martes, 19 de mayo de 2009

Mario Benedetti: Desmorirse



DESMORIRSE

Cuando muera quisiera desmorirme / tan sólo por un rato para ver
como el mundo se lleva con mi ausencia

a los que lloren les daré un pañuelo / a los que rían un bol de ceniza /
indiferencia a los indiferentes
cuando muera quisiera desmorirme / y visitar de nuevo a mis compinches
a los sobrevivientes por supuesto

y preguntarles las poquitas cosas / que se fueron quedando en el tintero
o que neutralizó el silencio turbio


Mario Benedetti

Daniel Viglietti: Testimonio

ÉL SE COMPROMETIO HASTA JUGARSE EL PELLEJO

Por Daniel Viglietti

Hacía tiempo que Mario venía teniendo problemas de salud serios, pero siempre lograba superarlos. Fue internado varias veces y lograba salir, la última fue muy dura y sin embargo salió. En los días posteriores había como un cierto repunte en sus gestos. El siempre mantuvo su sonrisa, esa que reaparecía dos por tres. Era completamente optimista, por algo escribió

"La defensa de la alegría", que es un monumento a la fuerza para oponerse a la tristeza, a la muerte.

He tenido por sobre todo el dolor de perder un amigo muy esencial y alrededor de eso, lo que compartimos todos, el gran poeta, el novelista, el cuentista, el ensayista, el autor de letras para canciones, alguna época de periodista. Y todo eso inseparable del ser humano, porque esa unidad entre lo ético que él encarnaba y lo estético que él producía fue muy entera. Y todo eso de una manera sobria, de un perfil tranquilo, modesto, de gente sencilla. Cuando tenía que ubicar a alguien desubicado o enemigo, tenía la energía y carácter para hacerlo, pero en su vida habitual, en sus actuaciones, en sus recitales de poesía, en las entrevistas que concedía era siempre muy humano, muy sencillamente humano.

Estamos viviendo el abrazo multitudinario y calladito de la gente uruguaya a Mario. Y de lejos es como si escucháramos otros silencios, otros abrazos, otros encuentros, otras esperas, otras vigilias, otro secarse los ojos para leerlo después. Eso puede estar ocurriendo en México, en Argentina, en España, en tantas partes, puede estar ocurriendo en Dinamarca donde una vez salió una traducción por radio de "Pedro y el capitán", en su faz de dramaturgo. Puede estar sonando en una canción de Favero, por aquí o por allá, de Joan Manuel que le dedicó un disco entero y con quien me comuniqué y sé que lo ha sentido mucho.

También existe la sensación de sentirse discípulo. Somos una cantidad de discípulos fuera y dentro del quehacer artístico. También fuera. Discípulo de una moral, de una coherencia, de una lealtad a los principios en lo que Mario siempre fue muy firme.

El recuerdo de amistades que él tuvo, muy impactantes y que dejó registradas, para que nadie pueda decir se habla por hablar, o versiones epidérmicas. El dedicó un poema a Raúl Sendic porque había sido su amigo, y dedicó un poema a Zelmar Michelini porque había sido su amigo. Y a otros, sin duda. Tuvo otros referentes muy importantes en su vida, en su momento Líber Seregni. Y hay que recordar la confianza que él depositó en el cambio político del Uruguay a partir de la asunción del gobierno del Frente Amplio.

Su sentido agudo de la observación para los pasos que se daban. Siempre fue muy constructivo. Siempre puso por delante la confianza en el ser humano, a pesar de que tuvo decepciones. También las tuvo en su período político, en aquel, por entonces legítimo 26 de Marzo. Después hubo todo lo que pasó, y él descubrió, de alguna manera, que su rol esencial no era el político, era el cultural, el creativo. Creo que fue un acierto suyo. Pero a mí me importa que también pasó por lo político, que se jugó el pellejo, porque estuvo comprometido seriamente con la lucha, con cambiar un Uruguay que algunos ahora, equivocadamente, nos mienten que tenía algo ideal. Entonces, él que sentía que no y que había que cambiarlo, había que cambiar aquella democracia tan imperfecta y tan llena de fallas progresivas, fallas que iban creciendo del pachecato para adelante, que es donde empieza una dictadura de hecho; él se comprometió.

Por eso tuvo que irse, por eso el exilio. Perú primero, de donde si no recuerdo mal lo expulsan, lo persiguen. Después Cuba, donde desarrolló un trabajo amoroso en Casa de las Américas. Yo lo encontré allá y era ya un referente, amigo de Haydée Santamaría, de Roberto Fernández Retamar, admirador profundo del Che, abrazado con Fidel cuando le dieron la Orden con que lo distinguieron en Cuba.

Y en tantas partes que estuvimos, siempre colas de gente para oír sus poemas, muchísimos jóvenes. Lo vi en los países que mencioné, lo vi en Argentina, lo vi en México, lo vi en España, todos esos lugares en que actuamos juntos y entonces yo fui testigo, testigo de lo que hacía solo. Con sus solitos poemas convocaba multitudes y se sentía que era alguien entrañable para la gente.

Y muchas veces las respuestas al hombre y al creador llegaban de afuera. Por la naturaleza nuestra todo es un poquito más lento, más tardío, más como de rumiar las cosas, igual después llegaba acá. Le llegó el reconocimiento. Llegó y él lo pudo vivir en plenitud. Pero fuera de fronteras fue increíble lo que pasó y lo que va a seguir pasando con su lectura, porque no es una simple metáfora recurrente que sigue vivo en su obra, es que sí, es que va a vivir en su obra porque ella tiene esa doble dimensión de lo estético y lo ético. Hay para elegir, es una obra voluminosa. Lo siento como un semillero, como semillas que se van a desparramar y que los trabajadores de la cultura tenemos el desafío que nos deja Mario de seguir, seguir sembrando sus ideas, sus sentimientos, sus éticas, sus aventuras con la palabra. Supo jugar mucho con la palabra, también fue un juguetón, tuvo humor, tuvo ironía, hasta fue dibujante en una época.

Tuvo amigos entrañables, ya he nombrado los amigos de la lucha pero también podría agregar amigos como Idea Vilariño a quien acabamos de perder, como Eduardo Galeano. Además, nunca se pudo respirar en él una cosa de competitividad o de narcisismo. No hay que idealizar a nadie en el momento del adiós pero yo creo que, en este caso, Mario era un ideal en sí mismo. No tenía miedo a los diminutivos, no cifraba el tamaño y la cantidad para expresar su amor, quizás porque había aprendido que en este país tan sufrido y tan esperanzado a la vez, las cosas son así, muy como era él, a veces sin ruido, sin gestos, a veces calladamente como se fue. Así se fue, así se fue.

Daniel Viglietti
Fuente: Diario La República, Montevideo, 19/05/2009
www.larepublica.com.uy

Entrevista de La Jiribilla a Benedetti en 2006


La Habana, 21 de septiembre de 2006 (ANC-UTPBA).- La Agencia Nacional de Comunicación reproduce a continuación opiniones del poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti, expresadas durante una extensa entrevista publicada por la revista cultural cubana La Jiribilla.
En la nota realizada por Ezequiel Martinez, el autor de la Tregua y Gracias por el fuego, entre tantas obras, habló acerca de sus comienzos en la literatura, la vida, la muerte, el exilio, la revolución, y analizó su vida dentro de las letras.

"A veces me cuentan que los muchachos copian poemas míos y se los mandan a las novias como si fueran de ellos, y después cuando se casan les cuentan la verdad. Puede que suene cursi, no sé, alguna gente dirá... Pero a mí no me molesta, al contrario. El amor me parece lo mejor de las relaciones humanas."
"(…) creo que la vida es un paréntesis entre dos nadas. Yo soy ateo, no creo en Dios ni nada por el estilo. Hay gente que tiene sus creencias religiosas y tiende a sentir que después de la muerte está el Paraíso, o el Infierno, porque muchos han hecho mérito para ir al Infierno. Yo creo en un dios personal, que es la conciencia: a ella es a la que le debemos rendir cuentas cada día."
"Yo no recuerdo ninguna revolución que se haya ganado con un soneto, por ejemplo. A los dirigentes políticos les gusta mucho adornarse con el arte, sacarse una foto del brazo de un pintor o terminar un discurso con un poema, pero no es que crean en una cosa ni en la otra. Tal vez algún raro personaje de la dirigencia política puede venir un día y decir: "Con estos tres versos me aclaraste este tema", y yo con eso puedo sentirme más que satisfecho."
"Uno escribe para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. Además, es una cuestión de conciencia. Si yo estoy en contra de la globalización de la economía, de la corrupción y de la hipocresía, lo digo y lo escribo. Justamente las causas en las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo. No me siento derrotado en cuanto a mis creencias ideológicas y voy a seguir luchando por ellas. Sin éxito, eso sí."
"Hay que defender la derrota, dijo el poeta. Es que la utopía es una cosa que debemos mantener. Por definición, la utopía es algo que nunca se realiza por completo, una cosa que parece imposible y después resulta que se realiza. Siempre digo que los tres grandes utópicos que ha dado este mundo son Jesús, Freud y Marx; gracias a ellos la humanidad ha dado pasos positivos. Aunque de cada utopía se realice un diez por ciento, gracias a ese diez por ciento la humanidad ha mejorado un poco. Yo soy un optimista incorregible."
"La pasé muy mal, me amenazaron de muerte, me separaron de mi ciudad, de mi mujer, y sólo por algún azar me fui salvando, pero no por hacer concesiones. Yo hubiera preferido no tener que recurrir al exilio, y sin embargo, en cierta forma el exilio me ayudó. Por un lado, empezaron a interesarse por mis libros, me hizo ser más conocido y eso hasta me permitió un alivio económico. Además, he aprendido mucho de la gente que fui conociendo en los diferentes países donde tuve que vivir. No de los gobiernos, porque de ellos no se aprende nunca nada, pero de la gente sí. Es como un fenómeno de ósmosis: uno le da a ese pueblo que lo recibe lo mejor que tiene y ese pueblo le devuelve cosas a uno. Esa proximidad, ese intercambio enriquecedor y evidente, me ha cambiado para bien, me ha hecho madurar, me ha quitado cierta tentación de hacer juicios demasiado apresurados sin que las cosas se asienten."
"En uno de mis libros puse como epígrafe una frase de Alvaro Mutis, que dice que uno está condenado a ser siempre un exiliado, y creo que es cierto. Afuera uno se siente herido, ajeno, y cuando regresa también se siente exiliado, porque uno ha cambiado y el país también ha cambiado. Ha cambiado hasta el paisaje, la mirada de la gente... Sigue siendo el país de uno, se lo quiere como el país propio, pero la relación es distinta. Entonces se siente nostalgia por ciertas cosas del exilio, que tienen que ver más que nada con las personas."
"Como decía José Martí, la patria es la humanidad. En todos los países, en los que uno ha estado y en los que no ha estado, hay gente que por lo que piensa, por sus actitudes, por lo que hace, por lo que siente, por su solidaridad, son como compatriotas de uno. La patria de cada uno está formada de esa gente. Porque en el propio país ha habido también torturadores, corruptos, y esos no son compatriotas míos."
"Escribo sobre ella para que no me sorprenda, claro. Su cercanía no tiene que aplastarlo a uno, por eso tengo un poema que se llama Como si fuéramos inmortales: hay que vivir como si lo fuéramos."
"Son dos cosas que forman el carácter y la condición humana de uno, ¿no? Muchos de mis poemas son producto de ser hombre de pueblo, y estar cerca del pueblo siempre ha sido una máxima para mí. Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribo le haya tocado el corazón a esa gente, a ese pueblo, a ese hombre de a pie." (ANC-UTPBA).

Fuente: Boletín ANC Nº 555 - 21/09/06

Rubén Vedovaldi: Réquiem por el viejo



REQUIEM POR EL VIEJO


"El dolor se dice callando.

Pero me pregunto:
¿qué será de nuestra ciudad, sola de él?
¿qué será de Montevideo, mutilada de él?
Y me pregunto:
¿qué será de nosotros, sin su bondad inexplicable?"


Eduardo Galeano


Mario nuestro que estás en el verso
del amor a la Luz
al dolor de la sombra,
y en el silencio de esta
merdianoche de otoño fresco en mis pagos

cuando todavía estámos haciendo
el duelo por Idea Vilariño,
¿también vos te llevás el bolígrafo
tu primavera rota y recompuesta
en este sur de mayo sin calor?.

Esta tarde en tu casa terminó la agonía
¿Por qué buscar la noticia en la tele,
en la web, en la radio?

los canales seguían en su obsceno comercio
no pararon no sienten,
nadie hablaba de vos
ni de ti

mañana sí
van a vender la consabida necrológica
medio minuto una foto tal vez
para seguir banalizando todo

van a mezclar tu muerte
entre mezquinas encuestas electorales
y peleas por el ratting
y amarillos escándalos de farándula

quizá alguien con algo de memoria
diga que tu muerte
en un aniversario del asesinato de Tupac Amaru
fue tu manera de conmemorar

quizás asocien tu ida
al aniversario del nacimiento
de Augusto Cesar Sandino y
de Bertrand Russell
o no;
vos lo elegiste así,

y por si fuera poco
te vas
en otro aniversario de la muerte
de Anibal Troilo Pichuco
pa' que no faltara el fuelle entre los parches
para ganarle baile a ese salón
de los pasos perdidos por legislar

fuiste un grano en el ano
de aquella ologarquía de estancieros enanos
colorados y blancos y golpistas

egoista de mi
me hubiera gustado que te llevaras
otro triunfo del frente en primera vuelta
tu Frente, viejo.


Pero gracias en serio por la tregua
gracias por la lucha en la calle
codo a codo
gracias por el fuego al alcance de todos
Mario,
por el habla clara del pueblo
por esa constancia


Rubén Vedovaldi

Juan Ricardo Sagardía: Homenaje con haiku y poemas



Muerte que lleva
la voz y el sueño lírico
parte el poeta



AL POETA I

Utopía y substancia,
elogio inédito,
caricia perfecta
hallarte en el tránsito
darte vida quisiera.

El lírico Adán
en su deseo de encontrarte
no descansa su suerte,
formando estrofas
que desea perennes.

Esa crónica partida
lo vuelve impasible.




AL POETA II

Edicto callado
consentimiento de miembros.

Insuficiente cédula
que nos identificó,
savia clavada
en sus uñas gemelas
niñas hermanas
incentivo y afán…

Con masivo lenguaje
voz solitaria
que habló en la arena,
deseando su fuerza
se escuche en el mar.

Aprobado el vicio
gran mano de Dios,
propiedad de su pueblo.
Y yo…

Acuerdo imposible
mi retirada.
Por ser parte pequeña
de esa gran voz


Juan Ricardo Sagardía
SANTOAMOR
santoamor2005@yahoo.com.ar

miércoles, 13 de mayo de 2009

Arturo Jauretche: Libertad de expresión



Por Arturo Jauretche
Los medios de información y la difusión de ideas están gobernadas, como los precios en el mercado y son también mercaderías.
La prensa nos dice todos los días que su libertad es imprescindible para el desarrollo de la sociedad humana, y nos propone sus beneficios por oposición a los sistemas que la restringen por medio del estatismo.
Pero nos oculta la naturaleza de esa libertad, tan restrictiva como la del Estado, aunque más hipócrita, porque le libre acceso a las fuentes de información no implica la libre discusión, ni la honesta difusión, ya que ese libre acceso se condiciona a los intereses de los grupos dominantes que dan la versión y la difunden.
Mientras los totalitarios reprimen toda información y toda manifestación de la conciencia popular, los cabecillas de la plutocracia impiden, por el manejo organizado de los medios de formación de las ideas, que los pueblos tengan conciencia de sus propios problemas y los resuelvan en función de sus verdaderos intereses.
Grupos capitalistas tienen en sus manos la universidad, la escuela, el libro, el periodismo y la radiotelefonía.
No necesitan recurrir a la violencia para reprimir los estados de conciencia que le son inconvenientes.
Les basta con impedir que ellos se formen.
Esto ocurre aquí y en cualquiera de las llamadas grandes democracias.
Mientras en los países totalitarios el pueblo es un esclavo sin voz ni voto, en los democráticos es un paralítico con la ilusión de la libertad al que las pandillas financieras usurpan la voluntad hablando de sus mandatos.
Proponemos un auténtico ideal democrático.
El sometimiento de las fuerzas de las finanzas al interés colectivo.
El Estado que queremos debe ser fuerte para hacernos libres.

Arturo Jauretche

Extraído de: RED NACIONAL Y POPULAR - nac.pop@velocom.com.ar

Salud pública, salud mental y comunicación



Por Santiago Diehl *
La inminente presentación en el Congreso de un proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual en reemplazo de la vieja Ley de Radiodifusión 22.285, sancionada por la última dictadura, es una buena razón para profundizar una cuestión que viene estando ausente en el debate: la relación entre los medios de comunicación, la salud pública y la salud mental.
Para eso es útil repasar algunas nociones elementales de psicología y comunicación, empezando por la idea misma de mente. El psicólogo ruso Lev Vigotsky, padre de la escuela sociohistórica, postuló que la mente construye cada identidad en un proceso que va de lo interpersonal a lo intrapersonal. El diálogo con otros, la familia especialmente, se transforma poco a poco en esa voz interna con la cual dialogamos a lo largo de la vida. Su teoría constructivista es muy valiosa porque vincula al individuo con la cultura, en abierta crítica a otras escuelas de psicología que imaginaban la posibilidad de un individuo aislado en su propia isla mental. En la actualidad, nuevas teorías de la mente rescatan esta dialogicidad entre un yo (ego) y un otro (alter) como el dispositivo básico de creación de las representaciones sociales. Vale decir que nuestro yo, nuestros valores e ideas, son el resultado de toda una serie de interacciones que sostenemos con otros. A la socialización primaria con la familia se suma luego la escuela, “el segundo hogar”. Sin embargo, cada vez más, los medios de comunicación de masas fueron constituyéndose en un factor decisivo e ineludible del proceso de socialización. Un hogar para la mente disponible a toda hora, en prácticamente cualquier lugar. En sociedades modernas como la nuestra, en las que el tiempo es un bien escaso para la mayoría de la población, los grandes medios de comunicación, en particular la televisión, simplemente encajan en el modo de vida y dan soluciones a un sinfín de situaciones habituales: niños que pasan horas y horas frente a esa niñera que los tiene quietitos mientras sus padres trabajan, duermen, salen o comparten tiempo con amigos o amoríos; adultos que también encuentran en ella su chupete electrónico para ir a dormir, o un parlanchín comensal con el cual compartir la cena, solos o en familia.
La TV, especialmente, por su fácil accesibilidad, es la principal fuente de información de más del 50 por ciento de la población, tal como comprobó hace dos años la encuesta sobre hábitos informativos de los argentinos realizada por el Sistema Nacional de Consumos Culturales, de la Secretaría de Medios de la Nación. Los diarios son las usinas de ideas y editorialización que establecen la agenda temática y fijan posición; las radios difunden, acompañan y enriquecen con su ida y vuelta con el público; pero es la TV la que bombardea las mentes 24-7 (24 horas, siete días a la semana) con una batería hipersensual de imagen, animación, texto, palabras, música y sonido. Al tocar todo el piano emocional de nuestro sistema nervioso, por su poder para acaparar nuestra atención y nuestro tiempo mental, la TV se convierte en una de las formas básicas de construcción del lazo social, del sentido común. La productora de contenidos de nuestras charlas en el café, el almacén, el ascensor, el almuerzo en la oficina, las cenas entre amigos o en familia.
Esta capilaridad en el alcance de los medios es la que explica su poder para instalar temas, crear climas de opinión y alterar el humor social.
Las principales técnicas por las cuales la información actúa directamente sobre el contenido de nuestro pensamiento son dos. La más potente focaliza la atención social, privilegiando algunos temas por sobre otros (agenda-setting) que quedan en la sombra. La otra gran técnica es encuadrar la información de una forma tal que, por lo general, no deja lugar a dudas acerca de las conclusiones a extraer. Ante esta situación, el paradigma actual en investigación acerca del poder de los medios apunta a demostrar la influencia en el largo plazo de su diario gotear ideológico.
En nuestro país, uno de los efectos imprevistos –o no tanto– del largo y manoseado conflicto por los derechos de exportación fue, sin dudas, poner sobre el tapete el rol de los medios de comunicación en el decurso político de la sociedad. Esto es, poner en discusión que los medios sean espejos neutrales de una realidad social dada y empezar a concebirlos como actores que intervienen activamente en su construcción. En especial, se hizo evidente que un mercado de medios monopolizado puede suponer un riesgo para la democracia. La realidad argentina no es muy distinta en esto a la del resto de Latinoamérica: pequeñas comarcas nacionales dominadas por grandes gigantes multimediáticos es el paisaje típico de la región. Basta con mirar la feroz disputa simbólica que deben enfrentar los gobiernos de Bolivia y Venezuela, por ejemplo. El efecto psicológico perseguido por los dueños de las cadenas de TV, en procura de horadar la base de sustentación política de los gobiernos, es poner a sus votantes y apoyos a la defensiva ante un envío continuo y masivo de disonancia cognitiva. Pintar una supuesta mayoría de opinión que condene al pueblo al ostracismo y al desánimo: tal es el fenómeno de la espiral de silencio.
En lo que a la salud pública respecta, conviene recordar que “la salud mental es mucho más que la ausencia de enfermedad. Es un proceso determinado histórica y culturalmente en la sociedad, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social, vinculada a la concreción de los derechos”. La definición, tomada de la avanzada Ley de Salud Mental porteña, sirve de marco a la necesidad de regular los monopolios informativos a fin de garantizar las condiciones para que el derecho a la salud mental pueda ejercerse. Sin ir más lejos, un pequeño y grotesco ejemplo de los efectos con que el monólogo de los medios afecta la salud mental son aquellos apacibles pueblos del interior del país en los que existe temor a los secuestros extorsivos, con casos que derivan incluso en consumo de ansiolíticos. La jueza de la Corte Suprema Carmen Argibay tiene razón cuando dice que los medios magnifican los casos de inseguridad, y ello obedece puramente a la lógica misma de su razón comercial de ser, en tanto su foco se guía por lo truculento y lo dramático. El resultado –ya lo dijo mejor la Bersuit– es que paranoiquean a la población.
Que en el continente más desigual del planeta la inseguridad sea puesta tan alto en la agenda pública, relegando la cuestión de la distribución del ingreso y aun ignorando la probada relación existente entre ambos temas, dice mucho de lo que los monopolios mediáticos han estado haciendo con la salud mental de los ciudadanos y ciudadanas argentinos. Es hora de empezar a construir un país menos alienado y, regulación de la comunicación audiovisual mediante, mentalmente más sano.

* Licenciado en Psicología (UBA), master en Política y Comunicación (LSE).
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/

Eduardo Galeano: Disculpen la molestia

Eduardo Galeano

Por Eduardo Galeano
Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

Eduardo Galeano
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/

Marita Ragozza: ¡Hasta siempre Idea!



HASTA SIEMPRE, IDEA


Vilariño formó parte del grupo de escritores de la denominada Generación del 45, en la que se ubican el fallecido Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti, también de 88 años y hospitalizado en las últimas horas en un sanatorio capitalino.


Nacida en la capital uruguaya el 18 de agosto de 1920, poetisa, crítica de literatura, compositora, traductora y educadora, Vilariño se inició en las letras con "La suplicante'' en 1945 y entre sus obras posteriores se destacan "Pobre Mundo" (1966); "Nocturnos" (1955); "Poesía" (1970) y "No" (1980).


Inteligente, pesimista y de gran sensualidad , es idea Vilariño una figura discreta y algo misteriosa en el ambiente literario uruguayo. Algunos de sus poemas han sido popularizados en las voces de cantores populares como Alfredo Zitarrosa y Los Olimareños.


La muerte de Vilariño coincide con los homenajes en curso en Uruguay este año por el centenario del natalicio del autor de "El astillero" y "La breve vida", Juan Carlos Onetti , y los 30 años, en julio, del fallecimiento de Juana de Ibarbourou, considerada la poetisa máxima del país.


Vilariño fue hija de un padre anarquista y una madre católica que decidieron no bautizarla, igual que a Poema y Azul, sus hermanas de nombres tan originales (pero difundidos entre los anarquistas) como el suyo.


"Sé y me gusta hacer cosas. Sé hacer fuego, pintar paredes, traducir, enseñar, hacer un jardín, enseñar a un perro, encuadernar, hacer ginebra", dijo de sí alguna vez Vilariño, quien desde pequeña padeció de asma.


En mayo del año pasado fue postulada para el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana . (ANSA). MRZ.


El 28 de Abril de 2009 pasó a la eternidad.




ADIOS

Idea Vilariño


Adiós.

Salgo como de un traje

estrecho y delicado

difícilmente

un pie

después despacio

el otro,

salgo como de bajo

un derrumbe

arrastrándome

sorda al dolor

deshecha la piel

y sin ayuda.

Salgo penosamente

al fin

de ese pasado

de ese arduo aprendizaje

de esa agónica vida.


Idea Vilariño
De Poemas de amor, a Juan Carlos Onetti, 1958


Marita Ragozza de Mandrini
maritaragozza@gmail.com

Silvia Loustau: Escuela Azucena Villaflor



Azucena Villaflor... ¡Presente!


Si la historia la escriben los que ganan / eso quiere decir que hay otra historia.
Era 1977. Era la Iglesia Stella Maris, de la Marina. Un grupo de mujeres de entre 40 y 50 años hacía fila esperando que las recibiera monseñor Gracelli para preguntarle por sus hijos. Entonces, una de ellas dijo: Basta. No nos podemos quedar acá, no conseguimos nada. ¿Por qué no vamos a la Plaza y hacemos una carta? Y así fueron por primera vez un sábado. Se dieron cuenta de que no las veía nadie, que no tenía ningún sentido. Era un 30 de abril. Decidieron volver la semana siguiente, un viernes. Y a la otra semana decidieron ir el jueves. La mujer se llamaba Azucena Villaflor. Y ese día nacieron las Madres de Plaza de Mayo. El 10 de diciembre de aquel año, día Internacional de los Derechos Humanos, reunieron recursos para sacar un aviso en el diario con el nombre de todos los desaparecidos que tenían anotados. Ese día el chacal voló sobre los pájaro blancos y un coche con varios hombres armados se llevó a Azucena Villaflor.

Mar del Plata. 30 de abril del 2009. Hoy nos envuelve su nombre, hay en el aire un perfume de azucena. Hoy se produce un nacimiento. Empezó con la visita de Madres de Línea Fundadora a la que era la escuela 78, del Barrio Belgrano *.

Dieron su testimonio. Compartieron la leche con los chicos. Una de ellas lleva en el pecho cuatro fotos. Cuatro hijos. Cuatro ausencias.

El personal directivo se reúne con las maestras. Con los chicos. Con la comunidad educativa. Este gobierno ha dado un permiso para poner nombres a las escuelas. No sólo fríos números. Padres y alumnos votan. Eligen entre cuatro nombres. Democracia pura. La escuela llevará el nombre de Azucena Villaflor. La semilla que habían plantado las Madres empezaba a dar sus frutos.

Todo está guardado en la memoria/ sueño de la vida y de la historia.
La voz de León Gieco nos recibe esa mañana. Entre abrazos. Los chicos sobrevolando como palomas. Padres y amigos de la escuela abrazan a cada una de las Madres, Me abrazan. Estoy con ellas. Podría ser una de sus hijas. Son las Madres de mis compañeros.

Alumnos, ya adultos, han regresado hoy. Su casa está de fiesta. Nunca había escuchado un himno cantado con tanto fervor. O sí. Lo he escuchado 36 años atrás.

Se han hecho presentes todos los organismos de Derechos Humanos. Hay cientos de adhesiones. Escucho nombres como Agrupación Ortega Peña. El pasado me envuelve.

El acto transcurre, arroyo de aguas nuevas. Le digo a una de las Madres, la de las cuatro ausencias, este es el país que soñábamos. Tanta sangre que se llevó el río…

El cuerpo de Azucena había aparecido flotando en las arenas de Santa Teresita. Ese mar que guarda un run run de huesos. La fiesta sigue. Se despejó el cielo y el azul traslucido del otoño viste la mañana. Milagros que pasan cuando se viene a ofrecer el corazón. Canciones. Palabras. Palmas acompañando un violín y una guitarra. Ojos húmedos. Maestras ya retiradas traen un presente emblemático: un árbol de seibo, nuestra flor nacional. Como en sueños escucho mi nombre. Me paro frente al micrófono. Son otros los rostros que veo. Patulo. La Negrita. Graciela. José. Tantos.

Están ahí.. oyen mi voz. Ven la memoria herida que se levanta como un pájaro y vuela libre.

Esta es la Argentina que no muestran. La que trabaja en silencio. La que acuna la utopía. La que siembra futuro. Este es el país que los medios esconden.

No saben que un río de lava silenciosa corre, se extiende, crece, Y un día serán espigas
mecidas por un viento de justicia. Porque no será tan fácil, ya se que pasa/no será tan simple como pensaba /como abrir el pecho y sacar el alma / una cuchillada del amor.


* El Barrio General Belgrano está ubicado en la periferia de Mar del Plata.


Silvia Loustau
http://www.silvialoustau.blogspot.com/

Oración del Padre Mugica



Dios vive entre los pobres"Señor Perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.
Señor perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor perdóname por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas , de las que puedo no sufrir, ellos no.
Señor perdóname por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo.
Señor: Yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propio hambre.
Señor: perdóname por decirles 'no sólo de pan vive el hombre' y no luchar con todo para que rescaten su pan.
Señor: quiero quererlos por ellos y no por mí.
Señor: quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor: quiero estar con ellos a la hora de la luz."

Amén
Padre Mugica

Mónica Russomanno: Pedacitos de cielo



¿Viste el cielo?
¿Viste cómo el celeste y el azul y el rosa, cómo el blanco, cómo las nubes? ¿Viste las nubes?
¿Viste el mar que corre invertido, esa liquidez de los mediodías, esa lejanía y esas nubecitas que de pronto te bajan el techo antes tan imposible? ¿Viste la luz de fuego, el sol naranja, las capas atravesadas por rayos incandescentes? ¿De veras que vos también viste el cielo? ¿Los borreguitos amontonados, los jirones desgarrados de tules evanescentes, los colores? ¿Viste los colores?
Y las nenas en la terraza. De las nenas en la terraza me contó Rodolfo, esas no las vimos.
Dos nenas en la terraza, magia con palitos, varitas de hadas ingenuas. Haditas pequeñas, hadas.
Dos nenas y una terraza y el cielo perfecto.
Arriba las nubes de algodón, de lirios blancos, nubes de difuso sueño de anémona, nubes de nubes. Nubes sobre fondo de atardecer y en contraste las figuritas bailarinas de las nenas en la terraza.
Las dos niñas. Manos en el aire, manos que trazan círculos que perduran apenas un momento como giro, como rueda invisible, como hechizo en el aire. Palitos, varitas en las manos tiernas.
A las nenas les gustaría comer el mágico algodón de azúcar que venden en ferias y circos. Ellas quieren el algodón de azúcar, y les han dicho que están hechos con pedacitos de cielo. Y entonces ahí están, en la terraza, probando a enredar el cielo en las varitas.
Las nenas giran sus palitos batiendo el aire, giran sus palitos, giran ellas con esperanza, con fe, con los bracitos redondos giran sus varitas para atrapar trocitos de cielo.
Vos sabés, claro. Sabemos que es así, que no hay otra manera. Las nenas atrapan en la terraza recuerdos para el después, cuando lleguen los inviernos del desamparo, los otoños de la melancolía. Las nenas atrapan recuerdos de belleza, danza de aves, sensaciones limpias para esa vida que se les viene. Atrapan felicidades para cuando el algodón de azúcar ya no sea un manjar. Para cuando ya no crean en magias ni en imposibles realizados. Para cuando sepan los cómos y los cuándos pero nunca los por qués.
Y las nenas atraparon, para siempre, al cielo roa, al cielo blanco, azul, celeste. Y se lo metieron dentro como si se lo comieran.
¿Viste el cielo?

Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com

Cristina Villanueva: Maceta pintada en blanco blanco



Sobre la filigrana blanca una niña o muñeca o pintura habla, no sé si consigo entenderla. Desde su maceta en el blanco banco que juega sus vacíos con el aire, las hojas le salen como pensamientos dice algo acerca de la vida y la belleza.Me gusta que esté en casa.Es una búsqueda quieta. Le saqué una foto por temor a que un día se rompa. No la podría recuperar, muerto el que la pintó y el que la ideó, ella y yo frágiles, todavía creamos climas. O es ella la que viene del mundo de los sueños y yo sólo me abrazo a la íntima calidez de su barro débil. Sobreviviente de una casa con niños y perros, ahora que estoy sola temo por ella, le saco la foto, le escribo. A lo mejor porque ahora, recién ahora, creo que debe ser verdad ese asunto de la muerte. Es que entre ladridos, gritos, llantos y risas solamente se vive, no se piensa en la vida ni en la muerte.

Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

Episodios del fuego



EPISODIOS DEL FUEGO, de Fabricio Simeoni


Músicos, fotógrafos, actores, cineastas y escritores presentan un espectáculo multimedia único, inspirados en un libro.
Coki Debernardis, Pablo Pino (Cielo Razzo), “Popono” (Los Vándalos), Bonzo Morelli, Fabián Gallardo y Nahuel Marquet (El Regreso del Coelacanto, Degrade), entre muchos otros se presentan en el Dixon inspirados en los textos de Simeoni.
Con motivo de la aparición del libro “Episodios del Fuego”, del escritor rosarino Fabricio Simeoni, un grupo de actores, músicos, periodistas, fotógrafos, realizadores audiovisuales y amigos del escritor participarán de un original espectáculo multimedia creado especialmente para esta oportunidad, el próximo jueves 14 de mayo a las 21.00 hs., en Willie Dixon (Suipacha y Güemes, Rosario).
El espectáculo abarca diversas disciplinas artísticas como: lecturas, proyecciones e intervenciones musicales, además habrá exposición de fotografías y pinturas.
Algunas de las personalidades de la cultura rosarina que serán parte de esta performance tan innovadora como original son: Daniel Querol, Marcelo Scalona, Coki Debernardis, Pablo Pino (Cielo Razzo), Diego Casanova (Rosario Smowing), Diego “Popono” Romero (Los Vandalos), Bonzo Morelli, Fabián Gallardo, Rubén Vuzzy, Daniel Perez (Sucesores de la Bestia), Nahuel Marquet (El Regreso del Coelacanto, Degrade), Hernán “Mantu” Mantuani (Bulldog), Andrés “Polaco” Abramovsky (El Regreso del Coelacanto), Lucas Simeoni (Puerto Maluco), Nahuel Antuña (Vudu), Teo Figueroa, Federico Tinivela, Ariel Subirá, Fernando Marquinez, etc.
Inspirados en Episodios del Fuego, cada uno de los artistas participantes brindará una puesta original, no vista habitualmente en sus presentaciones, que incluyen cruces interdisciplinarios, de bandas y estilos, como un dúo formado por Morelli y Popono; un set de temas interpretados por el Polaco Abramovsky, Pablo Pino, Vuzzi y Dani Pérez; o una lectura a cargo de Daniel Querol con música de Coky.
Episodios del fuego es un libro objeto que cuenta con una secuencia de foto poemas convirtiendo su estética en el preciso complemento de texto e imagen basado en desnudos femeninos y aludiendo a un discurso poético con 16 poemas que abordan el pensamiento filosófico y presocrático de Heráclito.
El valor de la entrada a este espectáculo es de $10.- Todo lo recaudado se utilizará para la reedición de material del artista.

Contacto:
451-4010
155-039369
FABRICIO
fabriciosimeoni@hotmail.com

Alfredo Di Bernardo: Bernie Rubens se hace hombre



Manny Rubens es un tipo inseguro, de esos que revisan maniáticamente tres veces si cerraron bien la puerta del auto o si la luz quedó apagada. Es también un hombre gris, sin vuelo, opacado desde su infancia por el carisma de su hermano Jimmy, frente al cual no puede dejar de sentirse inferior. Si fuera uruguayo, podría concebírselo escapado de algún cuento de Benedetti, pero es inglés, judío y vive en esa Londres cuyo ritmo cotidiano comienza a verse alterado por el inminente inicio del Mundial de fútbol de 1966.
Manny está casado con Esther y tiene dos hijos: Alvie y Bernie. Alvie es abiertamente el preferido y las expectativas de la familia Rubens están depositadas en él. Bernie, en cambio, no las tiene todas consigo: es miope, usa anteojos, padece asma y siente, con fundamentos, que en su casa nadie le presta atención. A los 12 años, su existencia parece condenada a pasar inadvertida ante los ojos de los otros, deslucida -casi como en un calco de la historia paterna- por la de su hermano mayor.
Hay para Bernie, sin embargo, un motivo de esperanza: se aproxima el momento de su Bar Mitzvah, la ceremonia religiosa en que -tal como le enseña el rabino ciego que lo adoctrina- "un judío se hace hombre". Más concentrado en los festejos que en el costado espiritual del asunto, Bernie piensa que su Bar Mitzvah es la ocasión ideal para reivindicarse y empezar a tener luz propia. Carente de criterio realista, escribe invitaciones destinadas a judíos famosos y fantasea con una fiesta para 250 personas en el mejor salón del barrio.
Dos obstáculos amenazan con arruinar sus planes. Uno de los enemigos es invisihle a sus ojos de niño: la decadente situación económica de su familia. Porque un buen día se instala en el vecindario un gran supermercado y las ventas del negocio de su padre empiezan a derrumbarse estrepitosamente. El otro peligro es el Mundial. Porque la fecha programada para la final del torneo es la misma que la prevista para su Bar Mitzvah, y semejante coincidencia conduce a una conclusión obvia: si Inglaterra logra acceder a esa instancia, nadie querrá ir a la ceremonia para no perderse el gran partido. La crueldad del azar lo deja parado a contramano del patriotismo deportivo generalizado: Bernie será el único inglés que haga fuerza por los equipos que enfrenten a su selección. El problema es que, con el correr de los días, Inglaterra avanza en la Copa con la misma firmeza con que se desploman las finanzas familiares. Puede ocurrir, entonces, que el que iba a ser el mejor día de su vida se transforme en su peor pesadilla.
Con estos elementos tan simples, el cineasta inglés Paul Weiland ha construído una película admirable, una de las más conmovedoras que he visto en los últimos años. Se llama "En el '66" ("Sixty-six", en el original) y podría catalogársela como comedia dramática. Sin grandilocuencias, ajustándose en todo momento a un tono medido que no excluye el humor ni la emoción, apelando a un registro melancólico que oscila entre lo intimista y lo costumbrista, la película es el retrato agridulce de un viaje iniciático, una travesía interior en la que Bernie aprenderá que hacerse hombre trae aparejadas muchas más cosas que una fiesta. Así como el Ernie de "Verano del '42" se asomaba al dolor de la guerra y la muerte a través de su debut sexual, en este complicado verano del '66 Bernie descubrirá las aristas oscuras de la adultez: la decepción, el engaño, el resentimiento, la debilidad, el fracaso.
Historia de segundones -Bernie y Manny lo son o, al menos, así se sienten ellos- la película dibuja con notable agudeza y profunda ternura las dos caras de una misma incomunicación: los esfuerzos estériles de un niño que clama por atención y las tribulaciones de un padre que no sabe llegar a él. Desencuentro que, paradójicamente y merced a un inesperado giro argumental, comenzará tal vez a ser zanjado gracias a ese mismo fútbol que tanto angustia al contrariado Bernie.
Película deliciosa y emotiva, si fuera crítico de cine la calificaría con un "10" o un "excelente". Como no lo soy, me limito a recomendar su visión. Ningún espíritu sensible, me parece, podrá abstraerse a su encanto.

Alfredo Di Bernardo
De Crónicas del Hombre Alto (nº 50)
alfdibernardo@fibertel.com.ar

Celular, divino tesoro



Patricia Nigro invita a pensar sobre el uso y el abuso del celular en la sociedad actual.


El “celular” (llamado así en Hispanoamérica y en Estados Unidos) o el “móvil” (como dicen los españoles o los ingleses) se ha vuelto parte inseparable de nuestra anatomía. ¿Cómo se vivía antes de que estos aparatitos aparecieran en nuestras vidas? Probablemente, más tranquilos, con menos interrupciones, menos estrés y, también, con la lucha que significaba hablar por un teléfono público.
Hoy en día es imposible conseguir un teléfono celular, a los que el especialista Roberto Igarza llama “la cuarta pantalla”, que sólo funcione como teléfono. Los vendedores mirarán con enorme sorpresa al cliente que les pidiera un teléfono que fuera sólo eso: un teléfono. Que no fuera radio, mp3, despertador, reloj, cronómetro, cámara de fotos, de video, que no sirva para navegar por Internet ni que permita usar el correo electrónico o mandar mensajes de texto.
¿Cuánto tiempo se tarda en conseguir un teléfono, cuyo timbre de llamada (perdón, debo decir ringtone para estar al día) sea sólo un “ring” como cualquier teléfono sonaba antes? Y no la inverosímil lista de canciones, chistes, ruidos, bromas, con que, en trenes y colectivos, nos despiertan de nuestras meditaciones las llamadas de los prójimos. En un texto reciente, Néstor García Canclini recuerda el “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj” de Cortázar y señala unas comparaciones asombrosas. El reloj a cuerda (objeto prácticamente desaparecido) necesitaba que se le “diera cuerda” todos los días para que funcionara. Es necesario recargar fielmente la batería del celular porque de lo contrario cesará su labor comunicativa. Al reloj de cuerda se lo llevaba siempre en la muñeca (“me olvidé el reloj” podría ser hoy el equivalente de “me olvidé el celular”, catástrofe que significa que muchas personas regresen a sus casas a buscarlo).
Un colega me hacía notar que los chicos no llevan el celular en carteritas sujetas a sus cinturones, sino en sus mochilas o colgados del cuello o, simplemente, en el bolsillo. Con el reloj uno siempre tenía miedo a perderlo, a que se lo robaran, a que se rompiera, con el celular pasa lo mismo.
“Devuélvame, por favor, el chip”, le dijo una chica al ladrón que le tocó ese día. Y éste, con gentileza delictiva, se lo devolvió y se llevó sólo el aparato. Usar un celular rosa al estilo de las Barbies o de primera marca no es lo mismo que usar uno cualquiera; lo mismo pasa con los relojes. Un reloj de primera línea es un objeto suntuoso, uno comprado en la estación de trenes nos rebaja casi a la calidad de semihumanos.
Cuando se usaban los relojes pulsera, uno se fijaba siempre si estaba bien sincronizado. Ahora, la desesperación es atender rápido una llamada o contestar el último e intrascendente mensaje de texto. Tampoco hay que olvidar a aquellos que atienden el celular en el cine o en misa o a las mujeres que no lo encontramos en el fondo de nuestras carteras y que, cuando lo alcanzamos, ya ha dejado de sonar.
“Es como tener un chip en la cabeza, tus viejos siempre te encuentran”, decía un adolescente que empezaba a comprender que, como dice Cortázar, cuando te regalan un reloj para tu cumpleaños (o, en este caso, un celular), en realidad, es a tu persona a la que regalan para el cumpleaños del celular.
En una reciente publicidad televisiva, un niño juega con un ser vivo, un hamster regalado por sus padres. Habla a través de él como si fuera un teléfono. ¿Qué es mejor para un niño: una mascota o un teléfono? ¿Por qué los padres se lo compran, cuando aún no entró en la adolescencia y no sale solo? Y, además, esos mismos padres pagan la cuenta. ¿Con quién debe comunicarse con tanta urgencia una criatura?
“Todas mis amigas tienen uno”, decía una niña a su madre tratando de convencerla con la falacia de la generalización. Si todas lo tienen y yo no, soy menos que el resto. La madre no se dejó convencer. Cuando tengas llave de casa, salgas sola o con tus amigas, te voy a comprar uno por seguridad (que es la razón, por la cual los padres compramos celulares a nuestros adolescentes, pero no es la misma por la que ellos lo usan).
Celular, divino tesoro, diría el gran nicaragüense. Muchas cosas buenas nos das pero dejame que te use cuando te necesite, y que mi tiempo valga lo que vale y lo único que tengo: mi tiempo de vida.

Patricia Nigro
Docente de la Facultad de Comunicación, Universidad Austral.
http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-123245.html

Juan Mutante: Mutilados





Mutilados
de Juan Mutante
B’Ayres – 4º Milenio


En B’Ayres como en otras ciudades quedaban muy pocos humanos íntegros. Las habitaban en su mayoría humanos-máquinas.

Los continuos experimentos habían enrarecido el medio ambiente y las personas generalmente nacían mutiladas. Las grandes corporaciones les insertaban máquinas en las partes faltantes del cuerpo para que trabajen en sus empresas.

Josué vivía en B’ayres. Era tanto humano como máquina, llamados Unysistas(*).El era Operador de Computadoras, sin extremidades inferiores. Tenía una silla incorporada con dos patas muy firmes simulando las piernas que le faltaban. En la base, un par de zapatos cubrían el mecanismo de rueditas y rulemanes, que junto a un motorcito, le permitían desplazarse en distintas direcciones y velocidades.

Así trabajaban él y otros como él frente a una computadora. Cuando se embotaban miraban a través de un ventanal que daba a una plaza donde se juntaban los Barrenderos, que en reemplazo de brazos tenían implantados los cepillos para realizar la limpieza. También había muchos Operarios, con implantes de pala, pico y martillo. Estas uniones no eran muy seguras y tenían poca protección ante las tormentas. Varios morían por las descargas eléctricas. Estaban además quienes habían rechazado implantarse máquinas y las empresas no les daban trabajo. Tenían que dedicarse a revolver la basura y juntar cartones para vivir.

Josué no tenía una actividad tan riesgosa, pero sí monótona y extensa. Trabajaba doce horas diarias ingresando datos. Por momentos era inaguantable el ruido de tantas manos tecleando y tecleando, que Josué aturdido se retiraba a un pasillo y por momentos lloraba de la impotencia de no poder ser distinto y vivir mejor. Así conoció a Luna.

Luna era un modelo Motoquera, encargada de repartir cd’s y listados. En las extremidades inferiores de ella, bastante atrofiadas, tenía colocada una moto para que realice sus viajes. En uno de los recorridos conoció a Josué.

Al conocerse se gustaron y al poco tiempo se casaron. Llevaban adelante el matrimonio a pesar de las limitaciones de ambos, aunque últimamente ella se sentía algo extraña, pero no quería preocuparlo a él y esa mañana sin decirle nada fue el hospital. Pensaba que sería por sus caderas, ya que ahí tenía implantada la moto.

El resultado de los estudios fue totalmente inesperado. Por los nuevos métodos de fecundación en motoqueras había quedado embarazada y dentro suyo llevaba un tesoro que no se había imaginado.

Mientras le avisaba a Josué de su embarazo, terminó de leer los resultados, su hijo nacería humano completamente.

Tendrían que mutilarlo.


(*) Unysistas: Sistema de Coordinación Orgánica de un ser humano con su máquina complementaria.

Juan Mutante
jmutante@hotmail.com

Germán Cáceres: Entre la soledad y lo siniestro



EL OTRO NOMBRE DE LAURA
De Benjamin Black
(Buenos Aires, Alfagura, 360 páginas, 2008)


Este libro abreva en tres fuentes tan dispares como fecundas: el Ulises, de Joyce, El hombre que miraba pasar los trenes, de Georges Simenon, y La especialidad de la casa, de Stanley Ellin.

Benjamin Black es el seudónimo que adopta para sus novelas policiales el irlandés John Banville (Wexford, 1945), considerado uno de los mejores escritores de la actualidad en lengua inglesa, y que obtuvo en 2005 el Premio Booker y el Irish Book Awards por su novela El mar.

Como el texto de Simenon —en el que no interviene Maigret— retrata con maestría la psicología de los personajes en todos sus vericuetos introspectivos; como Joyce registra un Dublin gris y castigado por la lluvia, con sus tabernas y personajes solitarios que deambulan por la ciudad a la manera de un Leopold Bloom; y, por último, comparte la intuición de la colección de cuentos de Ellin acerca de que cualquiera de nuestros vecinos o parientes cercanos puede ser un asesino, es decir alguien al que vemos todos los días desplazándose inofensivamente.

Pero más allá de estas influencias, está el talento narrativo de Black, cuya prosa tan deslumbrante como original expone un suspenso que va unido al desamparo de unos personajes desorientados, que siguen los dictados de sus impulsos aunque éstos los conduzcan a la destrucción. Y el investigador no es un detective privado ni un policía, sino Quirke, un patólogo del Hospital de la Sagrada Familia, que no tiene ninguna similitud —salvo su profesión— con la doctora Scarpetta, la protagonista de los best sellers de Patricia Cornwell. Quirke es un tipo complejo, torturado, que se pierde en la bruma dublinesa y, al igual que el resto de los personajes, no tiene objetivos claros sobre qué hacer con su vida. El lector se siente atrapado por el interés que provoca la continua caída de varios de ellos en las más espeluznantes tinieblas de la pornografía y la perversión sexual. Y todo el horror comienza con la autopsia del cadáver de una bella y joven mujer que aparentemente se suicidó arrojándose al mar.

La mirada de Black está colmada de ambigüedad porque sus personajes mienten con frecuencia. Pero sobre todo es amarga, pues como sostiene hacia el final el inspector Hackett: “Éste no es un buen mundo, señor Quirke, y está lleno de mala gente. Y no hay justicia, o no al menos que yo llegue a ver”. Y pensar que Irlanda es mostrada como ejemplo de desarrollo económico gracias a su ingreso en la Comunidad Económica Europea. Parece que este optimismo no convence al autor, ya que sus criaturas caen con facilidad en una desesperación que los sumerge en el alcoholismo y la drogadicción.

Excelente la traducción de Miguel Martinez-Lage.

Germán Cáceres
Buenos Aires, Argentina

Boris Vian, un hombre con mil cosas que hacer

Boris Vian

Por Ramón Mas

Intentar reconstruir la figura de Boris Vian en todas sus facetas es una aventura que supera la capacidad de absorción de cualquier devoto temerario. Su talento hiperactivo fomentó la dispersión de una obra que debe entenderse como un tic nervioso, algo natural que, a ritmo de bop, sucedía allá donde pisaba. Trompetista y actor, pero sobre todo escritor, Boris Vian paseó su comprimida existencia entre la facultad de ingeniería, el colegio de Patafísica, las primeras caves de Jazz, teatros y rodajes de todo tipo, e incluso los despachos del sello discográfico Phillips, del que fue director artístico.
Con su gesto elegante y un cierto descaro emocional, Boris Vian dejó tras de si retazos de una obra tan difícil de recopilar como de unificar. Nunca impuso jerarquía alguna entre sus inquietudes creativas, ya fuesen pictóricas, musicales o de ebanistería, pero si por alguna le recordamos cincuenta años después de su muerte es sin duda por la literaria. En ella encontramos traducciones excelentes, novelas inclasificables, conferencias didácticas, poemas-bomba y poemas-broma, crónicas de Jazz puramente hedonistas, guiones de cine vocacionales, letras que se anticipan al estallido de la chanson, incursiones en la literatura negra que escandalizaron a toda Francia y hasta algún acercamiento a la opera y el teatro.
Solo hay que dar una mirada rápida al Saint-Germain-des-Prés de posguerra, del que Boris Vian fue considerado príncipe por la prensa de la época, para cerciorarse del bullicio que se movía a su alrededor. Sartre, Simon de Beauvoir, Raymond Queneau o Albert Camus frecuentaban el club Tabou; allí la orquesta de los hermanos Vian incitaba al baile, además de las habituales visitas de Charlie Parker, Miles Davis y otros grandes del Jazz estadounidense. Por si tanto nombre ilustre supiera a poco, en el mismo barrio deambulaba la Internacional Letrista de Debord, recién escapada de las garras de de Isidore Isou y formando el embrión de lo que pronto se convertiría en la Internacional Situacionista. Pero en las caves, esas cuevas subterráneas donde los nuevos escritores franceses se deshacían de los arcaicos clichés de la intelectualidad gala, Vian era la estrella, el centro de gravedad gracias al cual un filósofo francés y un saxofonista de Nueva Orleáns podían emborracharse codo con codo. Y cuando aprovechando aquella juventud de posguerra que tan bien vendía en los periódicos, a alguien en Editions Toutain se le ocurrió sacar una guía de Saint-Germain-des-Prés, ¿a quien llamaron? Pues al que mejor conocía la vida subterránea, el príncipe de los trogloditas. Boris Vian cumplió con su parte, no así la editorial, y a pesar de los anuncios de su inminente publicación aparecidos en 1950, la guía no vio la luz hasta 1974, quince años después de la muerte de su autor.
El novelista
En julio de 1946, Jean d’Halluin, amigo de Vian y editor de oficio, le pide consejo sobre autores americanos que puedan tener éxito en Francia. Es la literatura que está de moda y necesita algo que le asegure vendas para evitar la bancarrota. “¿Un best seller? Dame diez días y te fabricaré uno”, y así lo hizo. Del 5 al 20 de agosto, Boris Vian aprovecha unas vacaciones en la Vendée para escribir Escupiré sobre vuestras tumbas, una novela negra protagonizada por un afro-americano de piel clara que, haciéndose pasar por blanco, se venga del asesinato racista de su hermano. Era pura provocación, y lo firmó bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan, un autor americano de raza negra que supuestamente el propio Vian había traducido al francés. El libro vendió moderadamente hasta que se hizo pública una denuncia por atentar contra las buenas costumbres, una vez servida la polémica las cifras crecieron exponencialmente. Tres años después, con problemas de salud y cansado de arrastrar juicios, Boris Vian confesaba la autoría del libro. Pero los juicios todavía se alargarían dos años más, y el espectro de Vernon Sullivan le perseguiría hasta la tumba. A pesar de las vendas astronómicas, Boris Vian nunca quiso considerar J’Irai cracher sur vos tombes como una obra literaria, se limitaba a decir que se trataba de una broma.
Lo cierto es que el revuelo levantado alrededor de las obras de serie negra ensombreció sus verdaderas novelas, las que firmó con su propio nombre y cuya forma y contenido era absolutamente genuino. Estos libros, tan solo cuatro si dejamos a un lado Vercoquin et le Plancton y Trouble dans les andains, ambas novelas de formación, son La espuma de los días, El otoño en Pekín, La hierba roja y El arrancacorazones. Cuatro piezas irreverentes de una belleza e imaginación difícilmente equiparables a ningún autor del siglo XX. Resulta paradójico que las obras más personales de un autor sean también las más fantasiosas, pero eso forma parte de la desconcertante grandeza de Boris Vian; tampoco por ser tremendamente divertidas dejan de ser trágicas. Discípulo avanzado de Jarry y Rabelais e hijo bastardo del Carroll de La caza del Snark, Boris Vian creó un mundo propio que bebe tanto del teatro del absurdo como de la literatura de ciencia ficción norteamericana de los 50’s.
La literatura de Boris Vian es una fiesta de la inventiva ante la cual palidece incluso el desparpajo surrealista. Entre sus páginas podemos encontrar a toda clase de personajes tan difíciles de concebir como de olvidar, des de un arqueólogo excavando en busca de líneas de fe a un filósofo con clubs de fans, un perro existencialista con cargos políticos, un psicoanalista hueco o batallones de curas armados con lanzahostias. Pero también gran variedad objetos fantásticos como el inolvidable pastel que se puede pinchar en un tocadiscos de L’Écume des jours. Además, como expresa de forma magistral en La espuma de los días, tal vez su novela más redonda, los estados de ánimo de los personajes alteran el mundo físico en el que se desenvuelve la trama, de modo que el decorado es tan protagonista como lo que en él sucede. No obstante, lo que más abunda en la obra de Boris Vian, y esto incluye los guiones, las variedades, el teatro o las novelas de serie negra, son las mujeres bonitas. Él mismo lo confiesa sin rodeos en un célebre prólogo escrito en 1947: “En realidad, sólo existen dos cosas importantes: el amor, en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la música de Nueva Orleáns o de Duke Ellington.”
Hay en toda la obra de Boris Vian una intención premeditada de huir de lo convencional, pero no por ello estamos hablando de libros incomprensibles o de difícil acceso. Más bien al contrario, su escritura es ágil y sin rodeos, ahora bien, nunca sabes hacia donde se dirige. “En fin, no conté mis amores en una primera novela, mi educación en la segunda, mis purgaciones en la tercera ni mi vida militar en la cuarta; solo he hablado de cosas que ignoro por completo. Esta es la verdadera honestidad intelectual. No se puede traicionar el tema cuando no hay tema- o cuando no es real.” Tal vez fuera este desconocimiento del tema lo que hizo que público y crítica ignoraran durante años las cuatro obras maestras de Boris Vian.
Sin embargo, y por suerte para nosotros, cincuenta años después de su muerte la obra de Boris Vian es constantemente reeditada y tratada con el respeto que se merece. Actualmente, aquello que en 1951 le escribía a su segunda esposa Ursula respecto el rechazo de “L’arrache-coeur” por la editorial Gallimard, “Qué raro, cuando escribo en broma parezco sincero y cuando escribo de verdad, creen que bromeo…” y que tubo mucho que ver en que dejara de escribir novelas con poco más de treinta años, no es más que una anécdota a pie de página.
El guionista secreto
Si hay algún modo de expresión literaria que Boris Vian practicó de manera constante hasta su muerte a los treinta y nueve años, esta es sin duda la de escribir guiones. Desde su más tierna adolescencia sintió una fuerte atracción por el cine, hasta el punto de escribir y dirigir cortometrajes caseros con sus hermanos. Pero nunca se atrevió a dirigir en serio por aquello de “Cuando sea tan sencillo mirar como filmar me pondré manos a la obra, pero depender de demasiada gente, caramba. No tengo ganas de mandar a la gente…”, en cambio si que probó suerte como guionista. Decenas de guiones, la gran mayoría de ellos jamás realizados, escritos en colaboración con Pierre Kast o excepcionalmente con Raymond Queneau, que están publicados en castellano bajo el título Calle de las Arrebatadoras.
Es en 1953 cuando, libre de toda acción judicial y hastiado por el fracaso de sus verdaderas novelas, decide convertir la obra de Vernon Sullivan, Escupiré sobre vuestras tumbas, en un guión de Boris Vian. Para ello rehace varias veces el guión, peleándose de forma casi obsesiva con un libro que aparte de dinero solo le había aportado problemas, e intentando encontrar algo realmente suyo en la gamberrada inicial. Hasta que en 1958 una productora cinematográfica se interesa por la historia. Vian, tal vez pecando de inocente pero también porque no le quedaba un franco, vende los derechos y automáticamente queda aparcado del proyecto. El texto es ofrecido a otro guionista y se realiza una película que poco o nada tiene que ver con la que Boris Vian llevaba proyectando desde hacía cinco años. A partir de este momento por lo único que se pronunciará será para exigir que quiten su nombre de los títulos de crédito. Irónicamente, y de un modo absolutamente literario, el 23 de Junio de 1959 Boris Vian acude a regañadientes a un pase privado de la película. Están el director y el productor, él procura comportarse amablemente con ambos muy en contra de su estado de ánimo, ocupa su butaca y se apagan las luces. A los pocos minutos de proyección Boris Vian muere a causa de un edema pulmonar que llevaba años arrastrando. Noël Arnaud, autor de Las vidas paralelas de Boris Vian, dice así “J’irai cracher sur vos tombes nunca habrá sido obra suya. El fantasma de Vernon sullivan habrá perseguido, con su maldición, a Boris Vian, hasta el fin.”

Ramón Mas
Fuente: Literaturas.com
http://www.literaturas.com/v010/index0905revista.asp

Una vida absolutamente maravillosa

Marcel Duchamp

Por Enrique Vila-Matas

Marcel Duchamp dejó un legado, sin enterarse. Nunca consideró el arte como solución de nada, y para colmo dejó de pintar y se dedicó a buscar la suerte de poder pasar a través de las gotas. La encontró, y fue envidiablemente feliz.

Me fascinó la cubierta que reproducía Obligation pour la roulette de Monte Carlo, un ready-made de Duchamp que consistía en un rostro enjabonado en medio de un bono de casino para la ruleta monegasca. Entré en la librería que exponía en su escaparate Conversaciones con Marcel Duchamp, de Pierre Cabanne. Y la contraportada de Anagrama aún me resultó más atractiva que la cubierta, porque empezaba diciendo: "Marcel Duchamp ha sido, según André Breton, "uno de los hombres más inteligentes (y para muchos el más molesto) de este siglo. También uno de los más enigmáticos".


La inminencia de tener que abandonarlo todo no le parecía nunca horrible, pues no sentía que pudiera haber en esa renuncia algo que lamentar
Corría el año de 1972 y tenía una cierta idea de lo que podía ser un hombre inteligente, pero ninguna sobre cómo se podía llegar a ser el hombre más molesto de todo un siglo, y eso me interesaba bárbaramente. Vi muy pronto que había comprado mi biblia personal, pero tardé más en enterarme de que ya no me separaría nunca de aquel libro. Siempre lo he tenido en la estantería que está a la izquierda del escritorio del que no me he movido en los últimos cuarenta años. El libro se convirtió en mi biblia, pero no porque me fascinara ese hombre que todo el tiempo estaba a punto de dejar de ser un artista, sino por algo más sencillo e interesante: a sus setenta y nueve años, decía que había tenido "una vida absolutamente maravillosa" y parecía proponer un estilo ágil de conducta y de relaciones con el arte y con el mundo para quien quisiera sacar provecho de su involuntaria lección. ¿Los no inteligentes le consideraban molesto? Sería porque creían que se oponía a lo que estaban haciendo, pero en realidad no hacía tal cosa, simplemente ellos no se daban cuenta de que se podía hacer algo distinto a lo que se hacía en aquel momento.

-¿Leía lo que se escribía sobre usted?

-Claro. Pero lo he olvidado.

Conversaciones con Marcel Duchamp estaba cargado de respuestas que parecían funcionar a modo de pistas para moverse por la vida de una forma que uno pudiera llegar a una edad ya muy respetable pudiendo proclamar que todo había resultado absolutamente maravilloso. Recuerdo todavía las primeras frases de Duchamp, porque me dejaron plenamente conectado al libro: "Espero que haya un día en que se pueda vivir sin tener la obligación de trabajar. Gracias a mi suerte he podido pasar a través de las gotas. En un cierto momento comprendí que no debía cargarse a la vida con demasiado peso, con demasiadas cosas por hacer, con aquello a lo que se llama una mujer, niños, una casa en el campo, un coche, etcétera. Y lo comprendí felizmente muy pronto".

Después de volver ayer al libro, me dije que con razón Duchamp se atrevió a hablar de una vida maravillosa. Artista no, decía de sí mismo: anartista. Y la inminencia de tener que abandonarlo todo no le parecía nunca horrible, pues no sentía que pudiera haber en esa renuncia algo que lamentar. "El anartista", dice Alan Pauls, "es como el célibe; como el artista del hambre de Kafka: la privación no es un accidente, no interrumpe ni corta nada: es el corazón mismo del programa". Los espectadores de la vida y del programa de Duchamp no podemos más que quedarnos pasmados mientras nos preguntamos cómo fue posible que un anartista que apenas tenía obra y se autoexcluía de los grandes movimientos artísticos de su juventud acabara convirtiéndose en el artista más influyente de los últimos cien años. Un misterio. Una felicidad. Existe sin duda la posibilidad de que todo fuera el producto de un sinfín de equívocos provocados por el escándalo americano de 1913 de Desnudo bajando una escalera, y que gracias a este equívoco y a este cuadro se haya proyectado sobre su vida y sobre su obra una veneración que el propio Duchamp sólo entendía si recurría a la ironía: "He tenido más suerte al final de mi vida que al principio".

En realidad, frente a los groseros esfuerzos de Dalí por ser visto, frente al trabajo metódico y obsesivo de Picasso, frente a los antojos teóricos de Metzinger, Duchamp siempre fue un artista que no se caracterizó precisamente por su voluntad de llamar la atención, ni por su entrega desmedida al trabajo, ni por sus fatigas teóricas. Por el contrario, nunca consideró el arte como solución de nada, y para colmo dejó de pintar y se dedicó a buscar la suerte de poder pasar a través de las gotas. Y esa suerte la encontró. Pasó a través de las gotas como el consumado nadador que era, y encima fue envidiablemente feliz.

Un día, en París, Naum Gabo le preguntó por qué había dejado de pintar. "Mais que voulez-vous?", respondió Duchamp abriendo los brazos, "je n'ai plus d'idées" (¿qué quiere?, ya no tengo ideas). Qué tranquilidad puede llegar a dar una respuesta así y qué sereno debe de quedarse quien la da. Si no hay ideas, tampoco es cuestión de repetirse. Y sin embargo nuestro anartista dejó un legado, sin enterarse. O enterándose poco, porque le absorbía el ajedrez. El enigma, si se quiere, sigue ahí. ¿Qué hace que Duchamp, que no hizo casi nada, siga presente y las estrellas de Picasso y Dalí y otros maestros se estén apagando? La clave podría estar en su ironía y su escepticismo y en haber tomado distancias con lo que los románticos entendían como la religión del arte. "Me temo que en arte soy agnóstico", le dice a Cabanne en un momento de este libro de conversaciones que después de releerlo creo que influyó en mi obra y no tanto en mi vida, aunque me ha permitido tener la conciencia, si cabe más clara, de que he podido conocer el choque de al menos dos tensiones siempre: la necesidad de estar y no estar al mismo tiempo. Ser el activo y pesado Picasso y producir todo el rato, pero también ser el indolente y gran amante del juego que fue Duchamp, y prodigarme lo menos posible y en realidad no hacer nada y practicar el arte de saber respirar y de caminar por la Quinta Avenida. Hablar mucho, como mi padre, y a la vez conocer las sabias pautas del silencio, como mi madre. Dos posibilidades de las que ya habló Kafka: hacerse infinitamente pequeño o serlo. Y en realidad suscribir aquello que decía el propio Duchamp: "Siempre me he forzado a la contradicción, para evitar conformarme con mi propio gusto". Que viene a ser parecido a lo de Walt Whitman: "¿Me contradigo? Muy bien, me contradigo". En esa frase el poeta norteamericano habría encontrado una manera como otra de tomar posiciones ante la vida y una forma de tener, como mínimo, dos versiones de un mismo tema: él mismo. Por eso a veces juego con el gato de Schrödinger, que encarna la paradoja cuántica de estar vivo y muerto a la vez. En otras palabras, juego a no ser Duchamp y serlo. Después de todo, Shakespeare me importa un rábano, no soy su nieto. Y que tengan ahora ustedes muy buenas noches y una vida absolutamente maravillosa. Yo no la he tenido. Pero la tengo.


Conversaciones con Marcel Duchamp. Pierre Cabanne. Traducción de Jordi Marfà. Anagrama. http://www.enriquevilamatas.com/


Fuente: Babelia, 18/04/2009
http://www.elpais.com/

Ernesto Cardenal gana el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2009



Máxima distinción chilena a poetas iberoamericanos.

Es la sexta versión de este galardón que entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, a través del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.

Por unanimidad el sacerdote, político y escritor nicaragüense Ernesto Cardenal fue nominado para recibir el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2009.

Así lo informó hoy la Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, quien presidió el jurado que eligió al autor de “Homenaje a los indios americanos” y “El Evangelio de Solentiname”, en la sexta entrega de uno de los más importantes premios literarios de habla hispana.

El anuncio fue hecho al mediodía en la Casa-Museo La Chascona , sede la Fundación Pablo Neruda , patrocinadora oficial de este premio que entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, a través del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.

De acuerdo al acta de nominación, el galardón fue concedió a Cardenal en atención “al logro de remozar la tradición occidental clásica aplicándola a la actualidad contemporánea, su interés y preocupación permanente por los pueblos originarios de este continente y por su compromiso político”, entre otros puntos. Al premiarlo –señala el documento- “se rinde homenaje a una obra plena, de muchos registros y a un país que puede enorgullecerse, como Chile, de sustentarse y perdurar gracias a la voz de sus poetas, que traspasan la historia y ofrecen un rostro nuevo a los nuevos lectores de cada día”.

En esta ocasión el jurado estuvo integrado por los chilenos Carmen Berenguer (Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2008) y Oscar Hahn; por los poetas y ensayistas Jorge Boccanera, argentino, y Juan Gustavo Cobo, colombiano; y Selena Millares, académica de la Universidad Autónoma de Madrid.
Considerado el más importante galardón en su género en Latinoamérica, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Nerudafue instaurado en 2004 en el marco de las celebraciones oficiales del centenario del natalicio del Premio Nobel de Literatura 1971.

Se trata de la más alta distinción que concede el Estado de Chile a un poeta iberoamericano, cuya obra posea una dimensión universal y contribuya al diálogo cultural entre los pueblos.

En su primera versión recayó en el escritor mexicano, José Emilio Pacheco; luego, en 2005, lo ganó el argentino Juan Gelman; en 2006, el peruano Carlos Germán Belli; en 2007 la cubana Fina García Marruz; y en 2008 la chilena Carmen Berenguer.

El Jurado del Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” se reúne cada año para elegir al poeta ganador de este importante reconocimiento quien recibe un diploma y 30 mil dólares.

El premio será entregado al ex Ministro de Cultura nicaragüense por la propia Presidenta de la República Michelle Bachelet en julio próximo, mes en que se conmemorará el centésimo quinto aniversario del natalicio de Pablo Neruda (12 de julio de 1904).

Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal Martínez nace el 20 de enero de 1925 en Granada (Nicaragua). En 1935 ingresa en el Colegio Centroamérica de los Jesuitas en Granada donde completa sus estudios de bachillerato. Más tarde viaja a México e ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, publicando ya sus primeros poemas en algunas revistas mejicanas.

En 1947 obtiene la licenciatura y entre 1948 y 1949 estudia Literatura Norteamericana en la Universidad de Columbia (Nueva York) donde termina doctorándose. De mediados del 1949 a mediados de 1950 viaja por Europa (París, España, Italia) para regresar este mismo año a Nicaragua.

En esa época empieza a escribir sus famosos "Poemas históricos" e inicia un trabajo de traducción de poesía norteamericana que se prolonga por bastantes años hasta formar una voluminosa antología que después fue publicada por Editorial Aguilar. También por esta época comienza a realizar trabajos escultóricos, siendo algunas de sus obras exhibidas en galerías de los Estados Unidos.

Por entonces, también, empieza a manifestar su militancia política contra la dictadura de Anastasio Somoza con poemas de contenido político, algunos de los cuales circularon por el extranjero de forma anónima, sin que se sospechara quien era el autor, y así fueron publicados por Pablo Neruda en La Gaceta de Chile.

Es en 1957 cuando su vida da un giro total al decidir hacerse monje trapense e ingresar en el Monasterio de "Our Lady of Gethsemani", en Kentucky, EE.UU. donde Thomas Merton, maestro de novicios y consejero espiritual, se convierte en su gran amigo desde entonces.

Debido a su delicada salud debe abandonar la orden de la Trapa en 1959, continuando sus estudios religiosos en el Monasterio Benedictino de Cuernavaca, México, donde permanece dos años. Allí escribe dos obras, fruto de sus experiencias místicas: "Gethsemani Ky" (1960) y "Vida en el amor".

En 1961 continúa sus estudios de Teología en un seminario católico en la Ceja, Colombia. Desde allí publica las obras "Salmos" (1964) y "Oración por Marilyn Monroe" (1965), obra que contiene algunos de sus poemas más intensos, e inicia la colección de poemas indígenas que serían publicados después (1969) con el título de "Homenaje a los indios americanos".

A principios de 1966 funda unan comunidad contemplativa en una isla del archipiélago de Solentiname en la región de Río San Juan. En esa comunidad fomenta el desarrollo de cooperativas y crea una escuela de pintura primitiva que ha sido muy apreciada en Nicaragua y en el extranjero y un movimiento poético y político entre los campesinos basado en una interpretación libre y revolucionaria del Evangelio.

Posteriormente publica otros extensos poemas: "Canto Nacional" y "Oráculo sobre Managua" (1973), "Cristianismo y revolución" (1974), "La santidad en la revolución" (1974). También, "El Evangelio en Solentiname" (1977), comentarios revolucionarios del Evangelio hechos por él y los campesinos de Solentiname.

La poesía de Ernesto Cardenal es una poesía exteriorista formada en la lectura de la poesía norteamericana, la Biblia y los textos latinos clásicos, y se mueve entre el epigrama, la crónica y el salmo. Cardenal une el lenguaje místico con el épico, los problemas del proletariado de su pueblo con la magia de lo cotidiano; la ironía con la intensidad de la vida moderna.

Sus extensos poemas son verdaderas composiciones sinfónicas que expresan la ira del profeta enfrentado a la dictadura y que a la par revelan el asombro del poeta ante la naturaleza y la historia.

Pero por encima de todas estas apreciaciones, Cardenal reivindica una y otra vez la dignidad para el pueblo que tanto ama y para las comunidades indígenas.

Aunque su poesía no sea elitista, los críticos no dudan en afirmar que "El estrecho dudoso" es uno de los grandes aportes a la poesía contemporánea en lengua española.

Fuente: Fundación Pablo Neruda
Publicado por Esquerra Unida Mislata - Agenda Roja Nº 1968 - 04/05/2009

"Recitador Argentino" de Rolando Revagliatti: última edición multilingüe

Líneas éstas para informar a eventuales interesados que se halla recién instalada en http://www.revagliatti.net la última edición-e de la colección multilingüe
“Recitador Argentino”:
REUNIDOS 4

Textos literarios de Rolando Revagliatti traducidos al catalán por Pere Bessó i González, al portugués por Teresinka Pereira, Iacyr Anderson Freitas, Nilto Maciel & Michelle Fonteles, al italiano por Jerome Seregni & Martín Andrade, al inglés por Marián Muiñoz & Carmen Vasco, al alemán por Brenda Mezzini & Undine Berger.

Dibujos de Flavia Revagliatti
Diseño y Armado de Originales: Patricia L. Boero

Entrevistas: "Tata" Cedrón

"Tata" Cedrón

Foto: Ezequiel Torres.


Hace 45 años que le pone música a Gelman, Tuñón, Girondo y Manzi, entre otros. Hace unos días estrenó temas de Bustos, desaparecido en 1976. Fue la excusa para que el guitarrista hablara de su pasado, sus proyectos y sus ideas políticas.


Por Raquel Roberti

Alguna vez contó que durante su adolescencia en Mar del Plata, cada domingo cantaba una canción a capella. Que en el taller mecánico cebaba mate y buscaba a Gardel en la radio porque para escuchar música clásica, según su padre, “hay que tener buenos sillones”. Que a los 14 años se abalanzó sobre una guitarra y no la largó nunca más. Que tenía 21 años cuando llegó a Buenos Aires y le puso música a textos de Julio Huasi (“Milonga del Plata”), Juan Gelman (“Madrugada”) y Paco Urondo (“Plaza”). De esos acontecimientos pasaron casi cincuenta años y muchos poetas se sumaron al grupo. Ahora Juan “Tata” Cedrón convida con un mate espumoso y habla. Habla con la misma voz ronca y las mismas inflexiones que caracterizan su canto de estilo único.

Hace cinco años le puso fin a un exilio de más de cuarenta y volvió al país con la intención de transmitir su experiencia y saber a los jóvenes. Su sueño, y su proyecto, es armar un “laboratorio de experimentación” donde interactúen músicos de formación clásica y popular. Mientras espera que se concrete recibió el diploma de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, editó Piove en San Telmo sobre letras de Luis Alposta, grabó poesías inéditas de Homero Manzi en Frisón, frisón y reedita su obra con Alfiz Discos. Y hace unos días el Cuarteto (Miguel Praino en viola, Román Cedrón en contrabajo y Miguel López en bandoneón) estrenó en el Club Fernández Fierro canciones sobre poemas de Miguel Ángel Bustos, desaparecido en mayo de 1976.

–¿Llegó a Bustos a través de su hijo, como sucedió con Manzi?

–A Manzi lo conozco desde chico. Es cierto que Acho me dio un poema copiado a máquina, pero la primera canción que canté, por 1960, fue “El último organito”, con letra de Homero y música de Acho. Fue en un disco que etiquetamos uno por uno, y grabamos en un lugar donde estaba también Palito Ortega. Se habla de las letras de “Sur” o “Malena”, pero ¿y “Milonga sentimental”? “Varón, para quererte mucho, varón, para desearte...”. Cuando la escribió tenía poco más de 20 años, era un tremendo poeta. Los textos que me dio Acho estaban editados, pero nadie lee nada. Hay cosas del Cuarteto que nadie se detuvo a escuchar. Hace dos o tres años le hablé a un amigo belga de la historia de Gelman sobre Bonpland, un botánico que se encuentra con la india Nunu. Le fascinó y me preguntó dónde encontrarla. ¡Está en Canciones de amor de Occitania y otros casos que se lo había regalado en 1973! Otro amigo estaba encantado con “Quisiera hacer contigo una película hablada”, de Tuñón. Hace 20 años que la grabé en un disco donde Raúl cuenta que el tango “El entrerriano” no es de Mendizábal sino del pibe Ernesto, una historia pesada a la que nadie prestó atención.

–¿Cómo es?

–Tuñón dice que el pibe Ernesto estaba preso y como la gente era pacata, Rosendo Mendizábal firmó el tango para darle la guita a la mujer del pibe. Cuando el Malevo Muñoz lo sacó de la cárcel, fueron a hablar con la viuda de Mendizábal para recuperar los derechos, pero les dijo: “Andá a cantarle a Gardel, lo firmó Mendizábal y es de él”. Nadie reparó en esa historia. Con Homero lo mismo, yo no conocía el libro porque venía de afuera y tuve la suerte de que Acho me lo regalara.

–¿Y Bustos?

–Era mi amigo. Miguel Ángel era pintor y con su mujer eran amigos de una pintora que fue mi novia y de la cual estuve muy, pero muy enamorado. Nos conocimos en reuniones, yo ya había grabado dos canciones precolombinas y él, que era un estudioso de las culturas indígenas, se me acercó. Después me fui a Francia y él desapareció en el ’76. Emiliano, el hijo, vino a verme hace unos años a Gandhi, donde tocábamos con el Cuarteto, y me emocionó verlo. Cuando supe que había editado las cosas de Miguel, estuve que sí, que no, me daba pudor pedirle los textos.

–¿Por qué?

–Porque hay un poco de especulación con los desaparecidos y los derechos humanos... No es que el tema deba callarse, hay que hablarlo y curar esa herida. Te digo más, tengo una posición: se habla de torturadores, de madres, de nietos, de desaparecidos, pero no se dice qué querían ni por qué los hicieron desaparecer. Entonces, no quería... no sé cómo expresarlo porque soy charlatán pero no tengo facilidad para poner sentimientos en palabras... Estoy de acuerdo con los de mi generación; no estoy quebrado, sigo pensando lo mismo y creo que hay muchas formas de lograrlo. Ahora no llueve, podemos sacarnos el paraguas, cuando llueva nos lo pondremos de nuevo. Como dice Tuñón, “detesto las teorías absolutas”.

–Entonces, ¿cómo encontró los poemas?

–Fui a una librería de un amigo, ví el libro, lo abrí y me enamoré. Emiliano, con mucha nobleza, recopiló y publicó las obras y al final aclara: “Miguel Ángel Bustos es uno de los 30 mil desaparecidos”, no dice mi papá en ningún momento. Era un poeta extraordinario. Como militante del PRT hizo algunas canciones comprometidas, y como periodista no sé hasta dónde habrá llegado, pero no era un poeta comprometido, era un poeta casado...


Debajo de las cejas pobladas, al Tata le brillan los ojos: se divierte con sus ocurrencias. Y con la vida, que a pesar de los sinsabores, sabe llevar plena de proyectos. Junto a su actual esposa prepara un libro con la historia del Cuarteto; el viernes 17 toca gratis en la Cooperativa de Trabajo Los Constituyentes (por el programa Música en las Fábricas, de la Secretaría de Cultura de la Nación). Y luego se va de gira a Europa, donde se presentará en la Ópera de Varsovia, equivalente al Colón.

–¿Lo reconocen más en el exterior?

–No, acá hay muchísima gente que me quiere y con el Cuarteto somos referentes de muchos músicos de 25 o 30 años. Siempre decía cómo puede ser que sigan cantando, por ejemplo, “por qué me dejaste mi lindo Julián”. Ojo, son temas extraordinarios, pero muy conocidos. Y me di cuenta de algo: el Cuarteto nunca imitó a nadie, y los que nos aprecian aprendieron eso, no quieren imitarnos, son genuinos. Porque yo lo quiero a Gardel, pero no canto como él, son cosas que nutren y después uno hace sus cosas.

–Manzi, Tuñón, Gelman, tienen una forma de expresión y un lenguaje diferente. ¿Cuál es el hilo conductor en su elección?

–Es una forma más de ver las cosas, gente que ha visto todo... como por ejemplo Fellini en el cine. En poesía es lo mismo, hay gente que ve todo. Esa es la explicación que mejor me deja, pero hay otra. Soy una persona simple, intuitiva, espontánea. No tengo prejuicios para leer un poema, si es de tal o cual corriente, si el autor es judío, alemán o tiene sida. Leo, y cuando me conmueve, me viene algo especial para ponerle música. Siempre fue así. Leo poemas que tienen un ritmo musical, que se pueden cantar… “Trajín ciudad y tarde en Buenos Aires, aire de plaza, ruido de tranvía…”, es un poema bárbaro, muy musical. Y cuando leo esas cosas me convierto en Mister Hyde y escribo música.

–¿Así, de inmediato?

–Sí, empiezo con la guitarra y voy escribiendo. Cuento muchas cosas, es una manera muy espontánea de escribir. En una época grababa, pero me olvido cómo funcionan esos aparatos y hasta que aprendo, se me va la inspiración. Soy un dinosaurio total. Trabajo acá, en la cocina, y una vez que empiezo no puedo parar. Me pasó con Bustos, escribía, lo redondeaba bien, pum pum y lo dejaba. Tenía una especie de aire, de emoción, de inspiración especial. Siempre canto al componer y después, me voy a caminar y canto por la calle mientras pateo chapitas. Es cierto que no estamos en una época para cantar en la calle, no existe la mística para cantar “El rancho de la Cambicha” o “Alelí”.

–¿Añora ese Buenos Aires?

–Hace cuarenta años vivía a una cuadra de acá, por mi casa todavía pasa el afilador con el carrito de madera, tiene 89 años. Puedo revivir algunas cosas, los adoquines, los cordones de piedra de la vereda... Paisajes de uno, texturas que recuerdo de mi infancia. Todos tenemos ese tipo de nostalgias, y los pibes de ahora tendrán otras, pero añoranza, no. Me siento feliz, es la primera vez que tengo una casa divina y tengo ganas de vivir acá. Lo que me da dolor es la derrota que sufrimos en el ’55, lo digo con la boca llena, ahí se enterró el país. Me hablan de que los funcionarios esto y aquello, pero si no están preparados, se ocuparon de que la gente sea ignorante, que no sepa trabajar ni cumplir sus funciones. Pueden decir que Perón hizo esto o aquello, pero en el ’55 no había analfabetos y eso es lo más grande que puede pasar en un país, saliendo de ahí se puede arreglar todo. Ahora hay muchos analfabetos y están destruyendo a los maestros, eso sí me preocupa.

–Se relaciona con que la gente no lee...

–Mirá, nací en el ’39 y durante mi infancia viví la mejor época de este país, la calle era para jugar, con las murgas, los Reyes Magos, el pan dulce y la sidra a fin de año, los lápices y zapatillas que daban las escuelas, escuchando música popular, Los Chalchaleros, Yupanqui, Rivero, Pugliese... pero después vinieron los dolores, la porquería, el quilombo, esperanzas que se troncharon. Pero también jorobo siempre con que Espartaco se preocupaba porque no sabía a qué colegio iba a mandar a su hijo... así que siempre estuvo jodido. Mis hijos, mis nietos, ven ahora por primera vez un cielo e ignoran las cosas que pasaron bajo ese cielo, tanta belleza, tanta dulzura y tantos desastres. Pero cada día descubren algo y quieren saber más. Entonces, cada chico no nace con un pan bajo el brazo, nace con una esperanza.

Fuente: Revista Veintitrés 16/04/2009
http://www.elargentino.com/nota-36921-Para-componer-me-convierto-en-Mr-Hyde.html