sábado, 27 de octubre de 2007

Loreto Silva: El lobo aúlla de noche

Después de un agotador día, alargo las horas de trabajo y evito mi casa que está demasiado fría. En la seguridad del auto avanzo en la noche, veo seres desvalidos pasar, pintarrajeados y provocativos, actores del amor triste, el que se paga en efectivo. Travestis con sus rostros de amorosa tristeza infinita, formas que toma la sobrevivencia en los marginados.

Un vendedor noctámbulo me ofrece flores trasnochadas, otro, más osado con facha de gigoló de población promueve su compañía. Miro sus rostros vacíos, la otra cara de esta ciudad, pienso en ellos como en un autorretrato lívido. Esta visión oscura y amarga de noche estrellada, no posee rostros, sólo tiene mascaras y muecas de falsa alegría.

Término frente a tu casa ¿Cómo llegué? ¿Cuándo hizo mi mano la maniobra sobre el volante? No lo sé… inexorable la noche me conduce hasta ti y no puedo regresar sin soñar verte sonriéndome en la tibieza de una cama que no es la mía. Apago el motor y enciendo un cigarrillo, observo tu hogar durante un tiempo indefinido. Me debato entre bajarme y llamar quizás aún esté a tiempo, estoy a punto de bajarme… pero ¿y si tienes compañía? sería un golpe fatal, la cobardía me ancla al asiento y no me atrevo más que a mirar. Las luces se apagan de a poco la última es la de tu dormitorio ¿Por qué tardaste tanto? ¿Acaso me esperabas?

Hace frío me cala los huesos, enciendo el motor, el cuarto cigarrillo o quinto que más da, fenece en mis dedos y en mis pulmones. Si pudiera aullaría desgarradamente esta pena en la noche en lugar de ello aspiro profundamente, dibujo en el rostro la mejor sonrisa, retomo la ruta y me voy a casa, donde me espera mi propia familia ignorante de la vigilia de este lobo nocturno. En mi corazón siento el vacío del desamor y la presencia de la nada.


Loreto Silva
l_silva@vtr.net
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