lunes, 12 de noviembre de 2007

Ingrid Storgen: ¿No le parece que estuvo “demasiado” alteradito…?

Y la alteración, históricamente, estuvo considerada como un mal de la plebe, de la gente inculta que jamás llegaría a ocupar trono alguno que no sea el de la marginación y el olvido impuesto por la clase dominante y explotadora.
Según el artículo 57 de la Constitución Española de 1978, apartado 1, “La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica”, y en el apartado 2 expresa: “El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento –no menciona a la dictadura de Franco, por supuesto- tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España, suponemos que esos “demás” no harán referencia a la mala educación ni a la descortesía…
Por su parte, el Artículo 56, apartado 3 dice que “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64….etc.


Queda bien claro que esa inviolabilidad que no está sujeta a responsabilidad, rige para el pueblo que se aguanta al monarca –aunque no olvidemos que muchos lo detestan-, es decir España, la colonizadora a fuerza de invasiones y tormentos, madre de la Santa Inquisición, genocida de los pueblos originarios de nuestra América e instigadora del mercantilismo, antecesor del capitalismo salvaje que tantas víctimas sembrara en su largo recorrido.

Lo cual no quiere decir que una vez rotas las cadenas que a nuestras tierras las mantenían atadas a la aberración y al despojo, debamos los pueblos amerindios soportar los desplantes de “dignidad” de la monarquía de ningún país del mundo que pretenda llegar, nuevamente, para llamar a silencio a alguien, mucho menos a un mandatario elegido de-mo-crá-ti-ca-men-te por su pueblo que a la vez lo sostuvo, lo sostiene y lo sostendrá con y sin arrebatos de intemperancia de reales investiduras.

Resulta demasiado bajo de nivel moral el exabrupto del rey Juan Carlos, quien con los nervios alterados y los ojos fuera de sus órbitas, le exigió al presidente Hugo Chávez “por qué no te callas”, en medio de la Cumbre Iberoamericana que ya tenía sus tironeos a partir de las desavenencias entre Uruguay y Argentina por el tema de la papelera Botnia, recientemente puesta en marcha para desgracia de los pueblos del Cono Sur que resisten con heroísmo semejante daño ambiental que ha de producir y que no desconoce su majestad.

Uno podría pensar que las palabras reales se debieron a una catarsis momentánea, cuando trataba de defender a su aliado Aznar considerado fascista por el presidente democrático Chávez igual que por todos los pueblos, pero no, la crisis no se detuvo y el monarca se retiró de la sala, no se publicó en la prensa si acaso dando un tremendo portazo que sería lo único que faltaba.

No señor rey, en América Latina usted no representa a nadie, cometió un gravísimo error, debía haber tomado antes la pildorita amansa-locos porque no tiene ningún derecho de faltar el respeto en estas tierras como nadie se lo falta a usted.
Los latinoamericanos NO tenemos reyes y el último virrey de la corona española, fue expulsado y por decisión incuestionable de la Asamblea General Constituyente del Año 13, entre otras cosas, se eliminó el nombre de los reyes de España en los títulos y documentos públicos, al igual que hizo con los títulos de nobleza que tanto daño nos estaban causando.

América Latina lucha por ser libre, señor monarca español, el presidente Chávez es nuestro referente indudable y la voz de sus pueblos no acepta ser acallada por usted, debió tenerlo en cuenta antes de mostrar públicamente su destemple.
No le alcanzará la vida, señor rey, para disculparse ante el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, así como tampoco alcanzará la de sus herederos para pedirles perdón a los pueblos americanos por el daño que le causaron y que parecen empeñados en seguir causando.

América Latina lucha por ser libre, señor monarca español, el presidente Chávez es nuestro referente indudable y la voz de sus pueblos no acepta ser acallada por usted, debió tenerlo en cuenta antes de mostrar públicamente su destemple.
No le alcanzará la vida, señor rey, para disculparse ante el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, así como tampoco alcanzará la de sus herederos para pedirles perdón a los pueblos americanos por el daño que le causaron y que parecen empeñados en seguir causando.

Tal vez sería una excelente terapia para su intemperancia, ponerse a recorrer las páginas de la historia latinoamericana y verá que para nosotros, usted y los de su estirpe son tan solo un mal recuerdo.
No son bienvenidos, ni mucho menos aceptamos, los pueblos, que vuelvan a darnos órdenes y muchísimo menos le permitimos que se le ocurra ofender a un mandatario como el compañero Hugo Chávez, de quien mucho tendría para aprender si se dignara bajar del trono de la soberbia donde lo instaló una dictadura fascista que se recuerda como una de las más sangrientas que haya conocido la humanidad.


Así que, señor rey, con los nervios a otra parte, que bastantes problemas tenemos para mantener la dignidad que tantas veces ustedes pisotearon y pretenden seguir atropellando al más puro estilo matón, como lo demostró a partir de su mediación para el funcionamiento de la nueva pastera, la cual le sugeriríamos invite a instalar en su tierra, aunque no lo hacemos por respeto al pueblo español.

Arrebatos iracundos en su casa, señor, acá no nos hacen falta más alterados…

Ingrid Storgen
Noviembre 2007
ahoraporellos@yahoo.es