miércoles, 9 de julio de 2008

Cristina Villanueva: El hambre y los cuentos

Imagen: Luisa Olguin (artista plástica): Mamá tengo hambre
luisa@luisaolguin.com.ar
www.luisaolguin.com.ar

El hambre y los cuentos


Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo
¿ por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer?
Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal,
francamente no se trata de molestar a nadie,
es tan sencillo: somos pasajeros.
Pablo Neruda

Los cuentos para el hambre de palabras, para devenir humano. El hombre y la mujer no sólo viven de necesidades satisfechas. El deseo, flecha hacia el futuro, que va en sentido contrario a la muerte, es tan indispensable como la comida. Cuántas veces hablamos de la metáfora, del poema, del lenguaje que va más allá de lo utilitario.
Cierto es que si no comemos ya no contamos ningún cuento.
En la historia del mundo hambrunas feroces mataron millones de personas. Hace poco tiempo, en la larga historia de la humanidad, los recursos técnicos posibilitan la producción de alimentos para todos. Comer, entonces el primer paso para poemar, cantar y contar, podría asegurarse. Pero no, en los mercados mundiales, los alimentos aumentan como el oro, forman parte de especulaciones financieras. A algunos les sobran, a otros les faltan. Todo depende de en qué parte del mundo o de cada país hayas nacido. Cada vez es más difícil pasar de un sitio al otro, se construyen para evitar el paso, muros materiales y simbólicos. Se ha descubierto que pueden usarse como combustibles el maíz y otros alimentos. Autos más grandes y veloces (con más hambre) empiezan a consumir lo que come la gente y se encarecen las tortillas en México. Las sociedades más ricas no se plantean cambiar hábitos, construir y favorecer sistemas de transporte que lleven a más personas. Se ha incentivado el individualismo, no debe ser sencillo cambiar la costumbre de los que viajan solos en su auto, pero es probable que sean más divertidos los viajes compartidos.
¿Los países ricos en alimentos son ricos? Puede ser que no, puede suceder que sólo sean ricos los dueños de la tierra donde esos alimentos crecen, que es a su vez el suelo de esas patrias. También podría suceder que los habitantes de esos lugares tuvieran una participación, algún bocado.
En el Museo del Oro de Bogotá hay oro - arte, antes de la conquista, antes del oro fundido para ser moneda, que trajo la muerte a sus dueños.
Que el alimento moneda no sea portador de muerte. Que no se derrame lo nutricio, lo que da vida, en las rutas, para pedir por mayores ganancias. Se puede solicitar de otras formas. La leche caída es un símbolo, el primer alimento, las gotitas de madre, ternura que hace crecer, que no ensucie los caminos. Tirada contamina, no solo el suelo, nuestra visión de lo humano. El alimento de los pueblos en un tanque de vehículo, es casi inimaginable. Las sociedades o los grupos, o las personas que hacen del dinero el signo de pertenencia, de acceso a las llaves del Reino, los que creen que todo se puede comprar y vender, descubren que, a veces esa llave no abre, y eso provoca violencia, como si los hubieran engañado con la promesa de la felicidad y la felicidad es otra cosa. Calma los nervios, es cierto y es necesario, siempre como un medio, no como un fin.
El abrigo de un sueño compartido, el amor, el contacto, el deseo que en el arte transforma las formas conocidas, el placer de pensar, las tristezas del vivir, van más allá de los números.
Al final siempre tenemos que partir.

De El Editorial del Cículo de Cuentacuentos
http://www.circulocuentos.com.ar/index.php

Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

3 comentarios:

muchadela torre dijo...

me gusta como escribes te dejo mi blog por si quieres comentar
Abrazos desde el mar

mercedes sáenz dijo...

Es muy bueno,muy bien escrito! Cris y también la imágen de Olguin. Un abrazo. Mercedes Sáenz

Palbo dijo...

Todo el mundo sabe cómo es un partido de tenis entre dos personas. ¿Pero cómo sería un partido de tenis entre una persona?