En los canales

Hay Cadáveres



En la trilla de un tren que nunca se detiene

En la estela de un barco que naufraga

En una olilla, que se desvanece

En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones

Hay Cadáveres



En las redes de los pescadores

En el tropiezo de los cangrejales

En la del pelo que se toma

Con un prendedorcito descolgado

Hay Cadáveres



En lo preciso de esta ausencia

En lo que raya esa palabra

En su divina presencia

Comandante, en su raya

Hay Cadáveres



En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja

Por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas

En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada

En el garrapiñero que se empana

En la pana, en la paja, ahí

Hay Cadáveres



Precisamente ahí, y en esa richa

de la que deshilacha, y

en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y

en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso

en la que no se dice que se sepa…

Hay Cadáveres



Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía, disimuladamente, al

espejuelo, en la

correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas

arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin

embargo, en esa c… que, cómo se escribía? c… de qué? mas, Con

Todo

Sobretodo

Hay Cadáveres



En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la

menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el

despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un

saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas

pasadas como mejas muertas de las que

Hay Cadáveres



Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano:

en la colilla de los pantalones que se encastran, símilmente;

en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa

porque su novio ha

……………………..…!

Hay Cadáveres



En ese golpe bajo, en la bajez

de esa mofleta, en el disfraz

ambiguo de ese buitre, la zeta de

esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad

Hay Cadáveres



Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las

campesinas

agasajan sus fiolos, en los

fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a

escondidas, con la bombacha llena; en la

humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de

los de

Hay Cadáveres



Parece remanido: en la manea

de esos gauchos, en el pelaje de

esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo

de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz

Hay Cadáveres



Ay, en el quejido de esa corista que vendía “estrellas federales”

Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,

Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con

una botella de whisky “Russo” llena de vidrio en los breteles, en ésos,

tan delgados,

Hay Cadáveres



En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere

En la delicadeza de las manos de la manicura que electriza

las uñas salitrosas, en las mismas

cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan

…indeciso…, que

clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y

en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza

que se derrumba, oui

Hay Cadáveres



Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa

¡bonita profesora!

Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo

de ese incienso;

Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón

atravesado por un aro, enagua, en

Ya

Hay Cadáveres



En eso que empuja

lo que se atraganta,

En eso que traga

lo que emputarra,

En eso que amputa

lo que empala,

En eso que ¡puta!

Hay Cadáveres



Ya no se puede sostener: el mango

de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos,

el rosario

de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava,

la corriente

que sujeta a los juncos el pichido –tin, tin…-del son-

ajero, en el gargajo que se esputa…

Hay Cadáveres





En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también

glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición

porque guarda una orla de caca; en el escupitajo

que se estampa como sobre en un pijo,

en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de

la hormiga,

Hay Cadáveres



En la conchita de las pendejas

En el pitín de un gladiador sureño, sueño

En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas

brechas, en el sudario del cliente

que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo,

en el polvo

Hay Cadáveres



En el desierto de los consultorios

En la polvareda de los divanes “inconscientes”

En lo incesante de ese trámite, de ese “proceso” en hospitales

donde el muerto circula, en los pasillos

donde las enfermeras hacen SHHH! Con una aguja en los ovarios,

en los huecos

de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos

se travisten de “hombre drapeado”,

laz zarigüeyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase ( o paladea)

un paladar, en tornos

Hay Cadáveres



En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de

Esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese

bies que ciñe – algo demás- esos corpiños, en el azul lunado del cabe-

llo, gloriamar, en el chupàzo de esa teta que se exprime, en el

reclinatorio, contra una mandolin, salamí, pleta de tersos caños…

Hay Cadáveres



En esas circunstancias, cuando la madre se

lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la

hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que

va “creciente”, o

Hay Cadáveres



Ya no se puede enumerar: en la pequeña “riela” de ceniza

que deja mi caballo al fumar por los campos ( campos, hum…). o por

los haras, eh, harás de cuenta que no

Hay Cadáveres



Cuando el caballo pisa

los emponchados pólderes,

empenachado se hunde

en los forrajes;

cuando la golondrina, tera tera,

vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola

como una sierpe “leche de cobra” se

disipa,

los miradores llegan todos a la siguiente

conclusión:

Hay Cadáveres



Cuando los extranjeros, como crápulas ( “se les ha volado la

papisa, y la manotean a dos cuerpos”), cómplices

arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta,

y ella es devaluada!

Hay Cadáveres



Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano,

ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un

“palo borracho”, la estirpe real de una azalea que ha florecido

roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje

la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo

contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y

Hay Cadáveres



Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su-

ceso de su pica, más

atornilla esa clava, cuando “mecha”

en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza

chueca, cuando la va dándola vuelta

para que rase todos…los lunares, o

Sitios,

Hay Cadáveres



Verrugas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin…

acribilla, acrisola, ángeles miriados de peces espadas, mirtas

acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del

dedo de un puntapié en las várices, torreja

de ubre, percal crispado, romo clít…

Hay Cadáveres



En el país donde se yuga el molinero

En el estado donde el carnicero vente sus lomos, al contado,

y donde todas las Ocupaciones tienen nombre…

En las regiones donde una piruja voltea su zorrito de banlon,

la huelen de lejos, desde antaño

Hay Cadáveres



En la provincia donde no se dice la verdad

En los locales donde no se cuenta una mentira

-Eso no sale de acá-

En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en

la bragueta del que orina –esto no va a parar aquí-, contra los

azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y

Esmeraldas,

Hay Cadáveres



Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,

los caciques le hacen un enema,

le abren el c… para sacarle el chico,

el marido se queda con la nena,

pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada,

de un camarín donde…

Hay Cadáveres



Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella

era una oveja hecha rabona, donde la perra

lo cagó, donde la puerca

dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos

almizclados, lo sedujo

Hay Cadáveres



Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre

un bombachón de muñequera, como en

un cáliz borboteante – los retazos

de argolla flotaban en la “Solución Humectante” (método agua por

agua),

ella se lo tenía que contar:

Hay Cadáveres





El feto, criándose en un arroyuelo ratonil

La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,

La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,

La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados:

Hay Cadáveres



La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas

La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una “calada”

El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos

Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de

una Kombi,

Hay Cadáveres



La despeinada, cuyo rodete se ha raído

por culpa de tanto “rayito de sol”, tanto “clarito”;

La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;

La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;

La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse

para no ver lo que veía:

Hay Cadáveres



La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un

buen punto;

la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien

discerto que no mostrara nada

- y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase-;

la dueña de la fábrica, que vió las venas de sus obreras urdirse

tactilmente en los telares – y daba esa textura acompasada…

lila

La llanera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas

Hay Cadáveres



La que hace años que no ve una pija

La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna ( o cuña)

Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta

donde los

vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le

tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una

profesora…)

Hay Cadáveres



Era ver contra toda evidencia

Era callar contra todo silencio

Era manifestarse contra todo acto

Contra toda lambida era chupar

Hay Cadáveres



Era: “No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan

cuenta”

O:”No le vayas a contar ue lo vimos porque a ver si se lo toma a

pecho”

Acaso: “No te conviene que lo sepan porque te amputan una teta”

Aún: “Hoy asaltaron a una vaca”

“Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada

… y listo”

Hay Cadáveres



Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello

Como una frase hecha le atornillaba los corsets las fajas

Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo; como

Una corbata se avizora, pinche de plata, así

Hay Cadáveres





En el campo

En el campo

En la casa

En la caza

Ahí

Hay Cadáveres



En el decaer de esta escritura

En el borroneo de esas inscripciones

En el difuminar de estas leyendas

En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,

En ese puño elástico,

Hay Cadáveres



Decir “en” no es una maravilla?

Una pretensión de centramiento?

Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward

Muere al amanecer, y descompuesto de

El Túnel

Hay Cadáveres



Un área donde principales fosas?

Un loro donde aristas enjauladas?

Un pabellón de lolas pajareras?

Una pepa, trincada, en el cubismo

de superficie frívola…?



Hay Cadáveres



Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste

a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo

cruzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los

carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso,

te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a

detener, Fernando? Imaginá…

Hay Cadáveres



Estamos hartas de esta reiteración, y llenas

e esta reiteración estamos,

Las damiselas italianas

pierden la tapita del Luis XV en La Boca!

Las “modelos” – del partido polaco –

no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza!

Cholas baratas y envidiosas – cuya catinga no compite – en Quilmas!

Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda!

Barracas!

Hay Cadáveres



Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es

colimba!

Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!

Y la que paya, si callase!

La que bordona, arpona!

Ni a la vitrolera, que es botona!

Ni al lustrabotas, cachafaz!

Ni a la que hace el género “volante”!

NI

Hay Cadáveres



Féretros alegóricos!

Sótanos metafóricos!

Pocillos metonímicos!

Ex-plícito!

Hay Cadáveres



Ejercicios

Campañas

Consorcios

Condominios

Contractus

Hay Cadáveres



Yermos o Luengos

Pozzis o Westerleys

Rouges o Sombras

Tablas o Pliegues

Hay Cadáveres



-Todo esto no viene así nomás

-Por qué no?

-No me digas que los vas a contar

-No te parece?

-Cuándo te recibiste?

-Militaba?

-Hay Cadáveres?



Saliste Sola

Con el Fresquito de la Noche

Cuando te Sorprendieron los Relámpagos

No Llevaste un Saquito

Y

Hay Cadáveres



Se entiende?

Estaba claro?

No era un poco demás para la época?

Las uñas azuladas?

Hay Cadáveres



Yo soy aquel que ayer nomás…

Ella es la que…

Veíase el arpa…

En la alfombrada sala…

Villegas o

Hay Cadáveres



………………………………….

………………………………….

………………………………….

………………………………….





No hay nadie? , pregunta la mujer del Paraguay?

Respuesta. No hay cadáveres.







Néstor Perlongher


Néstor Perlongher nace en Avellaneda el 25 de diciembre de 1949.
"Cadáveres" es el último poema del libro "Alambres", de Nestor Perlongher, premio Boris Vian 1987.
Lo escribió en un viaje en micro emigrando de Buenos Aires a San Pablo, Brasil.
Como la "carta Abierta a las Juntas" de Rodolfo Walsh, este poema es el más amplio y contundente que se haya escrito nunca sobre los desaparecidos.
Tomado de Ediciones "Último Reino", Año 1987.
Enviado para compartir por Rubén Vedovaldi.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Uno de los poemas más terrorificos que ha dado nuestro país. Verdadero knock-out que puede sonar artificial, grotesco, iracundo, incomprensible, inmundo, desesperado, pero así fue la Argentina que le tocó vivir a este poeta." Marcelo Di Marco en HACER EL VERSO Editorial Sudamericana

mercedes sáenz dijo...

No lo conocía. Es de lo más fuerte que he leído. No puedo hacer comentario, mis palabras son caáveres antes de nacer. Gracias a Rubenpor traerlo, a la revista y a quien más corresponda. Para el autor toda mi temida admiración. Un abrazo Mercedes Sáenz