domingo, 21 de febrero de 2010

Libros: Río vertebral, de Juan Armando Rojas



Por Daniel Montoly

Río vertebral/Vertebral River (Pecan Grove Press, 2009) la re-edición bilingüe de Río vertebral del poeta Juan Armando Rojas (Ciudad Juárez 1969, México) nos arrastra con ella a la deriva serpentina y, con la embriagante seducción del lenguaje, nos adentra en esa gruta al descubierto, a ese micro-mundo cósmico de la frontera México/Estados Unidos. Sin lugar a dudas la historia actual de México se gesta en esa franja fronteriza. En este libro la frontera no es meramente una barrera divisoria entre dos cosmovisiones del mundo que en diversos sentidos se contraponen; en el lingüístico, cultural, religioso, social etc. En esa parte de nuestra América la definición de “historia” suele ser más violenta y real que en ninguna otra parte del planeta, porque no pretende formularse un documento para la posteridad, no, en su definición viven e interactúan diariamente miles de seres humanos.


Río Vertebral de Rojas Joo plasma en versos un mural lingüístico, heterogéneo en su composición, pero homogéneo en su significado social y en la dimensión de lo humano. Observemos como ejemplo el poema titulado “El Puente”, donde el poeta canta para la historia lo que la misma se censura o no se atreve a revelar; la relación compleja entre ambos extremos; el Norte rico y el Sur emergente que se abre paso entre los grandes desafíos de la modernidad. En este poemario encontramos la configuración de un paisaje subjetivo sustentado en la reflexión que a los ojos foráneos podría parecer inhóspito, crudo y árido. Sin embargo, en esa belleza contraproducente -a juicio de algunos- está intrínseco un lenguaje de símbolos, donde cada elemento trasciende la dimensión que lo sostiene como forma. Y una vez se transforma en sustancia, el ser transfronterizo lo decodifica en su existencia para poder asumirse como parte íntegra de la misma y lograr el objetivo: producir un diálogo y exploración de ese espacio donde se produce la subalternidad y los sujetos se desarrollan en la hibridez y diversidad de los discursos, según propone José David Saldívar en su Border Matters. Esto fenómeno incluso sucede cada día cuando miran el sol, aspiran el aire peculiar de esa zona u observan el paisaje que testimonia el enfrentamiento de dos mundos diametralmente opuestos, que no por ello dejan de estar interconectados entre sí a través del flujo migratorio, comercial, cultural e informativo.


En el poema “El puente” el poeta traza o describe un bosquejo en tiempo real de una escena trágica que acerca al lector a la realidad sociopolítica que estremece los cimientos fundacionales de la nación mexicana como muchos años antes logró el famoso muralista mexicano, Diego Rivera, en su conocido mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.” De modo similar Juan Armando Rojas Joo numéricamente va describiendo los elementos que componen la escena para mostrarnos una totalidad que sociológicamente muestra la alienación de la sociedad transfronteriza, sumida en la disparidad de valores. Por un lado están los valores propios de la sociedad mexicana, como la religiosidad católica, el espíritu colectivo, la solidaridad, las ricas tradiciones aportadas por los pueblos originarios, la fuerte presencia del nacionalismo, entre otros. A ello se contraponen los valores de la sociedad norteamericana, como el énfasis en la individualidad, la búsqueda desenfrenada de la riqueza a toda costa, la desintegración de la familia, la pérdida de la Fe teológica para dar paso a una cristiandad de carácter sociológico y, por último, el rechazo radical a cualquier influencia de la cultura o visión de los pueblos indígenas. En estos versos del poema “El puente” podemos ver cómo el poeta pone de manifiesto esta realidad cuando escribe:


Un río

dos países

dos culturas


Con el arribo de la globalización económica y la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte; México se transformó en una especie de sótano industrial, en el cual las grandes corporaciones norteamericanas trasladaron su producción para sacar provecho de la mano de obra barata, libertad arancelaria como también de la apertura del mercado a través de las privatizaciones de parte de las empresas estatales. Lo que aceleró el empobrecimiento de amplios sectores del campesinado y el florecimiento de una violenta subcultura basada en el narcotráfico. Los versos que transcribo más abajo corroboran la presencia de este fenómeno criminal a lo largo de la frontera, incentivado por la demanda de estupefacientes en los Estados Unidos.


Cuatro por cuatro, por cuatro por cuatro

se multiplican/ las maquilas


Tres toneladas de coca confiscadas en el puente.


Dos cholos riñen por una virgen.

Uno muere.


Rio Vertebral es un poemario articulado en treinta y tres composiciones que nos brindan la voz de un poeta que alcanza la madurez de ciudadano poeta transfronterizo, como puntualizara en el prólogo del libro el crítico peruano, Julio Ortega. La poesía de Juan Armando Rojas trasciende el contexto de los lindes acostumbrados o de los encasillados fáciles, ya que su poesía apela a la universalidad del símbolo, porque, poéticamente, el desierto o la frontera no son marcos específicos en un punto determinado, sino códices que nos inducen a la meditación del hecho poético. De ahí que estamos frente a una obra cuyo mensaje es inherente a cualquier ser humano sin importar su ubicación geográfica. Esta obra ubica a Rojas entre los destacados poetas latinoamericanos del Siglo XXI, por la audacia y coraje de su discurso, la plasticidad de las imágenes, el fundamento humanista presente en sus versos, aún más, por demostrar que la poesía es la síntesis reflexiva de la aprehensión del mundo real. En otra parte del libro nos dice el poeta:


Confieso haber llegado a este santuario

A hurtar la lluvia

A disecar la noche


El poeta en su voz admite la responsabilidad del hurto que hace en el orden que guardan las cosas en ese santuario para hacer de ellas una realidad sustantiva, trascendente a la naturaleza objetiva. Toda poesía termina siendo un hurto reciclado por el filtro de la impresión, ese que el entorno proyecta en el sujeto que la testimonia. Pero la belleza sutil está en ese reconocimiento mismo que el poeta hace del hecho sacro representado por el paisaje. Él no pretende profanar el santuario, aunque termina siendo transformado por él a partir de la observación como si fuese un fenómeno cuántico.


¡Yo sé dónde se esconde este diluvio!


En este verso el poeta se nos revela como aquel que después de “saquear la realidad” se asume en ella como ente capaz de develar su naturaleza cósmica, revelando así el secreto orden del fenómeno aprehensivo, ahora transmutado en sustancia iluminadora. No es casual que haya escogido la palabra “diluvio” en medio de un desierto donde el agua no sólo representa la vida y el desafío, sino también un paradigma que, a pesar del espíritu de destrucción que simultáneamente conlleva, produce el génesis de la existencia, es decir, el elemento destructor de la materia conlleva al principio creador.


Un escenario azul se extiende por la arena.


Vemos aquí la belleza cromática y simbólica del lenguaje poético del poeta transfronterizo Juan Armando Rojas transformando al desierto en un espejo que refleja el misterio de lo desconocido, belleza que invita al lector a emprender con él ese viaje al centro del desierto, al que generalmente se teme y se asumen como un ente hostil e impredecible:


Sobre las manos tersas de la arena

Crece el árbol del monzón.


Nuevamente el poeta nos sumerge en el lenguaje visual del símbolo que trasluce la resistencia de la naturaleza ante la mirada hostil que de ella hace quien la desconfía y al que terminará salvando por su carácter redentor. Estos dos versos me remitieron a hacer un paralelismo subjetivo con una litografía del artista belga, Jean Michel Folón, donde figura la imagen de un árbol que descansa en un fondo colorista y en cuyas ramas sobresalen cientos de ojos. Río Vertebral articula dos elementos vitales para la existencia del ser humano; el río que representa el signo vital del agua, así como las vértebras, elementos que hacen alusión a la parte neuro-ósea en torno a la cual giran las funciones esenciales del cuerpo humano. Esta excelente obra poética publicada por Pecan Grove Press, San Antonio, Texas, en edición bilingüe y con una cuidadosa y esmerada traducción al inglés hecha por la poeta y crítica literaria, Jennifer Rathbun, remiten al poeta como a la traductora a las categorías de pioneros de una poesía fundamental para comprender lo complejo factores que componen el micro y macro universo, esa frontera entre Estados Unidos y México. Río vertebral es una poesía de testimonio. Este testimonio cumple con la certeza de arrebatarle al tiempo su individualidad para sobrevivir a los embates del mismo, lo que indudablemente convierte a este libro en una obra fundamental para acercarnos a la postmodernidad imaginaria, desfiladero en el cual dos mundos colindan bajo una constante ebullición socio-política. La frontera, contrario a lo dicho por Carlos Fuentes, no es “esa cicatriz,” sino la herida que aún permanece latente en los rostros comunes de ambos lados, ya sea divididos o unidos, pero siempre a través de un hecho violento, incluyendo el nacimiento del arte, o a través de “ese invento imaginario del hombre extranjero.” Como hace mucho tiempo dijera un líder Touareg, refiriéndose a la división territorial del desierto del Sahara como fruto de la colonización por parte de las potencias europeas. Los invito a nadar juntos hasta los márgenes de la poesía, de manos de uno de los poetas que sin duda se ha convertido en marco de referencia para la nueva generación de escritores.


Daniel Montoly
Delaware, Ohio a 24 de enero de 2010