domingo, 18 de noviembre de 2007

Karina Macció: escapista

e s c a p i s t a




Definitivamente, me reconozco:
soy escapista.

Me habría enamorado de Houdini sin dudarlo.
Me habría escapado con él.
Me habría metido en sus trampas mortales y habría dejado que me amordazara, que me cortara en mitades, en pedacitos, que me tirara al río encadenada, que me encerrara en cajas míninas y me tapara la boca, sin poder respirar...
Sin dudarlo.
Con él.
Hasta la muerte más absurda habría sido
amarilla
esplendorosa
intensa
viva muerte
incansable
caliente
mágica.

Houdini habría comprendido
que estar en un lugar, permanecer
es lo contrario de ser, es
la muerte
la verdadera
la rígida
la paralítica que sonríe
cómoda y atendida
en su lugar (en el lugar, mismo lugar, cada cosa en su lugar, yo en el lugar, yo ¿es una cosa?
yo en qué lugar, yo no, qué, no, qué es un lugar, yo, en su lugar ¿qué? en su lugar
qué cosa, yo, mi, un, es, qué, no sé)

Estar siempre en otro
abolir lo real fijo
ser completa
mutación
presente
sin tiempo
no agonizar más en la cuasi vida
ViViR –algo que tengo ganas–
si no querés ¿es vivir?
si no te gusta ¿es vivir?
vivir como muerto
entre muertos despertar y caminar
mediomuerto el sentir
apenas un mínimo intuir
indoloro inodoro sin secuelas
y me revbelo, con las dos vbe, con todas las que existan
el otro lado se ilumina todo el tiempo
puedo espíar
escabullirme por ahí
Alicia
Conejo para siempre
Animal
del otro lado del espejo quedaron los verdaderos
los invertidos
la gente amarilla
que arde sin cesar.

Pero al irme
desaparezco
también muero.
Nadie me reconoce
dejo de existir
imagen
apenas
tenue.

¿Cómo vivir muerta?

¿Exagero?
¿Me complazco en formular contradicciones literarias?
Literario nada más
no parece mi sentir.
Me dicen: “Dolés demasiado”
“Soltáte, dejáte ir”
Pero cuando me suelto y me voy
siempre hay vuelta, vuelta, y cada vez
duele más
y si no vuelvo –otra opción–
si me voy sin mirar atrás
entonces es, rotunda,
la muerte.
Muero a mí y quién sabe
tal vez sea otra
tal vez sea nada
tal vez
al fin, me transforme
y sea magia.

Pero ese ir es tan intenso
ese ir me vibra tanto
estremezco
que nada más puedo desear
y así
mi propia destrucción
es el centro
el núcleo
de mi vida.
(Sigo esperando a Houdini, veo pasar seres y ninguno me apetece)

Aborrezco mis pronombres personales
cada marca y hecho que me nombra
que inscribo en el mundo
me desdice
me deja afuera, mirando
como si estuviera presa (¿en dónde? ¿en dónde? Si él viniera, quizás, podría verme,
encontrar la solución, darme una pócima)
Ser dos, al menos
Ser diez, tantas
que no puedo
ser
ninguna.
Falta de mí
perdida
en voz
sumida en el flujo
correr
sólo sentir
sin lengua
decir es ruido
trampa del ser
querer es partir(se)
y me rompo
toda
me rompo porcelana usada (de té) (de ti)
me rompo mil pedazos
irreconciliables
me rompo gustosa
me tiro llevada
por el viento, o tu vos
que me lleva al borde
y de pronto el mundo es tan plano tan chato
y abajo sostienen cuatro tortugas (de nuevo, ¡mágicas!)
y abajo es el abismo
y me arrojo
y mientras caigo
me siento irrompible
mientras caigo
es mejor
es lo último
es la estrella
¿el cielo?
sí, vos, cielo, infierno
sin magia
y yo subo y bajo
sola
a la vez.




La Pérdida o La Perdida, km 2005.



Karina Macció
info@siempredeviaje.com.ar
Fuente: La perdida apasionada
http://www.karinamaccio.blogspot.com/