miércoles, 21 de abril de 2010

Libros que el ministro no deja leer en el aula



Esteban Bullrich decidió “no publicar” textos elaborados por su cartera que hacían foco en sectores sociales subalternos. La Defensoría del Pueblo y legisladores reclaman la impresión del material. Trabajadores y docentes denuncian “censura ideológica”.

Por Nora Veiras

“Creo que ningún jefe de Gobierno, ni ministro, ni director de Area debe definir o influir en que los docentes y alumnos utilizen (sic) material con una tendencia ideológica, sea ésta de izquierda, derecha o ‘centro’(...) Como ministro de Educación no puedo permitir que se publiquen materiales con alguna tendencia ideológica.” Esteban Bullrich, el sucesor de Abel Parentini Posse en la cartera educativa porteña, sinceró con este argumento la decisión de “no publicar” los materiales sobre el Bicentenario, elaborados por especialistas de la Dirección de Currícula y, en cambio, colgarlos en su página web personal estebanbullrich.com. Cinco pedidos de informes en la Legislatura reclamando explicaciones y la publicación impresa del trabajo realizado durante 18 meses por los docentes, un dictamen en el mismo sentido de la Defensoría del Pueblo, una marcha, dos grupos en Facebook de repudio a “la censura ideológica” y una rueda de prensa, convocada para el viernes en la Legislatura, muestran que la solución on-line del licenciado en sistemas está lejos de conformar a las partes.
El derrotero de los textos, líneas de tiempo, láminas y fichas realizados por los historiadores y pedagogos del área que dirige Graciela Capelletti venía recibiendo elogios desde fines del año pasado. El ex ministro Mariano Narodowski había decidido enviar a las escuelas un kit especial de cajas con las líneas de tiempo –en particular ese trabajo había sido propuesto por la Fundación El Libro para ser premiado como mejor edición educativa 2009–. En febrero, con la asunción de Mercedes Miguel en la Dirección de Planeamiento todo empezó a cambiar. El miércoles pasado se dio la última orden: las cuatrocientas cajas preparadas con las líneas de tiempo tampoco serán distribuidas. Los textos para inicial y primaria fueron copiados en CD sin respetar la organización original, y los de media fueron apropiados por el ministro en su página web; llegarán a las aulas sólo si los docentes invierten en imprimirlos.
Los trabajadores de la Dirección de Currícula emitieron un comunicado en el que destacan que las palabras de Bullrich “confirman lo que venimos denunciando: que ejerció censura ideológica. Demuestran, además, que las ‘explicaciones’ que sucesiva y contradictoriamente ensayaron sus funcionarios –empezando por Mercedes Miguel- (“tenemos nuevas estrategias”, “tenemos problemas presupuestarios”, “el material es muy extenso”, etcétera) fueron meras evasivas para ocultar lo inocultable”.
Un aporte extra para conocer a Miguel, la esposa de Diego Fernández, el jefe de Gabinete del ministro, se consigue al entrar a YouTube y encontrar el video que muestra su formación. Le preguntan qué está leyendo y la directora de Planeamiento Educativo del macrismo –un talento capturado de los equipos de Francisco de Narváez– responde: “Todo sobre política educativa, lamentablemente no tengo tiempo de leer otras cosas”.
–¿Pero qué leés? –le insisten.
–Teach for America, de Wendy Kopp, un programa espectacular para cambiar la educación. A los 21 años consiguió tres millones de dólares para cambiar la educación. Lo estoy implementando acá con cuatro jóvenes.
–¿Qué más estás leyendo?
–Muy aburrido... economía de la educación, líneas muy liberales, muy ortodoxas, muy clásicas. Estoy tratando de descubrir cuál es la solución para nuestro explotado sistema educativo.
El programa de Kopp se basa en reclutar recién egresados de las universidades, darles una rápida capacitación y enviarlos a las escuelas a enseñar. Hasta ahora se desconocen los resultados porteños del programa piloto de Miguel, quien desempeña el cargo pero todavía no tiene firma porque no le aceptaron la renuncia a su antecesora, Laura Manolakis.
En febrero, al despuntar el conflicto, Miguel había dicho a especialistas del área de Currícula que el material sobre el Bicentenario lo habían hecho revisar por un grupo muy influyente en la sociedad que lo había cuestionado. El vicario para la Educación del arzobispado porteño, Juan Torella, negó ante Página/12 que él o su gente hubiera sido consultada aunque –aclaró– “eso no quiere decir que quizá nosotros, de haberlo visto, hubiéramos opinado en discordancia”. En rigor, el desembarco de Bullrich les dio vía libre a los hombres y mujeres de la Iglesia, y en particular del Opus Dei, en el edificio de Paseo Colón al 200. La asepsia ideológica que promueve Bullrich se completa con su mano derecha, el ex diputado bussista Pablo Walter, quien supo ser el defensor mediático del represor cuando en los ’90 salieron a luz sus cuentas en bancos suizos.
La historia no oficial
La Dirección de Currícula también elaboró un material especial sobre el Día de la Memoria. El texto sobre el 24 de marzo del ’76, sobre el terrorismo de Estado, desapareció de la página web de la cartera educativa el 25 de marzo y volvió a aparecer después de que la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) denunciara esa “nueva censura” en un comunicado.
La “ideología” que incomodó a Bullrich es el enfoque que eligieron los historiadores haciendo eje en los personajes subalternos, invisibilizados en el relato oficial que inunda las páginas de los manuales tradicionales. Los pueblos originarios, los afroamericanos, las mujeres y los trabajadores cruzan los doscientos años pensados como materiales complementarios para trabajar en el aula.
En un principio, Bullrich había dicho que iba a distribuir las láminas y cuadernillos en los que se destaca un minucioso trabajo sobre “Medios de Comunicación y Política 1810-2010”. La portada de la revista Somos, en septiembre de 1979, preguntándose “¿Qué buscan?” sobre la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La primera plana de Página/12 del 8 de octubre de 1989, “Indulto”, y la de Clarín del 27 de junio de 2002, con “La crisis causó dos nuevas muertes”, al reseñar los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, son los últimos facsímiles de un recorrido que empieza en 1810 y que tampoco llegará a las escuelas.
Los trabajadores de Currícula señalaron que “Bullrich revela, con sus dichos, que tiene una concepción de los docentes –y del trabajo docente– que los reduce a poco más que ‘recitadores de textos’. El ministro imagina que un material para la enseñanza, por sí mismo, puede establecer qué ‘piensan’ y qué enseñan los docentes, y qué ‘piensan’ los estudiantes. Enuncia así una concepción del docente que lo vacía de subjetividad y de capacidad de selección, de sentido crítico y de creación de estrategias; y una concepción de los estudiantes como tabula rasa. Parece entender que la profesión docente se limita a repetir mecánicamente cosas que vienen en materiales, textos, láminas, y que los estudiantes simplemente retienen automáticamente lo que les dicen los docentes, que no sería sino lo que dicen los textos”.

Nora Veiras
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-143290-2010-04-05.html