sábado, 28 de junio de 2008

Cristina Villanueva: Manifesto


MANIFESTO

Perfume encontrado como una aparición, excitada compra al pie del viaje. Manifesto, nombre igual al del diario italiano leído en trenes, su frenesí de izquierda, enrojecida rosa de los muros. Rosselini, Roma Ciudad Abierta,los nazis,los ojos negros de la Magnani, las mujeres que se expanden hacia adelante en el despliegue de los pechos, de los gestos, de las gestas. El cuerpo en la pasión alegre de las manifestaciones triunfando sobre los campos de todos los exterminios. Gotas de sol y de gritos, puño cerrado, caricia, el ruido del tren comiendo los caminos que ofrece en el comedor sus pastas coronadas en rojo. Las ventanas me atraviesan de paisaje. Soy ese paisaje que cae desde lo alto, enredado de flores que arañan el vacío del aire buscando el mar. Taormina, la costa Ligure, la costa Malfitana, esa misma pasión vertical, ese abrupto balcón que mira el agua mientras desciende por escarelas vegetales. Sacco y Vanzetti, el tranvía donde el capitalismo tornó la libertad en muerte. Golpes de tinta, tipógrafos, perfume de la lucha por ser, a pesar de esas muertes y de las otras. Mi pecho libera, liberando su propio aroma en la energía del no o del si, cuerpo que habla la palabra que encuentro como una incitación o un secreto. Piel manifestandose, deseo en la cabeza que sacude mandatos y todo en el llamado del perfume. Me visto de él, subversivo desafío a los vacíos. Ese diario y los libros en el idioma oído en la infancia adornado de albahaca y de misterios, y los cruces de océano, y los brazos de la abuela amasando la redondez fragante de la pizza, y los inolvidables ojos del chico penando la bicicleta robada con una porción en la mano. Otra vez el tren, entre los rastros de lo no dicho, cine, vino dulce, sambayón. Me vuelco el olor junto al tesoro de su nombre, buscando atraer labios, historias, ese Pirandello de Caos despidiendose de los ojos en los que había sido.

Ahora si, tan dolor dolar, en este país de bolsas negras hurgadas como el último tesoro del desastre.

Ahora si, lejos de ese mundo, casi sin puentes, Sacco se llama Kosteky.

Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

2 comentarios:

Pere Bessó dijo...

Como siempre, Cristina, unes el código identitario, la ética de la ciudadanía al grito de la poesía que en vos siempre es hermosa. Y necesaria. No sos una poeta diletante. No sos una poeta del ludismo. Sos la entereza. Un abrazo, Cris, de vuestro amigo Pere que sí leyó il Manifesto y Mundo Obrero, y con la poesía (que es ideología con masyúsculas) en el corazón y la militancia activa sigue resistiendo. Un abrazo, dije, y toda mi solidaridad para con ustedes, mis hermanos y hermanas de las tierras argentas.
Pere Bessó.

germán dijo...

Cristina:
Tal como te conozco se que la palabra no anda en tí a flor de labios, razón por la cual creo en la fuerza de la que escribes, porque ha habitado toda tu vida.
Diría, que no habla más el que más habla, sino el que más piensa. Creo que esto último es lo que sucede con tu poesía.
Un abrazo:
germán jaramillo duque