lunes, 7 de abril de 2008

Juan Ricardo Sagardía: Trabajo para taller de narrativa


Ser o no ser bochado ese es el dilema, y otra la cuestión para seguir intentando, la consigna "Un hombre serruchando", esto es lo que salió.
SANTOAMOR


UN HOMBRE SERRUCHANDO


Los vecinos de la casa blanca, comentaban unos con otros sobre los ruidos nuevos que en ella se escuchaban todas las tardes hasta llegada la noche.
Esos ruidos antes no se escuchaban –murmuraban- lamentándose recordando a Gertrudis una anciana muy amorosa y hospitalaria, y a don Josep su marido muy famoso en el pueblo por esos magníficos muñecos de madera, que nunca nadie supo de donde provenían, pero que en cada casa uno podía encontrarlos como dando la bienvenida al visitante con un obsequio.
Eran uno muñecos, semejante a pinocho el muñeco del cuento por el hecho de ser muñecos de madera, pero con características diferentes, no tenían vida pero en cada casa agregaban alegría y esperanza.
Muñecos espléndidamente trabajados con amor, se notaba en la pintura el brillo de esos labios y ojos que mostraban una sonrisa sana y perfecta y esos brazos extendidos hacia adelante sosteniendo una maceta roja ofreciéndola como un continuo obsequio de amor.
Nunca nadie supo de donde venían esos muñecos siempre vivos pues Don José guardó el secreto aún hasta sus 93 años en que se despidió del pueblo al que amaba.
En su tumba el epitafio, que el pueblo lleno de pesar por la perdida y el amor por el recuerdo puso en bóveda que fue obsequiada también por el gobernador, citaba en una plaqueta “En el pueblo de Amarillo, tu imagen quedará siempre viva.”
Gertrudis se asignó el trabajo que José hacía con gusto y en ocasiones cantando, del mismo modo que Gertrudis hacía una vez por semana cuando visitaba cada casa.
Con alegría removía la tierra y mientras regaba la maceta por unos minutos hablaba con la siempreviva.
Antes de retirarse de dicho hogar dejaba la misma recomendación que Don Josep: "¡Cuiden que SANTO brille, es buena madera, el está lleno de amor desde el principio, conserven sus flores amarillas, pueden recibir visitas en cualquier momento!"
Un viernes 2 de enero: Gertrudis sufrió la primer descompensación lo primero que hizo fue llamar Jurys y Acaria un matrimonio joven que estaba al tanto de lo que le sucedía a la tía Gertrudis como ellos la llamaban. Acaria la conoció a través de su padre Deshi, quien antes de partir les hizo prometer que cuidarían de la obra de amor de Gertrudis y Josep, y aún de la salud de ellos.
Acaria comentó a Jurys lo sucedido con Gertrudis, y ambos decidieron que debían ir a visitarla y de ser posible quedarse con ella.
Gertrudis comenzó a hablar a todo el pueblo de la buena nueva de esos jóvenes llenos de amor.
Lunes 12 de febrero: El día de su llegaba todo el pueblo fue a recibirlos pero Gertrudis no estaba entre ellos, pero ya habían sido comunicados sobre su estado de salud, por eso y su cariño, se sintieron comprometidos a venir.
Jurys agradeció la bienvenida y junto a Acaria y sus dos niños fueron directamente a casa donde Gertrudis los aguardaba con un sabroso refresco de granadina recién preparado. Su anciana testarudez hizo desobedecer al médico quien le había recomendado guardar reposo absoluto después de haber sufrido su 3 descompensación en el mes. Pero ella insistía en ir a los jardines acordándose de los muñecos y las siemprevivas.
-¡Los Santos, los Santos!- casi a gritos los recordaba puntualmente casa por casa, nombre por nombre de familia.
Acaria decidió junto a Máximo su hijo mayor seguir el trabajo de Josep y Gertrudis, no sin antes recibir una recomendación de ella –No permitan que ellos los ayuden mientras estén haciendo esta obra de amor-.
Sábado 26 de abril: Era la 10ª hora del día, unos minutos antes de la merienda Gertrudis llama a todos a su habitación y como señal o premonición de su despedida comienza diciendo lo siguiente:
-Jurys: nunca desmayen en este afán pon tus manos sobre la buena obra. Acaria: sé siempre idónea ayuda para tu esposo y maestra perfecta para tus hijos. Máximo: acompaña a tus padres con obediencia y amor.
La obra de amor siempre es premiada. Nunca el sembrador pone la mano en el arado para abandonarlo por el hastío del calor, él sabe que con el tiempo el fruto aparece.
Sé que el pueblo se queja por los ruidos que oyen salir del fondo, para ellos son extraños pero para nosotros ellos son el comienzo de cada obra de amor. –Pronto nacerá el primogénito de los Saguier, será necesario un nuevo “SANTO”.
Hijos: no se rindan en este afán, Dios los premiará, por lo que a mí respecta, me voy en paz sabiendo que la obra del carpintero Galileo quedó en buenas manos-.
Martes 8 de mayo: Gertrudis mira por última vez el otro lado de la ventana y ve un hombre serruchando una madera, para ella es el carpintero Galileo, fue así que cerró sus ojos en paz.
Pero para mí, ese hombre era Jurys, mi padre, quien me puso por nombre Ismael y de chico me enseñó a serruchar y trabajar la madera para hacer obras de amor.
Ahora los dejo, debo irme a entregar mi primer SANTO.


Juan Ricardo Sagardía
SANTOAMOR
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