domingo, 21 de febrero de 2010

Joan Mateu: 3 breves



Imagen: www.dominioceleste.blogspot.com/

Las gotas

Empezaron a corretear por aquella superficie lisa y transparente haciéndose un poco más grandes.

Estaban en la parte superior de aquel cristal empañado muy cerca la una de la otra. Se miraron y casi al unísono empezaron una carrera por la superficie lisa deslizándose hacia la parte inferior de la ventana. Jocosamente se cruzaban y las estelas que dejaban conformaban un dibujo que parecía un corazón.
Las dos gotas se amaban desde hacía más de un cuarto de hora, cuando empezaron a formarse por el contraste entre el frío de la calle y el calor de la habitación.

Súbitamente se separaron, cada una hacia un costado, pareciendo que no se iban a encontrar más, pero con un rápido giro volvieron al centro y se unieron en una sola, justo en el momento que llegaban a la parte inferior.

Su vida fue efímera pero tan intensa que no se hubieran cambiado nunca por aquel señor que, dentro de la habitación, contaba monedas de oro, tan abundantes como su soledad.




Jack


Desnudo de cintura para arriba y sentado en la camilla del consultorio, miraba al médico que me observaba visiblemente desconcertado.

- ¿Qué quiere que le haga? - dijo mirándome a través de una gafas de montura de pasta.
- Tiene usted que operarme. No puedo seguir así - dije con voz nerviosa.
- Pero, por favor, ¿de qué quiere que le opere?
- Debe usted extirparme el Jack lo antes posible.
- Pero... es que no entiendo.
- Doctor, la operación es urgente. Se está apoderando de mí. Debe usted operarme de urgencia, porque si tardamos no habrá solución y todo se repetirá.

El médico me miró como si estuviera loco, no entendiendo nada de lo que le decía. Suspiró y dando media vuelta se dirigió a su mesa.
Vi claramente que no iba a ayudarme y mi indignación creció. Mientras estaba de espaldas a mi, la cara me fue cambiando, mis facciones se fueron endureciendo y mi odio creció. Tomando un bisturí de la bandeja del instrumental, Jack, que ya se había apoderado de mí, lo destripó.




El príncipe hechizado


Aa pesaar de ser el gaallaardo Príncipe aazul, y laas mozaas me aalaabaan por mi bellezaa, todo el reino se ríe de mi.
Mis paadres nuncaa teníaan que haaber discutido con el Haadaa Maadrinaa, pero haay que reconocer taambién que hechizaarme paaraa que repitiera laa AA no tiene ni pizcaa de graaciaa.