domingo, 21 de febrero de 2010

Cine: Amor sin escalas, de Jason Reitman



AMOR SIN ESCALAS
(Up in the air, 2009)
Dirección: Jason Reitman. Guión: Jason Reitman y Sheldon Turner, sobre la novela de Walter Kirn. Fotografía: Eric Steelberg. Música: Rolfe Kent. Intérpretes: George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick, Jason Bateman, Tamala Jones, J.K. Simmons, Danny McBride. País: EE.UU.

Por Germán Cáceres

Recordando que Jason Reitman fue el director de Juno (2007), una audaz y simpática película sobre el aborto y la adopción, ya se podía sospechar que Amor sin escalas (así fue mal traducida) no sería una comedia romántica más con George Clooney como galán. Por otra parte, tanto éste en su papel de Ryan Bingham, como Vera Farmiga (Alex) y Anna Kendrick (Natalia), brindan un gran nivel de actuación, uno de los sólidos soportes de este interesante filme, que comienza con una magnífica presentación en la que se muestran varias tomas aéreas de ciudades de los Estados Unidos.

Pero son los filosos diálogos del guión los que ponen al desnudo dos personalidades crueles y despiadadas, como los ejecutivos Ryan y Anna, cuya tarea —a la que aman y por la que sienten orgullo— consiste en echar gente dorándole la píldora con la frasesita de que el despido debe considerarse como un paso ineludible hacia un futuro mejor. Al espectador le cuesta soportar tamaña hipocresía y la total falta de sensibilidad, como también el tremendo sufrimiento de los empleados, que de golpe se encuentran en la calle por una reorganización que intenta bajar costos desprendiéndose de quienes le dieron a la empresa lo mejor de sus vidas. Ésta es la verdadera cara del sueño americano y del capitalismo salvaje.

La otra denuncia es comprobar qué consideran esos altos funcionarios el llamado “buen vivir”. Resulta asombroso la metodología que utilizan Ryan y la bella Axel para seducirse mutuamente: despliegan tarjetas de créditos premium, se recomiendan restaurantes sofisticados, enumeran los kilómetros de vuelo que acumulan y su condición de viajeros VIP, mencionan sus marcas preferidas de ropa y de perfumes. La filosofía del más burdo consumismo ha infectado sus almas y ha llevado la frivolidad y la chatura a su máxima expresión. Es altamente esclarecedor el ejemplo que da Ryan en sus frecuentes conferencias para hombres de negocios: uno tiene que moverse en la vida con una mochila o valija liviana, y para ello hay que vaciarla de afectos y sentimientos porque pesan demasiado y entorpecen la eficiencia. Mientras, en la cruel realidad, y en el mismo año en que se produjo Amor sin escalas, la población estadounidense perdía puestos de trabajo y los grandes bancos especulativos eran ayudados por el gobierno.

Otros puntos altos lo aportan la música de Rolfe Kent, muy acorde con el espíritu y ritmo del filme, y la soberbia fotografía de Eric Steeberg.

La visita de Ryan a sus parientes con motivo del casamiento de su hermana es un hallazgo de calidez y emotividad dentro de una película nada pretenciosa que denuncia con rigor un sistema injusto que intenta erigirse en modelo para la humanidad.

Germán Cáceres