lunes, 22 de marzo de 2010

Teatro: Marathon, de Villanueva Cosse



MARATHON
Autor: Ricardo Monti. Dirección: Villanueva Cosse. Intérpretes:
Pompeyo Audivert, Montenegro, Pepe Novoa, María Fiorentino, Martín
Slipak, Irene Goldszer, Sebastián Richard, Verónica Cosse, Iván
Moschner, Iride Mockert, Luis Campos, Patricia Durán, Lucía Rosso y
Marcelo Fiorentino. Música original y musicalización: Carmen Baliero.
Coreografía: Camila Villamil. Diseño de iluminación: José Luis
Fiorruccio. Diseño de vestuario: Daniela Taina. Diseño de escenografía
y multimedia: Tito Egurza. Sala María Guerrero del Teatro Nacional
Cervantes, Libertad 815. Jueves, viernes y sábado a las 21 horas,
domingo a las 20.30.

Por Germán Cáceres

La escena se desarrolla en un salón de baile, en el cual las parejas
sostienen una prueba de resistencia cuyo premio es una sorpresa. Los
bailarines llevan ya varios días soportando esa ciclópea gesta y están
muy agotados. El espectáculo está a cargo de un verborrágico y
prepotente animador (Pompeyo Audivert), acompañado por un irresoluto
guardaespaldas (Montenegro), que cae fácilmente en la agresión
desmedida.

Pero en la obra de Ricardo Monti (responsable de cumbres como Visita,
Una noche con el señor Magnus e hijos, La oscuridad de la razón, La
cortina de abalorios, Una pasión sudamericana), aletean una
profundidad metafísica y referencias a la historia argentina. Así,
estos perdedores que no cesan de bailar, se obsesionan con la finitud
de sus vidas y las limitaciones (sudores, fatiga, necesidades
fisiológicas, hedores, sensaciones de asco) que anuncian la
irremediable muerte (tal vez constituya el premio de ese certamen: el
descanso final como recompensa a tanto esfuerzo).Y se evoca la Primera
Fundación de Pedro de Mendoza —que tuvo como propósito convertirnos en
colonia—, El matadero, de Echeverría — de paso se alude al nacimiento
de la oligarquía—, y las dictaduras fascistas que bañaron de sangre al
país.

Villanueva Cosse profundizó Marathon en todos sus repliegues para
ofrecer una versión reflexiva y de alto vuelo, que comienza por
destacar el bello texto de Ricardo Monti. Además, están la poética
iluminación de José Luis Fiorruccio y la escenografía de Tito Egurza,
cuya fluctuación entre la austeridad y los sugestivos efectos
plásticos de la multimedia otorgan a la puesta un sesgo onírico; la
música de Carmen Baliero (incluye tango, mambo, pop) que acompaña la
coreografía de Camila Villamil; y el imaginativo vestuario de Daniela
Taina. El equipo actoral se muestra impecable, de calidad homogénea,
perfecta dicción y ágiles movimientos corporales, a la vez que desliza
convincentes notas de humor.

Hay una mirada escéptica y desoladora en la dramaturgia de Monti:
estos personajes no emergerán de su frustración ni concretarán sus
ensueños, están encerrados en la monotonía del baile (giran y giran
como los de La ronda, 1950, de Max Ophuls), dando la impresión de que
ese salón no tuviera salida y fuera nada menos que una versión del
infierno tan temido.

La pieza que fue estrenada en 1980 para el circuito off adquiere en
esta sala María Guerrero una dimensión más totalizadora y emblemática,
que posibilita múltiples lecturas: una de ellas es que tal vez en esta
dura existencia sea imposible superar conflictos o concretar mínimos
objetivos y, por tanto, nuestra esperanza deba limitarse a soñar con
un mundo más justo o, en última instancia, acudir a lo sublime a
través de la poesía, como intenta hacerlo el señor Homero Estrella
(Pepe Novoa).

Marathon está considerada una obra mayor del teatro argentino.


Germán Cáceres