lunes, 12 de octubre de 2009

Libros: Relaciones Textuales, de Cristina Villanueva



Relaciones Textuales
de Cristina Villanueva
(Patagonia, Buenos Aires, 2009, 64 páginas)

Por Germán Cáceres

Se trata un libro de poesía en prosa de la múltiple Cristina Villanueva (poeta, narradora, psicoanalista, viajera y animadora cultural, autora de Cuentos para convidar, 2002, y Lengua Suelta, 2007). Su referencia a la piel puede aplicarse a este texto: es una “Desmesura que avasalla lo inerte con su selva de imágenes”. Es también una apología del cuerpo y su sensualidad, que no teme desembocar en el erotismo (“¿Hay lujuria en el cuerpo de las ideas? ¿En el roce de las ideas con el cuerpo ideas de los otros?”). Su formación analítica parecería animar su constante apelación a las figuras oníricas (“Eran soles abiertos al delirio, ventanas del insomnio”).

Sorprende en estos textos su potente ráfaga de asociaciones que invocan la ensoñación y la sensibilidad.

Relaciones textuales es una exquisita celebración de la palabra (“Sin dios, manzana ni serpiente, el paraíso toma la forma de una biblioteca”), un canto de asombro ante la belleza del mundo y los colores de la naturaleza y sus floraciones. Para ello se vale de una puntuación rítmica que golpea como un timbal. En esta línea no está ausente cierto humor, una vía para acceder al juego que festeja el solo hecho de vivir. Esta veta ocurrente le permite deslizar su pensamiento político: “La farolera tropezó y al pasar por un cuartel se enamoró de un poeta (…) ¿Ustedes pensaban que se podía enamorar de un coronel?”.

Cristina Villanueva no duda que triunfarán las fuerzas progresistas y surgirá un hombre nuevo que pueda “encenderse por dentro y descansar los ojos de lo que vio ese día”. En cuanto al cromatismo que emana de su escritura, da la sensación de que se tratara de una plástica que ha reemplazado su rica paleta por palabras plenas de vitalidad (“La imagen del sonido detona en rojo, se derrama, se abre a cielos pequeños”).

Muy lúcido y profundo el análisis de la contratapa de Héctor J. Freire.

Germán Cáceres