viernes, 26 de diciembre de 2008

Miguel Ángel de Boer: "Él marcó el camino..."



Fue lo que dijo Joan Manuel Serrat mientras me señalaba con el dedo acercándose hacia donde yo estaba, el 6 del corriente en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires, cuando estaba ya finalizando el espectáculo.
Pese a que intenté responderle, siguió caminando por el escenario repitiendo la frase, dando todo por dicho, mientras los que estaban conmigo, también asombrados, hacían los comentarios. Yo escuché: “hermoso libro”, dijo una de las presentes. “No, dijo hermoso libro pero además… marcó el camino”, agregó otra. “Pero que libro le diste?” inquirió la primera. “Un libro de poemas de mi autoría”, le respondí. Y ya entonces el Nano había comenzado a cantar “Lucía”, tema con el que concluyó la presentación.

Para los que no lo saben, vivo en Comodoro Rivadavia, en la patagonia argentina, distante a 1800 km de la ciudad de Buenos Aires y, en la única oportunidad que Serrat actuó aquí “cerca” (en Puerto Madryn, distante unos 400 km) no pude ir a verlo.
Quiero decir que esta fue la primera, y posiblemente la única, vez que lo veía, por lo que era para mí uno de los acontecimientos importantes, y no exagero, de mi vida. Ya cuando me enteré que venía, que coincidía con un viaje que yo tenía que hacer a Buenos Aires y, mas aún, cuando adquirí la entrada, me prometí que le iba a dar uno de mis libros, como fuera, en sus manos.
Dicho y hecho.

En unos de mis poemas escribí, ya hace un tiempo:

Estaban convencidos de que resistía
porque me consideraban
ideológica/política/moral/física
y mentalmente
fuerte

En tanto yo evocaba
con mi cuerpo desolado
el ruido del mar
acariciando la arena y el pedregullo de mis playas

y una frescura luminosa penetró en mi pecho
encegueciendo de vida a la muerte

En realidad lo que evocaba eran tantas cosas (tal vez todo lo que hacía de mí quien era) que bien el poema podría haber sido casi infinito. Y entre todas esas cosas, sin duda: las canciones de Serrat. Y también sin dudar agrego que “Mediterráneo” me prolongó la vida. Porque cuando escuchaba esas melodías (acabo de escribír medolías y tuve que corregir!), todo mi ser se trasladaba a los paisajes, vivencias, historias que describían las letras. Y en medio del dolor y el desamparo, cuando la muerte extraviada quería estrangularme a toda costa, pude sonreír mas de una vez.
Por eso ir a ver al Nano era confirmar, nuevamente, que aún seguía vivo. Era poder verme, más de treinta años después, siendo el mismo a pesar de todo, o quien sabe, debido a todo. Era la oportunidad, también, de poder agradecerle de algún modo todo lo que me brindó, aunque no lo supiera.
Demás está decir que verlo, escucharlo, desbordó de emociones mi mente y mi cuerpo y que mis lágrimas brotaron acariciando mi rostro y mi alma, cuando interpretó…”Mediterráneo”. Recordé a tantos con quienes compartimos la dicha de sus canciones, y recorrí mi/nuestra historia conforme surgían los temas, mientras sentía que ahí, ahora, en el 2008, se estaba concretando, milagrosamente, uno de mis mas queridos sueños.
Cuando ya comenzaron los bises, algunos de los presentes (mejor dicho, algunas, porque eran mayoría) nos acercamos al escenario. Yo para ver si podía, además de verlo de cerca, darle mi libro y el cd que le llevaba. Creo que fueron 4 bises. Ya cuando se veía venir el final, me acerqué aún más y fue entonces que una hermosa morocha, muy decidida ella, me hizo un lugar diciéndome: “subí y daselo”, a lo que yo, sin pensarlo, di un brinco y en segundos fui hacia él. En realidad nos encontramos, porque rápidamente el también vino hacía mí, desconcertado, y mientras le daba las cosas en mano me dijo: “Muchas gracias. Te agradezco. Pero por favor, bájate del escenario. Por favor”. Creo que le respondí : “Gracias por todo y no te preocupes que ya me bajo”, y dando media vuelta, no se cómo, bajé del escenario.
Ocurrió entonces que al terminar la canción que interpretró a continuación, una de las presentes se subió hasta donde él estaba y lo abrazó. Luego de que la hicieron retirar otra intentó subir y ahí, ya mas ofuscado, el Nano la paró en seco, impidiéndoselo. Hago el relato para que se entienda el porque de lo que me dijo, aunque yo hubiera querido explicarle, un tanto en broma, que no era responsable de que me siguieran.

Me imagino que Juanito debe estar podrido de estas cosas, aunque creo que no era para tanto y me parece que debe ser un tipo bastante chinchudo.
Pero yo le estoy y le voy a estar eternamente agradecido.
Y guardo ese momento entre mis mas bellos y tiernos recuerdos, pues nunca olvidaré su rostro, sus palabras, su mirada en mi mirada, su cercanía.
Ojalá, si aún lo conserva, algún día lea mi libro o escuche los temas.
Creo que comprenderá y sabrá disculparme, estoy seguro, por el atrevimiento que el corazón y la memoria me impusieron en ese instante.

Y si alguien de los que lee este relato estuvo presente y pudo sacar una foto, desde ya le agradezco me la haga llegar, pues, como se imaginarán, aún me parece increíble.


Miguel Angel de Boer
deboer_miguel@uolsinectis.com.ar
Comodoro Rivadavia, Diciembre 24, 2008.


http://www.youtube.com/watch?v=GcEiwtCvi10

http://www.youtube.com/watch?v=5vyl4m1Vz2M&feature=related (versión con Miralles con quien estuvo en el Gran Rex)

http://www.youtube.com/watch?v=FOLV1tVErDQ&feature=related

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguramente alguien le alcanzará la foto, o por causalidad llegará a sus manos... pero como siempre ni una carta, ni una foto, podrá borrar lo que queda registrado en la memoria.

Gabriela Abeal.

Mercedes Sáenz dijo...

Escribiría largo MIguel pero nada diría mejor que vos. Al Nano lo sigo, lo estudio, lo comparo, lo contradigo, lo sostengo, lo peleo, es cómo si hubiera estado siempre. Me emocionó mucho este relato porque especialmente queda plasmado ese que tiene de humano y de rebelde. Vos y él. El intercambio ese me parece mágico entre las personas, tenga un final más parecido al deseo o no. Si pudiera conseguirte una foto lo haría. Cómo soy media arisca para el razonamiento lógico, lo voy a intentar. Creeme que es largo de escribir y no soy la mejor síntesis, creo, pero también creo que sentí todo tu relato. Feliz Año Miguel y un abrazo. Mercedes Sáenz

Anónimo dijo...

Miguel, había leido tu relato, tu encuentro con el Nano. Es de aplaudir la sencillez de un grande.Un buen año de

Silvia Loustau