viernes, 21 de septiembre de 2007

Pere Bessó: Joan Lindgren

PLANY PER LA MORT DE JOAN LINDGREN


Querido Anibal:

Esa hermana luchadora, ángela fieramente humana, nos ha dejado. Esta misma noche, a las nueve y media en horario de San Diego, en paz y sin dolor, nos comunicaba la amiga Martita Zabaleta. Vaya en desagravio de la muerte este planto, Oix, con su correspondiente al castellano (Ansia), y mi abrazo para vos y la membresía de La máquina de escribir.


OIX


Deixa’m estar, fuig.

Troba la poeta irlandesa que apunta maneres:

la cortina d’un núvol

en el desig dels teus pits trasnitats.

Cada rebuig

és en la meua mateixa invitació

alta finestra,

vi de sequera en gerro badat,

estranya coentor de la paraula.

No hi ha per a nosaltres la penitència

de l’entremig,

només la glopada de botijó de carro

amb caperot de fulla de garrofera.

Afanya’t:

cap confabulació es troba al decliu

de l’aigua de cazalla,

en la línia de solc obert,

crancs de riu,

la còpia tacada de la rosa.

Res enllà de la negació altiva de la pitrera

a oferir a mans salves,

el bocinet de fetge per al gat que maula

enfosquit al centre de la tristor,

el llit arredonit pel coixí de les ombres.

Cap benvinguda als batecs en la carrera

al matalàs de la cambra mig il·luminada,

com una mena de vaixell boig a la deriva.

Cap errada en el refregó de la grava

on no creixeria ni zitzània

per a fer bona la reserva,

només la tria del lloc privilegiat

abans de la batussa,

la marxa cap al turó definitiu dels despeuats

que anuncia els cadufs del dolor,

la sènia despecegada de Joan Lindgren.

_____________

ANSIA


Déjame ya, vete.

Halla a la poeta irlandesa que apunta maneras:

la cortina de una nube

en el deseo de tus pechos trasnochados.

Cada rechazo

es en mi propia invitación

alta ventana,

vino de sequía en jarro consentido,

extraña escocedura de la palabra.

No hay para nosotros la penitencia

del entremedio,

sólo el trago de botijuela de carro

con capirote de hoja de algarrobo.

Aligera:

ninguna confabulación se halla en el declive

del agua de cazalla,

en la línea de surco abierto,

cangrejos de río,

la copia manchada de la rosa.

Nada más allá de la negación altiva de la pechera

que ofrecer a mansalva,

el trocito de hígado para el gato que maúlla

oscurecido en el centro de la tristeza,

el lecho redondeado por la almohada de las sombras.

Ninguna bienvenida a los latidos en la carrera

al colchón de la habitación encendida a medias

como una suerte de barco loco a la deriva.

Ningún error en el roce de la grava

donde no crecería ni cizaña

para hacer buena la reserva,

sólo la elección del lugar privilegiado antes de la pelea,

la marcha hacia la colina definitiva de quienes perdieron sus pies

que anuncia los cangilones del dolor,

la noria en derroche de Joan Lindgren.



Pere Bessó i González
perebesso@hotmail.com

1 comentario:

Marta Zabaleta dijo...

Muchas gracias, Pere,en mi nombre y en la memoria de Joan, quien, dicho sea de paso, no era irlandesa- como erróneamente lo ha consignado Pag. 12 al referirse, por ejemplo, al libro de Virgina Giannoni, POESIA DIARIA -,y cosa, por lo demás, que no creo que a ella misma le hubiera disgustado tanto como a mí. Pero Joan, para bien o para mal, nació en EEUU, se educó en París como cantante de ópera y planeó asilarse en Canadá como repudio a lo que es su país bajo el gobierno invasionista de Bush y su pandilla. Estaba en eso cuando se le cruzó por el camino, hace unos 18 días, el cáncer que el 21 la mato.
Se necesitaba tanto fuego para destruir materialmente tanta grandeza.
Por qué esta nota? Porque a mí, tanto como a mi hermana Joan, me duele cuando por ser feminista y americana, en Argentina o en cualquier otra parte, hubieron quienes -a veces -la llamaban incluso aunque se beneficiaban directamente de su trabajo y brillantez, 'esa, esa, la gringa feminista, Joan'. Y como es bien sabido, el machismo y el nacionalismo unidos en santa alianza, son los cimientos de muchas de las grandes penurias que sufrimos como humanidad.
Así que: no amén.
Salut!
Marta Zabaleta, rosarina
desde un Londres otoñal.