miércoles, 13 de mayo de 2009

Silvia Loustau: Escuela Azucena Villaflor



Azucena Villaflor... ¡Presente!


Si la historia la escriben los que ganan / eso quiere decir que hay otra historia.
Era 1977. Era la Iglesia Stella Maris, de la Marina. Un grupo de mujeres de entre 40 y 50 años hacía fila esperando que las recibiera monseñor Gracelli para preguntarle por sus hijos. Entonces, una de ellas dijo: Basta. No nos podemos quedar acá, no conseguimos nada. ¿Por qué no vamos a la Plaza y hacemos una carta? Y así fueron por primera vez un sábado. Se dieron cuenta de que no las veía nadie, que no tenía ningún sentido. Era un 30 de abril. Decidieron volver la semana siguiente, un viernes. Y a la otra semana decidieron ir el jueves. La mujer se llamaba Azucena Villaflor. Y ese día nacieron las Madres de Plaza de Mayo. El 10 de diciembre de aquel año, día Internacional de los Derechos Humanos, reunieron recursos para sacar un aviso en el diario con el nombre de todos los desaparecidos que tenían anotados. Ese día el chacal voló sobre los pájaro blancos y un coche con varios hombres armados se llevó a Azucena Villaflor.

Mar del Plata. 30 de abril del 2009. Hoy nos envuelve su nombre, hay en el aire un perfume de azucena. Hoy se produce un nacimiento. Empezó con la visita de Madres de Línea Fundadora a la que era la escuela 78, del Barrio Belgrano *.

Dieron su testimonio. Compartieron la leche con los chicos. Una de ellas lleva en el pecho cuatro fotos. Cuatro hijos. Cuatro ausencias.

El personal directivo se reúne con las maestras. Con los chicos. Con la comunidad educativa. Este gobierno ha dado un permiso para poner nombres a las escuelas. No sólo fríos números. Padres y alumnos votan. Eligen entre cuatro nombres. Democracia pura. La escuela llevará el nombre de Azucena Villaflor. La semilla que habían plantado las Madres empezaba a dar sus frutos.

Todo está guardado en la memoria/ sueño de la vida y de la historia.
La voz de León Gieco nos recibe esa mañana. Entre abrazos. Los chicos sobrevolando como palomas. Padres y amigos de la escuela abrazan a cada una de las Madres, Me abrazan. Estoy con ellas. Podría ser una de sus hijas. Son las Madres de mis compañeros.

Alumnos, ya adultos, han regresado hoy. Su casa está de fiesta. Nunca había escuchado un himno cantado con tanto fervor. O sí. Lo he escuchado 36 años atrás.

Se han hecho presentes todos los organismos de Derechos Humanos. Hay cientos de adhesiones. Escucho nombres como Agrupación Ortega Peña. El pasado me envuelve.

El acto transcurre, arroyo de aguas nuevas. Le digo a una de las Madres, la de las cuatro ausencias, este es el país que soñábamos. Tanta sangre que se llevó el río…

El cuerpo de Azucena había aparecido flotando en las arenas de Santa Teresita. Ese mar que guarda un run run de huesos. La fiesta sigue. Se despejó el cielo y el azul traslucido del otoño viste la mañana. Milagros que pasan cuando se viene a ofrecer el corazón. Canciones. Palabras. Palmas acompañando un violín y una guitarra. Ojos húmedos. Maestras ya retiradas traen un presente emblemático: un árbol de seibo, nuestra flor nacional. Como en sueños escucho mi nombre. Me paro frente al micrófono. Son otros los rostros que veo. Patulo. La Negrita. Graciela. José. Tantos.

Están ahí.. oyen mi voz. Ven la memoria herida que se levanta como un pájaro y vuela libre.

Esta es la Argentina que no muestran. La que trabaja en silencio. La que acuna la utopía. La que siembra futuro. Este es el país que los medios esconden.

No saben que un río de lava silenciosa corre, se extiende, crece, Y un día serán espigas
mecidas por un viento de justicia. Porque no será tan fácil, ya se que pasa/no será tan simple como pensaba /como abrir el pecho y sacar el alma / una cuchillada del amor.


* El Barrio General Belgrano está ubicado en la periferia de Mar del Plata.


Silvia Loustau
http://www.silvialoustau.blogspot.com/