martes, 24 de junio de 2008

Alvaro Yunque: Hombre esencial


Hombre de pie

Sólo el que enfrenta su destino sufre:
Mas vale un hombre en pie,
de pie en el llano,
que un hombre de rodillas en la cumbre.

de "Hombre Esencial"
Libro inédito (1947)

Su vida:

1889
Alvaro Yunque, seudónimo de Arístides Gandolfi Herrero, nace el 20 de junio en la ciudad de La Plata, Argentina. Hijo de Adán Gandolfi, nacido en Milán, y de Angelina Herrero, argentina de varias generaciones.

1896
Sus padres se trasladan a Buenos Aires, donde Yunque se radica definitivamente. Hasta el año 1928 vivió en la calle Estados Unidos 1822.

1901
Ingresa al Colegio Nacional Central (ex Colegio San Carlos fundado por el Virrey Vertiz).

1908
Ingresa a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires donde cursa Arquitectura.

1913
Poco antes de graduarse abandona los estudios y define su vocación literaria volcándose a las letras y al periodismo.

1922
Se convierte en uno de los más ruidosos animadores de la generación del ´22 (1922) y define en esta década el verdadero sentido popular de su literatura. Colabora en el diario anarquista La Protesta y dirige el suplemento literario del periódico socialista La Vanguardia en sus primeros tiempos. Dirige la Revista Rumbo y es asiduo colaborador de las revistas Campana de Palo, Claridad y Los Pensadores desde las que ejerce el periodismo militante.

1924
Publica su primer libro Versos de la calle. Roberto Payró le hace una crítica elogiosa en La Nación y Yunque lo visita y comienza una amistad que se prolonga hasta la muerte de Payró en 1928. Colabora en diarios de la época: Crítica, La Nación, La Prensa y en algunos de Montevideo (Uruguay), Rosario y La Plata. Se publican sus cuentos en los cuales los personajes son animales. Muchos de esos cuentos integran hoy el libro Animalía ­ Editorial Alfaguara - Buenos Aires - 2000.


1925
Aparecen sus primeros libros de cuentos: Zancadillas y Barcos de Papel, este último obtiene un premio municipal.

1929
Contrae matrimonio con Albina Gandolfi. Tuvieron dos hijos: Adalbo y Alba, y tres nietos: Andrea, Michel Alvaro y Carolina Leila.

1930
Acentúa su intención crítica durante la denominada década infame. Publica Nudo Corredizo, La O es Redonda y Poemas Gringos.

1935
Colabora en la revista Caras y Caretas y por su intermedio se vincula con Viana, Francisco Grandmontagne, Charles de Soussens, Leopoldo Lugones, Manuel Ugarte, Horacio Quiroga, José Ingenieros, Correa Luna, Ricardo Rojas, Florencio Sánchez, Evaristo Carriego y otros.

1940
Durante la segunda guerra mundial (1939/1945) se define como antifascista militante. Comienza su investigación histórica sobre el pasado argentino.

1945
Dirige el semanario antifascista El Patriota, actividad que lo llevó a la cárcel y posterior destierro en Montevideo durante la dictadura militar de Edelmiro J. Farrel, presidente de facto de la Argentina (1944/1946).


1946 a 1960
Se concentra en la investigación histórica . Publica Alem, el Hombre de la Multitud; Breve Historia de los Argentinos, Calfucurá. El Cacique de las Pampas y otros ensayos históricos.

1960
La Academia Nacional del Lunfardo lo designa Académico de Número por sus estudios e investigaciones. Publica La Poesía Dialectal Porteña.

1961 a 1975
Se publican y reeditan muchos de sus libros de poesía, cuentos y estudios históricos. Esta es la etapa de mayor difusión de su obra. Sus libros de cuentos se agotan rápidamente y llegan a superar las veinte ediciones.


1975
La Sociedad Argentina de Escritores le otorga el premio Aníbal Ponce por su ensayo crítico Aníbal Ponce o los Deberes de la Inteligencia.


1977
Es censurado por la dictadura militar que sometió al país (1976/1983) y se prohíben y queman sus libros. Tenía entonces 88 años.

1979
Fue galardonado con el Gran Premio de Honor por La Sociedad Argentina de Escritores.

1982
Muere a los 92 años el 8 de enero en la ciudad de Tandil, Pcia. de Buenos Aires, silenciado por la dictadura militar imperante.


Su obra:

Narrativa.
La mayoría de los cuentos de Yunque - como él lo afirmaba - son de y no para niños, como se los califica habitualmente. Sus personajes son frecuentemente niños y adolescentes que provienen de hogares humildes o simplemente de la calle, la que suele ser muchas veces su única escuela.

La característica típica de la vasta producción narrativa de Yunque es el énfasis que pone en el valor de la libertad y del sentido social y solidario, siendo la exaltación de estos valores lo que condujo a la dictadura militar a censurar la totalidad de su obra en 1977.

En muchos de sus cuentos se advierte que el adulto narrador que participa es el mismo Yunque, quien conservó en el curso de su larga vida ese estado de pureza e ingenuidad, propio de los personajes que él amaba y comprendía.

Avanzando en la lectura de sus cuentos, no siempre es posible contener las lágrimas; la emotividad que emana de su obra hace que el lector conviva con las circunstancias de sus protagonistas. Su narrativa emociona, siendo este un fiel testimonio de su arte.


Poesía.
En 1949 Yunque publica una antología poética que abarca su producción de un cuarto de siglo, desde 1924 a 1949. En ella incluye algunos poemas de diez libros publicados y de otros veinte inéditos. En su prólogo dice: "Las fuerzas hostiles contra las que debe luchar toda vida humana me han permitido publicar sólo algunos de mis libros de poesía. Los más, los mejores según mi juicio, permanecen inéditos: De unos y otros espigo para formar esta antología...

Raúl Larra, en su libro "Etcetera" (Editorial Anfora ­1982- Buenos Aires) dice al referirse a Yunque:"Yunque es poeta por ser voz del pueblo, intérprete y anunciador. Desde aquellos lejanos días de su anarquismo tolstoiano en que se declaraba ciudadano del mundo, ha devenido en un escritor de profundo acento argentino. Su idioma tiene connotaciones coloquiales típicamente nuestras, registra los significantes y significados de la rica habla popular."


Teatro.
Dijo Luis Ordaz : Yunque participó en muchos de los intentos realizados en procura de un teatro digno y ha colaborado en la formación y desarrollo del movimiento de escenarios independientes. Sin embargo, si hemos sabido de su maduro talento a través de cuentos admirables y de ensayos y biografías magistrales, su actividad de autor teatral permaneció casi ignorada.
Pocas de sus obras llegaron a escena. Yunque comenzó a publicarlas y así conocimos algunas de ellas, en las que se advierte su destreza en el manejo de la farsa y cierto humorismo satírico que evidencia su honda comprensión humana.

En 1927, junto con Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo y Octavio Palazzolo, participó en un intento que denominaron "Teatro Libre" que fracasó. El mismo grupo - sin Palazzolo - realizó un nuevo intento, adoptando el nombre de "Teatro Experimental de Arte" - TEA -. sigla que tenía un sentido para el grupo ya que el nombre acentuaba sus propósitos de rebeldía y alumbramiento.

En el año 1939 participó activamente en la formación del teatro "La Máscara". En su inauguración había un cartel con palabras de Yunque: "El teatro no es un templo, es un taller. Bienvenidos a este taller donde venís a trabajar con nosotros". Esta frase fue recordada por Gorostiza en un reportaje televisivo realizado en Buenos Aires el 19-8-2000: "es la frase que me dio coraje siendo casi un adolescente, para ingresar al teatro La Mascara".

Yunque utilizó los géneros más variados: farsa, absurdo, burlería, comedia, drama, sin dejar de lado el teatro infantil y juvenil. Sus obras estrenadas o publicadas no llegan a treinta, habiendo escrito muchas más.


Teatro estrenado y/o publicado:
Los Cínicos
Comedieta Burguesa
Miguel Cantó
Sonreír
El Hígado y los Riñones
Intrusa
Un Diamante en el Apéndice
El último Tren
Violín y Violón
La Muerte es Hermosa y Blanca
Tres Poetas y un Pan
13.313
Dos Humoristas y Ella

Teatro para niños:
Cinco Muchachos
Somos Hermanos
Los Libertadores
El Perro Atorrante
El Vestido Nuevo
El Hijo de la Paula
Las Mulas de Quimbo
Un Muchacho de San Martín
El Contingente
Ariel y Caliban
Inocentes
Tigre y Zorro



BOEDO Y FLORIDA


DE "LA LITERATURA SOCIAL EN LA ARGENTINA"
ALVARO YUNQUE. 1941. EDITORIAL CLARIDAD. BUENOS AIRES

Alrededor del año 1925, la juventud literaria de Buenos Aires se halló dividida en dos bandos inquietos, combativos, hostiles: Boedo y Florida.

El principal órgano de Boedo era la revista - que más tarde cambio su nombre por el de "Claridad", definitivo - llamada "Los Pensadores". La dirigía Antonio Zamora. ¡ Cuánta juventud tienen aquellos leves y agresivos números de "Los Pensadores"! La vida generosa y fuerte está en ellos a pesar de toda su injusticia, entrando a puñetazos con lo establecido, social y literariamente. Elías Castelnuovo, Roberto Mariani, Leonidas Barletta, Nicolás Olivari, Gustavo Riccio, Juan Guijarro, Alvaro Yunque...; constituyeron el primitivo grupo, al que se agregaron otros más jóvenes. También se editó allá, en la "covacha" de Boedo, "Dínamo" y "Extrema izquierda", y algunos muchachos de Boedo colaboraron en Acción de Arte", "Campana de Palo", en el "Suplemento de La Protesta" y en el "Suplemento de La Vanguardia". Como se ve, allí había anarquistas, comunistas, socialistas y, a veces, sólo liberales sonrosados. El grupo no tenía orientación ideológica, ni estética. Este grupo fue el que, con Octavio Pallazolo de director artístico, y los pintores Fascio Hebecquer y Abraham Vigo como decoradores, inició, bajo el rubro de "Teatro Libre", y por primera vez en Buenos Aires, la constitución de un teatro independiente.

Los de Florida, animados por el poeta Evar Méndez, editaban "Martín Fierro"; también eran colaboradores de "La Nación" y "La Prensa" y fueron de ese grupo los que publicaron "Inicial" y "Proa" y alborotaron los sótanos del viejo Royal Keller con la tumultuosa Revista Oral.

Uno y otro grupo, constituidas "Claridad" y "Martín Fierro" en editoriales, comenzaron a publicar libros.

Inteligentes, bulliciosos, audaces, ¿qué separaba a los jóvenes de esos bandos? Lo que ha separado siempre a todos los escritores: Que los de Boedo querían transformar el mundo y los de Florida se conformaban con transformar la literatura. Aquellos eran "revolucionarios". Estos eran "vanguardistas".

Se gastó buen humor y malas palabras desde ambas riberas. No se transformó el mundo ni la literatura. Pero inquietaron, apedrearon de epítetos el cascaron de muchas falsas reputaciones, y las hicieron sonar a hueco, pusieron de actualidad, otra vez, el debatido tema del "arte por el arte" contra el "arte social", y los de Boedo, hijos de obreros o de la burguesía media, demostraron con el éxito editorial de sus libros de rápida difusión que ya había en Sudamérica un gran publico lector, ansioso de gustar un arte americano en donde palpitase el problema social con sus angustias y sus esperanzas.

Los primeros libros que lanzó la editorial Claridad, y que fueron expresión del movimiento artistico-social del grupo "Boedo", se vendieron por miles. Los libros del grupo "Florida", en cambio, permanecieron inertes en las librerías y su editorial se extinguió, en tanto "Claridad" ensanchaba sus limites hasta adquirir volumen continental.
Artísticamente, ¿de donde provenían los jóvenes de Florida? De Francia, que es de donde han llegado a América sus mayores inquietudes artísticas, desde el romanticismo en adelante, y de los "vanguardismos" artísticos de la postguerra, los que llevaron hasta el paroxismo la formula del "arte por el arte".

Los de Boedo venían de Rusia, y no sólo de sus literatos: Tolstoy y Dostoievsky en primer término, Gorky, Checov, Gogol, Andreiev, Kuprin, Korolenko...,sino también de sus ideólogos: Bakunin y Kropotkine. Y de Marx y Engels. También de Rafael Barrett y González Prada. Esto sin negar la influencia que los franceses ejercían sobre todos.
Ya lo dije: el grupo no era homogéneo. Y así fue que, al correr de los años, algunos aparecieron en Florida; otros de Florida, sintiendo complicarse su inquietud artística con la de la justicia social, se aproximaron a Boedo. La muerte, el silencio y la vida hicieron lo demás. El grupo de Boedo - como el de Florida - se disgregó. Pero su existencia tuvo un significado: Por primera vez en Buenos Aires - y no es difícil que en la América hispana - el arte ideológico, con preocupaciones sociales, se había concretado en un grupo pleno de tumultuosa inquietud y rebeldía ariscada. Nada nuevo traía, en verdad, ya que el arte social se había cultivado desde siempre en el mundo, y aun en la Argentina; pero su vehemencia lo actualizó.

Las dos calles que dieron nombre a uno y otro movimiento, no son meros simbolismos. Florida era el centro de Buenos Aires, la vía de las grandes tiendas, la del lujo exquisito, la calle donde está el Jockey Club y donde una clase social - y sus acólitos - exhibía su cotidiano ocio. (Ya también esto ha desaparecido en este perpetuo transformarse de Buenos Aires). Boedo era el suburbio chato y gris, calles de boliches, de cafetines y teatrejos refugio del dominical cansancio obrero, calle que nunca tuvo poeta suntuoso que le cantara, calle cosmopolita, ruidosa, de futbaliers, guaranga, amenazante...
Florida tenía pasado, tradición porteña. Boedo era lo gringo, lo importado, lo actual.

Florida alzó como demostración de arte el bello libro de Ricardo Güiraldes, un escritor de generaciones pasadas: "Don Segundo Sombra", y que no era, en rigor, una exhibición de arte por el arte, pese a sus sutilidades y primores de estilo. También expuso las paradojas de Macedonio Fernández.
Los de Boedo demostraron los sangrantes libros de Rafael Barrett, ¡ tan corajudos y que bien escritos!: ¡eso era arte social! Y como Roberto Payró, el que había escrito "Marcos Severi" y los "Cuentos de Pago Chico" y "Las Divertidas Aventuras del Nieto de Juan Moreira", tan plenos de realidad cuanto condenatorios de la politiquería burguesa, acababa de regresar de Europa, nimbado de heroísmo periodístico, los de Boedo se acercaron a Payró.
¿Otros maestros argentinos?: Para Boedo, tal vez algo de Almafuerte o de Carriego o de Florencio Sánchez.

En Florida, con respecto a la literatura local precedente, quizás fueron más iconoclastas: ellos estaban inventando el arte de escribir en la Argentina.
Quizás Leopoldo Lugones, ya para 1925 todo él entregado al conservadurismo, proclamando "La Hora de la Espada", que a los boedenses repelía por esto, hallaban en los de Florida artífices sin escrúpulos de ideología, admiradores aunque no devotos. Algunos, criollistas, veneraban al "Martín Fierro". Otros lectores casi exclusivos de libros franceses, demasiado sumidos en ultraísmo y dadaísmos, no lo habían hojeado... ( O te sonreían desdeñosos, ¡ gran Hernández!, como a un folletinero que compuso milongas).

En Boedo ocurría lo propio. Algunos con ascendencia criolla, lo admirábamos por instinto poético y porque también sentíamos su protesta antimilitarista; otros, puramente gringos, lo miraban con el gesto que los gringos agricultores, sudorosamente épicos, habían tenido para con el gaucho de la vihuela y el mate.

En cuanto a cultura: los de Florida, seguramente la poseían más extensa e intensa, desde un ángulo exclusivamente literario. No habían perdido su tiempo en mitines, ni en sindicatos, ni en comités, ni en la biblioteca del Partido Socialista (México 2070), encendiéndose la sangre con los libros de la biblioteca Blanca Sempere. (¡Oh, si te estoy agradecido, tu que pusiste, más o menos mútilos, a la altura de mi bolsillo estudiantil, 40 centavos, "El Capital" de Marx o "El Origen de las Especies" de Darwin o "La Ayuda Mutua"de Kropotkine!...).

En suma: Boedo era la calle; Florida, la torre de marfil. Buenos Aires, cerebro de la Argentina, entonces más que hoy, afortunadamente para ésta; vio así, representados por dos grupos turbulentos, excesivos hasta la injusticia, las dos ramas estéticas que, desde el renacimiento, o sea desde que nació al mundo occidental la teoría del arte por la belleza, del arte-forma, se han disputado la posesión del arte. En Florida: los neogrecolatinos, los estetas, los que cultivaban un arte para minorías, hermético y vanguardista. En Boedo: los antimitológicos, los socializantes, los que iban hacia el pueblo con sus narraciones y sus poemas hoscos de palabras crudas, cargadas de sangre, sudor y lagrimas. Los revolucionarios.

Un paréntesis: Los "vanguardismos" estéticos son aparentemente revolucionarios; pero ante la realidad de la vida son reaccionarios: Los gobiernos, los diarios grandes sostenedores de aquellos gobiernos, y la iglesia, cómplice de todos, siempre han acogido con simpatía esos movimientos puramente formales y por los que han escapado gran parte de los ímpetus juveniles de muchas generaciones. En los conventos fue donde más se practicó - sin el talento de Góngora - el gongorismo. En nuestra teocrática Córdoba tuvimos a Luis de Tejeda.

Pero, ¿ por qué no antes de 1925 vio la metrópoli sudamericana un debate "estético" representado por grupos? Simplemente por esto: Porque la lucha social se enardecía porque el conflicto económico polarizaba fuerzas a tal punto que hasta al campo de arte literario llegaba. Ya el mundo había sufrido dos acontecimientos trascendentales: La primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

La guerra mundial de 1914, con su torpe tratado de Versalles, fue una desencantadora de bobos seudodemocratas. A raíz de ella, muchos rompieron definitivamente las amarras que los ligaban al capitalismo, el pasado. La revolución rusa afirmo a muchos vacilantes, dio la prueba sobre la posibilidad de una revolución de la clase trabajadora y de su capacidad para sostenerse en la dirección del Estado.

El proletariado argentino -como todos- se había llenado de fe en el porvenir. Y la voz de los muchachos de Boedo se levantaba, unida y fuerte, para llevar al verso, al cuento, a la novela, al ensayo, a la crítica y al drama, esa visión de futuro que en las masas del suburbio comenzaba a encenderse.
Los otros, los de Florida, seguían excepticos o enemigos de la luz (groseramente roja - luz de incendio) que se aproximaba.

Unos y otros, aunque se creyeran "colones o hernancorteses" de sus respectivos modos artísticos, tenían antecedentes en la propia Argentina.
Es lo que me propuse historiar en este libro para recordar a los que, desde los albores de la nacionalidad, desde antes de mayo, cultivaron el arte de la palabra escrita considerándola como una útil, fuerte, eficaz, imprescindible herramienta de perfeccionamiento humano.

En mi concepto, este es el gran arte. A él, por instinto, le entregué mis bríos juveniles. En él persisto, aunque ahora por madura convicción reflexiva.
El será - afirmo - el arte de las sociedades del futuro, sin clases todoposeedoras y parasitarias que puedan tener a su servicio artífices uniformados de retórica.



EL MUNDO DE BUENOS AIRES

De LA POESIA DIALECTAL PORTEÑA
Editorial Peña Lillo - Año 1961 - Buenos Aires

Así como la Argentina es un mundo, puede decirse que Buenos Aires – lo es toda gran urbe – también es un mundo. "Buenos Aires es una y es múltiple – escribe donosamente el poeta Miguel Etchebarne – tendida entre la pampa y el Plata, entre la aspereza y la esperanza"… Buenos Aires ha sido siempre una ciudad múltiple, como hecha con retazos de pueblos transformados en suburbios. Ya lo observa así Juan Agustín García en "La ciudad indiana", estudiando la Buenos Aires de la Colonia. Cada barrio es como si fuese otra ciudad. Tiene sus características propias. Belgrano es distinto de Flores, Palermo distinto de Constitución, Boedo distinto de la Boca. Unos son laboriosos y tranquilos, otros, como el antiguo Palermo, son amenazantes, sigilosos. De este barrio, ayer suburbio y hoy centro de la ciudad, llamado antes "Tierra del Fuego", escribe el cronista francés Taullard: "Sus elementos eran quisquillosos y pendencieros. Las serenatas solían terminar a garrotazos y las rencillas a puñaladas". "Después de todo – decía, ingeniosamente, un un viejo caudillo electoral – en la "Tierra del Fuego" tenemos las tres cosas necesarias para la vida de aventuras: Tenemos hospital, tenemos cárcel y tenemos cementerio". Un coplador anónimo resume en un dístico la conciencia que de su temeridad poseía el hombre de ese barrio. Dice:

Hágase a un lao, se lo ruego,
que soy de la Tierra'el Fuego.

El hombre se siente tan bravo que se teme a sí mismo; al parecer teme "desgraciarse" como llamaba el gaucho a la acción de matar en pelea. (Dato curioso: así también lo llama el mujik ruso). Y como Palermo, otros barrios: Nueva Pompeya, Mataderos, frecuentados por gente cuyo propio oficio les ponía el facón en la mano y por reseros que venían de la pampa trayendo hacienda. La Boca es algo muy diferente. Es un barrio de italianos, de genoveses marineros, y ha dado un gran acopio de artistas plásticos. Un visitante italiano escribe sobre este barrio de "yeneises": "Los hombres son en la Boca fuertes y suspicaces, las mujeres no lo sé, porque con hombres así me he cuidado muy bien de conocerlas demasiado. Sé con oda certeza lo siguiente: que en la Boca hallarán muchísimos hombres animosos, pues, también existen, en esa especie de transtíber, una colección de almas fuertes y generosas, de sentimientos evidentes italianos, que en las grandes ocasiones se manifiestan de un modo admirable, porque aquí la población es en gran parte de italianos; pero hay también buena cantidad de bandidos, de cumplidos o fugados de las prisiones patrias, de condenados en rebeldía, de aspirantes al presidio"… Fernando Ressaco escribe esto en 1891 en su libro "En las riberas del Plata". Desde entonces, la Boca, como Palermo, los Mataderos, los Corrales o Puente Alsina se han modificado, por supuesto. Las relaciones mutuas, como que hay más civilización, se han aceitado, los engranajes crujen menos.


Fuente: http://www.alvaroyunque.com.ar/
Nota: en esta página se pueden bajar 13 libros de Yunque en formato PDF.

3 comentarios:

mercedes sáenz dijo...

Extraordinario trabajo, por más interesante. Conocimiento de datos que se ignoraban. Texto excelente. Un abrazo Mercedes Sáenz

silvia dijo...

Querido Anibal, primero felicitaciones sobre el informe sobe Alvaro Yunque.Despues...que de recuerdos de infancia cuando buscaba sus libros en la bibloteca de mi abuelo anarco y los queél me regalo.Un abrazo enorme,

Silvia

Avesdelcielo dijo...

Una voz imprescindible. Gracias Anibla por traaerlo desde los túneles del tiempo.
MARITA RAGOZZA