viernes, 26 de diciembre de 2008

Analía Pascaner: La locura y la mosca


Termino de almorzar, pido permiso para levantarme de la mesa y subo volando a mi cuarto para jugar a lo que más me gusta cuando estoy solita. Yo actúo, soy la mejor actriz y me sé todas las escenas, y la mejor de todas es cuando el príncipe azul me rescata porque estoy en peligro de muerte. ¡Eso sí me gusta mucho! Pero tengo poco tiempo para actuar porque cuando aparecen mis hermanos me da vergüenza, ellos me miran y se ríen de mí.


Mi mamá sube un rato después y va al baño, después se asoma a la puerta para preguntarme si hoy también estoy segura que no dormiré la siesta. Digo que no con la cabeza y le prometo quedarme muy calladita dibujando y pintando.


Nunca supe por qué mi mamá me obligaba a dormir cuando había sol. Antes yo me hacía la dormida pero siempre me descubría porque decía que ella escuchaba todo, hasta el volar de una mosca, cosa que no entendí nunca porque en mi dormitorio no hay moscas.


Mi mamá desaparece y vuelvo a jugar a ser actriz hasta que los actores y el público se van a dormir la siesta y luego me siento a pintar porque también el príncipe azul se fue a dormir.


Frente a mi escritorio hay una silla con cinco maderitas en el asiento, pero dos están sueltas y cuando cenamos, mi mamá reniega con mis hermanos para que claven las maderas porque el ruido la vuelve loca. Eso tampoco lo entiendo bien y me asusta mucho porque yo no quiero que mi mamá se vuelva loca. Debe ser muy feo tener una mamá loca.


Dibujo y pinto muy tranquila y sin molestar y ni siquiera canto un poquito. Me arrimo al escritorio haciendo que la silla se vaya hacia adelante entonces las dos patas traseras quedan en el aire, después apoyo toda la silla en el suelo y las dos maderitas sueltas hacen un ruido gracioso al caer: tzac-tzac. Me arrimo hacia adelante y… tzac-tzac, y otra vez hacia adelante y… tzac-tzac. ¡Eso sí me gusta mucho! Me divierto tanto que me olvido que el ruido y la mosca que nunca vi vuelven loca a mi mamá.


De pronto escucho: “Luuupiii, traeme una maderita…”. Mientras levanto una de las maderas sueltas de la silla, llamo en silencio al príncipe azul para que me salve de esta situación peligrosa. Entro despacito en la habitación de mamá cerrando un poco mis ojos para ver mejor. Ella pide que me acerque a su cama, entonces me pega con la maderita en la cola. Me duele bastante pero aprieto mis labios para no llorar delante de ella y cuando vuelvo a mi habitación lloro mucho por la traición del príncipe azul que no me rescató.


No entiendo por qué mi mamá me pega, no sé si es porque se está volviendo loca o porque tal vez hay una mosca escondida en mi pieza a la cual yo nunca he visto volar.


Invierno 2002

Analía Pascaner
analiapascaner@gmail.com
http://www.convozpropiaenlared.blogspot.com/

6 comentarios:

Anónimo dijo...

La infancia en un cielo que no se resuelve y lo simple a veces es lo que más perturba...un abrazo grande! Nor Etxe
www.diagonalconverso.blogspot.com

Analía dijo...

Querido Aníbal: muchas gracias por incluir este querido cuentito en tu página web, sos muy generoso.
Te mando un abrazo y mi cariño, que tengas un buen año, que sea mejor para todos.
Analía

Marta R. Zabaleta dijo...

Excelente y estremecedor cuento, Analia, que además de estar muy bien escrito, conmueve hasta los cimientos.
Te felicito.
Marta Zabaleta

Analía dijo...

Muchas gracias por sus conceptos, queridas Norma y Marta, gracias por ocupar su tiempo para leerme.
Nuevamente te agradezco por darme un espacio en tu sitio web, querido Aníbal.
Un abrazo y mis mejores deseos para los tres.
Analía

Anónimo dijo...

Bello, Analía, felicitaciones... nos hacés volver a rincones lejanos...


Gabriela Abeal

Analía dijo...

Agradezco tus palabras, querida Gabriela, me agrada saber que el cuento te conmovió de alguna manera, gracias por expresarlo.
Un cariño
Analía