jueves, 20 de agosto de 2009

Eduardo Galeano: Aquí la odian



Sin bajar la voz la llaman la Forastera o la Mesalina, y secreteando le dan nombres peores. Dicen que por ella anda Bolívar pesado de sombras y acribillado de arrugas y que en la cama quema sus talentos.
Manuela Sáenz ha peleado a lanza en Ayacucho. Los bigotes que arrancó a un enemigo fueron talismán del ejército patriota. Cuando Lima se amotinó contra Bolívar, ella se disfrazó de hombre y recorrió los cuarteles con una pistola y una bolsa de dinero. Aquí, en Bogotá, se pasea a la sombra de los cerezos, vestida de capitana y escoltada por dos negras que llevan uniformes de húsares.
Hace algunas noches, en una fiesta, fusiló a un muñeco de trapo contra la pared, bajo un letrero que decía: Francisco de Paula Santander muere por traidor. Santander ha crecido a la sombra de Bolívar, en los años de la guerra: fue Bolívar quien lo nombró vicepresidente. Ahora Santander quisiera asesinar al monarca sin corona en algún baile de máscaras o asalto a traición.
el sereno de Bogotá, farol en mano, da la última voz. Le contestan las campanadas de la iglesia, que asustan al Diablo y llaman a recogerse.
Suenen balazos, caen los guardias. Irrumpen los asesinos escaleras arriba. Gracias a Manuela, que los distrae mintiendo, Bolívar alcanza a escapar por la ventana.

Eduardo Galeano
De 1828 Bogotá. Memoria del fuego: Las caras y las máscaras.

2 comentarios:

azpeitia dijo...

Bello relato histórico....azpeitia

silvialoustau dijo...

Simple, con la simplicidad del artista que maneja su oficio, este texto de Galeano, no sólo me hace pensar en la mujer que acompañó a Bolivar, sino en todas mis compañeras y en todas la Madres y Abuelas. Un abrazo , Anibal y gracias