martes, 1 de enero de 2008

Rescates: Compay Segundo 100 años


Un reportaje realizado cuando tenía 95 años
COMPAY SEGUNDO ES PRIMERO

Por Félix Contreras Pinar del Río


Camino La Preciosa Habana con mi amigo y gran escritor costarricense Alfonso Peña y me reta "Tu dices que en La Habana todo es fácil, que todo está a la mano… a ver… vamos a entrevistar a Compay Segundo" y, al rato, este personaje huésped permanente de Liberation y Le Figaro (París), New York Times, Granma (La Habana), El País (Madrid), La Nación (Costa Rica), Clarín (Buenos Aires), no me hace quedar mal porque, solícito, amable y asequible a toda hora, nos recibe, telefonazo por medio, en el lobby del Teatro Nacional donde todo el mundo lo quiere para sí, pero como la gratitud abre puertas de oro, el viejo sonero y trovador se va con nosotros porque, recuerda, cuando yo iba a escucharlo a él, ya olvidado, en el Reparto Kohly, en el comedor de un hotel desconocido y de segunda cantando con sus muchachos o, como se dice en el argot de la farándula habanera, "haciendo sopa" para indiferentes técnicos extranjeros, ajenos a que un día aquel esbelto anciano volvería a brillar en el mundo entero con sus hoy tan famosos temas (Chanchán, Macusa, La pluma, Amor gigante, Sarandonga, La calabaza) al son de ese extraño instrumento que él llama armónico y su eterno Montecristo número 4 en la boca… "Compay, este es el escritor Alfonso Peña"… -¡Echaaaa! -saluda al escritor tico mientras canta De Alto Songo voy para Marcané/ llego a Cueto voy para Mayarí- y nos invita al Piano Bar del Teatro Nacional donde, nos confiesa, "les voy contar mi vida… Je, je, je… "
Yo nací en Siboney, un término municipal de Santiago de Cuba, en el oriente de la isla, el 18 de noviembre de 19O7… Coño -ríe-, ¡cómo ha llovido desde entonces! Je, je, je… Después la familia se mudó a Santiago; tenía yo siete años. Mi padre es Francisco Repilado y mi madre, Margarita Muñoz. Él era maquinista de tren. "Francisco -le decía mi madre a mi padre-, vámonos pal pueblo, pa Santiago para que los muchachos se abran camino, estudien, se hagan de un oficio"… y asi se hizo. Caímos en Santiago mis padres y los 8 hijos. El primer músico que nació en mi familia fue mi hermano Roberto que, un día, se apareció en mi casa con un tres (guitarra de 3 pares de cuerdas) y todos nosotros nos entusiasmamos mucho con ese instrumento y en seguida aprendimos a tocarlo. Yo tenía l2 años cuando eso… Muy jovencito entré en la fabrica de habanos, de tabacos de Marin, pero me gustaba la música, era mi locura desde que yo era un chama y logré estudiar clarinete con Enrique Bueno y, después, entré a la Banda Municipal de Santiago dirigida por este mismo profesor Bueno. ¿Cómo, la fumadera? ¿El tabaco? Ah, yo empecé a fumarlo cuando tenía cinco años… resulta que mi abuela, que murió de 115 años, me decía "muchacho ve y enciéndeme este tabaco", y yo lo chupaba para que cogiera candela y ahí me gustó… Hablando de tabaco, mucha gente no sabe que yo trabajé un montón de años en la fábrica de puros, de habanos H. Upmann, aquí en La Habana… Como te decía, entré en la banda y al mismo tiempo tocaba y cantaba en cuanto conjunto se me presentaba, por ejemplo el Cuarteto Cubanacán y donde quiera que había una serenata, una canturía, un ensayo del Trío Matamoros, una trovada de Sindo (Garay), Pepe (Sánchez), ahí estaba yo… El Cuarteto Cubanacán era de Aníbal Carrillo, santiaguero también.
En Santiago, todo el mundo tiene músicos en la familia; todo el mundo canta, baila, toca algún instrumento. Ahí tienes a mi familia, a mi mamá que era muy cantadora, a mis hermanos Juan y Vidal, buenos treseros, músicos del carajo… Juan tocó el tres en la Estudiantina La Arrolladora, la mejor de Santiago, que dirigía Narciso… Narciso… No me acuerdo del apellido. Con esos hermanos míos, yo formé el conjunto Los Seis Ases del Ritmo; eso fue en el barrio Tivolí, un barrio del carajo que es lo mejor de Santiago, vaya, mira, el que no conoce el Tivolí puede decir que no sabe lo que es Santiago de Cuba. Ay, en ese y otros barrios santiagueros, yo toqué mucho en estudiantinas, que son grupos de 7 músicos y de las cuales habían muchas allí. Oh, recuerdo la estudiantina de Yayo y Corrales, que tocaban tres orimo y tres segundo y con ellos yo tocaba la guitarra… Luego me fui pa la estudiantina de Ventura el Sordo y, finalmente, toqué con La Arrolladora, de Narciso Valdés pero, coño, no me dejaban tocar en público, en bailes, porque yo era menor de edad… Coño, había un bar llamado Tabarís, en Calvario y Martí, a donde iba mucha gente bohemia, también mucha gente de dinero amante de la música y nosotros le tocábamos y cuando terminábamos, cuando cerraban aquel café, decían "a seguir la fiesta en tal casa"… En esa época de Los Ases, nosotros éramos niños, muchachos de pantalón corto…
Pero yo realmente entro a la música de verdad, de lleno, con Ñico (Antonio Fernández) Saquito, porque ya yo tocaba mi armónico (guitarra de 7 cuerdas con timbre muy peculiar) y él me llama a ingresar en su Quinteto Cuban Star… La verdad es que yo me había fogueado, me había fortalecido mucho como instrumentista en aquella banda municipal, incluso con esta banda yo vengo a La Habana en 1929 a tocar en el mismo Capitolio Nacional, que se estaba inaugurando la Carretera Nacional y yo izé la bandera… A propósito del armónico, el instrumento que yo inventé en 1919, puedo decirte que a mí me gustaba la guitarra y el tres pero, qué va, siempre me quedaba insatisfecho; necesitaba algo que fuera una fusión de esos dos instrumentos y se me ocurrió el armónico: un instrumento con afinación muy difícil… Por ejemplo, su afinación es mi-re-sol-re-la-mi. pero yo, cuando llego a sol, la pongo en octava y ahí sigo hasta el re… ¿Ves? Eso es muy raro… Tiene las mismas posiciones de la guitarra, pero no puede tocarse como guitarra porque no suena bien. Yo, como lo inventé, le hice posiciones especiales. Yo estrené este raro instrumento con el Cuarteto Cubanán en la emisora de radio CMKD de Santiago de Cuba…
Como te decía Contreras, con Ñico es que vengo para La Habana, en 1934… Había muchos turistas en la capital, mucha vida, guaracheo y cumbancha. Sí, sí, con Ñico (Saquito) aprendí también un tongón, mucho. Él era un jodedor, muy gracioso, un jodedor del carajo… Nos conocíamos mucho porque allá en Satiago éramos vecinos, en la calle Santa Rosa. Y vinimos para esta Habana y aquí tocamos en el Hotel Nacional y en muchos espectáculos que pagaba el periódico El País… Uh, mucho.
Otro gran momento de mi carrera como artista es cuando Miguel (Matamoros), aquí, en La Habana, me llama y me dice "Pancho -él me decía así- tú trajiste tu buen clarinete y me hace falta que entres en mi conjunto". "Ahh, sí, yo lo traje, está bien, yo entro a tu conjunto". Y con ese Conjunto de Matamoros estuve 12 años. Poco antes de eso, yo había estado en México con el Cuarteto Hatuey, de Evelio Machin, que hasta películas hicimos allá -Tierra brava, y México lindo- y otra que hicimos en Cuba, cuando regresamos, muy buena, que actúa Marisa Rosales… una hembra buena, buena, de verdad, muy linda ella… Coño…
México no me hizo bien para la salud. Vomitaba todo lo que comía. Me daban mareos esas alturas de México, con pena, porque México es precioso, muy bonito, pero me hacía mal a la salud… Por eso, estando ya con el Conjunto Matamoros, tocando en el Hotel Nacional, Miguel me dice "Pancho, nos vamos pa México", yo le digo "No, compay (apócope de comapadre en Santiago), lo siento, en México por poco me muero, busque a otro, yo no puedo". Me acuerdo que en ese momento el gran Benny Moré se incorpora al Conjunto Matamoros. Bueno, no se llamaba Benny todavía. Se llamaba Bartolo, Bartolo Moré… En México, fue donde se puso Benny, porque los mexicanos llamaban Bartolo a los burros.
Allá por los años cincuenta, fundé el dúo Los Compadres con Lorenzo Hierrezuelo, santiaguero también como yo. Sí, porque el que hizo ese famoso dúo fui yo. En 1955, viene Lorenzo y me da tremenda sorpresa al decirme que ya no seguía conmigo en el dúo, que se desbarataba. Bien, yo lo entendí pero, poco después, otra sorpresa: mete a su hermano Reinaldo y sigue con el dúo Los Compadres… Me dolió eso, que me sacara a mí, pero así es la vida.
Tú ves, yo me fui de Santiago (de Cuba). Han pasado muchos años y yo me acuerdo mucho de Santiago, de mi infancia metida en la música, y cómo no voy a recordar Santiago, si allí la música se respira, allí se mantiene la trova, y ves a los niños en la trova… Y la trova se mantiene hoy en Santiago… Hubo un señor, Virgilio Paláis, que tenía un chinchalito, un cafecito, donde él torcía sus tabaquitos, hacía café, vendía pan con macho (cerdo asado), su buen ron, ron del carajo y, ¡uuhhhh!, había que ver cuántos trovadores y gente de la ciudad se reunían allí a cantar y cantar canciones de Pepe Sánchez, Sindo (Garay), Salvador Adams, Pepe Banderas, Juan de Dios… Aquel cafecito de Virgilio hoy es la Casa de la Trova de Santiago, donde se mantiene esa bonita tradición.
Me acuerdo que yo tenía 15 años y me iba a La Trueba, a unas fiestonas que se hacían allí en casa de una familia muy fiestera. Figúrate qué fiestonas que todos los buenos cantantes de Santiago iban a La Trueba. Iban Miguel (Matamoros), Siro (Rodríguez), Cueto (Rafael), los mismos que después formaron el famosísimo Trío Matamoros… ¡Oh, qué fiestonas!
Es que, chico, yo he vivido mucho. He vivido como siete vidas, muchas vidas… Otra cosa relacionada con la música y mi persona es el tango. Coño, cómo me gusta el tango… Mira, aquí en Cuba era una locura. Había tanto tango como en la Argentina. A Cuba el tango llegó con la voz de Carlos Gardel. Traían sus discos… Bueno, me acuerdo que a Radio Cadena Habana llegó un disco enviado por Carlos Gardel que anunciaba que pronto llegaría a La Habana para cantar a los cubanos. Coño, presté ese disco a un tipo ahí y lo perdió pal carajo. Todo el mundo se volvió loco esperando a Gardel, pero, ya tú ves, el destino no lo quiso; se cayó ese cabrón avión en Medellín de Colombia y Gardel no llegó.
Y así es la vida, Contreras; ya tú ves cómo es… Mira la fama que estoy viviendo ahora en un montón de lugares del mundo, con las mujeres, con los amantes de nuestra música en montones de países… Aquí, en Cuba, ahora estoy en el primer lugar con Pablo Milanés y Silvio Rodríguez… Pero, coño, me apena lo que me sucedió aquí, en mi tierra, que si allá en España, en Estados Unidos, si Ry Cooder no se fija en mí y me graba, yo no cojo esta fama; yo seguiría metido siete varas bajo tierra. Aquí, los que dirigen agarran tres, cuatro, músicos y se olvidan de todo el mundo. Ahí tienes el caso de ese Médico de la Salsa, Manolín El Médico de la Salsa, la bulla que hicieron con él; lo pusieron como lo más grande y nada más hay que oírlo para saber qué flojo es como todo, como cantante y músico… Dicen mis amigos de afuera, de esos países de afuera, que en Cuba son poco comerciales, que no saben de… ¿cómo se llama? Sí, eso, promoción y esas cosas… Un ejemplo: a mí la EGREM (empresa estatal de grabación) me grabó hace más de 15 años y nunca más volvieron a llamarme. Ahora están locos detrás de mí queriéndome grabar pero yo, encabronao, les digo: "caballero, allá afuera me hicieron exclusivo, no puedo".
Pero esta es mi tierra, soy de aquí, voy y vengo, voy a Galicia, toco con mi amigo Carlos Cano, tipo chévere, que toca una gaita del carajo… Canto y toco y me paseo en París como un gran señor. Voy pa Andalucía, otra gente del carajo que juntan el son cubano con el flamenco, con mi amiga Martirio (Maribel Quiñones de León, Huelva, 1954), otra artista cheverona, regreso aquí y me junto con Pablo Milanés y cantamos mi Chanchán. Ah, y grabé un disco con Silvio Rodríguez en sus Estudios Ojalá y con él mismo grabé a dúo Fidelidad. Oye, estoy acabando con esta segunda vida que estoy viviendo. Bueno, mira, me he metido hasta a dramaturgo, pues acabo de estrenar aquí, en La Habana, mi obra de teatro Se secó el arroyito, en el Teatro Nacional con un montón de buenos actores. Bueno, como tú conoces, tengo hasta premio Grammy y ya tengo arriba 95 años.
Compay Segundo, que hace un descanso de unos ensayos en este teatro, mira de reojo su reloj; luego extiende su mirada más allá de la Plaza de la Revolución haciendo visera con la diestra huesueda que sostiene el habano y sonríe al ver llegar a un ayudante que nos trae el almuerzo en cajitas de cartón. "Coman, coman, que eso ya está pagado y, si no, se paga, que aquí hay dinero… Je, je, je…"


Félix Contreras Pinar del Rio, Cuba, 1940. Poeta, escritor y periodista.
Autor de "Porque tienen filin", " La Música cubana: una cuestión personal" y " Yo conocí a Benny Moré".
Se le considera uno de los mejores investigadores de la música popular y tradicional de Cuba.
Ha trabajado en Pionero, Cuba Internacional y Bohemia. Colaboró en Granma, Juventud Rebelde, Mar y Pesca.

Fuente: http://www.plazamayor.net/salsaenmadrid/archtm/compayesprimero.html

1 comentario:

mi despertar dijo...

me entero de cosas leyéndote.besos