domingo, 8 de junio de 2008

Virginia Edit Perrone: Soy el trazo

Virginia Edit Perrone

Tempraneadas.

Empuña la cuchara,
casi la esculpe de
uñas y de apuros,
de yemas pequeñitas
propias
ya dibujadas con una
identidad que es
un destino.
Vinieron los fríos,
ya habían venido
tantos
muchos,
más que todos sus años.
Faltaron las cucharas o
sobraron las bocas.
Algo cierra mal en
este Álgebra Planeta,
y eso
también es
Escritura.




Sigilos.

Triunfante,
como si hubiera
vencido
a la misma muerte,
vuelvo con estos
Versos
delgados
resistentes.
Pende el Universo de
tales férreas
liviandades.



Construcciones.

Hay un solo
comienzo
mítico, real
ineludible, unitario.
Como una espada
clavada, vertical,
en ese lugar
y no otro.
Los relámpagos entienden
estos procesos
secuenciales,
inevitables.
Luego viene la Historia,
las Palabras que intentan
explicarlo,
corregirlo.
Vienen las grandes
Construcciones,
se erige la Cultura,
la Ecuación,
el Poema,
Civilizaciones enteras.
Pero ahí está el estigma,
en esa unidad inclaudicable,
en ese solo momento,
y todo su legado.



Poética del Verdugo.

Hemos elegido al
verdugo para
defender al gallo
de la madrugada.
El verdugo es
hábil.
Réquiem in Pace
para el
gallo.


Psicoanalistas del Mundo.

Volvamos.
Nos esperan las Orillas, las Sandalias.
Franciscanos y Pescadores, sabiendo de la nada más que la misma ausencia, seamos como antes, como las primeras grandes voces de las primeras Fundaciones; una piedra en la ciénaga, y toda la Esperanza.
Volvamos a Escuchar la sed, como el inicial Monje de este Oficio; tan descalzos, tan cerca del dolor, tan despojados, y con el mismo aliento.
Dejemos los grandes Vaticanos, sus oros y sus oropeles. Son tristes los lugares del olvido.
Nos espera la Arena.



-Guárdame la sed,
suplicó la vid.


Cadenas y cadenas.

Algo pregunta
desde
su comisura
lo que la Letra
enuncia.
Incompleto,
suspensivo espera,
implora
encadenarse para
lograr
sentido.

Las trampas de
estas
preciadas libertades....

Hablar
también
engrilla.




Si el espacio se
convexa
y convexa aún más
mi cóncavo
sexo,
yo lo dejo.
Así suceden los
amaneceres.




Tan frágil como el
hierro.
-No me toques,
quemo con mi
lava.


Virginia Edit Perrone
http://virginiaperrone.blogspot.com/

3 comentarios:

mercedes sáenz dijo...

Virginia, sencllamente espetacular! uno por uno. Magistral manera de decir poesía. Te escribo al blog que sale abajo. Si esto estuviera en un libro quisiera saber dónde comprarlo. Felicitaciones. Un abrazo Mercedes Sáenz

Avesdelcielo dijo...

Ni trazos leves ni delgados.Sus poemas son la razón de su ser. La poeta vive su paisaje poético y no se desentiende de los agobios de otros.Para Virginia la herida humana es una grieta y la cubre con las vendas de sú poesía, eterna y actual.
MARITA RAGOZZA

Anónimo dijo...

"Siempre me emociona la lectura de Poetas leyendo Poesía.
Mirada de adobe, de sustancias esenciales faltantes en el Planeta.
A ambas, Mercedes y Marita, les agradezco esta bella reescritura que hicieron de mis Poemas.
Agradezco vuestra Mirada.
Mirada de Poeta.
Un abrazo.
Virginia."