lunes, 7 de abril de 2008

Juan Arabia: 2 poemas


Develar

Develarle al hombre,

Que los ángeles no están en el cielo,

Sino debajo, en lo más profundo de la tierra.

Develarle también,

Que ya ha experimentado la eternidad y la muerte;

Y que todo es posible,

Mientras exista la convicción y el argumento.

Develarle que un pez en el agua,

Vale tanto como un ave en el cielo,

Y como un niño que camina, solo e indefenso.

Develarle que beber vino,

No es sino anhelar nuevas cosas;

Que el sapo y el lagarto le huyen,

Pero no lo respetan.

Que el cielo es celeste,

Aunque solo eventualmente.

Que su sombra no es sino el reflejo adverso de su alma.

Develarle al hombre que aquél que lo comprende,

Se transforma en su amo;

Y que los Evangelios Apócrifos,

Son tan falsos como la verdad y la mentira.

Develarle que en la ciudad,

Se aleja insistentemente de sí mismo;

Y que aquél a quien más teme, es sólo a él y nadie más.

Develarle que el mar,

Será un sinónimo de literatura;

Y que un ejemplo,

No es sino que una metáfora cotidiana.

Develarle que Schopenhauer

Inmortalizó al universo en veinticinco años;

Y que extrañar,

Es la forma más desinteresada de querer.

Develarle al hombre que no hay viaje más grato que el del tren,

Y que la mañana es la primer y última puerta del día.

Develarle también que aquello de lo que escapa,

No se encuentra en su camino;

Y que sus pensamientos,

Son solo una vaga e inútil extensión de lo que siente.

Develarle que una poesía crea,

que una ley destruye,

Y que lo único que permanece en la quietud es su mirada.

Develarle al hombre, de una vez por todas,

que si una mujer no lo salvó







Un mismo Viaje

a M.



Has cambiado y eres de nuevo poesía;

aunque sigues siendo campo de maíz y soja.

Esquina de la repetición, y que nadie habita;

Planea mi muerte en la noche,

Esbozando un alma que vuela sobre las innumerables estrellas.

Has cambiado y eres misterio;

No puedo develarte, y por eso te escribo.

Un joven alto con sonrisa y movimientos de niño,

Es burlado por los demás:

No tiene esperanzas, pero es feliz.

Y aunque el hambre lo persiga,

Alimenta a una legión de pequeños perros.

Nadie le cree una palabra:

Aunque describe a un cristo de cabello ondulado,

Y a un Lucifer bello y de ojos claros.

(Son sus hermanos)

Has cambiado y eres de nuevo poesía;

Lugar que tanto extraño noche y día.

¿Por qué insistes en reaparecer?

Eres la cara y el cabello de una mujer que he besado,

Su sonrisa en la oscuridad eran mis ojos.

Todo lo he perdido, en la distancia;

Y por esos sigues cambiando.

¿Podrás dejarme al menos un verso feliz?

Fue demasiada tu alegría;

Debería haberte también sufrido allí.

¿Eres capaz de olvidarme calle de tierra que tanto amé?

¿Eres capaz, demonio del pueblo, de no incluirme en tus desdichas?

Aquí no hay guitarras, ni mates, ni vino;

Solo el libro que he vuelto a releer.

Te he conocido, vida,

Te he conocido, muerte.

He trepado hacia la montaña para contemplar esa nube gris que todo lo cubre.

Azar, repetición: fui parte de mi propia desventura.

Percibí mi cuerpo desde lo alto y lloré;

Perdía hacia el final de mi estadía;

Perdía también en mi regreso.

Has cambiado y eres de nuevo poesía;

Unas manos me sujetaban al fin, cuando me marché.



Mientras tanto duermo, horas y horas,

Sueño esta pesadilla que escribo para no olvidarla;

Para retenerla un poco más.

Has cambiado y eres de nuevo poesía;

Y pronto cambiarás,

y cambiarás, y cambiarás…


Juan Arabia
Director de la Revista Literaria "Megafón"
juanarabia@hotmail.com