domingo, 6 de julio de 2008

Ricardo Mastrizzo: Algunos poemas nuevos


Uno veía su estatura...



Uno veía su estatura

y en los brazos crecían sus nidos.

En las anginas llamaba a Dios

porque no eran hombres.

( llamábamos milagro)

No quedan muchas cosas

en la memoria.

O tal vez queda todo.

Uno que llamaba a la fe

llamó a la paciencia de Dios.

Uno que aún en la derrota

cantaba,

que hoy de brazos mide el cuerpo grande

pequeño.

Uno quisiera morir lejano de lunas

entre sus brazos

y soñar posible entre sus ojos

arrullando futuro.

Por eso pronuncio

no apostarle a la vida

y que jueguen otros al luto

quienes lleven esclavos

en sus memorias.

A ellos, los míos,

les pertenece la continuada página del libro

que uno escribe bajo el sol fecundo.

O el destierro.



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Había una vez un pueblo...


Había una vez un pueblo

que no sentía del verano

la primicia del infierno,

ni invierno con aroma a sepulcro.

Sembraban para bocas

de otros

y mordían para inviernos de todos.

No prosperaban clandestinos agravios,

tampoco falsos turismos.

El viento andaba en la sutil manera

de entender y lamer la comarca.

Los edificios no eran peores,

la codicia carecía

hasta en pensares de victorias.

Uno a uno vivía la tierra

en la tierra.

uno en cientos y miles

en uno

y las leyendas cruzaban bibliotecas

bajo estrellas.

Hasta que un día:

Galeones,

hombres de fierro

caballo y pólvora,

Impulsó exterminio

para sus bocas.

Impuso la fe

en las muchachas vírgenes.

Dividieron comarcas con mojones

desde invierno a primavera.

El fuego ardió

y enseñó que debe

y cómo debía

arder el mundo

y los tambores entregaron sus parches

a otros dioses paganos

con sus fiebres de siempre.

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ni hay duendes de colores en mi boca
serrucho algo de nostalgias
por si o por sino
por la boca muerde
hago un paréntesis de vez en tanto
obligando pajarear bajo fuego bandadas
mientras las raíces levantan el suelo
y los taparrabos en el horizonte pintan de amizcle
el fin del día
se enfria la noche con el pan
paciende de tanto revuelo
antes tierra
semilla
cosecha
molino
boca
no vendo ni un poquito así de mi hábitat
pues el aire sin alambrados no le escapa al destino

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“Patria, amor mío . . .”

Con un par de versos de poemas de Armando Tejada Gómez




Mal digo la palabra,

bien digo;

digo basta!

Porque; “hay niños en las calles . . .”

Porque falsos síndicos, delegados del mal,

legados del bien en sillones sin perdón

ya son muchos.

El plato preferido es aun grande . . .

(Inútil escuchar un pueblo silencioso

cuando no grita)



Mal digo mis males,

Bien digo,

“Patria, amor mío . . .”

Porqué vistes triste?



Esperanza

Amada,

amada mía,

escuchas mi canto

en la sombra del silencio?

Grillos de la noche cenaron sobre el rocío

y tú,

vestías luciérnagas de país,



“patria, amor mío . . .”

Un camino dejó mis huesos

hermanos

por humanos en la mitad del viento

y una pupila en las venas a parir mi canto.

Los sueños compartían la buena palabra

cuando gritos quebraban la noche

bajo heridas de tambor y temblor

por costumbre.



“Patria, amor mío . . .”

amor,

aún existe aquella tormenta inacabable

cuando la palabra es tinta en la lágrima.



Ricardo D. Mastrizzo
ricardomastrizzo@yahoo.com.ar



3 comentarios:

Moky dijo...

Un gran poeta puede pintar con palabras el marco social que lo contiene y la serenidad de su paisaje.
Siento sentir sus decires...

Avesdelcielo dijo...

Brillantes imágenes nos trasladan al entorno que nos rodea, sin olvidarse de " los duendes ".
Poesía maravillosa.
MARITA RAGOZZA

Anónimo dijo...

Una poesía comprometida con el tiempo social pero que no olvida la belleza de la palabra..Cordialmente,

Silvia Loustau