miércoles, 13 de mayo de 2009

Entrevistas: "Tata" Cedrón

"Tata" Cedrón

Foto: Ezequiel Torres.


Hace 45 años que le pone música a Gelman, Tuñón, Girondo y Manzi, entre otros. Hace unos días estrenó temas de Bustos, desaparecido en 1976. Fue la excusa para que el guitarrista hablara de su pasado, sus proyectos y sus ideas políticas.


Por Raquel Roberti

Alguna vez contó que durante su adolescencia en Mar del Plata, cada domingo cantaba una canción a capella. Que en el taller mecánico cebaba mate y buscaba a Gardel en la radio porque para escuchar música clásica, según su padre, “hay que tener buenos sillones”. Que a los 14 años se abalanzó sobre una guitarra y no la largó nunca más. Que tenía 21 años cuando llegó a Buenos Aires y le puso música a textos de Julio Huasi (“Milonga del Plata”), Juan Gelman (“Madrugada”) y Paco Urondo (“Plaza”). De esos acontecimientos pasaron casi cincuenta años y muchos poetas se sumaron al grupo. Ahora Juan “Tata” Cedrón convida con un mate espumoso y habla. Habla con la misma voz ronca y las mismas inflexiones que caracterizan su canto de estilo único.

Hace cinco años le puso fin a un exilio de más de cuarenta y volvió al país con la intención de transmitir su experiencia y saber a los jóvenes. Su sueño, y su proyecto, es armar un “laboratorio de experimentación” donde interactúen músicos de formación clásica y popular. Mientras espera que se concrete recibió el diploma de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, editó Piove en San Telmo sobre letras de Luis Alposta, grabó poesías inéditas de Homero Manzi en Frisón, frisón y reedita su obra con Alfiz Discos. Y hace unos días el Cuarteto (Miguel Praino en viola, Román Cedrón en contrabajo y Miguel López en bandoneón) estrenó en el Club Fernández Fierro canciones sobre poemas de Miguel Ángel Bustos, desaparecido en mayo de 1976.

–¿Llegó a Bustos a través de su hijo, como sucedió con Manzi?

–A Manzi lo conozco desde chico. Es cierto que Acho me dio un poema copiado a máquina, pero la primera canción que canté, por 1960, fue “El último organito”, con letra de Homero y música de Acho. Fue en un disco que etiquetamos uno por uno, y grabamos en un lugar donde estaba también Palito Ortega. Se habla de las letras de “Sur” o “Malena”, pero ¿y “Milonga sentimental”? “Varón, para quererte mucho, varón, para desearte...”. Cuando la escribió tenía poco más de 20 años, era un tremendo poeta. Los textos que me dio Acho estaban editados, pero nadie lee nada. Hay cosas del Cuarteto que nadie se detuvo a escuchar. Hace dos o tres años le hablé a un amigo belga de la historia de Gelman sobre Bonpland, un botánico que se encuentra con la india Nunu. Le fascinó y me preguntó dónde encontrarla. ¡Está en Canciones de amor de Occitania y otros casos que se lo había regalado en 1973! Otro amigo estaba encantado con “Quisiera hacer contigo una película hablada”, de Tuñón. Hace 20 años que la grabé en un disco donde Raúl cuenta que el tango “El entrerriano” no es de Mendizábal sino del pibe Ernesto, una historia pesada a la que nadie prestó atención.

–¿Cómo es?

–Tuñón dice que el pibe Ernesto estaba preso y como la gente era pacata, Rosendo Mendizábal firmó el tango para darle la guita a la mujer del pibe. Cuando el Malevo Muñoz lo sacó de la cárcel, fueron a hablar con la viuda de Mendizábal para recuperar los derechos, pero les dijo: “Andá a cantarle a Gardel, lo firmó Mendizábal y es de él”. Nadie reparó en esa historia. Con Homero lo mismo, yo no conocía el libro porque venía de afuera y tuve la suerte de que Acho me lo regalara.

–¿Y Bustos?

–Era mi amigo. Miguel Ángel era pintor y con su mujer eran amigos de una pintora que fue mi novia y de la cual estuve muy, pero muy enamorado. Nos conocimos en reuniones, yo ya había grabado dos canciones precolombinas y él, que era un estudioso de las culturas indígenas, se me acercó. Después me fui a Francia y él desapareció en el ’76. Emiliano, el hijo, vino a verme hace unos años a Gandhi, donde tocábamos con el Cuarteto, y me emocionó verlo. Cuando supe que había editado las cosas de Miguel, estuve que sí, que no, me daba pudor pedirle los textos.

–¿Por qué?

–Porque hay un poco de especulación con los desaparecidos y los derechos humanos... No es que el tema deba callarse, hay que hablarlo y curar esa herida. Te digo más, tengo una posición: se habla de torturadores, de madres, de nietos, de desaparecidos, pero no se dice qué querían ni por qué los hicieron desaparecer. Entonces, no quería... no sé cómo expresarlo porque soy charlatán pero no tengo facilidad para poner sentimientos en palabras... Estoy de acuerdo con los de mi generación; no estoy quebrado, sigo pensando lo mismo y creo que hay muchas formas de lograrlo. Ahora no llueve, podemos sacarnos el paraguas, cuando llueva nos lo pondremos de nuevo. Como dice Tuñón, “detesto las teorías absolutas”.

–Entonces, ¿cómo encontró los poemas?

–Fui a una librería de un amigo, ví el libro, lo abrí y me enamoré. Emiliano, con mucha nobleza, recopiló y publicó las obras y al final aclara: “Miguel Ángel Bustos es uno de los 30 mil desaparecidos”, no dice mi papá en ningún momento. Era un poeta extraordinario. Como militante del PRT hizo algunas canciones comprometidas, y como periodista no sé hasta dónde habrá llegado, pero no era un poeta comprometido, era un poeta casado...


Debajo de las cejas pobladas, al Tata le brillan los ojos: se divierte con sus ocurrencias. Y con la vida, que a pesar de los sinsabores, sabe llevar plena de proyectos. Junto a su actual esposa prepara un libro con la historia del Cuarteto; el viernes 17 toca gratis en la Cooperativa de Trabajo Los Constituyentes (por el programa Música en las Fábricas, de la Secretaría de Cultura de la Nación). Y luego se va de gira a Europa, donde se presentará en la Ópera de Varsovia, equivalente al Colón.

–¿Lo reconocen más en el exterior?

–No, acá hay muchísima gente que me quiere y con el Cuarteto somos referentes de muchos músicos de 25 o 30 años. Siempre decía cómo puede ser que sigan cantando, por ejemplo, “por qué me dejaste mi lindo Julián”. Ojo, son temas extraordinarios, pero muy conocidos. Y me di cuenta de algo: el Cuarteto nunca imitó a nadie, y los que nos aprecian aprendieron eso, no quieren imitarnos, son genuinos. Porque yo lo quiero a Gardel, pero no canto como él, son cosas que nutren y después uno hace sus cosas.

–Manzi, Tuñón, Gelman, tienen una forma de expresión y un lenguaje diferente. ¿Cuál es el hilo conductor en su elección?

–Es una forma más de ver las cosas, gente que ha visto todo... como por ejemplo Fellini en el cine. En poesía es lo mismo, hay gente que ve todo. Esa es la explicación que mejor me deja, pero hay otra. Soy una persona simple, intuitiva, espontánea. No tengo prejuicios para leer un poema, si es de tal o cual corriente, si el autor es judío, alemán o tiene sida. Leo, y cuando me conmueve, me viene algo especial para ponerle música. Siempre fue así. Leo poemas que tienen un ritmo musical, que se pueden cantar… “Trajín ciudad y tarde en Buenos Aires, aire de plaza, ruido de tranvía…”, es un poema bárbaro, muy musical. Y cuando leo esas cosas me convierto en Mister Hyde y escribo música.

–¿Así, de inmediato?

–Sí, empiezo con la guitarra y voy escribiendo. Cuento muchas cosas, es una manera muy espontánea de escribir. En una época grababa, pero me olvido cómo funcionan esos aparatos y hasta que aprendo, se me va la inspiración. Soy un dinosaurio total. Trabajo acá, en la cocina, y una vez que empiezo no puedo parar. Me pasó con Bustos, escribía, lo redondeaba bien, pum pum y lo dejaba. Tenía una especie de aire, de emoción, de inspiración especial. Siempre canto al componer y después, me voy a caminar y canto por la calle mientras pateo chapitas. Es cierto que no estamos en una época para cantar en la calle, no existe la mística para cantar “El rancho de la Cambicha” o “Alelí”.

–¿Añora ese Buenos Aires?

–Hace cuarenta años vivía a una cuadra de acá, por mi casa todavía pasa el afilador con el carrito de madera, tiene 89 años. Puedo revivir algunas cosas, los adoquines, los cordones de piedra de la vereda... Paisajes de uno, texturas que recuerdo de mi infancia. Todos tenemos ese tipo de nostalgias, y los pibes de ahora tendrán otras, pero añoranza, no. Me siento feliz, es la primera vez que tengo una casa divina y tengo ganas de vivir acá. Lo que me da dolor es la derrota que sufrimos en el ’55, lo digo con la boca llena, ahí se enterró el país. Me hablan de que los funcionarios esto y aquello, pero si no están preparados, se ocuparon de que la gente sea ignorante, que no sepa trabajar ni cumplir sus funciones. Pueden decir que Perón hizo esto o aquello, pero en el ’55 no había analfabetos y eso es lo más grande que puede pasar en un país, saliendo de ahí se puede arreglar todo. Ahora hay muchos analfabetos y están destruyendo a los maestros, eso sí me preocupa.

–Se relaciona con que la gente no lee...

–Mirá, nací en el ’39 y durante mi infancia viví la mejor época de este país, la calle era para jugar, con las murgas, los Reyes Magos, el pan dulce y la sidra a fin de año, los lápices y zapatillas que daban las escuelas, escuchando música popular, Los Chalchaleros, Yupanqui, Rivero, Pugliese... pero después vinieron los dolores, la porquería, el quilombo, esperanzas que se troncharon. Pero también jorobo siempre con que Espartaco se preocupaba porque no sabía a qué colegio iba a mandar a su hijo... así que siempre estuvo jodido. Mis hijos, mis nietos, ven ahora por primera vez un cielo e ignoran las cosas que pasaron bajo ese cielo, tanta belleza, tanta dulzura y tantos desastres. Pero cada día descubren algo y quieren saber más. Entonces, cada chico no nace con un pan bajo el brazo, nace con una esperanza.

Fuente: Revista Veintitrés 16/04/2009
http://www.elargentino.com/nota-36921-Para-componer-me-convierto-en-Mr-Hyde.html