domingo, 20 de abril de 2008

Un cuento de Silvia Loustau


Fuga en tres tiempos (*)


“En la madrugada de hoy se

produjo una fuga masiva

de jóvenes en el Instituto

penal…..Uno de ellos resultó

muerto. Dos de ellos se

encuentran prófugos…"

Diario Crónica







Tiempo uno

Claro, ahora caigo, yo este año lo empecé con la mishiadura encima.El 27 de diciembre me dio la viaraza con atraso. A la hora de la siesta pedí permiso para ir a trabajar al taller. Hacía cerámica...Claro que me lo dieron, se venía el fin de año y en el Hogar Modelo lo festejábamos con tutti. Nosotros preparábamos regalos y esa cosa, bueno, como debe ser en una casa de verdad ¿no? pero en ves de la cerámica me tomé el spiante.

Hice dedo hasta florida. Ahí estaba a salvo. Ver a Pedro y pedir un aguantadero por unos días.

Me dieron una casita no muy roña, se notaba que los cosos la usarían como bulín. Estaba solo. Llegó el 31…Bueno, solo, solo no, había una yunta de perros .Juguetones, cariñosos.¡Pucha! me acuerdo como si fuese ahora. Era el 31 a la noche. Yo miraba las agujas del reloj, parecían que corrían para encimarse en el 12. Solo los perros y yo. Y la radio prendida con el blablabla de la noche de paz, y la mesa familiar y el amor .Digo yo ¿y de nosotros se olvidan siempre, o esa fechas no entran en nuestro almanaque?

Cuando empezaron cuando empezaron a sonar las sirenas, a llenarse el cielo de luces, salí al patio, los perros siempre atrás mío, con cara de querer hablarme... ¡Pobres bichos! Igualito que si entendieran. No sé porque salí a mirar las estrellas altas, las luces de las cañitas voladoras, las voces de otras casas…algo se me atragantaba en la garganta, y bueno, me abracé a los perros, les dije:

_ “ Se terminó el año”,para que iba a macanearles diciendo:

_ “feliz año nuevo…”.

Después me hice un sanguche de salame, era todo lo que había, con otro para los perro, y menos de media tetra de vino blanco. Está clarito el año lo empecé con la mishiadura encima.

No, a lo mejor la empecé con la mala en cuanto la vieja me parió. Yo fui el último, “El Cabezón” me llamaban. Las tres anteriores fueron hembras. No se nada de ellas. Una está en un reformatorio. ¡La va a reformar a esa! ¡Cacho de atorranta!, que cuando la vieja se iba a fregar por ahí la Tita se traía los puntos a casa .Dale, que dale. Y a mi me dejaba afuera. algunos largaban un guita:


_ Andá pibe comprate lo que quieras.

La Kelo y la Marisa se rajaron cuando yo era muy chico. Parece que el viejo las zurraba cuando volvían de yirar y no querían largar un mango.

Y yo llegué acá donde estoy, esperando al juez de menores ( debe ser como la quinta vez que nos vamos a ver la jeta), despacito nomás, como se llega a cualquier lado en la vida. Unos llegan a tener biyuya. Otros más o menos. Para esos valen los colorados en el almanaque. Las fiestas o el amor. Otros llegan a delincuentes…bueno, yo no maté a nadie…pero llegamos a andar rajando, siempre rajando y nunca sabemos donde vamos frenar la máquina.

Empecé despacito. El viejo me mandó a lustra tamangos en Retiro. Como no tenía edad me sacaron a los empujones. Se la masculló bien y me encontré vendiendo diarios en el Once. Un día me afanaron la guita que había cobrado. ¿A quién me iba a quejar? ¿A Gardel? En casa (¿esas cuatro latas era una casa?), el jovie me pegó tal marimba que mamá gritaba que me largara .Sí, largó, pero empezó con ella, cuando se cansó la tiró al suelo y ahí nomás se la metió con todo. Esa noche me escapé.

Caminé. Anduve por el centro como un calavera. Tenía siete años. Dormí en un banco de la Plaza Francia. A la madrugada me despertó un cana. En la comisaría dije ni nombre, pero les macanie, les hice creer que me había olvidado donde vivía.

Me dieron un mate cocido y una factura, ¡yo tenía una rosca! Después me dejaron dormir en el catre de un oficial de guardia…me acuerdo que tocaba la frazada y pensaba:

_ Oia, es la primera ves que toco una cosa de estas tan nueva y suavecita…”.

Al mediodía yo seguía con el macaneo. Me dieron algo de morfi. Charle con algún cana. Así pasaron dos días. al tercero llego el juez con una cosa que era la asistente social …(ahora ya me conozco bien todos esos chamuyos de la asistente, la psicóloga..).

Me e encerraron con la tipa en una pieza. Me hizo dibujar

palitos, a mi familia .Me charlaba. En una de esa se apioló que yo chapaba mal el lápiz.

_ ¿A qué escuela vas?

_ A ninguna…

_ ¿ T enés siete años, no ´?


-_Sí.

_ ¿Cuándo cumplís los ocho ¨?

_ No sé.

_ ¿No sabes cuando es tu cumpleaños…¨?

¡Ja! Cumpleaños. Se me ocurre que eso viene en colorado en el almanaque de cada uno. En el mío no existía. Además en esa época no sabía ni cuantos días tenía la semana. Al fin de mucho charlar la señorita esa se dio cuenta que yo me las tiraba de olvidado. En una de esas me deschavé, tuve tal jabón que empecé a llorar (pero esta vez de verdad) que no quería volver a casa.

Me llevaron a un asilo-escuela o algo así. Éramos un montón. Yo la pasaba bien. Las monjas nos daban de lastrar. A la mañana teníamos clase. A la tarde hacíamos quinta o carpintería.

A la noche rezábamos. Le dábamos gracias a Dios. Una noche uno de los grandes empezó a los gritos:

- Basta cuervo negro, basta, no le des más gracias a ese Dios .Gracias de qué, de qué, de qué ¨?”.Lloraba y gritaba como loco. En ese momento no entendí mucho, si yo lo estaba pasando como nunca. Ahorráis lo entiendo: Eso se llama hambre de calle, de cielo, de horas sin campana marcando cada paso. Se tiene miedo de no saber cuando termina la cosa. Miedo a la libertad (aunque le tengas unas ganas bárbaras). Miedo a uno mismo.

A los dos meses cayó el viejo, con cara de “perdón-hijo-nunca- más”.Eso se lo creyó el juez, las monjas, la asistente y Mongo Aurelio, yo no.


Tiempo Dos

Al año se spiantó la vieja, stufada de las curdas y las biabas, parece que encontró un choma que la tenia mejor. Hizo bien.

El viejo se pasó tres días tirados borrachos. Vino va. Vomito viene. Al cuarto rajé yo. Sin minga de guita, fui derechito a Retiro. Ahí había unos ñatos conocidos. Más grandes que yo. Aprendí a afanar paquetes a señoras distraídas. Algo de comida en los puestos. Manguear en la cola de los taxis.

Hasta que una noche otra vez en gayola. Lo buscaron al jovie, había desparecido del mapa. De nuevo el peloteo juez-asistente-psicóloga-psicóloga asistente-juez. Fin de la partida dos años en el Asilo-Escuela.

No me vinieron mal. Hice hasta cuarto grado. Aprendí bien carpintería. Los informes sobre mi conducta eran buenos. Y como todo lo bueno se termina, cumplí 13 años. Tenía que abandonar el Asilo-Escuela. ¿Dónde ir, sino tenia perro que me ladrara ´?

El juez apalabró al carpintero, que trabajaba para las monjas. Que me tuviera unos meses. Hasta ver donde me ubicaban. Es feo, che, sentirse una cosa que no cabe en ningún aparador porque ya están todos llenos .Empecé a trabajar. Cada fin de semana tenía unos pocos mangos el bolsillo.

Don Pedro, el carpintero, era viudo, lo servía una piba de unos 18 años. Estaba bien la naifa. Empezamos a charlar de a poquito. Yo de mujeres ni cinco. Cuando se avivó se apareció una noche en mi cuchitril. En unos meses era un maestro del amasijo. Así anduvimos. Hasta que se apioló el yoyega. Grito. Llamó al juez. habló, habló, habló. De violación. De virginidad. Hijo de su madre, que también el se pasaba a la piba cuando el coso le funcionaba.

Se terminaron los Asilo- Escuela, las monjas y el dulce de leche. Ahora sí a un reformatorio. Gris .Oscuro Húmedo.


Tiempo tres

Hogar reformatorio Carlos Calvo. Casi una manzana de ventanas enrejadas, de patio cuadrado con poco sol. Con un director que quería ser persona pero no le salía: Un montón de “ instructores”, esa es la palabra fina, son lo mismo que carceleros.

Los tipos que ya eran viejos ahí tenían su grupo. Yo no, me sentía como mosca en la leche. Hasta que se corrió la bolilla del por qué de mi encierro .Por una mina: enseguida entre en grupo: Todos preguntaban. Y yo agrandaba la pelota. Brad Pitt a mi lado era una mierdita. Ahí estuve tres años: terminé la primaria, seguí con loa carpintería.

De vez en cuando se armaba alguna. Trataba de no meterme. Quería salir de ahí, sí. Pero salir en serio.

Aprendí lo que puede pasarle a uno escuchando la historia de los demás. Aprendí a cuidarme la espalda, nunca falta algún revirado. Y en el baño aprendí a cuidarme el culo.

Un día llegó la orden: Por buena conducta me pasaban al Hogar- Modelo. Cuando lo vi no podía creerlo. sí la libertad existía, estaba un poco allí. El “ dire” un fenómeno. No había “vigilantes”. Cada uno trabajaba en lo que servía o le gustaba. Fue donde empecé con la cerámica.

Un año más y estaría afuera. AFUERA que palabra llena de aire, de azul, de nubes diferentes.

Una Noche en el baño me encontré con el negro Apreda. Enseguida escondió algo. Como empecé a joderlo largó prenda, estaba preparando un suncho con un cacho del elástico su cama. ¿Un suncho ahí? ¿ Para qué?

Quiero irme, hermano, no aguanto más…
Pero loco, si en menos de seis meses estamos afuera con todos los papeles en regla…ademas un suncho acá…
¡Los papeles en regla ya sabes por donde me los paso! El suncho por las dudas. Además afuera me espera un negoción.
Me fui a la cama. No pude pegar un ojo. No podía denunciarlo. Por que si no me la daban ahí mismo, me la darían cuando saliera.

Mientras trabajábamos en el taller el Negro, con disimulo, me contó todo, era una forma de tenerme de cómplice, de que no batiera niente. Encima me dio los datos para poder encontrarlo, siempre que fuera antes del 3 de enero.

_ Mirá, che, si la cosa sale, y es seguro, quedamos hechos para toda la cosecha.

El Negro se escapó una madrugada. Junto a mi cama encontré un paquete chico, había un suncho y una nota:” Por si te animás”. No dije nada y lo guardé dentro del colchón.

El balero empezó a trabajarme. Una pelea entre el Si y el No. Una pelea de contar días. Por eso dije al principio que me dio la biaraza con atraso .Al Negro lo encontré. Pero la cosa no se dio. Un asalto a una cooperativa de crédito. No se cuantos millones. Nos pescaron a todos. Hubo un tira muerto.

Por primera vez siento tanta vergüenza, Tanta. Por el “ dire” del Hogar que me tenía confianza, por todos los que me la tuvieron.

Ganas de gritar: ¿POR QUÉ?, ¿POR QUÉ?, ¿POR QUÉ? y putear hasta reventarme. Entra un cana y me avisa que el Negro se tiró del sexto piso del Juzgado. No puedo a.C. señor, no puedo más. ¿Por qué no nos hicieron fuertes? ¿Por qué nos dieron manos capaces de ser asesinas, débiles, ladronas ¨? ¿Por qué señor esta injusticia? ¿Por qué yo que se dónde están los justos? Ya no se nada. Pero el Negro se reventó contra el pavimento. Quizá es mejor. Ahora es libre. Si, libre para siempre.

¿Y yo señor, cuánto más entre rejas por tener hambre de libertad¨? ¿Cuánto más aguantando las ganas de ser hombre, de amar, de correr por una calle por que sí, no porque me persiga un tira?

No puedo más señor, no puedo más. ¿De quién es la culpa seños ¨?

Usted que tiene colorados en el almanaque, debe saberlo, dígamelo entonces... pero ya es tarde, me llaman a declarar.




Silvia Loustau
syllous@yahoo.com.ar
http://www.silvialoustau.blogspot.com/
Extraído de: "Artesanías Literarias" - http://www.artesanias.argentina.co.il/

(*)Este Cuento recibió el Primer Premio del Centro Editor de América Latina, siendo David Viñas uno de los integrantes del Jurado.