domingo, 1 de abril de 2007

minitextos de Cristina Villanueva

Hermosa marcha, dijo él. Cansado se acostó en un edredón de sueños, al que a veces se le volaban las plumas. La buscó entre los sueños deshechos y los por rehacerse. Tenía la energía de la lucha todavía .Se envolvió en ella se entibió en ella se arraigó en ella. La realidad a veces era muy insoportable. Ella muy desbordante de colinas, de suavidades, de calideces, tenía los ojos cansados de su propia mirada al sesgo pero lo acariciaba con las pestañas, lo llamaba con dos florcitas rojas que prometían. Ella lo acunó para sacarle el cansancio la rutina, ciertos grises, ciertas heridas del tiempo, después se quedó quieta, esperándolo.

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Despechada


Le costaba admitirlo porque nunca fue rencorosa,era cierto estabadespechada.Después de la ruptura se le habían quedado los pechos en la bocay las manos de él.Tenía que ver cómo hacer para que volvieran.El alma sinellos que la cobijaban quedaba demasiado expuesta.

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AGUA QUE CAE


El agua suena multitudinaria,

des –perfecta
va y viene,

El des-perfecto,
la constante otredad
su espacio móvil,
hace perfecta una música posible.


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En cuanto a lo de la farolera me alegra haber llegado a la verdadera historia, pues había comentarios en el sentido de que precisamente haberse enamorado de un coronel, constituía el "diebus illi" de su tropezón. Pero por suerte todo fue aclarado y terminó mejor.

Buenos sueños.


Cristina Villanueva
pluma@velocom.com.ar