domingo, 5 de octubre de 2008

Sonia Catela: Salir del pozo

Imagen: Liliana Maresca, Carrito de cartonero


Concentrate, Armando. No uses la mano como si accionaras la palanca de cambios, pensá dónde la tenés puesta, mi ingle no es el embriague, dejá de acelerar y meterle freno, Armando, que me lleno de machucones. Pará. Pará o te vas. Todos perdimos algo en el 2001, Armando, hay que recuperarse. ¿No ves? Y dale; me maniobrás como si fuera un camión, terminá con eso de darme la marcha atrás usando mi seno, concentrate Armando, no andás por la ruta 34, al volante de tu volvo, estás conmigo, en la cama de la Lupe, con los mimos que la Lupe sabe darte. Sí, está bien, bajar de camionero a cartonero no es precisamente ganarse la lotería, pero tampoco una vergüenza, aflojá Armando. Vas a salir adelante. De a poco. Algo te surgirá, un empleo. Claro que sé contar. Siete años.
Y las veo sí, tus manos de estibador, no de ciruja, pero no lo tomes como que te dedicás a remover mierda, desacelerá. Ah. A veces ponen paquetes de mierda.
¿Por ahí abajo todavía no conseguís nada, Armando? date cuenta que es la tercera vez que no lográs lo que tu masculinidad se propone, querido, ¿por qué te llamás un revolvedor de basura? no te descalifiques de ese modo, consideralo reciclaje; reciclás desperdicios. Y concentrate, Armando. Esta vez vamos a lograrlo. Con estos masajitos... ¿ves? el ascensor se pone en marcha, sube al primer piso, al segundo, tercero, ahora sí, dale, metele, aprovechá el momento. Otro bajón. No hay caso si no te concentrás, Armando. Ya me había dicho la Tere que le mojaste el hombro, y no precisamente con baba. Pobrecito. Hay que saltar afuera del pozo. Ahora salite de encima que mi muslo no puede dar vuelta a más curvas, no aguanta de carretera. Charlá conmigo. Desahogate. Después volvemos a lo nuestro; mientras, tomo tu centro y en una de ésas... Si te enfocaras, Armando.
Yo también cobraba un peso un dólar. Sé que lo tuyo fue distinto, peor. Pero el resto perdió bienes, ejecutados los pagarés, los ahorros hechos agua. No te creas el único. Por lo menos comés a diario. Salvaste el techo. Ya sé que lo que pasaste... y encima cartonero, decís. No. Cartonero también es un trabajo. En cierta forma. Que tu pibe no entiende. Ya entenderá. Tomate esta ginebra, Armando, te va a relajar. Está bien. Jugá a lo que quieras. Juguemos a que soy tu volvo y largo vapor por esa chimenea que me dio la naturaleza. No, no olés a naranjas podridas ni a otra podredumbre. Despedís vahos de hombre fuerte. Que puede levantar bultos de cien kilos. Que clava el freno y rechina sobre el asfalto y acelera sacando humo. Ay Armando, arrancaste. Qué bien te sale. Diez puntos. No te detengas. Frená. Acelerá. Frená acelerá... Ah. Tarea cumplida.
Sabés, Armando, no todo se ha perdido. Me enteré que en el Parque de diversiones buscan alguien que les maneje el tren fantasma, ése que da vueltas por túneles para meter miedo. El conductor actual consiguió la nacionalidad italiana y se radica en Turín. Claro que no será volantear un volvo con carga de diez toneladas. No, no es lo mismo. Estamos. Pero hay que adaptarse, Armando. Todos perdimos algo en el 2001. Bueno, tenés razón, no todos. El que se quedó con el seguro de tu camión la estará pasando fenómeno. ¿Sabés quién es? No. Un banco. Una financiera.
Verdugos sin cara. Y aunque el trencito no sea la carretera abierta y el pulso tenso sobre el volante, tampoco lo veas como una tomada de pelo, Armando. Puede juzgarse como un empezar de nuevo. Pero ¿qué te pasa? ¿por qué aumentás así la velocidad? pará, pará que me da miedo. Desacelerá; vas a chocarnos... mirá esa pared... me voy a reventar la cabeza...Basta, Armando, ¿qué querés hacer? ¿lo que en el 2001, cuando te estrellaste con el volvo para que no te lo quitaran? sacame la mano de la garganta, Armando, me estás asfixiando, no tengo un volante al cuello, Armando reaccioná, Armando, la pared, la pa...