domingo, 22 de abril de 2007

Mónica Russomanno: Hoy aquí

Ya tuve y tengo mucha tragedia. La tragedia crece en la noche, se alimenta de sollozos, busca rincones para sorprendernos, se agazapa detrás de muebles de madera que crujen en la soledad de la ciudad sin ruidos.
La ahuyento con carcajadas, con un vino descorchado festivamente, con la música que estremece y llora gozosa. Hago que huya la tragedia con sus trapos raídos, con sus conversaciones circulares y sus dolores de estómago.
Le grito a la cara, me le río, me saco sangre de felicidad para que no me atrape.
Hago que la tragedia meta en la bolsa los espantos, que se vaya por debajo de la puerta. Que se vaya.
No me le dejo. Me escabullo en paisajes de Van Gogh alucinados en pinceladas vibrantes, corro por los pasillos con la falda volante, grito bichitos de luz, escupo salamandras que escalan las paredes con rastros ígneos.
Como alfajores de chocolate y los mezclo con lágrimas para que las endulce. Desparramo el miedo para que no sea tan denso y se disipe como el humo de los cigarrillos.
Me miro en el espejo y me regalo una dos muchas sonrisas que empiezan siendo mentira y terminan siendo verdades.
Me recuesto en la calidez de quienes me quieren bien, me admiro de quienes me quieren bien y reconozco con alivio, con felicidad que bien los quiero.
Abrazo al mundo para abrazarme en medio de la caterva de objetos seres e historias. Me miro en perspectiva para tener lástima de una historia tan pequeña, para maravillarme de ser un ser entre los seres, para comprender la pequeñez e inmensidad de cada uno y cada cual.
Descubro que la tragedia le ocurre a quienes están vivos. Beso la vida y me voy a dormir acostada sobre la sábana fresca y tibia de este nuestro mundo.

Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com