sábado, 31 de octubre de 2009

Miguel T. Demársico: Algunas reflexiones

Miguel T. Demársico

Discurso y acción.

Seguramente mi vocación periodística me lleva constantemente a querer saber, a intentar entender que pasa, porque pasan determinadas cosas.

A veces no entiendo por falta de datos y otras me hace tanto ruido en mi cabeza la conclusión que la niego como único mecanismo de defensa.

No quiero vivir en esta decadente cultura con culpa por ser solidario, ni tampoco victimizarme porque es sencillamente una elección de vida.

Escucho infinidad de veces discursos nombrando a quienes menos tienen, comentando cuestiones de lealtad, de distribución, de acciones cooperativas y en esos mismos discursos contradicciones enormes en sus propias acciones de vida, en la forma de encarar las decisiones a tomar en lo cotidiano, lo que me produce una sensación mezcla de repulsión y fastidio, pero que me permite a veces comprender la hipocresía que creo a esta altura de la vida pasa de ser de un tema cultural a uno genético en demasiada cantidad de personas para mi gusto.

Nos va como nos va por ese mismo discurso no concordante con la acción, con ese decir para los demás y ese hacer solo para mi.

No me sirve, no lo practico, no lo justifico y me da vergüenza ajena saber, ver y oír tanta distancia entre el discurso y la acción.

No hablo de errores humanos lógicos y entendibles. Hablo de una actitud ante la vida, ante los bienes, ante el poder, ante las cosas materiales, ante ese miedo frenético a perder algo.

Viene a mi mente una frase que seguramente retumba en cada uno de esos cobardes que no tienen capacidad de ver al costado y es “dar es perder”.

Nada se pierde cuando uno da, nada nos quitan cuando uno es solidario. Todo lo contrario, uno se hace grande cuanto mas da.

Una de las conclusiones que se me antojan en este escrito, es decirles a todos y cada uno de los que se tomen el trabajo de leer esto, que la única asociación que concluyo con la insolidaridad es el miedo.



Ser insolidario = ser cobarde, miedoso.

Veo egoísmos que no resisten el mas mínimo análisis de personajes que ningunean a otros, los excluyen, los abandonan, como si el tiempo que les dediquemos sea tiempo perdido, o algo aun peor: pensar que si dedico tiempo o doy algo a alguien que realmente necesita de mi, estoy dejando de producir para mi, ya sea poder, dinero o quien sabe que otra cosa.

Nadie tiene un certificado de vida eterna, pero parece que en algunos casos todavía muchos personajes no se dieron cuenta.

Viviremos un promedio de 75 años cada uno y no olvidemos que nuestros últimos 5 minutos de vida, lo que hayamos hecho, hecho estará y lo que no, ya será tarde para hacerlo.

Lamento tener que escribir esta (para mi) “sarta de obviedades”, pero los “imprescindibles” están a la orden del día y cada vez intentan ser mas.

Hipócritas discursantes de pocas ideas aterrorizados por perder bienes, poder o dinero

Una innumerable lista de excusas se auto imponen para no hacer nada por nadie y justificar ese estilo de vida: “mi familia” “mis objetivos” “mi futuro” “mi…..

No tienen ni la mas pálida idea que vivimos todos en un mismo mundo y que en el universo ese mundo es solamente un punto. Partiendo de esa base cada uno de nosotros es... casi nada.

Juntos quizá podríamos lograr algo mas interesante con este planeta de lo que logramos hasta ahora.

El individualismo y la insolidaridad son tremendamente cuestionables por sus consecuencias, pero modestamente opino que la hipocresía todavía es mas grave.

El hipócrita no me permite ver con claridad a quien tengo en frente, el otro por lo menos me da la oportunidad de no vincularme.

No estoy hablando de política, ni de religión ni siquiera de cuestiones institucionales, va mas allá de todo eso.

Si lo queremos analizar desde el punto de vista psicológico y no genético, creo que nos quedamos cortos de análisis, pero podríamos llamarlos “los psicópatas de la nueva (e involucionada) cultura.”

Serían algo así como una manada de impúdicos cuyo único objetivo en la vida es su propio placer a costa de cualquier cosa o persona y sin ningún límite ni autocrítica.

U otra definición que se me ocurre cercana a lo que quiero decir sería: “los enfermos que enferman”.

Cada vez son mas y acumulan mas poder, algo bastante lógico si lo vemos desde el punto de vista de la falta de escrúpulos que ostentan a la hora de intentar conseguir logros personales.

Es mas que evidente que capacidad, mas falta de escrúpulos, mas insolidaridad son condimentos indispensables para ser “exitoso” una sociedad que solo prioriza lo perfecto, sobre todo cuando el modelo de hombre exitoso no discrimina al momento de tener que decidir como conseguirlo.

Pero vuelvo al tema de la hipocresía aunque parezca redundante.

Un psicópata confeso, pseudo confeso o por lo menos conocido no me sorprende demasiado, no puede pegar tanto donde mas duele porque uno esta como en guardia.

El hipócrita es desde mi humilde punto de vista mas condenable y peligroso todavía.

Vende un discurso de ayuda con el solo objetivo de ayudarse a si mismo utilizando a quien sea y como sea para acumular mas.

Engaña, miente, promete, y no le interesa el daño, solo esta centrado en llegar a su meta.

Públicamente podríamos decir que son casi “La Madre Teresa” y privadamente dan nauseas.

Estamos acostumbrados y a veces tomamos como normal que nos vendan ilusiones. Supongo que en muchos casos tiene que ver con esa compulsiva necesidad de pensar que todavía hay gente buena, que tiene actitudes buenas, solidarias, positivas.

Lo contrastante de esas expectativas que fomentan en nosotros y al mismo tiempo retroalimentamos es el resultado concreto: la caída, la desilusión, el desencanto.

Y al mismo tiempo (y para no ser tan culposo) suponemos que no puede ser que sean tantos y en distintos ámbitos quienes actúen de esa manera, intentando generar confianza donde la mayoría de las veces no hay ni siquiera un vinculo.

Cuantas veces nos ilusionamos pensando que alguien se aleja de nosotros sin darnos cuenta de que nunca estuvo cerca.

Hace muchos años hablábamos de una “trama vincular de confianza” pero para eso se necesita poner toda la inteligencia y la capacidad de muchísima gente buena en generar esos vínculos sanos que nos permitirían eventualmente crecer, mejorar, cambiar, avanzar y ser mejores personas en comunidad.

Estoy totalmente convencido que no es solamente una cuestión de buena voluntad, sobre todo si entendemos que los porcentajes de buena gente, con capacidad suficiente, frente a los aquellos grupos individualistas (e incluyo a los “indefinidos”) son mucho menos numerosos.

El “indefinido” en general es débil e incapaz por lo que en la mayoría de los casos se acopla y convierte en segundas o terceras filas utilizables por la mayoría, pero mientras tanto cumple ordenes de quienes los utilizan y generan casi tanto daño como ellos.

Hoy por hoy no veo ni vínculos firmes, ni comunidad, ni concepto de prójimo, ni tramas vinculares de confianza.

Sigo teniendo por suerte la misma expresión de deseo adolescente: Un mundo mejor, con gente mejor, mas buena, mas solidaria.

Creo que es lo único que me queda, esa “expresión de deseo” y espero no perderla nunca, porque ese día coincidirá con mi último día de vida.

Seguiré peleando por las utopías, por los deseos, por las ganas de que todos vivamos mejor, pese a todo, pese todos. Pese a aquellos que no les interesa, pese a aquellos que tengo en contra (que no son pocos) pese a los indefinidos y pese a los hipócritas que se cruzan y seguramente seguirán cruzándose en mi camino.

Seguiré conmoviéndome frente a un indigente, a una madre embarazada paupérrima, a un discapacitado y frente a todo aquel que no tiene las mismas herramientas que otros para luchar en un mundo tan desigual.

Y seguiré peleando con todas las fuerzas que tenga, contra aquellos que no tienen ni la mas minima piedad de nadie.

No me importa quienes sean, ni cuantos sean, ni de donde vengan.

Espero se haya entendido el concepto central de este escrito, que no generaliza, pero es una voz de alerta a futuro basándome en eso que muchos pensamos de jóvenes y que hoy por hoy ni se parece a aquel mundo que soñamos.

No solo no es parecido sino que tristemente y contra toda lógica toma como valores reales de la cultura aquellos que nos destruyen, atomizan y cuyos resultados están mas que a la vista.

Ningún fin justifica los medios. Ningún bien particular, esta por encima del bien general.

Por ultimo creo que es valido recordar, que la verdad, la lealtad, la solidaridad, el respeto, el trabajo y otros valores reales son los únicos que eventualmente nos harían alcanzar metas colectivas de mucho mas alto vuelo que lo que nos deja ese pensamiento y actitud de corto alcance, que cada vez nos hace mas primitivos y que de no revertir el proceso lo único que ocurrirá será canibalizarnos cada vez mas a futuro, en el mejor de los casos.

Sin que esto sea una visión apocalíptica de la vida, humildemente propongo que pensemos que hacemos por los demás, pero con la mano en el corazón, con sinceridad; evaluando la posibilidad de que si cada uno hacemos algo por algún otro las cosas serían distintas.

Vivamos como discursamos, eso será lo único que le dará entidad a nuestras palabras y cuando ya no estemos es lo único que quedará.

Un afectuoso saludo a todos

Miguel Demársico
22 de Octubre de 2.009
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