domingo, 4 de febrero de 2007

Homenaje a Osvaldo Soriano

Para homenajear a Osvaldo Soriano hemos seleccionado estos textos: un cuento de Eduardo Galeano y la carta de Osvaldo Bayer leída en la Chacarita al cumplirse 10 años de su muerte.


Por Eduardo Galeano (*)
En uno de sus cuentos, Soriano imaginó un partido de fútbol en algún pueblito perdido en la Patagonia. Al equipo local, nunca nadie le había metido un gol en su cancha. Semejante agravio estaba prohibido, bajo pena de horca o tremenda paliza. En el cuento, el equipo visitante evitaba la tentación durante todo el partido; pero al final el delantero centro quedaba solo frente al arquero y no tenía más remedio que pasarle la pelota entre las piernas.
Diez años después, cuando Soriano llegó al aeropuerto de Neuquén, un desconocido lo estrujó en un abrazo y lo alzó con valija y todo:
–¡Gol, no! ¡Golazo! –gritó–. ¡Te estoy viendo! ¡A lo Pelé lo festejaste! –y cayó de rodillas, elevando los brazos al cielo.
Después, se cubrió la cabeza:
–¡Qué manera de llover piedras! ¡Qué biaba nos dieron!
Soriano, boquiabierto, escuchaba con la valija en la mano.
–¡Se te vinieron encima! ¡Eran un pueblo! –gritó el entusiasta. Y señalándolo con el pulgar, informó a los curiosos que se iban acercando:
–A éste, yo le salvé la vida.
Y les contó, con lujo de detalles, la tremenda gresca que se había armado al fin del partido: ese partido que el autor había jugado en soledad, una noche lejana, sentado ante una máquina de escribir, un cenicero lleno de puchos y un par de gatos dormilones.


(*) El texto de Galeano forma parte de su último libro, Bocas del tiempo.





A CONTINUACIÓN, LA CARTA DE OSVALDO BAYER LEÍDA DURANTE EL HOMENAJE EN LA CHACARITA.


Querida Catherine, querido Manuel, queridos amigos:

Diez años ya sin diálogos con Osvaldo, pero su recuerdo vivo. Sus libros, sus notas, su sonrisa presente. Ya no cabe la tristeza sino la imagen de quien fue un escritor nuestro, bien nuestro, de estas latitudes, de estas calles, de estas pampas que lo vieron recorrer con mirada atenta y descubridora. Lo perdimos en el ruido de las redacciones, en los ecos de los cafés del centro, en los bocinazos de Buenos Aires apurado, y lo ganamos en el silencio, en su imagen que no se aleja, que está ahí y aquí, que estará muy cerca siempre.
Osvaldo Soriano, escritor nuestro, sabedor de la vida, conocedor de lo argentino. El nos explicó siempre lo que somos, profundidades e ironías, grandezas y egoísmos, alturas y flaquezas. ¿Cómo definir tu estilo literario, Osvaldo? Yo diría que fuiste un Arlt despojado de todo lo que traía ese heredero de primera generación de lo europeo. Tu estilo es tan profundo que no necesitó ni figuras ni academicismos. Es tan profundo como las preguntas que se hacen los muchachos de barrio, las mujeres viejas, los viejos jubilados y los perros de la calle.
(Los gatos, no, ésos no preguntan, ésos lo saben todo. Por eso te hiciste acompañar por ellos para que no sucumbieras en las dudas. Y por eso tu optimismo a veces desesperado, del que salías a flote con la ironía.)
Diez años y nadie te olvida. Estás siempre presente. Es que el argentino te reconoce como que eres un descubridor. El descubridor del argentino. Para un argentino no hay nada mejor que un argentino, escribirías sonriendo con malicia. (Podríamos cambiar lo de argentino por otro sustantivo argentino, pero es lo mismo... somos todos argentinos, agregarías.)
Ahí estuvo toda tu sabiduría, tu perspicacia. Nos definiste. Te definiste. Y te divertiste. Y dejaste un fresco inigualable. Pareces esos pintores alemanes de la república de Weimar que pintaron con los colores de la profunda ironía la tragedia de esos días. Nos has dejado, como digo, ese fresco increíble de nuestra sociedad. Con valentía, con amplitud, con ironía, con la literatura sabia de la calle, con arte, con palabras de las que usa el pueblo. Diez años y te recordamos todos. La melancolía no pudo debilitar nuestra admiración y agradecimiento.
¿Sabés cómo te hubieran llamado los luchadores del pasado? Un Hijo del Pueblo. Porque nos supiste dibujar a todos, desnudar a todos. Pero sin poder ocultar tu tierna bondad.
Hasta la vida siempre, querido amigo.

Osvaldo Bayer


Fuente: diario "Página /12"
Más información: www.pagina12.com.ar