martes, 24 de junio de 2008

Opinión: Rubén Vedovaldi


Todas las campanas


Por Rubén Vedovaldi

¿Logrará el periodismo argentino poner en práctica las reformas necesarias en defensa de la pluralidad de voces y la libertad de expresión? ¿Lograremos superar las deformaciones profesionales que llevaron al mundo y al país, globalizados, a los cada vez más concentrados monopolios publicitarios e informativos?

¿Se podrá poner límite a la mentira y a la invasión publicitaria más descarada?

¿Podrá ofrecerles la prensa gráfica, radial, audiovisual y alternativas o informales, a los argentinos y argentinas, más opciones de belleza y de verdad, más diversidad del relato público?

¿Podremos reeducarnos para superar la banalización mauroviálica, la tinellización, la dictadura gusanogiménica del ratting, la competencia feroz por llamar la atención de cualquier manera para sacarle al otro medio un punto de audiencia sin pensar nunca en el radioescucha o televidente o lector como ser humano diferente?



Sin entrar a analizar cómo influye el nivel socioeconómico en lo cultural en cada argentino, desde hace treinta años al presente me parece que la mayoría de la gente en su casa no logra hacerse a través de los medios, un gusto propio en arte y cultura o entretenimiento, y ni siquiera logra hacerse una opinión propia sobre los hechos, madurar una impresión que vaya más allá de las burdas chicanas, del efectismo tremendista, del ping pon de insultos entre los unos y los otros del primer plano que nunca podemos elegir, sino que no nos dejan más alternativa que escuchar o ver o leer la palabra oficial o la palabra de la oposición, Todo Noticias versus Canal 7, Clarín o Página/12, como si en un país de cuarenta millones de personas solamente hubiera uno o dos puntos de vista, uno o dos conflictos, una o dos maneras de pensar, sentir y vivir.

¿Somos consumidores finales o somos actores principales? Somos víctimas de las sucesivas bipolarizaciones que nos limitan y dividen y nos hunden en el monólogo ciego, sordo y mudo? ¿ya no podemos comunicarnos entre nosotros porque al toque salta el insulto, la descalificación, la piña y te corto de rostro, no existís, morite?.



Todo se arma en los medios masivos para tirarlo como petardo o brulote, a favor o en contra. Cuando un movilero televisivo se muestra en la calle preguntándole a cualquiera "a micrófono y cámara libres y abiertos", qué opina sobre tal o cual conflicto, el medio ya va con opinión formada y el editor armará siempre los noticieros o cualquier programa como quiere el poder y no como quisiera el periodista o el pueblo necesita para saber en serio de qué se trata o de qué se miente.

Cuando muestran una mesa en el canal con invitados de diferentes posiciones,

el supuesto moderador ya tiene opinión formada de antemano, y todo se arma a gusto de los anunciantes y según la línea del dueño del medio. No hay honestidad, no hay diálogo ni verdadero debate. Por eso nunca podrán dialogar Mariano Grondona con Hebe de Bonafini, por eso nunca podrán dialogar Carlos Menem con Jorge Lanata,

por eso nunca van a tocar juntos Lito Vitale y Pibes Chorros.

Es más fácil destruir que construir; es más fácil ignorar que comprender. ¿Será más fácil odiar que amar?



En la caja boba se pueden mostrar tetas, culos, se puede decir las cosas más asquerosas o repugnantes, pero no se puede dialogar, no hay ningún lugar para el diálogo o la discusión en serio.

Se puede consumir desde paco hasta éxtasis ante las cámaras y cagarse de risa de cualquier cosa, pero no se puede pensar y dialogar.. Por eso no hay diálogo entre árabes y judíos en la televisión argentina ni hay diálogo de pareja ni hay diálogo entre abuelos y padres o entre padres e hijos. ¿La esquizofrenización mejoa la venta? Solamente hay pasasrela, mirame y me cago en vos o te uso y te abandono.

Es más fácil convocarse para quemarle la casa a un vecino y demolérsela a pedradas porque ha abusado o matado a un menor de edad, pero no se puede reunir a los vecinos para dialogar en serio o discutir sus diferencias sobre graves temas como alcoholismo, tabaquismo, homofobia, drogadicción, analfabetismo, desnutrición, desocupación u ocupación ilegal de viviendas, sistema penitenciario, hospital público, etc.

No se pueden sentar a dialogar dos argentinos sobre un conflicto porque si los dos miran el mismo noticiero o leen el mismo diario o escuchan la misma radio, no hay contrapunto Sin darse cuenta los dos van a repetir la misma opinión calcada, que no es su opinión sino la que le instalaron masiva y acríticamente los medios y así ninguno va a poder aprender nada del otro ni de sí mismo y cada monólogo se empobrece más y más hasta que pasa el tiempo y ya ninguno de los dos se acuerda de nada.



Unos pocos dueños de casi todos los medios deciden qué noticia del exterior van a difundir y cuales no, y qué tema nacional van a tratar y qué temas no, y qué tratamiento le van a dar a cada caso.

Y por lo general el periodismo alienado no le ofrece a la ciudadanía todas las campanas sino siempre blanco o negro, Ford o Chevrolet, Microsoft o Yahoo, Coca o Pepsi, según quienes manijean y maniquean el programa o el canal

Para los medios no hay opinión pública, sólo hay clientes, todo es mercado..

¿Cómo revertimos eso ya que somos los que pagan todo como consumidores finales?



Yo me debo haber vacunado contra el monólogo bi-norma porque no puedo permanecer mucho tiempo oyendo siempre la misma campana y busco otro canal, leo otro diario, otra revista, o trato de escuchar a otra gente. Y muchas veces tengo que cambiar mi punto de vista para no mentir o mentirme o defender lo indefendible.

Internet me permite ampliar la perspectiva. Por ejemplo: cuando puedo, exploro a ver qué dicen los diarios italianos, corriere Della sera u otros, y no importa si no hablan de argentina, lo que vale es que yo amplíe mis estrechos límites conceptuales.

Y después busco al menos dos diarios franceses, le figaro y le monde u otros

Y no importa si no hablan de mi, importa que yo me interese por otros que no son como yo. Y después busco a ver qué dicen los diarios de España, el país de Madrid o el mundo.es u otros menores o busco en diarios de Brasil, o de Chile, de Uruguay, o Portugal o México o Noreteamérica

No entiendo otros idiomas al dedillo pero me esfuerzo por tratar de captar qué eligen decirme y cómo me lo dicen y de allí deduzco qué no me dicen y me pregunto por qué no me lo dicen.



Leyendo diarios de distintas regiones argentinas me doy cuenta de que no hay una sola argentina sino diferentes maneras de ver y vivir y distintos temas.

Cuando alguien por Internet me envía un mensaje de esos que se intentan hacer cadena de movida masiva , y lo veo muy evidentemente parcial, muy a favor de Botnia o de los ecologistas, o muy a favor de los agroesportadores de la bicicleta sojera o muy a favor de Renta para la Victoria , trato de contestar a cada caso con mensajes de lo opuesto, otras campanas, a ver si logramos balancear o superar las parcialidades cerradas que no quieren ni pueden o no saben dialogar o autocriticarse o pluralizar el monólogo..

Me doy cuenta de que la mayoría de la gente sigue atrapada en la polarización cerrada por la plaza del SI o por la plaza del NO, el Congreso del SI o el Congreso del NO.

Si queremos pasar de monopolios informativos a ejercer el pleno derecho a opinar y a escuchar libre y ampliamente todas, TODAS, las opiniones,. hay por delante una incansable tarea pluralizadora, no sólo de los periodistas sino de cada uno de nosotros.

No nos quedemos pegados siempre a los mismos hábitos, tratemos de recorrer toda la ciudad donde vivimos para ver y escuchar, porque cada barrio tiene una mirada diferente y una manera diferente de vivir y contar su suerte o su desgracia..

Tratemos de conocer la provincia en que vivimos y todas las provincias.

Tratemos de superar el prejuicio frente a los extranjeros, especialmente si son de culturas muy diferentes a la nuestra. Tratemos de abrir todas las puertas y ventanas al diálogo, porque donde hoy se cierra un diálogo mañana puede cruzar el cascotazo al cráneo de la criatura o la piña o la puñalada o la bala perdida entre un lado y otro.

Judíos y palestinos se matan unos a otros y no pueden convivir porque desde que unos llegaron a la tierra de otros, no hicieron el esfuerzo voluntario de conocerse unos a otros, no hacen el esfuerzo por tolerar la creencia religiosa diferente, por tolerar el pensamiento económico o político diferente. Y donde primero se cierra el diálogo,

después el lugar del otro se vuelve country o fortín, se levanta el muro, y se fabrican armas y guerras creyendo que hay que defenderse y se gasta más en atacar que en ayudar y después terminan creyendo que hay que exterminar a todos los otros y solución final.



En Sudamérica no hay diálogo entre mapuches y chilenos, no hay diálogo entre tehuelches y argentinos, no hay diálogo entre los argentinos y las pocas naciones aborígenes en extinción y hace quinientos años que no hay diálogo y hubo siglos de guerras o exterminio. Los blancos de clase alta de Bolivia no quieren convivir con los aymaras, los blancos criollos de clase alta del peruano no quieren convivir con los cholos, los blancos de clase acomodada del brasil y de paraguay no quieren convivir con los tupíes o guaraníes o negros de las favelas y los morros.

En nuestro país no hay diálogos con los inmigrantes pobres de origen paraguayo o boliviano. Entre argentinos y chilenos hay prejuicios y malentendidos por falta de diálogo y de tolerancia de puntos de vista diferente y en 1981 estuvimos al borde de una guerra.

El periodismo en manos del poder nos quiere enseñar a criminalizar al excluido, a verlos solamente como una amenaza, como vagos, malvivientes, traficantes, ilegales, contrabandistas, fundamentalistas o carne de redes de prostitución, nunca como ser humano a incluir en igual dignidad entre todos los hombres de buena voluntad que quieran hacer habiotable y convivible este suelo.



El interventor del CONFER viajó a USA para aprender políticas a aplicar aquí para cambiar los vicios monopolistas de los medios de difusión, porque ya

dentro de los Estados Unidos se luchó contra el monopolio de empresas privadas petroleras, luego contra el monopolio en de telefonía, y luego contra el monopolio de los mass media y se está luchando contra el monopolio de Internet.

Cada uno de nosotros puede contribuir para superar la mentalidad masificada y revisar nuestro propio punto de vista, nuestros gustos, nuestras limitaciones. Cada uno de nosotros puede explorar otros lugares y leer o pensar o escuchar otras campanas.

Solamente hay que dejar de creernos el consumidor final, el cliente pasivo, el último orejón del tarro de mierda globalizado.


Rubén Vedovaldi