domingo, 16 de septiembre de 2007

Rubén Vedovaldi: 11 de septiembre


Anoche veía con profundo dolor y vivo interez un documental muy bueno hecho por un realizador chileno de apellido Henríquez donde hablan los sobrevivientes de Casa de la Moneda. Eran apenas unas veinte personas en un edificio rodeado por militares profesionales con todas las armas bombardeando con aviones, demoliendo el edificio, haciendo irrespirable el aire con sus gases lacrimógenos y los muertos destrozados y los heridos y orden a todos los obreros de permanecer dentro de las fáricas porque cualquier intento de salir a la calle serían fusilados, y ese hombre al que quisieron ofrecerle vehículo para huir del país y salvar su vida y decidió quedarse allí, solo, o con la fidelidad de oro de esos pocos funcionarios y custodios,
y pensé en el amor. Sin duda allí no triunfó el miedo sino el amor, aunque Allende se haya quitado la vida. Podría haber sido una larga guerra civil como en españa o en Nicaragua, pero él solo se mató para no entregar lo que el pueblo le había mandado gobernar por la ley hasta el 3 de noviembre de 1976 y le quitaron por la fuerza el 11 de septiembre de 1973.
Tenía razón Ernesto Guevara cuando dijo que NO SE PUEDE CONFIAR EN EL CAPITALISMO ni un miligramo de uña.
Los humanos no nacemos para matar humanos ni para dejar que otros humanos nos maten pero ¿qué otra cosa puede hacer hoy un iraquí al ver que le invadieron y destrozaron las casas, las familias, toda la vida de ese pueblo? ¿Qué le queda por hacer si no es llenar un auto o sus ropas de explosivos y arrojarse desesperado contra cualquiera de los invasores ???
Los mismos que bombardearon la plaza de Mayo asesinando pueblo en el 55, los mismos que bombardearon el mundo asesinando a cualquier pueblo que no se sometiera a su imperio esclavista.
Sigo sintiendo que la humanidad se debe todos los esfuerzos por compartir y por arrancar de raíz toda violencia, toda injusticia y todo odio
aunque hayan pasado miles de años y millones de Caínes hayan matado a millones de Abeles
sigo sintiendo que hemos nacido para compartir, como comparte el árbol su fruto sin mirar a quien, como comparte la flor su vida con todo, como comparte una perra la leche de sus tetas con todos sus cachorros.
Compartir. No confiar nunca ni un miligramo en los poderosos, no confiar nunca más en ninguna persona armada, en ningún banquero, No confiar sinquiera en mi mismo porque yo mismo puedo traicionarme y traicionar cada día.
Y seguir intentando siempre eso que siento que vinimos a hacer. No quiero aprender a usar explosivos, metrallas ni nada para matar,
quiero aprender a vivir la poesía para compartirme. Por todos los que murieron injustamente, por todos los que hoy padecen hambre y sed de justicia y verdad
y por todos los que vendrán al mundo
aunque la humanidad tarde cien mil años en aprender a no matar a ningun ser humano por ningún motivo.

Así he vivido, y así moriré.. No soy digno de el enorme amor que puso en su lucha San Martín, del enorme amor que pusieron y ponen todos los que luchan en cualquier punto del mundo por un mundo menos inhumano, pero quiero compartir
para que nunca más se intervengan parlamentos, se bombardeen gobiernos civiles elegidos, se intervengan tribunales civiles y se censure la libertad, la paz y la buena voluntad dondequiera que sea.
Hoy los mismos chacales y halcones asesinos de ayer están socabando la voluntad de los más pobres en Bolivia,
están boicoteando la voluntad del pueblo en Ecuador, en Venezuelas, en Uruguay, en Chile, en Brasil, en México. Hoy invaden con su violencia todos los pueblos de américa con la complicidad de los poderosos del mundo, pero todos somos mortales, y así como un cajón se llevará mis restos, igual que yo se mueren todos los asesinos y sobervios
Pobre de ellos si mueren sin haber amado, pobre de ellos si mueren como Nixon, como Astiz, como Etchecolatz, como Pinochet, repudiados por la humanidad.

Rubén Vedovaldi
vedonet@netcoop.com.ar