domingo, 27 de abril de 2008

Una entrevista a Juan Sasturain

El siguiente reportaje fue realizado por "Educar" (Portal educativo del estado argentino) en Julio de 2007. Hoy lo rescatamos pues consideramos importante para estos días su lectura.

Por Verónica Castro

—En una entrevista del año 2005 Ud. decía: “Sobre todo, ni yo ni algunos otros colegas hemos demonizado a los medios masivos; nunca los consideramos como básicamente deformadores, como Mattelart, por ejemplo, que los veía como la última forma de opresión del imperialismo… En los cincuenta, los chicos de entonces fuimos los primeros que además de libros teníamos radio y televisión. Los libros vendrían después. Aprendimos entonces que el libro no es el único portador de narrativa ni de literatura”. Hoy, y a partir de la experiencia de Ver para Leer, ¿qué cree que puede hacer la TV por la narrativa y literatura?

—La televisión desarrolla y practica formas narrativas con sus múltiples programas y formatos de ficción: desde la animación, el llamado culebrón, la adaptación literaria, el telefilm o la sitcom, entre muchas otras. Lo hace desde hace mucho, y ha influido para bien y para mal –como siempre– en las maneras de contar que utilizan otros soportes: el cine y la literatura propiamente dicha. A su vez, el modo televisivo de hacer ficción está penetrado por las técnicas del cine y de la narrativa dramática y estrictamente literaria. Es un ir y venir. En cuanto a hablar o difundir o analizar la narrativa literaria (cuentos y novelas) y la poesía y el ensayo en programas televisivos hechos ad hoc, como sería el caso de Ver para leer, supongo que puede ser una buena idea. Creo que del mismo modo que hay libros y revistas sobre el medio televisivo y sus contenidos, también cabe que haya programas televisivos que se refieran a los libros, la literatura en general, ya que se habla de tantas cosas. También a las artes plásticas y a la música, se me ocurre. Pero no lo pienso en términos de competencia ni de necesidad mutua. Ver televisión y leer son dos operaciones diferentes cuyo grado de superposición no es exacto: no se lee más o menos por ver televisión y viceversa. O sí, pero hay factores mucho más amplios que tienen que ver con el uso del tiempo y la satisfacción de necesidades: hoy se necesita menos leer que en otro momento. Y también se escribe menos por la misma razón.

Lo innegable, el dato incontrastable, es que la televisión y otras formas de comunicación audiovisual electrónica son lo nuevo y determinante. Su irrupción masiva, como sucedió en otros momentos con la revolución del libro o la aparición del cine, cambia el horizonte de las demás formas de comunicar, en este caso la ficción y el “entretenimiento”. Pero no los sustituye. Cada soporte –la letra impresa, el cine y la tele o todo lo que viene– tiene su especificidad, intransferible. Nada se extingue (no le pasó al teatro) sino que se acomoda, se transforma, encuentra su camino ahondando en lo que le es propio, no compartido: nada es igual, cada soporte tiene su cómo específico.


—En Ver para Leer tienen una sección dedicada a la literatura infantil, con una interesante mirada: no se la trata como literatura menor (como pasa muchas veces), aunque por el horario en que se trasmite el programa (la medianoche) esta sección está dirigida a los adultos. Padres, maestros, adultos en general: ¿son héroes o pecadores en la formación del gusto por la literatura de los más chicos?

—Al principio sí, los libros “de librería” los eligen los adultos. Igual hay que ir con los chicos, y lo mejor es dejarlos solos. Pero las revistas y lo que pasa previamente por la tele lo eligen los pibes. Un buen vehículo de introducción a la lectura son las revistas semanales de tema escolar con entretenimientos.


—El programa al estar en un canal de TV abierta, como Telefé, es uno de los espacios para un público masivo –además de la escuela y otros– que intentan estimular la pasión por la lectura. Pero a diferencia de la escuela, creo que ha encontrado un formato quizás más divertido. Básicamente por la idea que sostiene: vía la ficción (al involucrarse con su personaje) y lo audiovisual. Además, integran también internet. ¿Se plantearon aquello que los pedagogos llaman algo “didáctico” o “educativo”?

—No sé si alguien en Telefé Contenidos pensó en esos términos. A ellos, puntualmente a Claudio Villarruel y su equipo, se les ocurrió la idea y la concepción general del programa tal como se ve. De mi parte, he aportado y trato de poner en práctica la idea de que la lectura puede y debe ser un placer. Es decir, sólo digo la verdad, lo que me pasa a mí: leo porque me gusta, no porque deba hacerlo ni porque sea necesario que lo haga. Sólo eso. Creo que si uno trasmite el gusto por lo que hace –cocinar, tocar el saxo, hacer gimnasia, leer poesía y narrativa– puede llegar a despertar en el otro que lo ve la sensación de que acaso valga la pena probar de qué se trata. En el caso de la literatura, el simple hecho de leer buenos libros (todo el saber y el discurrir y el imaginar de la humanidad está ahí...) nos da la posibilidad de conocer gente mucho más inteligente que uno, más sensible, que nos abre la cabeza a la complejidad maravillosa del mundo.


—En un reciente artículo en la revista Inrockuptibles el periodista decía que una de las deudas del programa era que si bien es buena la idea de que las situaciones de ficción sean las disparadoras de las recomendaciones literarias, sería mejor que el tiempo dedicado a esas recomendaciones fuera mayor para que Ud. pueda desarrollar sus ideas y no verse forzado a comentarios que Ud. mismo califica de “telegráficos”. ¿No cree que el éxito del programa también reside un poco en eso, en no caer en una persona hablando a cámara extendidamente? Hoy, en tiempos de infoxicación, es bueno empezar por una dieta de información reducida para que aquellos que quieran profundizar lo hagan en la página o vayan al libro. ¿No es esa la idea?

—Tiene razón el comentarista: el programa es superficial y criminalmente misceláneo. “No se puede liquidar a Kafka en treinta segundos.” Es cierto. Hay plena conciencia de eso. Incluso puedo decir que acaso si tuviera que elegir qué programa me gustaría hacer –de literatura– en televisión, no haría uno como este. Pero también debo reconocer que quien lo concibió y decidió ofrecerlo como alternativa a su audiencia sabe muy bien lo que hace y cómo hacerlo. Por eso, lo que hay que tener en cuenta es que se trata de una aproximación ligera, introductoria –o incluso menos que eso– a un universo amplio y complejo. El objetivo primero es “sacar el miedo” a los libros y a la ficción literaria, convertirlos en realidades accesibles, objetos interesantes hechos y disfrutados por poetas y escritores que son gente como uno que tiene algo que contarnos. Poco más que eso. El objetivo es de mínima: se supone que la mayoría de los espectadores de este programa no lee habitualmente ni tiene pensado leer. Por eso no se presupone nada y no se ahonda tampoco. Sólo se señala, se cuenta y se trata de trasmitir más sensaciones que saberes.


—El mix televisión-internet quiebra un poco el esquema unidireccional de la clásica TV generando una comunicación de ida y vuelta con los televidentes-internautas. La página de su programa tiene muchísimos comentarios de personas de distintas edades: da la impresión de que termina el programa y quieren ir rápidamente a seguir en la página. ¿Proyectan avanzar más sobre el mix televisión-internet?

—No tengo idea porque no participo de esa zona del proyecto. Ni escribo ni contesto ni planifico ni organizo. No sé nada de eso. Lo mío acaba en el programa: lo que digo y comento ahí.


—En una entrevista Beatriz Sarlo decía “La escuela compite en desventaja con los medios de comunicación. Pero no sólo en el caso de los alumnos, sino también en el de los maestros”. ¿Siente que hoy el programa, con los buenos números de rating y con la cantidad de comentarios que tiene el sitio, lo está poniendo en un lugar de influencia mayor que cuando trabajaba como docente, por ejemplo?

—No lo sé. Pero coincido con Sarlo en lo que dice, que es obvio, además. Lo de la literatura en la escuela es otro tema: se hace todo mal.


—Usted se dedicó muchos años a la docencia, fue profesor en la Universidad y en el nivel secundario. ¿Por qué piensa que “en la escuela se hace todo mal”?

—Ejercí la docencia poco tiempo, en el primer tercio de los setenta. Debería hacer autocrítica: exceso de aparato crítico, conceptualización desmesurada, utilización instrumental del texto. Se lee para demostrar algo, para ejemplificar algo, para analizar algo. Todo mal. Hay que leer (los profes) lo que nos gusta y hacerlo disfrutar. Y leer y escribir, comentar y escribir sin demasiadas pautas, opinar libremente, describir las sensaciones... Todo lo demás –si no se da lo primero– es superfluo. Hay que hacer y dejar leer con espontaneidad y por el gusto de hacerlo. Y lo mismo escribir. Es el único objetivo que no se puede soslayar: que lean y escriban. Nada más y nada menos.


Fecha: Julio de 2007
Fuente: Educar – El portal educativo del estado Argentino
http://portal.educ.ar/noticias/entrevistas/juan-sasturain-ver-para-leer-1.php