domingo, 13 de enero de 2008

Chicos de la calle


Foto: Buenos Aires febrero 2005. De: www.autistici.org



10/01/08
Por Alfredo Moffatt
(APe).- Los chicos de la calle son consecuencia de la destrucción de las familias más golpeadas por la brutal desocupación, que terminan disgregándose. Estos chicos se juntan en grupos, bandas, que llaman ranchadas (del argot carcelario).
Como problemática psicológica y sociológica constituyen un fenómeno inédito, y no hay bibliografía de estudios y teorías sobre ellos, sólo observaciones parciales. Existieron los hogares de huérfanos, los reformatorios para transgresores, etc., pero nunca niños viviendo directamente en la calle, es decir en el lugar donde se transita, de modo que quedan físicamente dentro de la sociedad, pero excluidos socialmente. Es como si algo existiera y a la vez, no, con el agravante que se trata de niños.
Aquí el mito de la niñez feliz se choca con la realidad negada. Esto genera culpa, piedad y rechazo en el habitante de la ciudad, y esas miradas atraviesan al niño, lo humillan y le crean resentimiento.
La identidad precaria que pueden construir está basada en un estilo de acción, no en una historia; dentro de una ranchada juega como una pieza en el grupo de la sobrevivencia y adquiere un alias, que pasa a ser su nombre: Chapita, Pelado, Huesito... No tienen documentos, la figura de la madre es un recuerdo lejano y pocos conocieron al padre.
Si analizamos las características de personalidad, éstas se definen por: 1) la no historicidad (no memoria y no proyecto de vida) lo que llamamos psiquismo acrónico (cronos: tiempo), 2) lenguaje de acción, no simboliza sino que hace, la acción actúa como comunicación y 3) la sobrevivencia está basada en recursos alternativos, muchas veces transgresores. Cualquiera de nosotros, en las mismas condiciones, llegaría a las mismas estrategias de sobrevivencia.
Nosotros no hablamos de re-habilitación social de estos chicos por algo muy simple: ellos nunca fueron “habilitados” en la sociedad, nunca se les dejó entrar, viven afuera, en los intersticios de la sociedad. Por eso la tarea a realizar es la entrada, por primera vez, en el mundo simbólico de la palabra como instrumento de la memoria y la planificación (el recuerdo y el deseo).
Como todo planteo terapéutico incluye una filosofía o ideología del ser humano, que en el caso de nuestra propuesta, tiene que ver con la elaboración de las experiencias vividas para que éstas adquieran sentido y armen un proyecto de vida, desde su elección vital.
Pero lo esencial en la socioterapia de los chicos de la calle (que también incluyen a púberes y adolescentes) es que recobren la organización prospectiva de la vida, el tema del deseo y la esperanza.

Fuente: Agencia de Noticias Pelota de Trapo - Edicion del 10/01/08
http://www.pelotadetrapo.org.ar/