sábado, 31 de octubre de 2009

Periodismo basura



Ernesto Martinchuk critica cierta práctica periodística a la que califica de “periodismo basura”.

Por Ernesto Martinchuk*


Las personas creemos estar informadas por la sobredosis de noticias que recibimos diariamente –hoy se lee en un día lo que en el siglo XVIII se tardaba casi una vida–, pero, en realidad, se reciben las coberturas que los grandes medios desean difundir. ¿Existe una diabólica agenda que pauta cada día “Noticias Basura”, que se difunden significativamente en los grandes medios de todos los países?
La palabra “infotretenimiento” (infotainment) comenzó a ser utilizada en los ’80 por el académico Carl Jensen, quien agregó que las “Noticias basura son bocadillos azucarados pero nada nutritivos para el consumidor”.
Los ciudadanos “engordan” alimentándose con “comida chatarra”, porque es más barata, y la gente es forzada a consumir “noticias basura”, que aumentan su obesidad cultural y mental en vez de informarlas en forma veraz.
Hoy no nos asombran los periodistas que incursionan en el mundo de la publicidad o del espectáculo. Suelen “vendernos” desde un seguro hasta un yogurt. El segmento policial está auspiciado por la publicidad de puertas blindadas. Pareciera que la calle de la “empresa periodística” y el “periodismo” se ha convertido en una avenida de doble mano.
El “Periodismo Basura” presenta historias que abordan asuntos importantes manipulando historias, trivializándolas o personalizándolas, para, a menudo, derivar en un relato divorciado de los criterios de interés general original.
Por otra parte, asistimos a un nuevo fenómeno: todos los noticieros apelan a las imágenes existentes en YouTube sin chequear, muchas veces, si son reales o armadas. Es significativo el tiempo que en los noticiarios de televisión destinan a banalidades sensacionalistas, en vez de ofrecer noticias que hacen al desarrollo tecnológico, la nanotecnología, la cultura, la educación, la salud, el desarraigo, la migración interna, la planificación urbana o rural, el agua, las fuentes de energía, la minería o problemas que hacen a la calidad de vida vigentes en el país todo. Nos han enseñado a vivir el presente sin proyectarnos hacia el futuro como personas y país. La clase dirigente también, los empresarios y muchos destacados periodistas sólo se ocupan de salvaguardar sus intereses.
Nuestros adolescentes saben más de héroes y “patriotas” extranjeros, se promocionan artistas, festividades y costumbres de otros países mucho más que las de carácter nacional. Como dice mi amigo Jorge Alessandrini: “... en nuestro país a los próceres se los homenajea pero no se los honra...”.
Si una democracia depende en buena medida de la calidad de las formas de comunicación que la hacen posible, es necesario rehabilitar la vida pública, llenando el presente de palabras y actos que permitan imaginar horizontes nuevos dado que faltan propuestas y sobran escándalos en el estéril panorama intelectual de los medios.

*Periodista. Docente en la Escuela de Periodismo Círculo de la Prensa.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-134209-2009-10-28.html

Sandra Russo: La fiesta invisible



Por Sandra Russo


Hay un país a la vista que tiene la piel irritada. Ese país, ese lado del país, ese costado, es el de exhibición permanente. La parte por el todo, metonimia. No a todos los sectores ni a todas las interpretaciones del país se las cuelga de la misma cantidad de ventanas. Hay una banda de sonido permanente en los medios, música funcional, que refuerza la idea de que la que cantamos es una mala canción.
Los grandes medios, después de la promulgación de la ley, han perdido todo decoro. El relato alcanza niveles de ficción tan fuertes que a Mauricio Macri no le parece disparatado sugerir que fue Kirchner el que mandó a pinchar los teléfonos. Hay dirigentes de la oposición que denuncian que están entrando armas a Ciudad Oculta y al día siguiente, después de haberlo amplificado hasta el hartazgo, el coro trágico se pone a hablar de otra cosa.
Todo pasa, todo pasa, viajamos en un tiempo que es una calesita, giramos por los insultos más fuertes que se hayan escuchado en democracia, por las acusaciones más canallas que después se olvidan, bebemos la bilis de los oradores, la danza de los fantasmas, la queja perenne, la distorsión maníaca. El debate político se presenta como un combate con vencedores y vencidos. Es imperioso sembrar la desconfianza. Elisa Carrió también dice que el poder está “usurpado”. Todo se escucha como lluvia: somos quien oye llover.
Los periodistas hemos quedado a los dos lados del río y llueven los cascotazos. Es difícil soportarse, entre unos y otros, y a uno mismo. La vida se volvió incómoda. Está plagada de ráfagas de indignación. Quizá por suerte seamos muy poco corporativos y no hayamos entrado en la Danza de los Colegas cuando llegó el momento de tomar posición. Nunca fuimos neutrales, después de todo. No tenemos manera. Estamos condenados, como todos, a las perspectivas.
Dicen que hay mucha gente que tiene mucho miedo, que los mozos y las mucamas se han vuelto sospechosos. El público de Mirtha Legrand lo cree. Ella se manifiesta así. Y por qué no habría que creerle. Hay mucha gente asustada. Pero no se entiende muy bien qué les da miedo. Cuál es el objeto de su revulsión.
Y sin embargo, en el medio de este tole tole que nos tiene a todos unidos por el agotamiento, pasan cosas sorprendentes. Cinco millones de niños hijos de desocupados o trabajadores informales tendrán un ingreso mínimo. Lo que vale una camisa en un negocio del Alto Palermo. Una tajadita. Una bienvenida a la vida, reconociéndoles lo que hoy no se les reconoce: que son personas. Las más débiles. Las que hoy mismo, como antes sus padres y sus madres, no tienen mucha conciencia del avasallamiento del que son víctimas constantes. El hambre es un crimen, sostienen los Niños del Pueblo de la CTA y las organizaciones sociales. Y qué hay con las organizaciones sociales, que algunos están descubriendo ahora, después de varios años sin piquetes. Ellas son las que más han hecho por los pobres que nos dejó el menemato. Ellas son los mismos pobres organizados. Algo de eso es lo que tiene alteradas a las señoras. Porque una cosa es ayudar a los pobres y otra que a los grasitas se les ocurra disputar poder. Las señoras no se lo plantean en estos términos. El antiperonismo tiene un fuerte carácter esteticista. Lo negro en general espanta. La política se vuelve estomacal: lo blanco no traga a lo negro.
Los spots contra la ley de medios siguen tronando en la pantalla y ahora vendrá la SIP a darles la razón a los ofendidos, y muchos insistirán en que en la Argentina no hay libertad de prensa, mientras siguen con su relato de Guerra Fría. El Estado totalitario que oprime la libertad de expresión. Esta semana me llegó por correo el libro de Pascual Serrano Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo. Tiene prólogo de Ignacio Ramonet. El punto de vista es muy interesante. Tanto Ramonet como Serrano se preguntan cómo funciona la censura en democracia. Me permito introducir este gran tema, el primero que ocultan los medios. No es ninguna casualidad que todavía mantengamos tan obstinadamente en la cabeza un fantasma más compatible con la ex Europa del Este que con la actual América latina. ¿Cómo funciona la censura en democracia?
En todo el mundo, los medios están viviendo un fenomenal proceso de concentración. El poder que disputan no es tan mal visto como el que disputan los grasitas. Los propios medios se encargan de que su causa y su inercia, que es la concentración, sea una causa humanista. En nombre de la libertad de expresión la Fox quiere convencer a los norteamericanos de que Obama quiere alinearse con Chávez.
“Es obvio que la censura ya no funciona por restricción, o por amputación, o por supresión, como lo hace en países donde se mata o se encarcela a los periodistas o se cierra un periódico”, dice Ramonet. Y vuelve a preguntarse lo mismo que Serrano: ¿Cómo funciona la censura en democracia? El libro entero es un intento de respuesta. Pero admite Ramonet que “lo que sí ocurre es que hay mucha información que no circula, porque hay sobreinformación. Hay tanta, que la misma información nos impide –como un biombo o una barrera– acceder a la información que nos interesa”.
Puede que cada tanto nos embargue la sensación de que estamos viviendo momentos de una intensidad impensada, y que esa sensación se alimente con las sensaciones de otros. No había pasado antes que la pobreza fuera utilizada como una chicana más, como la perenne y evidente prueba de un fracaso. Tampoco había pasado que un guante como ése fuera recogido tan pronto, y que de esta coreografía estúpida que baila la oposición de derecha finalmente salieran los primeros pasos de millones de niños hacia el horizonte de su propia ciudadanía.

Sandra Russo
Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-134432-2009-10-31.html

Entrevistas: Stella Calloni



"América Latina se está uniendo y eso los tiene locos"

Por Gustavo Etimos - Red Eco Alternativo


Los hombres que tienen el poder han logrado un desbarajuste en el clima, atribuyo a eso este frío día de primavera. Es mediodía. La paso a buscar para realizar esta entrevista. Ella es Stella Calloni. Mujer de bellos ojos y una lucha que no se agota. Periodista, pero por sobre todo poeta. Sus investigaciones marcaron a fuego al antiimperialismo latinoamericano. Su voz revela esperanza y al mismo tiempo la indignación de quien se sabe insurgente. Su mirada del color de un lago me va llevando por el relato que justamente habla de los planes que hacen esos tipos que quieren dominar el mundo.

Stella Calloni: Son tiempos muy difíciles, la gente que está en política, los militantes trabajan sin tener en cuenta a el enemigo principal. Estados Unidos tiene un proyecto para América Latina. Veamos lo de la IV Flota, el blanqueo de las bases en Colombia. Hay que tomar en serio la relación de dependencia y los planes de Estados Unidos. Muchos países pueden volver a caer en situaciones del pasado, uno de ellos donde mas rápidamente puede pasar lo de Honduras es la Argentina. A pesar de los juicios a los genocidas todavía hay muchos militares de la dictadura metidos en actividades políticas en estos tiempos”

Gustavo Etimos: ¿Eso tiene que ver con Unoamérica?

S.C: Si, Unoamérica se crea en Colombia en el 2008 con los mismos elementos de la Operación Cóndor, que fue una operación de contrainsurgencia y no un plan como dicen algunos. En ese tiempo los militares usaron como excusa que había que desmantelar una coordinadora guerrillera de varios países y oponerle una coordinadora represiva. Ahora la excusa para volver a utilizar la represión que utiliza Unoamérica es que hay que destruir al Foro de San Pablo (1). Unoamérica está involucrada en un intento de asesinato a Evo Morales.

G.E: Hay otro tipo de fundaciones en la que participan varios integrantes del PRO ¿Están relacionadas con Unoamérica?

S.C: El PRO (2) está organizado en la Fundación PensAr (3) y a su vez con la Fundación Libertad (4). Son más sutiles, son un producto de marketing. Unoamérica es muy burda: patria, familia y propiedad. Fundación Libertad tiene un papel que cumplir. Unoamérica tiene otro. Aunque apuntan a lo mismo.
Fundación Libertad es la más peligrosa, más sugestiva. Esconde detrás de cursos el plan de recolonizació n de Estados Unidos. Trabaja bajo diversos nombres en muchos países de nuestro continente. También está el movimiento de Patricia Bullrich, Unión por Todos (5) en la provincia de Buenos Aires que participa de Unoamérica. La Coalición Cívica (6) pidió ayuda a la NED (7) para estudiar la corrupción en el Congreso. ¡La NED que participó del golpe de Chile, la invasión a Panamá, la guerra en Nicaragua! Estas Fundaciones dependen de la NED, que también estuvo en el intento de golpe a Evo Morales.
Lo peor es que Unoamérica realice un congreso internacional en Buenos Aires. ¡Una fundación de características terroristas, que participa en el golpe de Honduras, actuando públicamente en Argentina! Los organismos de Derechos Humanos tendrían que cerrarle la puerta a estas fundaciones que son el renacimiento de las dictaduras.

G.E: ¿Cómo hacen estas fundaciones para llegar a la gente común?

S.C: La Fundación Libertad dio cursos a los productores rurales en Rosario y por primera vez en la historia convence a la Federación Agraria de aliarse a la Sociedad Rural Argentina. La SRA, los golpistas de siempre. Es así como se manejan dando cursos, clases y se esconden bajo muchos nombres diferentes. En Bolivia captaron grupos indígenas para oponerlos a Evo Morales. Documentos desclasificados dicen que buscaban un líder indígena para oponerlo a Evo.

G.E: Digamos que manipulan a la población…

S.C: Exacto. Se vio perfecto en el conflicto con los ruralistas.

G.E: ¿Stella, qué es el CETEDO?

S.C: Es un maravilloso proyecto. Es el Centro de Estudios sobre Terrorismo de Estado y Estrategias de Dominación. Colabora con la enciclopedia sobre Terrorismo de Estado que se creó en Cuba y además tenemos un pequeño boletín que se llama Vigía del Sur. Sirve para estimular a jóvenes investigadores y la propuesta es colaborar con sitios como Red Eco que ha hecho investigaciones muy buenas. Somos unas veinte personas. Las hay de varios países de Latinoamérica.

G.E: ¿Y ahora en qué están trabajando?

S.C: Bueno en lo de las fundaciones de las que hablábamos y en la incidencia que tienen los medios de comunicación para provocar golpes de Estado.

G.E: ¿Esa incidencia se relaciona con el conflicto de los ruralistas por lo de las retenciones?

S.C: Es así y lo de los ruralistas no fue destituyente, llamémosle por su nombre: fue un intento de golpe de Estado, en el que muchos medios fueron sus cómplices.

G.E: ¿Y ahora?

S.C: Hay una operación de desgaste, degradación, mentira, falsificación que están realizando los medios, en la que también participan corresponsales extranjeros.

G.E: ¿Cómo es posible que los periodistas se transformen en mercenarios?

S.C: Muchos reciben adiestramiento en Europa, en fundaciones alineadas a la CIA. Muchos jóvenes son invitados a entrenarse allá y el trabajo de las fundaciones consiste en transformarlos en portavoces del sistema. Acá tenemos varios casos de transformistas.

G.E: ¿Y de qué manera la gente se puede oponer a estas operaciones de contrainsurgencia?

S.C: Eso puede suceder cuando la izquierda tenga una posición propia, cuando trabaje con las masas. La izquierda de bases la rompió la dictadura y el menenismo que disparo las individualidades. Hay una penosa incapacidad en la izquierda argentina.

G.E: Entonces el plan de dominación de Estados Unidos ¿cuál es?

S.C: El del ALCA (8). Apoderarse económica, política y militarmente de América Latina. El Plan Colombia. Ellos dicen que los recursos naturales les pertenecen. Lo marcaron en los años 90; en ese tiempo se definen las nuevas estrategias para América, las guerras de baja intensidad (GBI). La etapa Bush se escenifica en el documento Santa Fe IV “América para Estados Unidos”, rescatan la doctrina Monroe. Uno de los documentos Santa Fe también dice que hay que destruir la cultura “No podemos dominar América si no destruimos su cultura”. Por eso tantos programas de entretenimiento que degradan la cultura. Las GBI comprenden la toma de los medios masivos de comunicación, para tener un control mayoritario de los medios y que si es posible todos desinformen. La industria del entretenimiento está diseñada para destruir los proyectos culturales y desculturizarnos.

G.E: ¿La ley de medios recientemente aprobada puede ayudar a frenar este proceso de desculturización?

S.C: Si, por eso toda la falsificación que hacen de ella, con esta ley va a ver más oportunidades. Mienten los que dicen Ley K.

G.E: ¿Vivimos bajo una dictadura mediática?

S.C: Hace rato, y es una dictadura mundial, un terrorismo mediático. En Honduras muchos medios estimulan un golpe brutal. Eso es terrorismo. Hay que rescatar lo que se hizo con los medios en Ruanda que se les impuso la misma pena a los militares genocidas que a los periodistas que alentaron el genocidio. En Chile se castigó al diario El Mercurio a pagar una indemnización y se echó del Colegio de Periodistas a los que habían colaborado con la Operación Cóndor.

G.E: ¿Y usted cómo hace para investigar y enfrentar tanta miseria humana?

S.C: Con la magia que me da la poesía; frente a la miseria humana actual es lo que te da la fortaleza para sobreponerte. La magia te permite reconstruir. Como en la película, Las Noches de Cabiria de Federico Fellini, donde Giulietta Masina la protagonista resurge de la nada. El Che era poeta, aunque no llegó a desarrollar su poesía, el Comandante Almeida también. La poesía es un gran motor, te da la magia para sobrevivir a todas esas miserias.

G.E: ¿Qué punto de coincidencia puede encontrarse entre el periodismo y la poesía?

S.C: Para ambos se necesita una mirada que penetre bajo las aguas. Ver cosas que nadie ve, tenés videncias, te adelantás a acontecimientos, le das al cerebro otro lugar de elaboración. Por otro lado el peso de la palabra, tanto en uno como en otro, es extraordinario. Creo que el lenguaje es una construcción social. Cuando en un país la gente se queda con un vocabulario de 600 palabras, hemos descendido al abismo.

G.E: ¿Dentro del plan de dominio está también la destrucción del lenguaje?

S.C: Destruir el lenguaje es como destruir la naturaleza. Están tratando de desposeer a la gente de la posibilidad de construir un pensamiento a través del lenguaje. Hay que luchar contra todo eso. La izquierda tiene que ser inteligente con semejante proyecto de dominación sobre nosotros. Necesita hacer una finísima ilación política, para entender cómo estas redes de redes se meten por todos lados.

G.E: ¿Usted que vivió tantas luchas de los pueblos por su liberación, que perspectivas le ve al Socialismo del Siglo XXI?

S.C: Recién está comenzando a gestarse; hay que analizar qué elementos destruyeron al socialismo de otros tiempos, sobre todo cómo Estados Unidos logró infiltrarse. Por otro lado hay que aprovechar las enseñanzas de los indígenas e incluirlas. La izquierda debe conocer la idiosincrasia de cada pueblo, no todos los países tienen las mismas características, hay que tener un enorme cuidado para organizar una unidad sin herir.

G.E: ¿Para quebrar esa unidad buscan el desmembramiento como hicieron en la ex Yugoslavia?

S.C: El antecedente de la ex Yugoslavia no se estudia y es muy importante. Era un gran país socialista con buen desarrollo. Tito logró unir sectores que eran antagónicos En América Latina hay intenciones de desmembramiento, es lo que buscan en Bolivia por ejemplo. Lo que pasa es que América Latina se está uniendo y eso los tiene locos.

(1) Foro de San Pablo
(2) PRO
(3) PensAr
(4) Fundación Libertad
(5) Patricia Bullrich-Unión por Todos
(6) Coalición Cívica
(7) NED
(8) ALCA

Stella Calloni nació en la provincia de Entre Ríos, Argentina.
Es vicepresidenta del Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos e integra el Instituto Espacio para la Memoria. Publicó varios libros de poesía y cuento entre otros Los Subverdes (1975), Memorias de trashumante (1998) y El hombre que fue Yacaré (1998). También cuenta con varios ensayos. Algunos de ellos son: Los del año del lobo: Operación Cóndor (1999), Operación Cóndor. Pacto Criminal (2001) De la crisis a la resistencia (2001) Recolonización o dependencia: América Latina, en conjunto con Víctor Hugo Ducrot (2001).
Realizó entrevistas a varias personalidades como Fidel Castro, Salvador Allende, Yasser Arafat, Hugo Chávez, Daniel Ortega, Muammar Kadafi, Noam Chomsky, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Eduardo Galeano, Monseñor Romero, Rigoberta Menchú, Graham Greene, entre otras.
Actualmente es corresponsal del periódico La Jornada de México.

Fuente: A.R.B.I.A y LA CORAMECO informan
presidente@lacorameco.com

Descendientes del poeta Miguel Hernández contra la Justicia española



Los familiares de Miguel Hernández, muerto en prisión en 1942, solicitarán al Tribunal Supremo la anulación del Consejo Sumarísimo 21.001 y de su sentencia, por la que se condenó a muerte al poeta oriolano por “ser izquierdista” y “haberse dedicado a actividades literarias”, entre otros argumentos.

“Un escritor de esta categoría y una persona tan maravillosa como fue Miguel Hernández no se merece, al igual que los demás, esta losa que tiene encima”, según la nuera del poeta, Lucía Izquierdo, para quien esta petición “es lo más importante” que se ha hecho hasta la fecha sobre la figura del poeta.

Esta iniciativa se enmarca dentro de las actuaciones de la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica, presentadas hoy en rueda de prensa con el objetivo de rehabilitar la memoria de Miguel Hernández en el centenario de su nacimiento, que se conmemora en 2010.

Para Izquierdo, no hay “mejor” momento que ahora, que comienza el centenario, para que “la gente de Miguel Hernández, que es la gente del pueblo” se una e intente anular su juicio con el fin de que “sirva de ejemplo para el resto que se encuentra en la misma situación”.

En este sentido, la comisión cívica y los familiares también pedirán la “reparación y reconocimiento personal del poeta injustamente condenado”.

Esta petición, regulada por la Ley de la Memoria Histórica, ha sido presentada hoy en la Subdelegación de Gobierno de Alicante, y se espera su resolución en un plazo de dos o tres meses.

“El mejor homenaje que se le puede hacer cuando se prepara su centenario sería que entrara limpio de toda esa bazofia que el Franquismo arrojó sobre él”, ha destacado el periodista y miembro de la comisión cívica Enrique Cerdán Tato.

El también miembro de la comisión Manuel Parra ha explicado que, pese a que la pena de muerte se le conmutó por 30 años de prisión seis meses después de la sentencia, el juicio no fue anulado, por lo que piden “la anulación de todo ese proceso” motivado por un “delito de defender un régimen legal y legítimo”, la República.

“La pena de 30 años de prisión, en la práctica, supuso su muerte” por las “condiciones sanitarias ínfimas” de las cárceles españolas, en concreto del Reformatorio de Adultos de Alicante, donde compartió celda con el escritor Buero Vallejo y donde moriría de tuberculosis el 28 de marzo de 1942.

Asimismo, Parra ha indicado que el “sumarísimo de urgencia” por el que se juzgó al poeta es un “esperpento” que “burla todos los preceptos jurídicos” puesto que los acusados “no tenían derecho a hablar”.

En este Consejo Sumarísimo número 21.001, Miguel Hernández fue acusado de ser “izquierdista” y “comisario político” durante la Guerra Civil, “cuando realmente lo fue de cultura”, así como de “haber actuado en el santuario de Santa María de la Cabeza” e, incluso, de “haberse dedicado a actividades literarias”.

Por todo ello, se ha tramitado el citado “recurso de revisión” del juicio ante el Tribunal Supremo, en base a la Ley de Enjuiciamiento Criminal, si bien entienden que el proceso va a ser “difícil”.

En este sentido, han instado a todas las administraciones públicas a que se adhieran a esta petición, máxime cuando en 2010 se va “a homenajear a alguien que sigue condenado a muerte”.



Elegía a Ramón Sijé - Miguel Hernández


(En Orihuela, su pueblo y el mío, se

me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,

a quien tanto quería)


Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano.


Alimentando lluvias, caracolas

y órganos mi dolor sin instrumento,

a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado

que por doler me duele hasta el aliento.


Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.


No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.


Ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo

voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.


No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta.


Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.


Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.


Volverás a mi huerto y a mi higuera:

por los altos andamios de las flores

pajareará tu alma colmenera


de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas

de los enamorados labradores.


Alegrarás la sombra de mis cejas,

y tu sangre se irá a cada lado

disputando tu novia y las abejas.


Tu corazón, ya terciopelo ajado,

llama a un campo de almendras espumosas

mi avariciosa voz de enamorado.


A las ladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández
(El rayo que no cesa)


Material enviado a "La Máquina de Escribir" por Silvia Loustau

Aníbal Jorge Sciorra: Viuditas negras

Imagen: flickr.com/photos/alejoarango/1034821083/

Viuditas negras año mil novecientos cincuenta y nueve
rondando las calles Olleros, Corrientes, Jorge Newbery,
primero de noviembre música sacra
todos los santos muertos por la patria
tachos llenos de agua conservan los gladiolos
que las viuditas negras
como hormiguitas
llevan entre sus brazos
camino a la necrópolis mayor de Buenos Aires
Año de mil novecientos cincuenta y nueve
Chacarita
y una larga cola de viuditas negras
esperando el ciento once de regreso
ya satisfechas

Aníbal Jorge Sciorra
sciorra52@gmail.com

Cristina Villanueva: El crepúsculo o la última batalla de una diosa



El espacio se cruza de agua y de sonidos, y el sabor de lo perdido que vuelve.
La lluvia abrillanta el olor de las flores. Hay un sueño a punto de aparecer y un antiguo color.
El fuego irradia hasta invitar a lo íntimo.
Besos errantes, paseo por el tiempo y una casa en el mar con chimenea.
El fuego inventa imágenes. Sol que se retira, pero antes de hacerlo, despliega una revolución roja en el cielo. La violencia de la belleza.
El crepúsculo es la última batalla ardiente... La firma de un dios que no se rinde en la hoja celeste o será diosa con sus colores cambiantes. Una diosa todavía inocente con los bolsillos que se abren y desparraman sus hogueras brillantes. Una diosa sí, dios es perfecto y se murió por nosotros me dijeron, pero una diosa vive y saltan sus chispas vitales a chorros imperfectos.

Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

Silvia Loustau: Cartas Marinas




Cartas Marinas por Silvia Loustau

II
El sol ascendió. Barras verdes y amarillas cayeron sobre la playa dorando los costillares de la consumida barca, acerando las algas. La luz perforaba las delgadas y rápidas olas, quienes se deslizaban, como abanicos sobre la arena.
La muchacha al sacudir la cabeza hizo bailar las piedras preciosas, el topacio, el aguamarina, todas las piedras con chispas bajo los líquidos colores, dejó al descubierto su piel, trazó un recto sendero sobre las olas, cuyos destellos de escamas se oscurecieron.

IV
La dura piedra del día estaba resquebrajada, la luz se colaba por la grietas. Rayos rojos y dorados, como rápidas flechas con plumas de tiniebla, traspasaban las olas. Sin orden ni concierto, vagaban destellantes rayos de luz, señales emitidas por islas secretas, o dardos disparados por entre matas de laurel por muchachos felices y desvergonzados. Las olas caían en larga percusión, muro derrumbado, muro de piedras grises en el que ni una raya de luz había perforado un orificio blanco.

V
los ávidos peces
vuelan sobre filo de las olas.
se erizan las aguas.
viento del sudeste
se pliegan las velas.
cardumen a la vista
silban las redes
hendiendo el aire.
un torbellino plateado
enciende las intensas olas.

VII
el otoño se aleja con sus fuegos
huele a incendio antiguo
a blancos huesos xilofónicos
bastaría invocarte
transponer la ausencia.

Estos poemas pertenecen a Cartas Marinas, trabajo que recibió la 1ª Mencion de Honor, sobre 2200 presentados, en el Octavo Certamen Nacional y Tercero Internacional Junín País, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación.
Jurado: Prof . Fernando Sánchez Zinny (Academia Argentina del Lunfardo), la poeta Silvia Longohni (Miembro de Poetas del Mundo), Horacio Castillo (Academia Argentina de Letras) y la Prof. Beatriz Isoldi.


Silvia Loustau
syllous@yahoo.com.ar
http://www.silvialoustau.blogspot.com/
Miembro de Poetas del Mundo

Libros: Defensa cerrada, de Petros Márkaris



DEFENSA CERRADA
de Petros Márkaris
(Tusquets Editores, Buenos Aires, 2008, 414 páginas)

Por Germán Cáceres


En esta novela negra de Petros Márkaris (Estambul, 1937), en la que interviene nuevamente Kostar Jaritos, a cargo del Departamento de Homicidios de la Jefatura de Policía de Atenas, lo que importa es el perfil del personaje y del entorno social en que se mueve.

Según el texto del autor, Atenas —donde reside— es una ciudad que funciona mal: el tránsito es un infierno, la basura se ha erigido en una presencia permanente más allá de las frecuentes huelgas, los hospitales están colapsados, hay manifestantes que cortan las carreteras y portan pancartas, pululan las emisiones contaminantes y los ciudadanos se pelean en la cola para subir al autobús.

Es interesante la ironía y el humor ácido que emplea Jaritos para comentar estas molestas circunstancias de la vida cotidiana: “llego a una colina (…) no se trata de una colina, sino de una montaña de bolsas, cajas de verduras, cartones de pizzas, huesos roídos por los perros, espinas relamidas por los gatos y envases plateados de comida a domicilio”/ “mientras en los parques, bajo las estatuas, duermen inmigrantes ilegales, yonquis, o ambas cosas a la vez”/ “Los economistas inútiles acaban siendo contables; los abogados inútiles, diputados”. O como opina su esposa Adrianí” acerca de los políticos, “Ni siquiera son capaces de construir una buena red de alcantarillado. Sólo se dedican a buscar votos”. Un camionero, ante el caótico embotellamiento de una autopista, despotrica: “¡Qué país, éste!”.

La trama que urde Márkaris es complicada e ingeniosa porque suma crímenes a medida que avanza la narración: de un desconocido en una isla del Mediterráneo, de un empresario que posee un restaurante de lujo y dos club nocturnos atenienses, de su ex esposa de la que estaba separado hacía quince años y, por último, de una prostituta que trabajaba en uno de los clubes. En principio, ninguno de los asesinatos está relacionado, pero la inteligencia de Jaritos logra desentrañar una compleja red de lavado de dinero, negocios sucios en el fútbol de tercera división y corrupción de políticos y de funcionarios (incluso la policía ateniense no duda en torturar para esclarecer casos). Ello le permite al relato acumular datos y abrirse en numerosas direcciones.

Pero lo más cautivante de la novela es la personalidad del teniente Kostas Jaritos. Son antológicas las discusiones que mantiene con el “bloque formado” por su esposa y su hija Katarina, que rozan la comedia de costumbres, así como su sarcasmo (“Lo malo del matrimonio es que empieza bien y termina mal, aunque el síntoma es siempre el mismo: al principio la taquicardia del primer encuentro con la mujer de tus sueños y al final la taquicardia de la vida diaria con la mujer de tus pesadillas.”). Además, Jaritos, de salud endeble, se ha convertido en un tipo intolerante, gruñón y malhumorado.

Aunque el teniente ostenta, ante todo, una honestidad intachable, exhibe modales toscos y un estilo de interrogación agresivo, propio de la prepotencia policial. Y es sumamente reaccionario y está a favor de la Junta Militar que tiranizó su país (“Un poli sin prejuicios no es poli ni es nada”, apunta).

Con Defensa cerrada vuelve a confirmarse una constante conocida: la novela policial es una llave maestra para adentrarse en la problemática de nuestro tiempo.

Germán Cáceres

Cine: Noticias de la antiguedad ideológica



NOTICIAS DE LA ANTIGÜEDAD IDEOLÓGICA.
MARX – EISENSTEIN - EL CAPITAL
(Nachrichten aus der ideologischen Antike - Marx/Eisentein/Das Capital; Alemania, 2008)
Dirección y Guión: Alexander Kluge. Entrevistados: Oksana Bulgakova, Dietmar Dath, Hans Magnus Enzensberger, Durs Grünbein, Hannelore Hoger, Oskar Negt, Sophie Rois, Helge Schneider, Peter Sloterdijk.


“La utopía se vuelve cada vez mejor, mientras la esperamos” (1)
Alexander Kluge

Por Germán Cáceres

Este imprescindible documental presentado como estreno absoluto en América Latina en el DocBsAs/09 es ante todo nostálgico. Resulta imposible no rememorar —y volver a ver— esas cumbres del cine que fueron El acorazado Potemkin (1925) y Alexander Nevsky (1939), del genial realizador soviético Sergei M. Eisenstein (1898-1948), cuyos conceptos sobre el montaje (“Una idea que surge de la colisión dialéctica entre otras dos, independientes la una de la otra”) influyeron tanto en el arte cinematográfico. Es muy factible que también intentemos abordar El Capital, de Karl Marx, y, por si no fuera suficiente, releer algunas páginas del Ulises, de James Joyce.

En 1928, Eisenstein estaba terminando la edición de Octubre y lo asalta la idea de filmar El Capital, una empresa irrealizable. Acuciado por el tiempo trabajó hasta cuarenta y ocho horas seguidas en la sala de montaje, para lo cual recurrió a estimulantes recetados por médicos, mientras escribía apuntes sobre esa película que nunca llegó a filmar. Y cayó en un agotamiento total que le provocó una ceguera momentánea, y tuvo que finalizar el montaje de Octubre apelando a su memoria.

El propósito de Eisenstein era revolucionar el cine, crear un lenguaje completamente renovador. En sus apuntes sostiene que en lugar de proponer un argumento desde varios puntos de vista, trataría de desarrollar varios argumentos con un único punto de vista. El cineasta soviético quedó muy impresionado con la lectura del Ulises, y anhelaba, además de registrar un día en la vida de un obrero (una réplica de la odisea que vive Leopold Bloom en la novela), utilizar la técnica que Joyce emplea en setenta páginas, hacia el final del libro, y que Eisenstein ejemplificaba así: “Se hace la pregunta y se recibe la respuesta. El tema de las preguntas: ¿cómo encender un calentador de aceite? Y las respuestas son del orden metafísico” (2). En el libro surgen ante esa cuestión frases como la siguiente: “…la combustión fue comunicada de los manojos de leña a las masas poliédricas de carbón bituminoso que contenía, en forma mineral comprimida, el fosilizado decidus laminado de primitivas florestas…” (3).

Eisenstein pensaba en una innovación total de la expresión fílmica: en 1929, en su artículo “La cuarta dimensión cinematográfica”, apuntaba: “La armonía visual ha probado ser un fragmento real, un elemento real de ¡una cuarta dimensión! (…) ¿La cuarta dimensión? ¿Einstein? ¿Es esto misticismo, o una broma? Es tiempo de que dejemos de amedrentarnos ante el nuevo conocimiento de una cuarta dimensión” (4).

El entusiasmo de Eisenstein lo llevó a viajar a París en 1929 y comentarle su ambicioso propósito a Joyce, que estuvo de acuerdo. Pero después fue a Hollywood a buscar financiación, pero sólo obtuvo —entre otros insultos— que lo llamaran “perro rojo” (5). Entre 1930 y 1932 estuvo en México y llegó a filmar un considerable metraje de un nuevo filme, ¡Que viva México!, que quedó inconcluso. Según Sadoul, debió abandonar sus negativos, que dieron lugar a Tempestad sobre México (1932), de Sol Lesser, y a Tiempo en el sol (1939), de Mary Seton (6).

Alexander Kluge (1932) estudió derecho y se vinculó con Theodor Adorno, que lo interesó por el cine y le presentó a Fritz Lang, e integró junto a Fassbinder, Wenders y Herzog, el llamado “Nuevo Cine Alemán”. Además, es un reconocido escritor y recibió en 2003 el premio Georg Büchner (7). La crisis de 1929 es uno de los temas de que se ocupa en un diálogo lúcido que mantiene con Hans Magnus Enzensberger, quien manifiesta las dificultades en representar en cine —en poesía lo sabe por propia experiencia— conceptos económicos como la inflación y el dinero. Y se informa que la ex URSS intentó comprar las acciones devaluadas de la Bolsa de Nueva York con el oro extraído de sus minas. Sin embargo, en una de las varias entrevistas se menciona que Bertolt Brecht escribió una versión poética de El Manifiesto Comunista.

Otra encuentro relevante es el que el realizador mantiene con la historiadora Oksana Bulgakova, que brinda una jugosa información sobre el proyecto de Eisenstein. Otra maravilla es el bellísimo cortometraje El hombre en la cosa, de Tom Tykwer (que en 1998 dirigió Corre Lola corre), en el cual, centrándose en una mujer que camina unos pasos por una vereda, se explica con gran sentido visual las infinitas operaciones económicas que posibilitaron ese mínimo hecho. La intención es ilustrar las reflexiones de Marx sobre el fetichismo de la mercancía.

Un momento para desternillarse de risa lo proporciona el obrero desocupado Helge Schneider, que está asistiendo a un seminario de marxismo. Las imprevisibles ocurrencias de Schneider —le llega a consultar a Kluge si existe algún tipo de parentesco entre el autor de El Capital y Los Hermanos Marx—recuerdan el razonamiento no convencional que exhibía el protagonista de El enigma de Kaspar Hauser (1975), de Werner Herzog.

Noticias de la Antigüedad ideológica…fue una serie televisiva de casi diez horas de duración, que Kluge redujo a ochenta y tres minutos para presentar el filme en el festival de Moscú. En la película se ven memorables imágenes —como una escena de la ópera Al gran sole carico d`amore, de Luigi Nono—, secuencias de películas mudas de Eisenstein, se leen fragmentos de El Capital, se exhiben fotos del crac de la Bolsa de Nueva York y se realiza una visita al mausoleo de Karl Marx, que está en un cementerio de Londres, y asimismo a su verdadera tumba, que se encuentra casi perdida en la misma necrópolis.

Un filme para no perder: hay que buscarlo desesperadamente en internet, en dvd o en cualquier ciclo que ande por ahí.

Germán Cáceres



(1) Inst.Goethe, Alexander Kluge: El Capital-Buzón-Correo Yahoo, 15.10.09.

(2) Kairuz, Mariano, “Luz, camarada, acción”, Revista Radar, 4.10.09.

(3) Joyce, James, Ulises, Santiago Rueda-Editor, Buenos Aires, 1978.

(4) Eisenstein, Sergio M., La forma en el cine, Ediciones Losange, Buenos Aires, 1958.

(5) http://es.wikipedia.org, “Sergéi Eisenstein”, 24.10.09.

(6) Sadoul, Georges, Historia del cine II-La época sonora, Ediciones Losange, Buenos Aires, 1956.

(7) http://es.wikipedia.org, “Alexander Kluge”, 25.10.09.

Alfredo Di Bernardo: El largo viaje de "La generación de la Bidú"



EL LARGO VIAJE DE "LA GENERACIÓN DE LA BIDÚ"


A comienzos de 1984, influído por el entusiasmo generalizado que despertaba el flamante renacimiento de la democracia en el país, decidí comprar un ejemplar de la revista Humor. Nunca en mi despolitizada adolescencia, vivida en pleno Proceso, había tenido uno entre mis manos, pero a pesar de ello conocía por comentarios ajenos el prestigio que esa publicación había sabido ganarse durante la dictadura militar a fuerza de talento y coraje. Así que una mañana me encaminé muy resuelto al kiosco de don Levy y, cuando salí de allí con la revista en mi poder, sentí que estaba empezando a saldar una de mis tantas deudas con la historia cultural argentina más reciente. Eran tiempos de descubrir a Anacrusa y de volver a escuchar a Víctor Heredia. Tiempos de conocer "Quebracho" y "La Patagonia rebelde". Tiempos de construirse como ciudadano por fuera de los márgenes pautados en los libros de Formación Cívica.
Por aquel entonces, la revista traía una sección llamada "Humor Interior", cuyas ocho páginas se distinguían por la infrecuente concepción federal que las animaba: ninguno de los periodistas, columnistas y dibujantes que participaban en ellas era porteño. Todos pertenecían a esa vasta entelequia geográfica que suele denominarse "el interior del país".
De aquel primer encuentro con "Humor Interior" recuerdo que su Correo de Lectores ("Llorando la carta", creo que se llamaba) estaba monopolizado por la notable repercusión que había tenido una nota publicada en el número anterior, escrita por la periodista cordobesa María Rosa Grotti con el título de "La Generación de la Bidú". El tenor de las cartas resultaba muy útil para comprender de qué hablaba el artículo en cuestión. Todo indicaba que "La Generación de la Bidú" era un acertado retrato colectivo de aquella "juventud maravillosa" que, llegada a la treintena, evocaba ahora la década anterior y contemplaba, con horror y melancolía, los restos del sueño naufragado. Era evidente que la autora había hecho blanco en zonas muy sensibles, despertando en los lectores ecos emocionales muy profundos que habían permanecido reprimidos durante demasiado tiempo.
La onda expansiva provocada por el artículo se prolongó todavía durante varios números más y lo transformó casi en un texto de culto para los seguidores de "Humor Interior". Motivo más que suficiente para potenciar mi frustración por no haberlo leído.

* * *

Mi entusiasmo juvenil de entonces -por no decir mi inconsciencia- me llevó a mandar un escrito de mi autoría a "Humor Interior" con la esperanza de que me lo publicaran. Si bien eso no ocurrió (afortunadamente, porque el artículo era bastante malo), los integrantes de la redacción me obsequiaron con un acuse de recibo que salió publicado en el Correo de Lectores del número siguiente, y en el cual me instaban a seguir insistiendo. Creo que literalmente salté de la alegría al descubrirlo. Ahora puede sonar pueril pero a mis 19 años no era común ver mi nombre impreso, y menos en una revista de circulación nacional. El sólo hecho de estar mencionado allí me parecía todo un logro que me auguraba un futuro auspicioso.. Por supuesto, aquel ejemplar de Humor fue debidamente guardado en mi archivo como un tesoro.
Si aún conservo aquella página entre mis papeles, inexorablemente amarilleada por el correr de los años, no es tanto por las razones ya apuntadas, sino más bien porque la vida vino a otorgarle, con retroactividad, una significación inesperada. Sucede que, inmediatamente a continuación del acuse de recibo de mi nota, había otro referido a una carta en la que un tal Horacio Rossi, también santafesino, derramaba halagos sobre la autora de "La Generación de la Bidú". La facilidad para retener nombres que me caracteriza me permitió registrar sin problemas el de aquel conciudadano desconocido que, por obra del azar, se había transformado en vecino ocasional de mis quince milímetros de fama.
Tuvieron que pasar tres años para que ese nombre se uniera a una persona de carne y hueso y yo descubriera que el tal Horacio Rossi era poeta. Y debieron pasar todavía dos años más para llegar a tener trato directo con él. Después -las vueltas de la vida, suele decir la gente- el tiempo hizo su trabajo de tejedor artesanal y terminamos siendo amigos. Compañeros de ruta en esto de la escritura y la difusión cultural, compartí con él numerosos encuentros, de los artísticos y de los que fluyen serenos alrededor de una botella de vino. Alguna vez le referí el episodio de los acuses de recibo contiguos en "Humor Interior" y hablamos sobre el dichoso artículo de la Grotti. Sabedor de que Horacio era de acumular infinidad de papeles en su biblioteca, le pregunté como al descuido si por casualidad no había conservado aquella revista. Me contestó que no y acabó así con mis modestas esperanzas al respecto.

* * *

Hace unos meses, mi amigo Mario recibió un mail enviado desde la ciudad de Rafaela por un remitente desconocido: el Taller "Leer porque sí". Vano sería, por supuesto, tratar de entender cómo fue que la dirección electrónica de Mario quedó integrada a la lista de destinatarios de aquel mensaje; Internet, ya se sabe, está atravesada por sorpresas de este tipo. Lo cierto es que, apenas comprobó que se trataba de una cuestión literaria, Mario me reenvió el mail. Lo hizo, claro, sin poder siquiera sospechar la puntada de excitación que habría de alojarse en la boca de mi estómago cuando, al revisar mi correo, encontré en mi bandeja de entrada un mail cuyo asunto rezaba, ni más ni menos: "La Generación del Bidú". Me quedé petrificado frente al monitor mientras en mi cabeza, a pesar de la vocal ausente, repicaba la pregunta obvia: ¿sería ese mail lo que estaba pensando?
Era.

* * *

Fue una sensación extraña la de leer el artículo después de tanto tiempo. Es indudable que no ha perdido su vigencia -lo cual habla bien de su valor testimonial y muy mal de nosotros como sociedad- pero también es innegable, abrumadoramente innegable que el contexto histórico y personal reinante en 1984 poco tiene que ver con el actual. Humor ya no existe, Horacio se murió, los perfumes primaverales de la democracia se marchitaron, la creencia masiva en un futuro inmediato mejor ya no flota en el ambiente y mi adolescencia es una costa que se divisa lejana ahora que navego mar adentro las aguas de la adultez. Resulta imposible, entonces, no ceder a cierta impresión de desajuste temporal, como si uno encontrara en la calle, volviendo del trabajo, la figurita difícil que nunca pudo conseguir en la infancia.
Han pasado veinticinco años, claro.. Que en la existencia de cualquier mortal es como decir la eternidad. Sin embargo, rescatado del silencio vaya uno a saber cómo y por quién, "La generación de la Bidú" se resiste a desvanecerse en el olvido y sale en busca de nuevos lectores, incluso de algunos tardíos como yo. Y son tantos los recuerdos que remueve su irrupción extemporánea, que me resulta fascinante la reconstrucción de su larga travesía, el juego de imaginar la intrincada trama de causas y azares que debieron confabularse para que yo pudiera llegar a leerlo.
El Taller "Leer porque sí" me tiene ahora entre los receptores habituales de sus envíos. María Rosa me ha confesado que la hice emocionar contándole esta historia. Yo he redactado una crónica hablando sobre ellos. El tiempo sigue labrando sus urdimbres secretas.
Las vueltas de la vida, suele decir la gente.



APOSTILLA TRISTE
(Crónica -casi inverosímil- de la crónica anterior)


Apenas terminé de leer el artículo de María Rosa, y viendo que por suerte la gente de Rafaela había tenido la buena idea de incluir en el mismo su dirección electrónica, sentí que era necesario ponerla en conocimiento de lo que había pasado y le escribí un mail contándole esta historia. Me lo contestó al día siguiente, confesándome que se había emocionado, que le parecía increíble que un texto suyo escrito hace tanto pudiera seguir generando interés. Me dijo también que hasta le daban ganas de escribir un cuento sobre el tema. "Dale", la animé, "vos escribí el cuento, yo escribo una crónica y despúés intercambiamos figuritas".
Empecé a escribir "El largo viaje..." a mediados de septiembre. En líneas generales, la crónica estuvo lista con bastante rapidez. Sin embargo, para gran ansiedad, decepción y hasta enojo de mi parte, no podía cerrarla. Tenía decidida la última frase, pero no conseguía hacerla coordinar con el párrafo anterior. Había algo en la parte donde menciono a María Rosa que hacía ruido y desentonaba, algo que fallaba y no sabía por qué.
El lunes 19 pasé en limpio lo que había garabateado el fin de semana y no quedé muy conforme. Para escapar de la sensación de estar empantanado sin remedio, decidí leer el artículo de nuevo. Al rastrearlo en Google, descubrí con un asombro descomunal que ese mismo día lo habían publicado en el diario "La Mañana" de Córdoba. La cosa violentaba toda lógica: ¿cómo podía ser que publicaran un artículo escrito veinticinco años atrás el mismo día que yo estaba terminando una crónica que hablaba justamente sobre ese mismo artículo? Le escribí un mail a María Rosa contándoselo para comparir con ella mi incredulidad. No me contestó. Tuve un mal presentimiento. Volví a meterme en el Google al día siguiente y entonces apareció, en un diario del domingo 18, la noticia que no quería leer: "Falleció ayer la periodista María Rosa Grotti".
Por lo general, soy de buscar señales en lo cotidiano, mensajes que el universo podría estar poniendo a nuestro alcance para decirnos algo. Es probable que a veces exagere con esas búsquedas y las cosas sean así de simples, así de frágiles. Pero en ocasiones como ésta la palabra "coincidencia" me resulta de una estrechez inaceptable. "El largo viaje..." habla del destino, especula sobre la aparente inevitabilidad de ciertos acontecimientos y encuentros. ¿Cómo no preguntarse, entonces, por qué escribí esta crónica ahora y no en agosto? ¿Cómo no dudar acerca de las verdaderas causas por las que no podía terminarla?
Ahora mi crónica encontró un final. Lástima. Es el que menos me gusta. Hubiera preferido uno en el que María Rosa se volvía a emocionar.
Las vueltas de la vida, suele decir la gente.

Alfredo Di Bernardo
(De "Crónicas del hombre alto" Nº 55)
http://cronicasdelhombrealto.blogspot.com/

Rescates: El último, un cuento de Haroldo Conti



El último

Un buen día me hice un vago. Así como lo oyen. No sé cuándo empezó pero aquí me tienen, tumbado a un costado del camino esperando que pase un camión y me lleve a cualquier parte. Ustedes deben haber visto un tipo de esos desde la ventanilla de un ómnibus o del tren. Pues yo soy uno de esos exactamente y puedo asegurarles que me siento muy a gusto. Cualquiera de ustedes dirían que solamente al último de los hombres se le puede ocurrir tal cosa. Soy el último de los hombres. También eso. Lo que posiblemente a nadie se le pase por la cabeza es que alguien pueda ser feliz justamente siendo el último de los hombres. Ni siquiera a mí mismo se me hubiera ocurrido hace un tiempo, cuando, dentro de mis alcances, luchaba con todas mis fuerzas para estar entre los primeros. Pero no es eso lo que quiero decir, al menos por ahora.
Me preguntaba sencillamente cuándo empezó. Éste es un hábito que me queda de la otra vida, es decir, la vida de ustedes porque qué puede importarle a un verdadero vago cómo y cuándo empezó cualquier cosa. El día que se me quite esta costumbre habré alcanzado la perfección pero comprenderán ustedes que no puedo proponérmelo porque, ante todo, un vago no se propone nada, de manera que lo mejor es dejar así las cosas.
Mezclando un asunto y otro, lo mismo me pregunté el día que, del brazo de Margarita, mis manoseos en Parque Lezama, que entonces no tenía esas malditas luces de mercurio que le alumbran a uno hasta el pensamiento, me encontré frente a un cura. Tal vez la cosa empezó ahí. No quiero decir que me tomara desprevenido pero de cualquier forma con el tiempo pareció que había sido así. Entonces me estaba preguntando cómo y cuándo fue que empezó aquella vida de perro. No es que hubiese dejado de querer a Margarita.
Supongo que tampoco ella había dejado de quererme, a su manera. Pero justamente era esa podrida manera lo que me tenía desconcertado. Bastara que yo dijera blanco para que ella dijera negro. De saberlo un poco antes yo también habría dicho negro aunque estoy seguro de que eso tampoco habría servido para nada porque lo más probable es que entonces ella hubiese dicho blanco. Así era Margarita y no le guardo rencor.
Quiero que comprendan esto. No le guardo rencor a Margarita ni a toda esa puta vida, como se dice vulgarmente y para abreviar. En ese caso no sería un verdadero vago, si bien tampoco lo soy del todo, aunque por otro motivo, como queda dicho.
¿Me creerán ustedes si les digo que, a pesar de todo, conservo muy buenos recuerdos de aquel tiempo? Yo era feliz, también a mi manera, y si aquello terminó es porque no podía pasar otra cosa. Quiero decir que mis pies apuntaban en una dirección y los de ella en otra y la tristeza habría sido seguir juntos cuando cada uno tenía su camino por delante. En cuanto a ella, es posible que a estas horas esté maldiciendo al tipo aquel que se le cruzó un día en el camino, lo cual es muy propio de Margarita. Si dejara de hacerlo pues simplemente dejaría de ser Margarita. Eso es lo que trato de decir. Cada uno es una flecha lanzada en una dirección y no hay como dejarse llevar para acertar en el blanco, cualquiera sea.
Hablando con estricta justicia más bien fue Margarita la que se me cruzó en mi camino y no yo en el de ella. Sin embargo, estoy dispuesto a reconocer que fue una simple coincidencia. Por coincidencia tomábamos el 48 a la misma hora, por coincidencia bajábamos en la misma esquina y, supongo que por coincidencia, un día me atravesó una de sus piernas entre las mías. En fin, otro día la acompañé hasta la casa y por coincidencia estaba el viejo en la puerta. Cuando quise acordarme estaba adentro tomando una copita de anís y hablando de la decadencia de las costumbres, un tema, como se ve, que puede terminar en cualquier cosa. En aquel tiempo yo era hincha furioso de Estudiantes de La Plata , cosa que todavía hoy no me explico. Los domingos iba a la cancha con toda la bosta en el camioncito de los hermanos Antonelli. La bosta fue lo que dijo Margarita el primer domingo después de casados que traté de ir a la cancha. Jugaban Estudiantes y Chacarita, lo recuerdo aunque no viene al caso. Hasta entonces la bosta habían sido "los muchachos", cariñosamente. Inclusive llegó a tejerme una bufanda con los colores de Estudiantes. Esto es lo que se dice astucia femenina pero yo digo simplemente la vida.
Dije adiós a la bosta y me puse a trabajar como un condenado a trabajos forzados. Soy un tipo optimista por naturaleza, como ustedes habrán visto, de manera que con el tiempo hasta a eso le encontré el gusto. Los demás tipos, es decir, la verdadera bosta, gemían y crujían a mi alrededor. Yo en cambio pateaba alegremente la calle primero vendiendo seguros de La Agrícola y después caminos, esteras y carpetas de formio, coco y sisal. Los sábados me la pasaba cambiando los muebles de lugar, tapando las manchas de humedad y escuchando en todo momento los reproches y maldiciones de Margarita. Yo no escuchaba las palabras sino simplemente la voz y por inexplicable que les parezca esto me ponía más bien contento porque Margarita era algo vivo e intenso que me obligaba a tirar para adelante cuando los demás hacía tiempo que estaban muertos.
Los domingos íbamos a comer a lo de los viejos y por la tarde veíamos la tele hasta que se nos saltaban los ojos. He oído muchas cosas contra la tele pero yo digo que es el mejor invento de la bosta. Por de pronto era la única manera de callar a Margarita. Entonces la sentía más viva e intensa, sólo que en otro sentido. Si no había manera de entendernos el resto de la semana en aquel momento nuestros cuerpos se acercaban misteriosamente y éramos una sola y misma cosa pendientes de aquel agujero en la pared. El agujero que digo era la tele, como se comprende, y convendrán ustedes en que es una imagen bastante feliz. De cualquier forma, ésa era la impresión. Bastaba con girar la perilla y entonces se abría aquel boquete en el mísero departamento de la calle México, 5 piso "C", al lado del ascensor, que no funcionaba la mitad de las veces, y el mundo se derramaba alegremente por allí.
Ahora que lo pienso, tal vez la cosa empezó recién entonces. Yo me quitaba los zapatos en la penumbra, me aflojaba el cinturón y al rato estaba en las islas Marquesas, por ejemplo. Como dije las Marquesas pude haber dicho Hong Kong o Miami o el fondo del mar. En un par de horas saltaba de un lado a otro e inclusive de un tiempo a otro. Randall, Peter Gunn, Kentucky Jones, Maverick y hasta Gorila Maguila me resultaban tan familiares como mi viejo o mi vieja, por así decir, porque en realidad nunca entendí a mi vieja y apenas si conocí a mi padre. Hablábamos de ellos con Margarita como si vivieran en la misma cuadra y algunas veces les hablaba a ellos mismos, como si pudieran oírme. Opino que son todos unos grandes tipos, los verdaderos grandes tipos que se necesitan y no esos pelmas que salen en los diarios todos los días, y sinceramente me felicito de que los domingos se asomaran por aquel agujero para hacernos ver las cosas tal cual son.
En cuanto a los avisos, que para muchos resultan la cosa más estúpida del mundo, nos divertían como locos. No sé qué sentido tiene pretender que nos echen un discurso con citas de algún gran tipo para vendemos una pasta de afeitar o un frasco de café instantáneo. Las cosas hay que tomarlas como son. Eso es lo que siempre he dicho. Para nosotros, en cambio, aquello fue una verdadera revelación. Yo, por lo menos, aprendí a apreciar las cosa recién entonces y hoy me parece perfectamente natural que una lata de tomates le hable a una cacerola a presión y que un reloj con voz de pito nos avise el momento de tomar tal o cual pastilla para la digestión.
Quiero decir que las cosas están llenas de vida, o por lo menos muertas o vivas en la medida que nosotros estamos muertos o vivos, y que mis zapatos tienen algo que decirme con sólo que les preste un poco de atención. Que es lo que hago, justamente, cuando no sé para dónde tirar el primer paso.
A Margarita le gustaba acompañar los jingles, mientras yo le hacía una especie de contracanto, y por lo que recuerdo fue la única ocasión en que oí cantar a Margarita. Por lo que a mí toca, muchas veces pateando la calle con las muestras de aquellas benditas esteras y carpetas y el mundo que se ponía realmente negro me bastaba con silbar una de esas musiquitas y el cielo se abría en alguna parte.
En fin, que todo eso también terminó. Margarita le tomó fastidio a Mike Hammer que, según ella, en el fondo era un fascista hijo de puta y a mí que se me dio por defender al tipo como si fuera mi hermano. Total que un día, mientras volaban los tiros de un lado a otro detrás del agujero, Margarita le zampó la plancha justo en el medio. El televisor, es decir, el mundo saltó en mil pedazos y al principio creí que uno de los tiros me había volado la cabeza. Herido como estaba, tomé lo primero que encontré a mano, creo que uno de esos ceniceros hechos con un pistón recortado, y se lo tiré a la cabeza con tan buena puntería que cayó al suelo como si la hubiera tumbado un rayo. Todavía humeaba el televisor y ya estaban allí los viejos, el administrador y un cabo de policía con cara de patíbulo que parecía salido de la propia televisión.
Cuando volví de la 2a el administrador todavía estaba allí, o simplemente estaba de nuevo allí. Es un detalle. Lo que me interesa señalar es que había llegado la hora de que cada uno echara a andar para su lado, sólo que en ese momento no me di cuenta. De todas maneras fue lo que pasó. La vida decide por uno las más de las veces y todo lo que queda por hacer es preguntarse un tiempo después cómo y cuándo empezó, lo que sea.
Por esos días, y ésta es otra señal, quebró el tipo de las esteras y quedé en la calle, lo cual es un decir porque nunca había salido de ella.. Las cosas iban tan mal entonces que en lugar de amargarme más bien me alegré. Sea lo que fuere que me reservara la vida nunca iba a ser peor de lo que había sido hasta entonces. Cuando uno siente deseos de darse la cabeza contra la pared ése es el momento preciso para las grandes cosas porque uno en realidad está tan limpio y vacío como si acabara de nacer.
Claro que yo no pensé en eso. Eché mano de un par de diarios y en una página de los clasificados topé con el siguiente aviso: "Joven emprendedor con experiencia comercial para importante negocio". Allí estaba el destino. Me corté el pelo a la americana, me puse un saco sport con cueritos y al rato estaba golpeando en la puerta de una oficina en el segundo patio de una especie de gallinero en la calle Lima y que a primera vista no tenía el aspecto de un negocio ni de otra cosa importante sino más bien de una pocilga.
Me atendió un tipo parecido al de "Patrulla de caminos" que sin mirarme siquiera dijo: "Usted es el hombre!" y se puso a hablar sobre el futuro, un futuro que no sé muy bien a quién correspondía, en todo caso a la humanidad en general y como tal proporcionalmente a mí también. Cualquier otro se habría dado cuenta de que el tipo estaba medio chiflado, por no decir del todo.
En realidad eso me pareció a mí también pero en lugar de largarme como hubiera hecho cualquiera de ustedes en su sano juicio ya que nada bueno podía salir de allí, en el sentido de la bosta, me quedé escuchando al tipo tal vez por eso mismo. Quiero decir que esta clase de chiflados son justamente la sal del mundo sólo que la bosta se da cuenta demasiado tarde.
El tipo hablaba como un profeta. Nunca he oído hablar a un profeta, por supuesto, pero me figuro que deben hacerlo así.
Según me pareció se trataba de fundar una sociedad nueva a partir de la venta de lotes en mensualidades. Digo que me pareció porque, como siempre, yo más bien le prestaba atención al sonido de la voz y al aspecto general del fulano. Tal vez las cosas que decía no tuvieran mucho sentido pero igual era hermoso oírlas porque en medio de toda la roña sencillamente había un tipo que creía en algo distinto de lo que cree el resto de la bosta.
Cuando terminó el discurso sacó un plano que extendió sobre el piso y comenzó a explicarme el aspecto más vulgar del asunto. Se trataba de unos lotes en San Vicente con el pomposo título de Barrio Parque " La Esperanza ". Según el tipo aquélla era la tierra del futuro y estoy seguro de que estaba en lo cierto porque, como decía mi viejo, si hay algo que tiene futuro es la tierra, cualquiera sea. Solamente se trata de esperar el tiempo necesario. Lo digo aun de esta tierra en la que estoy echado y que, por ahora, no es más que polvo y silencio. Día vendrá. ..
¿Pero para qué hablar del día que vendrá? Es el estilo que me contagió el tipo. Lo arreglaba todo con el día que vendrá.
Cuando le pregunté cuánto me tocaba en todo eso, no del futuro, se entiende, sino de lo que pagarían por él me echó otro discurso. Yo lo miré a la cara y comprendí en el acto que era el destino el que me hablaba a través de aquel chiflado. De manera que tomé los planos, boletas y folletos que me dio y salí a patear la calle como si esta vez tirara de mí una fuerza desconocida y cada paso que diera de ahora en adelante fuese a abrir un camino entre la gente.
Al domingo siguiente fuimos a San Vicente en una "bañadera" que cargamos con los candidatos que habíamos juntado entre Requena y yo. Requena se llamaba el tipo. La mitad de los candidatos iban porque no tenían nada que hacer y seguramente habrían ido al mismo culo del mundo con tal de viajar de arriba. Antes de partir, desde la plaza Congreso, Requena enarboló una especie de estandarte e improvisó un breve discurso sobre el futuro, el día que vendrá y todas esas cosas. Los tipos quedaron desconcertados y uno preguntó si detrás de eso no estaban los comunistas. De cualquier forma subieron a la "bañadera", Requena colgó el estandarte de un costado y zarpamos alegremente hacia esa tierra de promisión.
Aquello era un desierto. Me refiero a los terrenos. Sólo faltaba un par de camellos y no me hubiera sorprendido que aparecieran en cualquier momento. La mitad de los tipos ni siquiera quiso bajar a cambiar el agua. Yo vi tan pronto como los otros que era un verdadero desierto y que lo seguiría siendo aún por mucho tiempo pero el sur me tiró siempre y la tierra pelada y vacía me llena de ansiedad, aunque no está bien dicho ansiedad, ni entusiasmo, ni ninguna otra cosa de las que ustedes dicen en tales casos.
Es algo distinto. Yo sé que entre ustedes hay muchos que esperan el día, que quisieran sacudirle un puntapié a la vieja o al jefe o al primer botón que se les cruce en el camino y por eso me permito un consejo. No hagan nada de eso. No lo van a hacer de todas maneras. Vengan y miren la tierra vacía, así como la veo yo ahora, y tal vez las cosas les dejen de dar vueltas dentro de la cabeza y echen a andar por su camino.
En ese sentido Requena tenía razón. Aquélla era la tierra del futuro, por lo menos para mí. De manera que eché a andar detrás del estandarte sin importarme un pito los tipos que quedaban en la "bañadera". No tenían ni ojos, ni oídos.
Requena plantó el estandarte en medio del campo y se puso a hablar. El viento traía y llevaba su voz y al rato nos pareció que hablaba la misma tierra. Así era aquel tipo. Yo sé que estaba solo y que en el fondo le importaba muy poco de nosotros porque sencillamente no necesitaba de nosotros ni de nadie y veía con claridad dónde ponía los pies. Mientras hablaba empezamos a ver que brotaban de la tierra casas, torres, fábricas, negocios, una estación del Roca, un supermercado, dos escuelas, cuatro edificios en torre y un lago artificial.
Cuando terminó, los tipos siguieron haciendo cálculos y suposiciones por su cuenta y al rato había una usina, un cuartel, dos hospitales, un matadero, un frigorífico, un canal de televisión, un monumento a San Martín y por lo menos cuatro Bancos.. Vendimos 15 lotes en total. Tres mil quinientos en la mano y 24 cuotas de mil. En los meses que siguieron vendimos otros 30 pero llegó el invierno y con las primeras lluvias un arroyito de esos que nunca faltan se salió de madre y de la noche a la mañana el desierto se transformó en un lago, casi en un mar interior. La policía tuvo que sacar en un bote a un tipo que había levantado una casilla.
De la calle Lima nos mudamos a la calle Piedras. De Piedras a Bolívar. De Bolívar a Golfarini, que en realidad es una calle que no existe. Su verdadero nombre es Giuffra pero todo el mundo la conoce por Golfarini. Para Requena era una cosa u otra según los casos. Golfarini cuando tenía que cobrar y Giuffra en todos los demás. Les digo, de paso, que si quieren conocer una calle de la vida vayan alguna vez por ahí.
A todo esto yo apenas si pisaba el departamento de México. Estaba todo el día en la calle o en uno de esos desiertos que loteaba Requena, marcando calles o clavando banderitas o plantando un letrero y atendiendo al mismo tiempo a los tipos. Era una vida vagabunda. Sólo que yo no era un vago propiamente dicho sino como un tipo perdido, hasta que tomara la medida justa de la tierra. Dormía en cualquier parte y comía salteado. Eso puede desmoralizar a cualquiera, para mí, en cambio, fue un gran aprendizaje. Uno duerme y come más de la cuenta.
No me voy a poner en moralista ahora. Precisamente estoy echado sobre la tierra hace un par de horas sin hacer nada, como no sea pensar en esto que les digo. Además aunque no estuviera tirado aquí tampoco haría nada. En el sentido de la bosta, se entiende. De manera que soy el menos indicado para echarles un sermón, aparte de que me importa un queso. Pero quiero poner las cosas en su lugar. Hay que dejar que el cuerpo se maneje solo y no estarle todo el día encima. En ese caso se vuelve un estorbo y nos planta cuando todavía nos quedan un par de cosas por hacer. Eso fue lo que aprendí entonces. Cuando menos atención le prestaba más liviano y alegre se volvía. Es justo el cuerpo que necesita un vago.
Las pocas veces que aparecía por mi casa (para llamarla de algún modo) entraba o salía el administrador. Sigue siendo un detalle. Margarita había dado vuelta el televisor contra la pared y no se habló más del asunto. En realidad tampoco hablábamos de otra cosa. No parecía guardarme rencor sino que se mostraba más bien solícita. Tal vez yo hubiera preferido que me regañara porque así me resultaba casi una desconocida, pero no tiene importancia. Cenamos una vez en casa del administrador y otra el tipo cenó en la nuestra. Ambos se interesaron juiciosamente en mi nueva vida y, supongo que por casualidad, también ellos hablaron del futuro. A cada rato nos mirábamos y sonreíamos. Dimos vuelta el asunto de todos lados pero la verdad que no daba para mucho.
Lo de Requena tenía que terminar tarde o temprano, si es que iba a seguir mi camino. Fue por la venta de unos lotes en Garín. Trescientos veinte fabulosos lotes, 2a serie, barrio Los Tilos, sobre ruta pavimentada, 3 cuotas de anticipo y posesión 3 cuotas más. Los tilos brillaban por su ausencia y la ruta pavimentada era sólo un proyecto del año 34, pero de cualquier forma los lotes eran muy buenos. En una sola tarde vendimos 54 lotes. Yo mismo compré uno de tan entusiasmado que estaba con lo que decía. Y eso fue lo que me salvó. Los lotes eran buenos, como dije, pero resulta que ya habían sido vendidos en un loteo anterior. Cuando cayó la taquería estaba solo en la oficina y me salvé por un pelo porque, perdido por perdido, les mostré la boleta y les dije que era uno de los candidatos.
No sé qué se habrá hecho de Requena pero donde quiera que esté allá va la vida. Era un gran tipo, a pesar de todo, y estaba vivo de la cabeza a los pies. Al principio, después que me largué solo, si alguna vez me sentía descorazonado pensaba en Requena y las cosas volvían a sonreír. Yo sé que debe estar en alguna parte sobre esta misma tierra hablando sobre el futuro y el día que vendrá y espero toparme con él un día de éstos, en la primera vuelta del camino..
Había llegado mi momento. Con la poca plata que pude arañar en los bolsillos me compré una bicicleta de paseo. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver en esto una bicicleta. Si quena largarme todo lo que debía hacer era tomar el primer camino que se me pusiera por delante.
Tienen razón. Sin embargo todavía estaba lleno de dudas y vacilaciones, es decir, en el fondo aún tomaba en cuenta a la bosta. De manera que me compré una bicicleta, como digo, le reforcé el cuadro, le alargué el portaequipaje, me conseguí un equipo de boyscout, me saqué una foto e hice imprimir un centenar de hojas en las cuales anunciaba mis propósitos, daba una serie de detalles sobre la bicicleta, fijaba metas y objetivos, recomendaba el uso de gomas Pirelli, por lo cual me habían pagado unos pesos, y terminaba con un par de consejos que saqué de un libro titulado La mansedumbre de las flores que me había regalado Margarita cuando andábamos de novios, seguramente para impresionarme.
Cuando estuve listo le anuncié mis proyectos a Margarita para ver la cara que ponía.
Contra lo que esperaba, le pareció la mejor idea que había tenido en toda mi vida. Entre ella y el administrador me ayudaron a terminar lo que faltaba, me proveyeron de vituallas y dinero, me sugirieron rutas prolongadas y desconocidas y, por fin, una neblinosa mañana de abril me despidieron junto con un grupito de curiosos que se había reunido en la vereda. Di una vuelta a la manzana seguido por un par de chicos y cuando pasé frente a la casa Margarita ya había desaparecido. Levanté una mano de cualquier forma y dije adiós a aquella vida.
No voy a contarles los pormenores del viaje pero, en general, la pasé bien y todavía le estaría dando a los pedales si no fuese que estaba hecho para otra cosa. Es necesario que entiendan esto. Tengo en un gran concepto a los andarines, exploradores, raidistas y demás gente por el estilo, pero un vago es otra cosa. No establezco comparaciones. Son algo distinto, simplemente. Desde afuera parece todo lo contrario. Por eso comencé yo en esa forma, porque veía las cosas desde afuera.
Por un tiempo me encontré a gusto con aquella vida. La gente me trataba bien. No me tomaba muy en serio pero estoy seguro de que más de uno habría cambiado su maldita jaula por mi bicicleta Alpina. A ése le digo que todavía está a tiempo.
Allá iba yo silbando y pedaleando y el mundo tiraba de mí alegremente. Hasta que un día la verdad me golpeó en la cabeza, así de rápido y simple. Y fue el día que vi un verdadero vago tumbado al costado del camino. Estaba echado así como yo en este momento y aunque seguramente era la única persona que veía en mucho tiempo no se le movió un pelo cuando pasé junto a él arrastrando una nube de polvo. Sin embargo me bastó mirarlo a los ojos y comprendí en el acto. Yo iba de un punto a otro, él sencillamente estaba tumbado en el centro del mundo. Quiero decir que para mí las cosas se resolvían en distancias, estaban más o menos lejos y yo más o menos cerca, pero por mucho que me moviera no iban a cambiar demasiado.
No pretendo que me comprendan, pero con sólo que hagan un esfuerzo sabrán lo que digo. Algunos, por supuesto. Los que todavía están vivos pero con el agua al cuello.
Vendí la bicicleta en el primer pueblo que me salió al paso y volví al camino nada más que con lo que tenía puesto. Desde ahí arranca mi verdadera historia porque en cierta forma acababa de nacer. No les voy a contar esa historia porque sólo tiene sentido para un vago.
Veo una nube de polvo en la punta del camino. Debe ser un camión.
Solamente les digo esto. No tengo nada, de manera que tampoco tengo de qué preocuparme, lo poco que recuerdo, en los términos de ustedes, lo recuerdo como si fuera de otro y si miro para adelante pues sencillamente no espero nada, lo cual es la mejor manera de estar preparado para lo que sea. Debiera explicar lo que entiendo por estar preparado porque es un término más bien de ustedes pero no vale la pena y además el camión está cerca.
Es un camión, efectivamente.
Mi cuerpo se pone de pie liviano y contento. Es la ventaja que les decía. Eso me tiene constantemente de buen humor o a lo sumo de un humor melancólico, lo cual me ayuda a pensar en todas estas cosas que me enseña el camino.. Estoy limpio y vacío en medio de él, de manera que siento la tierra como nadie podría hacerlo en este momento, excepto otro vago.
El tipo me debe haber visto y tal vez se alegre porque viene solo. Extiendo mi admiración por los raidistas a los camioneros también. Por lo menos cuando están en el camino se parecen más a nosotros que a ustedes. Lo digo sin rencor.
No sé a dónde me llevará ese camión ni qué será de mí el día de mañana. La verdad que el día de mañana no existe para mí y creo que por eso me siento vivo.
Levanto la mano y el camión se detiene.
Hace un rato era una mancha borrosa al extremo del camino. Sé que en este punto mi vida se cruza con la del tipo que trae encima y que a partir de ahora me nace otra vida, por así decir. Sé también que como estoy limpio y vacío le sacaré todo el gusto posible.
Así una vez y otra vez.
El tipo abre la puerta y agita una mano.
¡Allá voy, donde sea!

Haroldo Conti
Del libro "Con otra gente
©Centro Editor de América Latina, 1972


Haroldo Conti nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1925. Luego de trabajar como maestro de escuela rural, en 1944 ingresó en el Seminario Metropolitano Conciliar, de Villa Devoto, estudios que abandonó años más tarde, para ingresar en la Facultad de Filosofía y Letras donde se recibió en 1954. Fue empresario de transporte, profesor de Filosofía y Latín, realizó cursos de piloto civil y vuelos, y en 1952 obtuvo dos becas del Cine Club Gente de Cine trabajando como asistente de dirección, y luego como director, obteniendo en 1956 el Premio Teatral de la Organización Latinoamericana de Teatro(OLAT) . En 1960 obtiene una mención en el concurso organizado por la revista “Life”, por su cuento “La causa”. En 1962, publicó su primera novela, Sudeste, por la que obtuvo el primer premio del concurso organizado por Fabril Editora. A esta novela, le siguieron Todos los veranos (1964), Alrededor de la jaula (1966), Con otra gente (1967) y En vida (1971). En 1971 realizó su primer viaje a Cuba como jurado de Casa de las Américas, viaje que produjo un viraje en su literatura: Conti señaló que Cuba constituyó “su primer contacto a flor de piel con América. Y eso me bastó para hacer una cosa distinta, una novela jubilosa, Mascaró, abierta, donde por primera vez los personajes no mueren. Decidí hacer una literatura con un sentido más americano, cosa que, en ese momento, estaba muy lejos de mí”. En 1972 escribió el guión de cine de La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro, dirigida por Nicolás Sarquis y finalizada en 1977.
Esta entrevista, de la cual se obtuvieron los datos relacionados anteriormente, publicada bajo el título “Un simple trabajador”, fue realizada el 15 de junio de 1975 con motivo de la aparición de su libro de cuentos La balada del álamo carolina. En ella, se perfila una imagen alternativa del escritor profesional, pues Conti se caracterizó por su ubicación externa a los círculos literarios y por una poética basada en la experiencia personal de los hechos narrados. Su literatura está ligada a una experiencia de vida que se supone transmutable a la escritura, en un intento imaginario de borrar las diferencias entre el arte y la vida.
Meses después de esta entrevista, publicó la novela Mascaró, el cazador americano, por la que obtuvo el premio Casa de las Américas. Al año siguiente, el 5 de mayo de 1976, fue secuestrado por la dictadura militar de su departamento de la calle Fitz Roy. Hasta el día de hoy, su nombre permanece en la lista de desaparecidos.

Teatro: Las esposas



LAS ESPOSAS
Autor: Daniel Santos. Elenco: Hugo Poggi, Susana Osorio, Patricia Carro y Osvaldo Paiva. Dirección: Charly Sánchez. Asistencia: Osvaldo Paiva. Arreglos fotográficos: Silvana Burstein. Diseño de Iluminación: Luis Amador. Diseño gráfico: H. Iglesias & Asoc. Producción ejecutiva: Luis Amador. En la Sala “De la Ranchería”, en la Manzana de las Luces, Perú 272, sábados a las 21.30 horas.

Por Germán Cáceres

La obra plantea un tema muy actual: el de la incertidumbre. Curiosamente, un principio de física que Heisenberg propuso en 1927 se desplazó a la realidad nuestra de cada día.

En Las Esposas, parece que Mario sufrió un accidente que le provocó la pérdida de la memoria y no reconoce a Lucía, su esposa. Estos datos los confirma Cristina, la amiga de ambos.

Pero el espectador no está seguro de que esa sea la auténtica historia y allí reside el encanto del texto de Daniel Santos: no se sabe cuál es la verdad y se duda permanentemente acerca de si alguna vez se llegará a conocer. Además, está la circunstancia perturbadora de que se sospeche que todos los personajes mienten.

Hay riqueza en los diálogos, que generan continuos conflictos, y en las varias vueltas de tuerca de la trama, cuyo final se impregna de ciertos rasgos del género policial.

Llevar a escena este tipo de pieza no es fácil, pero Charly Sánchez creó el clima y el ritmo adecuados, desarrolló una excelente dirección actoral y señaló la existencia de un misterio mediante la intercalación de breves y sugerentes temas musicales.

La puesta contó con un elenco sólido: Hugo Poggi ofrece un convincente Mario, resaltando su neurosis y su carácter violento; Susana Osorio compone una dulce y sumisa Lucía con detalles sutiles; Patricia Carro responde con soltura a las oscilaciones de la voluble Cristina; y Osvaldo Paiva es eficiente en su breve intervención.

Germán Cáceres

Los textos de Mario Capasso



Flores

Convencido de las dificultades de un acceso carnal más o menos rápido, quise probar si la convencía por el lado de la belleza romántica y de la caballerosidad.
Le llevé un ramo de flores y se lo entregué apenas abrió la puerta.
Ella lo recibió y me hizo pasar.
Ya en el interior de su hogar, qué original, dijo.
Se expresó, además, con palabras de agradecimiento.
Me ofreció una silla en la sala, que no era muy grande, más bien todo lo contrario.
Ella, después de dos o tres frases comunes, a las que contesté de la manera más común posible, sugirió poner las flores en un florero.
Dijo confiar en que todavía le quedara uno libre y que, si yo le concedía un permiso provisorio, ella saldría unos momentos de la sala y lo traería enseguida.
A su regreso, toda contenta por el hallazgo, manifestó que había tenido un día ajetreado, muy movido, creo que dijo, pero eso no le importaba en absoluto y no quería convertir su pasado reciente en una excusa, remarcó con una sonrisa. A continuación, comentó que la brevedad de la vida la tenía apesadumbrada y que yo no me iría de allí sin antes tomar una linda copita de licor y sin haberme acostado con ella, aunque sea un ratito, dijo.


Butaca

En el cine de mi barrio existía la butaca más incómoda del mundo. Yo solía sentarme en la de al lado. Iba casi todos los días, después del colegio. Nunca vi allí una película completa, pero me divertí mucho en el cine de mi barrio, que ya no existe, existe tan solo la incomodidad de su recuerdo, que no tiene fin.


La mujer de mi vida

Cómo olvidarla.
Nos conocimos un 9 de setiembre. Bien pronto rompió con el amante de entonces. Él, de algún modo, había posibilitado nuestro encuentro, aunque jamás quiso aceptar el hecho, se perdió como un polvo en la tormenta. De esa manera, sin interferencias ni remordimientos, ella y yo nos enredamos en un juego de risas y lágrimas, donde cada uno daba lo mejor, mezcla de candor y pasión.
Aquel primer encuentro sólo puedo evocarlo a través de sus palabras, tantas veces me lo refirió que acabó impregnando mi conciencia con su relato. Ella contaba de su amor a primera vista o decía presentirme y amarme desde antes, desde siempre. Exageraba tal vez, pero me gustaba oírla. Contame, le decía, y sellaba mi ruego con un beso.
Su cuerpo, que tan bien conocí, me dio a beber los jugos más sublimes y a su lado me hice hombre. En las primeras épocas la despertaba a horas despóticas y ella se entregaba sin reparos para saciar mi hambre ingobernable.
En la casa, como una esclava, sometía su voluntad a mis caprichos. Y por las calles, tomados de la mano, ambos parecíamos chicos. La gente nos miraba jugar a querernos, dueños de las plazas y los parques.
Pero los años pasaron como un canto que apresuraba las notas. Todo tiene un final y yo, atraído por fuerzas misteriosas, me fui alejando, me fui alejando, lentamente, inexorablemente. Aún recuerdo su gesto de cansancio en aquella tarde. Parecía una mujer muy vieja, el cuerpo apoyado en el marco de la puerta. Ella lloraba y yo partía, descreído de su llanto, confiado en sonrisas que prometían otros cuerpos, otros sabores, otros juegos.
A lo largo de mi huida conocí mujeres diferentes. Y a todas les mentí que las quería. A veces, un vago sentimiento de traición me recorría el cuerpo y amenazaba disminuir mi empuje, pero conseguía seguir adelante y las otras me creían o fingían creerme, me gritaban su fe en la cara o me la confirmaban de espaldas. Hasta que el día menos pensado la mentira era descubierta y yo aferraba mi decepción a su figura. La imaginaba en la puerta, como una novia que esperara en un altar de mármol y paciencia.
En algunas ocasiones volvía a verla, mas todo había cambiado entre nosotros. Ella hacía preguntas y yo me refugiaba en mi disfraz de señor preocupado en asuntos importantes. Separados por la mesa, la miraba envejecer y dejaba correr las horas.
La última vez me pareció notar en su cara el signo de la enfermedad que no tardaría en matarla. Pero eso lo pensé después; en ese momento, indiferente y fatal, reincidí en la vanidad de suponerla eterna.
El teléfono sonó esa madrugada y yo corrí como si aún fuera aquel joven. Pero su tiempo había quedado atrás.
Desde entonces, dos veces al año visito la tumba. Dos citas para enfrentarme con su foto y los fantasmas. Una, en el día de su cumpleaños, cuando el gentío de enero se va y abandona las flores que se resecan al sol y sólo los gatos buscan la sombra. Y otra vez, en días como hoy, cuando las flores se encarecen y ya no caben y son tan bellas como inútiles, pues no pueden expresar los silencios de antes.
Cómo olvidarla.
Ya voy para allá. No sé para qué pero dentro de un rato estaré con ella, en el cementerio, preguntándole lo que ya sé o debería haber sabido. Así, a solas entre la muchedumbre, cada tercer domingo de octubre.

Mario Capasso
http://www.textos-en-escombros.com.ar/
UNA VIDA DE TANGO

¡Tango y Teatro en la misma función!

Hugo Araujo (Actor - Cantante)
Patricia Martínez (Actriz - Cantante)
Guillermo Ibáñez (Actor - Cantante)
Victorio Crimi (Actor)

Musicalización: Osvaldo Tubino
Autor y Director: Ernesto Pierro


La vida de una persona común puede transformarse en una gran historia, llena de amor, desengaño, esperanza, impotencia, romance y drama, que nos llevará a recorrer los momentos más importantes de las últimas décadas.

Localidades en venta: $ 25.-
Jubilados: $ 20.-


TEATRO ARLEQUINO
Adolfo Alsina 1484 (Congreso)
Reservas: 4382-7775

TODOS LOS DOMINGOS DE NOVIEMBRE 18.30 HS.
Informes: 3083 - 2845/ 15 5221 5096/ 15 5767 6352
ernestopierro@yahoo.com.ar
marta@radiosentidos.com.ar

Recomendado por La Máquina de Escribir

Música: Manu Chao, un irreverente



“Componer una canción no lo decide uno, es como las ganas de mear, no lo decides tú. La canción nace, yo solo cojo el boli y escribo. Me sale así, y cuando me sale, lo único que tengo que hacer es tener un boli y un papel para no olvidarme; porque si lo dejas para el día siguiente, la canción ya voló. A veces es bonito hasta dejarlas volar”.


Así se expresa José Manuel Tomás Arturo Chao, más conocido como Manu Chao, refiriéndose al hecho creativo. Porque él, sin ningún lugar a dudas, es un creador. Un creador irreverente, sui generis, que rompe estilos y géneros. Pero que, justamente por ser así, se ha hecho enormemente popular.


Manu Chao es, hoy por hoy, un símbolo de la rebeldía, del inconformismo, de lo que podría llamarse la “anticultura”. Lo cual no quita que sea en estos momentos uno de los artistas que más vende en el ámbito de la canción popular.


Nació en París, Francia, el 21 de junio de 1961; hijo de padre gallego y de madre vasca, habla a la perfección varios idiomas, aunque canta preferentemente en español.


Es músico y poeta con un estilo muy peculiar. En términos generales, puede ubicárselo en la izquierda, con un pensamiento crítico; de hecho canta a la marginalidad, a los inmigrantes, a los sectores excluidos. Es un libertario en el amplio sentido de la palabra. Ha colaborado con diversos grupos musicales cuando se le ha requerido con el fin de apoyar causas políticas. Igualmente se solidarizó con la causa zapatista incluyendo, a veces, fragmentos de los discursos del subcomandante Marcos en sus canciones. También se ha solidarizado con la causa de los “okupas” de Barcelona y de la izquierda independentista vasca. En relación con el pueblo saharaui, ha visitado los campamentos de refugiados de Tindouf para hacerles llegar su música y demostrarles su apoyo.


Su música tiene influencias diversas, como el rock, la salsa, el ska, el reggae y el raï argelino. En sentido estricto, no se lo puede encuadrar en ninguna forma específica: es un poco de todo, y en él están presentes siempre todas esas influencias: su paso por Latinoamérica y el haber conocido y vivido los ritmos típicos de varios países, los inmigrantes argelinos con los que convivió en París y que lo marcaron culturalmente, la chanson francesa tradicional.


Su discografía:

• 1998 - Clandestino
• 2001 - Manu Chao aux vieilles charues 2001 (Euro Boots)
• 2001 - Próxima Estación: Esperanza
• 2002 - Radio Bemba Sound System
• 2004 - Sibérie m'était contée
• 2007 - La Radiolina

Fuente: Argenpress Cultural 60
http://cultural.argenpress.info/2009/10/

Miguel T. Demársico: Algunas reflexiones

Miguel T. Demársico

Discurso y acción.

Seguramente mi vocación periodística me lleva constantemente a querer saber, a intentar entender que pasa, porque pasan determinadas cosas.

A veces no entiendo por falta de datos y otras me hace tanto ruido en mi cabeza la conclusión que la niego como único mecanismo de defensa.

No quiero vivir en esta decadente cultura con culpa por ser solidario, ni tampoco victimizarme porque es sencillamente una elección de vida.

Escucho infinidad de veces discursos nombrando a quienes menos tienen, comentando cuestiones de lealtad, de distribución, de acciones cooperativas y en esos mismos discursos contradicciones enormes en sus propias acciones de vida, en la forma de encarar las decisiones a tomar en lo cotidiano, lo que me produce una sensación mezcla de repulsión y fastidio, pero que me permite a veces comprender la hipocresía que creo a esta altura de la vida pasa de ser de un tema cultural a uno genético en demasiada cantidad de personas para mi gusto.

Nos va como nos va por ese mismo discurso no concordante con la acción, con ese decir para los demás y ese hacer solo para mi.

No me sirve, no lo practico, no lo justifico y me da vergüenza ajena saber, ver y oír tanta distancia entre el discurso y la acción.

No hablo de errores humanos lógicos y entendibles. Hablo de una actitud ante la vida, ante los bienes, ante el poder, ante las cosas materiales, ante ese miedo frenético a perder algo.

Viene a mi mente una frase que seguramente retumba en cada uno de esos cobardes que no tienen capacidad de ver al costado y es “dar es perder”.

Nada se pierde cuando uno da, nada nos quitan cuando uno es solidario. Todo lo contrario, uno se hace grande cuanto mas da.

Una de las conclusiones que se me antojan en este escrito, es decirles a todos y cada uno de los que se tomen el trabajo de leer esto, que la única asociación que concluyo con la insolidaridad es el miedo.



Ser insolidario = ser cobarde, miedoso.

Veo egoísmos que no resisten el mas mínimo análisis de personajes que ningunean a otros, los excluyen, los abandonan, como si el tiempo que les dediquemos sea tiempo perdido, o algo aun peor: pensar que si dedico tiempo o doy algo a alguien que realmente necesita de mi, estoy dejando de producir para mi, ya sea poder, dinero o quien sabe que otra cosa.

Nadie tiene un certificado de vida eterna, pero parece que en algunos casos todavía muchos personajes no se dieron cuenta.

Viviremos un promedio de 75 años cada uno y no olvidemos que nuestros últimos 5 minutos de vida, lo que hayamos hecho, hecho estará y lo que no, ya será tarde para hacerlo.

Lamento tener que escribir esta (para mi) “sarta de obviedades”, pero los “imprescindibles” están a la orden del día y cada vez intentan ser mas.

Hipócritas discursantes de pocas ideas aterrorizados por perder bienes, poder o dinero

Una innumerable lista de excusas se auto imponen para no hacer nada por nadie y justificar ese estilo de vida: “mi familia” “mis objetivos” “mi futuro” “mi…..

No tienen ni la mas pálida idea que vivimos todos en un mismo mundo y que en el universo ese mundo es solamente un punto. Partiendo de esa base cada uno de nosotros es... casi nada.

Juntos quizá podríamos lograr algo mas interesante con este planeta de lo que logramos hasta ahora.

El individualismo y la insolidaridad son tremendamente cuestionables por sus consecuencias, pero modestamente opino que la hipocresía todavía es mas grave.

El hipócrita no me permite ver con claridad a quien tengo en frente, el otro por lo menos me da la oportunidad de no vincularme.

No estoy hablando de política, ni de religión ni siquiera de cuestiones institucionales, va mas allá de todo eso.

Si lo queremos analizar desde el punto de vista psicológico y no genético, creo que nos quedamos cortos de análisis, pero podríamos llamarlos “los psicópatas de la nueva (e involucionada) cultura.”

Serían algo así como una manada de impúdicos cuyo único objetivo en la vida es su propio placer a costa de cualquier cosa o persona y sin ningún límite ni autocrítica.

U otra definición que se me ocurre cercana a lo que quiero decir sería: “los enfermos que enferman”.

Cada vez son mas y acumulan mas poder, algo bastante lógico si lo vemos desde el punto de vista de la falta de escrúpulos que ostentan a la hora de intentar conseguir logros personales.

Es mas que evidente que capacidad, mas falta de escrúpulos, mas insolidaridad son condimentos indispensables para ser “exitoso” una sociedad que solo prioriza lo perfecto, sobre todo cuando el modelo de hombre exitoso no discrimina al momento de tener que decidir como conseguirlo.

Pero vuelvo al tema de la hipocresía aunque parezca redundante.

Un psicópata confeso, pseudo confeso o por lo menos conocido no me sorprende demasiado, no puede pegar tanto donde mas duele porque uno esta como en guardia.

El hipócrita es desde mi humilde punto de vista mas condenable y peligroso todavía.

Vende un discurso de ayuda con el solo objetivo de ayudarse a si mismo utilizando a quien sea y como sea para acumular mas.

Engaña, miente, promete, y no le interesa el daño, solo esta centrado en llegar a su meta.

Públicamente podríamos decir que son casi “La Madre Teresa” y privadamente dan nauseas.

Estamos acostumbrados y a veces tomamos como normal que nos vendan ilusiones. Supongo que en muchos casos tiene que ver con esa compulsiva necesidad de pensar que todavía hay gente buena, que tiene actitudes buenas, solidarias, positivas.

Lo contrastante de esas expectativas que fomentan en nosotros y al mismo tiempo retroalimentamos es el resultado concreto: la caída, la desilusión, el desencanto.

Y al mismo tiempo (y para no ser tan culposo) suponemos que no puede ser que sean tantos y en distintos ámbitos quienes actúen de esa manera, intentando generar confianza donde la mayoría de las veces no hay ni siquiera un vinculo.

Cuantas veces nos ilusionamos pensando que alguien se aleja de nosotros sin darnos cuenta de que nunca estuvo cerca.

Hace muchos años hablábamos de una “trama vincular de confianza” pero para eso se necesita poner toda la inteligencia y la capacidad de muchísima gente buena en generar esos vínculos sanos que nos permitirían eventualmente crecer, mejorar, cambiar, avanzar y ser mejores personas en comunidad.

Estoy totalmente convencido que no es solamente una cuestión de buena voluntad, sobre todo si entendemos que los porcentajes de buena gente, con capacidad suficiente, frente a los aquellos grupos individualistas (e incluyo a los “indefinidos”) son mucho menos numerosos.

El “indefinido” en general es débil e incapaz por lo que en la mayoría de los casos se acopla y convierte en segundas o terceras filas utilizables por la mayoría, pero mientras tanto cumple ordenes de quienes los utilizan y generan casi tanto daño como ellos.

Hoy por hoy no veo ni vínculos firmes, ni comunidad, ni concepto de prójimo, ni tramas vinculares de confianza.

Sigo teniendo por suerte la misma expresión de deseo adolescente: Un mundo mejor, con gente mejor, mas buena, mas solidaria.

Creo que es lo único que me queda, esa “expresión de deseo” y espero no perderla nunca, porque ese día coincidirá con mi último día de vida.

Seguiré peleando por las utopías, por los deseos, por las ganas de que todos vivamos mejor, pese a todo, pese todos. Pese a aquellos que no les interesa, pese a aquellos que tengo en contra (que no son pocos) pese a los indefinidos y pese a los hipócritas que se cruzan y seguramente seguirán cruzándose en mi camino.

Seguiré conmoviéndome frente a un indigente, a una madre embarazada paupérrima, a un discapacitado y frente a todo aquel que no tiene las mismas herramientas que otros para luchar en un mundo tan desigual.

Y seguiré peleando con todas las fuerzas que tenga, contra aquellos que no tienen ni la mas minima piedad de nadie.

No me importa quienes sean, ni cuantos sean, ni de donde vengan.

Espero se haya entendido el concepto central de este escrito, que no generaliza, pero es una voz de alerta a futuro basándome en eso que muchos pensamos de jóvenes y que hoy por hoy ni se parece a aquel mundo que soñamos.

No solo no es parecido sino que tristemente y contra toda lógica toma como valores reales de la cultura aquellos que nos destruyen, atomizan y cuyos resultados están mas que a la vista.

Ningún fin justifica los medios. Ningún bien particular, esta por encima del bien general.

Por ultimo creo que es valido recordar, que la verdad, la lealtad, la solidaridad, el respeto, el trabajo y otros valores reales son los únicos que eventualmente nos harían alcanzar metas colectivas de mucho mas alto vuelo que lo que nos deja ese pensamiento y actitud de corto alcance, que cada vez nos hace mas primitivos y que de no revertir el proceso lo único que ocurrirá será canibalizarnos cada vez mas a futuro, en el mejor de los casos.

Sin que esto sea una visión apocalíptica de la vida, humildemente propongo que pensemos que hacemos por los demás, pero con la mano en el corazón, con sinceridad; evaluando la posibilidad de que si cada uno hacemos algo por algún otro las cosas serían distintas.

Vivamos como discursamos, eso será lo único que le dará entidad a nuestras palabras y cuando ya no estemos es lo único que quedará.

Un afectuoso saludo a todos

Miguel Demársico
22 de Octubre de 2.009
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