domingo, 18 de mayo de 2008

Hugo Presman: Martín y Segundo




El conflicto agropecuario a través de la literatura:
MARTÍN Y SEGUNDO

Por Hugo Presman

Martín Fierro se llamó así en homenaje a Martín Miguel de Güemes. Segundo Sombra por un paisano con ese nombre y apellido Ramírez. Martín fue perseguido y junto a su amigo Cruz partieron hacia las tolderías evitando ser reclutado para luchas antipopulares. Sabemos de Segundo a través suyo y del relato de su ahijado Fabio Cáceres. Este es un chico abandonado por su padre que se aloja en casa de sus tías. Huyó de ellas y se emplea como peón, bajo la protección de Don Segundo. Hacia el final recibe una considerable herencia de su padre. Martín antes de huir para exiliarse con los indios cuenta parte de su vida. Y sepan cuantos escuchan/de mis penas el relato/que nunca peleo ni mato/sino por necesidá/y que a tanta alversidá/sólo me arrojó el mal trato./

Y atiendan la relación/que hace un gaucho perseguido,/que padre y marido ha sido/empeñoso y diligente,/ y sin embargo la gente/lo tiene por un bandido

El relato en Segundo es pulcro, moroso, poniendo distancia con quién lo lee. Es un gaucho curtido, una especie de padrino del peón Fabio.

Martín añora la época rosista.

Recuerdo !qué maravilla!/cómo andaba la gauchada/ siempre alegre y bien montada/y dispuesta pa el trabajo.../pero hoy en día...!barajo!/no se la ve de aporriada./
El gaucho más infeliz/Tenía tropilla de un pelo,/no le faltaba un consuelo
y andaba la gente lista.../teniendo al campo la vista,/solo vía hacienda y cielo.

Estaba el gaucho en su pago/con toda siguridá,/pero aura... !barbaridá!,/la cosa anda tan

fruncida,/que gasta el pobre la vida/ en juir de la autoridá.

Martín padeció la "civilización" de Sarmiento y Mitre. No aceptó participar de la criminal guerra de la Triple Alianza.

Segundo transformó en cinco años al adolescente Fabio en un hombre. Alguien útil para el trabajo en el campo.

Martín cuenta sus desventuras en versos:

Pues si usté pisa en su rancho/y si el alcalde lo sabe,/ lo caza lo mesmo que ave/aunque su mujer aborte..../ ¡No hay tiempo que no se acabe/ni tiento que no se corte!

Y al punto dése por muerto/si el alcalde lo bolea,/pues ahí nomás se le apea/con una felpa de palos;/y después dicen que es malo/el gaucho si los pelea.

Y el lomo le hinchan a golpes,/ y le rompen la cabeza,/y luego con ligereza,/ansí lastimao y todo,/lo amarran codo a codo/y pa el cepo lo enderiezan./Ahí comienzan sus desgracias,/ahí principia el pericón,/porque ya no hay salvación,/y que usté quiera o no quiera,/lo mandan a la frontera/o lo echan a un batallón.

Ansí empezaron mis males/lo mesmo que los de tantos;/si gustan... en otros cantos/les diré lo que he sufrido:/después que uno está... perdido/no lo salvan ni los santos.

Cuando el relato llega a sus páginas finales, Fabio Cáceres rememora su tránsito de peón a patrón al recibir una herencia. Nunca olvida lo que Segundo ha significado en su vida. Éste pasa a ser el emblema del gaucho bueno. Martín es el rebelde que hay que desterrar o matar.

JOSÉ Y RICARDO

José Hernández nació en el 10 de noviembre de 1834 en la Chacra de Pueyrredón. Su padre fue capataz en las estancias de Rosas. Ricardo Gûiraldes nació en 1886 y era hijo de una familia muy rica. Un año después sus padres se radicaron en París. José tuvo activa participación política. Fue adversario de Sarmiento y Mitre y varias veces conoció el exilio. Participó en Cepeda y Pavón y fue parte de la rebelión de López Jordán que finalizó en 1871 con la derrota y Hernández huyendo al Brasil. Ricardo solía transitar desde la estancia paterna La Porteña en San Antonio de Areco, a las amplias avenidas de París. José escribió al conocer el asesinato Ángel Vicente Peñaloza "El Chacho": " Los salvajes unitarios están de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de unos de los caudillos más prestigiosos, más generosos y valientes que ha tenido la República Argentina. El partido federal tiene un nuevo mártir. El partido unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horribles crímenes. El general Peñaloza ha sido degollado".

Ricardo Güiraldes publicará Don Segundo Sombra en 1926. José Hernández dio a conocer Martín Fierro en 1872, en el diario La República , en forma de entregas periódicas. Muere un año después de la aparición de su obra principal. José Hernández publica "La vuelta de Martín Fierro" en 1879 y muere siete años más tarde siendo sus últimas palabras "Buenos Aires, Buenos Aires".

Jorge Abelardo Ramos en "Crisis y resurrección de la literatura argentina" publicado en 1954, escribió: "El Martín Fierro de José Hernández nació directamente de la indignación popular no solo ante el exterminio de los gobiernos federales del interior argentino sino también por naturaleza funesta de la Guerra del Paraguay impuesta por la oligarquía porteña en su calidad de procónsul del capital británico"

LOS DESCENDIENTES DE MARTÍN Y SEGUNDO

Hernández y Güiraldes representan dos visiones diferentes del mundo agropecuario. La del peón y la de aquel que se convierte en dueño. ¿En que lugar los encontraría el actual conflicto entre el gobierno y algunas entidades representativas del campo?

Hagamos un ejercicio de imaginación.

Los descendientes de Martín vivieron en el campo sin derechos hasta que el estatuto del Peón de Campo lo convirtió en asalariado rural. Es posible que atraído por el desarrollo industrial se hubiera mudado a Buenos Aires y convertido en obrero industrial. Adhirió al peronismo y transmitió a sus siete hijos que tuvo con Rosa, la adoración por Evita. Su compañera había pegado un enorme salto cualitativo al pasar de empleada de familia llamada peyorativamente doméstica, a obrera textil. Algunos de sus hijos participaron de la resistencia peronista, algunos desparecieron bajo el terrorismo de estado, y en la década del noventa quedaron desocupados cuando cerraron muchas fábricas. Los descendientes de Fabio acrecentaron las hectáreas, son religiosos de misa diaria, casaron con muchachas en buena posición, se hicieron socios de la Sociedad Rural , leen como un rito La Nación y escriben cartas frecuentemente al diario. Miraron con simpatía algunos de los golpes y sintieron algo cercano a la felicidad cuando el presidente Juan Carlos Onganía ingresó en carroza a la fiesta anual de la Rural. Consideraron a Alfredo Martínez de Hoz alguien de su propio riñón. Sienten un malestar profundo por todo lo que huela, antes a peronismo y ahora a populismo. Sembraron soja y alientan ahora activamente los cortes de rutas.

Hubo un momento histórico en que los descendientes de Fabio y Segundo y tal vez los de Martín coincidieron.

Fue durante el menemismo. Unos por convicción ideológica y el otro por la presión enorme de la propaganda neoliberal . Ambos fueron beneficiados y luego víctimas de ese apoyo.

Si algunos de los descendientes de Segundo continua en el campo, es posible que apoye silenciosamente a los bisnietos de Fabio. En cambio el de Martín en la ciudad, cuando quedó desocupado y cortaba calles con sus compañeros, recuerda que los medios los consideraban delincuentes. Ve con asombro que los amigos menos favorecidos de los descendientes de Fabio actúan como vistas de aduanas y son considerados luchadores que se alzan contra la alegada prepotencia gubernamental. Que cuando recorría los barrios manifestando para obtener un trabajo o un Plan Jefes y Jefas de Hogar le decían que era un negro de mierda, que tenía que ir a laburar y que obstaculizaba el derecho a transitar de los ciudadanos que pagan todos los impuestos y que por su culpa llegaban tarde al trabajo o a cualquier otra parte.

Dos visiones diferentes para hechos parecidos. Las mismas que separan a Martín de Fabio.

A Martín de Segundo. Las que reflejaron desde distintos lugares José Hernández y Ricardo Güiraldes.

Desde la ciudad puerto y de otros importantes núcleos urbanos la mayoría mira el conflicto llevando virtualmente bajo el brazo a Don Segundo Sombra. Ahí conviven algunas razones y una perspectiva muy sesgada y parcial del país.

Algunos estudiantes universitarios, hijo de chacareros tal vez sueñen con una imposible unión de Monsanto con el Che Guevara.

Otros, aplastados por la vocinglería mediática y urbana, dejaron el Martín Fierro en la biblioteca. Tal vez haya que esperar la vuelta. Recordando aquello que escribió José Hernández en su obra máxima: "El tiempo es sólo tardanza de lo que está por venir"

13-05-2008
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