martes, 1 de enero de 2008

Cine: 4 meses, 3 semanas, 2 días


Por Victoria Aloisio

El cine rumano parece no estar abierto a grandes públicos, menos aún si la película trata sobre el aborto.

Cuando una mujer se embaraza, ¿lo que quiere en realidad es abortar?

Creemos que ninguna mujer elegiría abortar si pudiera controlar su fertilidad. El film es muy evidente en este tema, abortar es una experiencia traumática, está agravada por la condena social y por la culpa. Ningún hombre ha vivido en su cuerpo el miedo, el dolor, en definitiva la violencia de esta experiencia.

La violencia que se ejerce sobre el cuerpo y la mente de la mujer, está expresado con pocas palabras en el film. El cuerpo de las mujeres, no es una apariencia muda, no es una máquina reproductora.

¿Por qué las mujeres deben someterse a un embarazo no deseado? La joven estudiante nos va respondiendo este interrogante. Los agregados de la situación son la persecución, la clandestinidad, la penalización legal, la culpa, miedo e impotencia, que generan mucha angustia en las mujeres. 4 semanas, 3 meses y 2 días, gira alrededor de estos conceptos tanto para varones como para mujeres.

La mujer, para este trance, necesitaba de una amiga y la encontró. Alguien la tenía que ayudar y lo hizo.

La escena más cruda de la película es cuando debe deshacerse del feto. El director, Cristian Mungiu, contó que es una historia real, sucedida unos veinte años atrás, contada desde el punto de vista femenino. Él, se había enfrentado a esta versión que lo impresionó, esta escena era lo que más costaba representar.

¿Por qué se pretende que recaiga sobre las mujeres el cuidado de la vida? Desde Rumania a la Argentina, las políticas sociales se ocupan de que esto sea así.

Es importante, que tengamos en cuenta que el film no habla ni a favor ni en contra del aborto. No quiere cambiar la visión del espectador, es sólo la historia de una estudiante que desea abortar. No relata mucho de su vida ni de su entorno, es ese momento.

Lo más destacable del film son sus climas y, por sobre todas las cosas, las actuaciones desenvueltas. En cuanto a lo que muestra, cada uno decidirá como tomarlo.

Con cámara al hombro, tomas largas y un especial uso de colores, la tensión y el encierro, se adueñan del espectador y no lo dejan hasta el final. Cuando uno se levanta para salir de la sala, tiene la sensación de que vio algo tan fuerte que necesitará un tiempo para elaborarlo.


Victoria Aloisio
victorialo@fibertel.com.ar