domingo, 24 de octubre de 2010

Mario Capasso: 3 breves textos


Imagen: Rubén Juárez interpretando Tinta Roja

Tinta roja

Hace un rato escuché por radio al enorme Tata Cedrón. Contó que Cátulo Castillo, apurado por la urgencia que tenía Sebarián Piana en conseguir letra para esa música que había creado, escribió en diez minutos la letra del tango Tinta roja. Pensé entonces en que la eternidad bien puede caber en diez minutos. La anécdota relatada por Cedrón es una prueba en ese sentido.

¿Dónde estará mi arrabal? ¿Quién se robó mi niñez?, escribió Cátulo.

¿No habrá sido un cana?, digo yo.


Fines de octubre, más o menos

En esta época ya se empieza a escuchar la frase, cómo se pasó el año, se fue volando.

Entonces imagino que nuestro tiempo es un pájaro que nunca se detiene, que vuela siempre hacia el futuro, a veces más rápido y otras veces más lento. El viento, pienso, es su amor imposible, que por momentos lo impulsa y por momentos lo frena. Imagino también que el pájaro no conoce su destino, y que en cualquier momento se encontrará con una ventana cerrada.


Desde el fondo

La clase había comenzado un buen rato antes y el hombre seguía parado en el fondo, tratando de escuchar lo que se decía allá lejos, en el frente.

Si había llegado a destiempo, pensaba el hombre, no había sido por su culpa.

Y si sus piernas se aflojaban por el peso de los años, tampoco era su responsabilidad.

–No hay ni una silla para mí –dijo.

Con el tiempo se fue acostumbrando, la clase seguía y él, con sus dolores a cuestas, trataba de escuchar lo que se decía allá lejos, en esa especie de escenario donde pasaban las cosas.


Mario Capasso
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Sergio Simpson: Loco Brujo

Imagen: Sergio Simpson

Uy... mirá a ese hombre... si parece loco el hijueputa... con ese sombrero, las mechas largas y barbudo. Vení vos chavala patas tiesa mirá al loco... avísale a doña Chayo... andá corré para que lo vea. El loco... el loco... vamos a ver al loco.

Y la gente del arrabal sale a las calles. Las mujeres sucias, con sus caras manchadas, en chinela de hule, los dientes negros, a la cabeza de los críos descalzos, sin camisa, en pantalón corto gastado, mugroso. Los hombres con el pecho desnudo asoman en las puertas de los cuchitriles despintados.

Alagranputa aquí sólo descachimbados se aparecen... nues ese tres vueltas... aquel que en cada palo da tres vueltas y hay va dándole. Noooo, se parece pero no es él... y qué cargará en ese bolso. Vayan chavalos síganlo para ver adonde va... tengan cuidado, un desturcado de esos hasta un cuchillo puede sacar... vayan chigüines agarren piedras.

Mama ese hombre se metió allá en la última casa de la colonia. Adónde chavalo jodido... cómo se va meter en una casa. Sííí... sí (respondió el coro) en la casa abandonada se metió... en la que asustan. Ay mamita... y es que estaba abierta la puerta. Yo no sé... pero allí dentró. Chavalos más pendejos estos jodidos y no pudieron ir a espiarlo. Uy no... a nosotros nos dio miedo... verdad muchachos que nos dio miedo, sentimos como frío... como cuando salen los fantasmas. Estos chigüines si que son babosos... se las dan de vivos... para eso les dijimos que agarraran piedras... y no van a espiar a loco.... si les hace un mate áhi nomasito lo agarran a lajazos.

Que horrible ese hombre. Paqué andará esas mechas tan largas. Ese es el loco doña Amanda. ¿Ese es loco? Pro yo no lo veo como loco. A no... no lo mirás con esas mechas. Ese noes tres vueltas pué, aquel que le da tres vueltas a cada palo que encuentra. Una persona exacta de la cabeza no va a andar con esa ropa... ese bolso... y esas chinelas que usan los padres. Algún cura se lan ver regalado, por caridad. Pero a lo mejor es cochón, sólo los maricones usan chinelas, eso me huele mal doña Beti. Y qué andará en el bolso... hasta el bolso es todo raro. Usted no sabe que esos locos acarrean toda chochada que encuentran en la calle, en la basura. Ajá, y dicen que se mete en la última casa de la colonia. ¿En la casa abandonada... uy ques eso? Ni quiera dios. Pero no dicen que esa casa es de una señora chela que vive allá en el otro barrio. A lo mejor se la alquiló. Jodida caballa, cómo se la va a alquilar a un loco ¿con qué se la va pagar? Quien sabe cómo es el asunto, la verdad es que los chigüines lo siguieron al hombre y se metió en esa casa. Mande a los chavalos a espiarlo, doña Alberta... usted cree que ese hombre va ser exacto de la cabeza, si ni calcetines usa.

Alacienputa, ahora sí ese hombre se remató... anda con los cables pelados, debe ser la Luna. Vení Mincha, mirá al loco ahora anda con un palo. No jodás, andá llamá a doña Nacha para que lo vea. Ahora sí, el pastor tiene razón cuando dice que veremos cosas extrañas. Este es el fin del mundo mamita.

¿Mirá mita paqué anda con ese garrote? Chigüin más pendejo... no ves quianda como el otro taraila del parque, aquel viejo que carga un palo igual y se mantiene en la iglesia cantando... y lo apunta a uno con ese palo como que fuera un rifle y dispara con la boca gritando: Pá, pá, pá. ¡Ja! Chavalos más burros estos jodidos, ni los de la montaña son tan caballos como ellos. Ej, ahora hasta los jinchos se avivaron. Avívense jodido, para nada nos venimos de la montaña y van a la escuela. Cállese doña Nacha, ay la va oir el hombre, yo no lo veo como loco, si dicen que es un hombre preparado. Ya estás vos... que va ser preparado un hombre con esa facha estrafalaria y con ese palo... otra estúpida... es que no te das cuenta quiuna persona educada anda bien vestida, que su pulsera, su anillo, que su buen reló, que su carro. Y dice la tal profesora Elba... que ese hombre se mantiene desnudo en la casa, duerme en colchones en el suelo, y ni trastos hay en esa casa dese hombre, sólo una silla que le llaman perezosa, que hacen en Masaya, y sólo pone canciones raras de drogadicto... de muertos... hasta que da culillo. Sí, doña Chana dice quiuna vez iba pasando por allí en la noche y oyó una canción quiasta se le pararon los pelos. ¿Y cuál canción son Beti? Yo quivuasaber... son todas raras como las que ponen en Semana Santa... como de drogadicto... y como esas de las películas de miedo... yo no sé cómo les llaman. Algún brujo debe ser, no ves ques una oscurana en esa casa... sólo con candelas y el otro día salía un tufo a incienso... si hasta dicen que fuma marihuana.

Ay dios mío, doña Beti, si ese hombre escucha música sacra, ritual indígena norteamericana, canto gregoriano, canto africano, Shubert, Haynd, Chopin, Mozart, Manzini, Beethoven, Pink Floyd, Santana, Bob Dylan, Janis Joplin, Led Zeppelín, y variedad clásica como Bolero, El Barbero de Sevilla, William Tell, Las Alegres Comadres de Windsor. No ve que a esa gente sólo les gustan las rancheras, cantantes comerciales y de moda, de las mismas que bailan en discotecas y fiestas, y se escuchan en la radio. No oyen otras melodías. Fíjese cómo serán, que el otro día llegó un famoso guitarrista clásico a la casa de ese hombre que le dicen loco y brujo, parece que son muy amigos. Y claro este hombre le pidió que interpretara El Sitio de Zaragoza, Las bodas de Luis Alonso, la Danza Macabra, la Danza Húngara, y sólo género de esa clase, y usted viera las habladurías.

*Episodio del libro “La Venganza del Cuecho”, de Sergio Simpson

Sergio Simpson
Director
Centro de comunicación y estudios sociales (CESOS)
Managua y Matagalpa, Nicaragua
http://sergiosimpson.blogspot.com/

Myriam Arcerito: Dos monólogos



De creencias y transformaciones.

He pensado en Kafka, muchas veces. Tuve el privilegio de estar en la que fuera su casa, en la castigada, singular y hermosa Praha. Leí los reconocimientos del genio de Borges al genio de Kafka. En cada palabra de su memorable cuento (volviéndose una suerte de chinche, animalito peludo, cascarudo y con articuladas y numerosas patas), he sentido a la par esa “metamorfosis” que vamos sufriendo todos: cuando nos sentimos a la intemperie, desprotegidos, contagiados de la indiferencia de propios y ajenos. Imagino aquella ciudad renaciendo come el ave fénix después de años de ocupación nazi, y luego soviética. Y como Kafka, al final de su cuento: también soñamos renacer mejores y aleccionados de cada crisis. O sea, deberíamos ser perfectos y maravillosos los argentinos (pues, no ha habido década que no hayamos sufrido de profundas crisis). ¡Si, somos expertos en crisis! ¡Y nos adelantamos al primer mundo hasta en sus desventuras! Ya sean las devaluaciones, la inflación, los cacerolazos... Y ello, seguramente, porque Dios es argentino -así dicen los adeptos a la iglesia maradoniana. ¡Esto no es poco! Y no podría ser de otra manera, ¡¿de dónde sería oriundo el Señor si no es de Argentina?! Para corroborar, según dicen de nosotros nuestros queridos hermanos latinoamericanos, aquello de la arrogancia.
En fin, ¿ha pensado… quizá en nuestra obstinación por equivocarnos?; ¿por tropezar más de dos, tres, cuatro, etc. veces con la misma piedra? ¿Que el ensayo y error (de Pavlov), en nosotros, es: ensayo y error, “y error”?, como si se nos tildara… ¡el aprendizaje!
Por eso, como cada uno de ustedes – en distintas épocas, acaso-, he pensado seriamente en cambiar. Sintiendo que si cada uno de nosotros cambiara, haríamos un país mejor, una Latinoamérica de pares. Y a la vez… construiríamos un mundo mejor, es decir: ¡¡más argentino!!
En realidad, Chopra en su particular y filosófica manera de concebir las cosas y los hechos, refiere como parte del cambio y las transformaciones en sentido positivo: que nada ni nadie es igual dos minutos después.
Imagínense lo desconcertados que andaríamos si este cambio fuese “muy evidente” -por así decirlo…
Lo cual sería una fantástica noticia para varios que querrían borrar su pasado de un plumazo, o al menos algunas cosas de su pasado. Me refiero concretamente a ciertos personajes de nuestra historia reciente. Y ello, sin hacer uso y abuso de nuestro querido historiador Pigna, porque lo recordamos bien fresquito en nuestra memoria.
Digo, estarán haciendo malabarismos para que la tesis del autor del sincrodestino sea absolutamente cierta, entonces... no deberían rendir cuentas ni expiar o purgar delito alguno, ni “tan siquiera” culpa que les quepa; por ejemplo: el autor de “-Síganme no los voy a defraudar...” hoy podría decir… ¡que aquél ya no es él! O, quien huyó en helicóptero en medio del caos: desconocerse en aquélla fuga -¿Quién huyó?, ¿yo? O quien capturó los ahorros de la gente: haberse convertido en monje tibetano negando anteriores maldades.
Lo cual sería fantástico para nuestra renovación, pero podría ocasionarnos
graves problemas si uno le prestó dinero a alguien que afirma ya no ser ese… O más grave aún: en caso de tener que condenar al autor de un robo si cuando lo atrapan asegura no ser el mismo: - ¡No, no soy yo ese que fui ayer…!
¡¿Y quién podría culparlo si la mismísima física y Chopra lo afirman…?!
Y de ese modo… voy diciéndome lo que alguna vez todos nos decimos. Adentrándome. Porque como Confucio o Sócrates, creo, no hay mejor manera de conocernos que escucharnos, mejor dicho, “aturdirnos” con… ¿quiénes somos?... ¿de dónde venimos….? ¡¿y hacia donde vamos?! “Clásicos del pensamiento universal” “-¡Ya callate!” me he dicho infinidad de veces… y así voy aguantándome a mí misma como quien más…
Ni hablemos del plano privado, si tu marido o tu novio te dice que ese que encontraste en la cama con otra mujer.. ¡ya no es él...! ¡ya no es quién en esa hora previa quiso engañarte! Y te atrapa en su constante devenir metamórfico, hasta que no sabes con cual de sus transformaciones enojarte: te rodea de su filosofía de alcoba y... no podés decirle ni jota.
Ahora, si de creencias se trata, en caso de ser nihilista radical puede ser más complicado aún. Aquellos escépticos pírricos que no creen en nada: ¡nada los convencerá! He llegado a la conclusión por ello que ser escépticos es una posición, genuina si se quiere, pero bastante cómoda. Uno no necesita demostrar… ¿demostrar qué? Es mucho más laborioso esgrimir una teoría y sostenerla, una fe y defenderla, una esperanza y argumentarla.
Otro capítulo para el “ni” (en el que por un tiempo también me acomodé) como “el agnosticismo” que a veces resulta un mullido sillón que encanta y embelesa, lejos de los herejes y “convencidos” ateos que irritarían hasta los últimos descendientes de Torquemada. “Tampoco” cerca de los fundamentalistas devotos que no pueden ni calzarse sin arrogárselo a las supremas voluntades. Esto también a veces se cubre de cuento, ¿quién podría discutirle a alguien que dice tener la gracia de Dios, o a quién afirma hablar a través de su palabra?; si está declarándose con una superioridad espiritual imposible de corroborar y de igualar.
Y total, para que sentirnos pecadores… si para oscuros, ya están los vilipendiados masones con Jacques Mollë a la cabeza.
En definitiva, no importa lo que crea, lo destacable es: ¡que crea!; y tenga la capacidad de transformarse sin dejar olvidada su esencia -sobre todo si la alimentó de valores y de coherencia. Después de todo, la vida… es sólo un viaje con escalas: por la vida.




Del stress al new age y subite a la vida..

“¿Quién no ha sufrido alguna vez stress, o tantas veces stress? ¿Has oído hablar de las perturbaciones comunicacionales? Pues los otros días, ocasionalmente me madrugué con esta nueva especialidad de locura. ¡Cómo para que la comunicación no cause perturbaciones! Desde que la civilización se civilizó, es decir, desde aquella definición de animal político social de Aristóteles a la de ser bio-psico-social de la ciencia, los humanos hemos perdido humanidad, o interioridad, por socializarnos. Así, nos hemos comunicado, tantas veces, para incomunicarnos. O sea, hemos perdido un poco del bio-sico para ser más social a costa de: trastornos de ansiedad, stress, anorexia, competencia leal y desleal; masificación de talles; señales de celulares; desconfianzas varias; y etc, etc. Digamos, que el bendito progreso nos des-programó, fue inversamente proporcional a “nuestro progreso como unidades integradas en la diversidad”. Es simple, mientras por un lado volamos en avión y producimos más tecnología, por otro, nos armamos como en el far west para defendernos del supuesto cara de hijo de puta que vendrá tarde o temprano a robarnos. Y esto de la “faccia criminale” gracias a Carrara, autor intelectual de la portación de cara de delincuente ha venido a incorporarse -sin saberlo- a las cuestiones nuestras de cada día. Es cierto, uno anda por ahí desconfiándose ante la misma especie, sobre todo, si se hace de noche y alguien golpea dos veces a nuestra puerta, que no será la remake de “El cartero llama dos veces…”- de seguro. Entonces, resurge toda nuestra paranoia –cadenas o trancas mediante- abrimos la puerta como si la mismísima inquisición viniese a acusarnos de prácticas heréticas varias.
O comentamos: - “Hay una tipo que está parado en la puerta hace rato, ¿lo viste?;¡qué cara tiene!; ¿no será que..?”; ¡he ahí el delito de “portación de cara”!
Si el stress además, tiene características de permanente (léase crónico), tiene otros paliativos. Si la psicología por momentos nos llenó de dudas y enconos contra nuestros equivocados ascendientes: quienes nos legaron junto a la vida, otras cuestiones non sanctas como diversos tipos de ansiedades, predisposiciones, conductas aprendidas y aprehendidas, y uno acaba casi maldiciendo los compartidos genes. Llegó entonces para bien de la simplicidad, como panacea salvadora, la queridísima “¡onda new age!” y todo se trata precisamente: de ¡buenas o malas ondas!, o… ¿qué onda...? Sintetizamos años de teoría freudiana en una mera cuestión de ondas para definir la existencia. Si te va bien es porque tenés ondas positivas, y si la suerte se te cae como argumento de tramposo, la culpa es siempre de tu mala onda.
Te debes programar y actualizar como windows a favor de aquello que quieras o desees. Creer que el universo es el cuerpo de Dios. Volver a la naturaleza como fuente de energía y expresión de todo lo vivo: sintiendo a los filósofos de la naturaleza, o a Spinoza en ese Dios extenso, en cada síntoma de esa perfección natural. Rememorar a Tagore: emparentando la belleza con la verdad. Reconocer los humores buenos para contrarrestar las emociones malas.
Y merecerían un capítulo aparte todos los libros de autoayuda, desde aquellos que remarcan: “nuestras zonas erróneas” para caer en la cuenta que somos un
error con patas, hasta “aniquilar” (como presidente norteamericano persiguiendo el petróleo) todas y cada una de nuestras emociones insanas, pasando por: “liberarnos de los miedos”; “sanar las emociones”, caer en la cuenta que: “no estamos solos”-porque hay peores locos aún-; o convencernos que: “yo estoy bien, tu estás bien”.
Es decir, no hay queja que valga aunque te apriete el zapato o se te encarne la uña. Se lo traduzco en buen romance español: ¡¡lo importante es reírse!! Sí, reír de lo que sea… del último capítulo de “friends”; del chiste de su amigo en el asado del sábado que ya lo contó diez veces; de ese señor cara de nabo que la atendió con cara de ajo después de hacer una hora de cola para decirle que debe sacar número en otra sección de la misma oficina pública.
De hecho: tenemos siempre, y aún…, la maravillosa solución de la risa. En definitiva, todo apunta a lo mismo, “sentirse bien”, el equilibrio: en un mundo desequilibrado; combatir el stress o los trastornos de ansiedad: en un mundo alocado; y reírse dentro de una realidad: invadida por sollozos. “-Niente”, nada” –como dicen los adolescentes- y luego viene el discurso o la historia de sus vidas. La intrincada cuestión es así… aunque Freud, Young, la Gestalt u otras terapias disponibles quieran por momentos complicarla. Se trata de ese relato antes y después de “la nada”. Se trata de estar en onda; de vivenciar la “mas-moda” “man…”
Pero a decir verdad, Las enseñanzas de la filosofía oriental nos han llenado de sabiduría. Hemos aprendido a respirar luego de décadas de andar por la vida -parece ni respirando.
Nos han mostrado como relajarnos, cayendo también en la bendita cuenta de que no sabíamos ni remotamente sobre las tensiones que padecían nuestros torturados músculos. Hemos despertado a través de la amamnesis o método platónico, de esa larga siesta que nos sometió en el letargo de la ignorancia: de la “idea” de vida que no era tal. Empeñados en hacernos mala sangre hasta de
la tortilla a la española que se nos quemó el domingo por la noche. No se trata de andar por la vida preocupándose de casi todo. Fluir. Dejarse fluir, ¡sacarse las malas influencias! ¡Esa es la clave! Es inútil a la desinteligencia emocional no hay con que darle… ¡Ni Goleman te desasna!
Así, deberíamos llenar esos fatigosos minutos de las horas de cada día nutriéndonos poco a poco de una fantasía nueva.
Sentir “las señales” que nos da la vida, y la extraña pero maravillosa sensación de ser uno mismo: uno en el universo, uno más en la multitud. Despertar del adormecimiento como Platón u Osho. Encontrarle un sentido a la vida como Víctor Frankl. Palpar las enseñanzas de Don Juan, el brujo yaqui. Desandar ese camino de los miedos para subirnos al lomo de alguna quimera aunque nos quede el glúteo doliendo de tanto cabalgar. Alentar un sueño y creer en él, defenderlo a capa y espada como loca, o idealista, o simplemente como un mosquetero de la rutina.
Es sin duda, el comienzo de un nuevo desafío evitando el fin…


Myriam Arcerito

Luis Barud: Coincidencia trágica



Robertito saltó de la cama en el instante que escuchó el ruido de la llaves, abriendo la puerta de la casa de Rosarito. Aturdido atinó a meterse debajo de la cama, abrazado a las ropas, que alcanzó a manotear en la desesperación.

La negra Rosario del Valle Rodríguez, se puso la bombacha y corrió a meterse en el baño. En un instante, los pasos seguros de las botas marrones que Roberto veía aterrado desde su incómodo lugar debajo de la cama, ingresaron a la pieza.

Se detuvo por un instante, junto al sillón ubicado en un rincón. Allí se dejó caer, el olor a cigarrillo dio cuenta del descanso momentáneo. Fumaba mientras la mujer terminaba de alistarse, para brindarle su cuerpo. Una costumbre sin sorpresas, ni entusiasmos.

Roberto tuvo un presentimiento, el latir del corazón retumbaba en la habitación. Creyó que semejante golpeteo lo iba a delatar. Al escuchar el saludo confirmó lo que la familiaridad de las botas anunciaba.

Su padre, Manuel Juárez, aguardaba a su amante para comenzar su faena, en la misma cama que acababan de calentar sus huesos. El, que hasta un instante antes cabalgaba sobre el cuerpo de ella, ahora sentía en carne propia el aturdimiento de escuchar a su padre en la misma misión. La situación no dejó de asombrarlo, de igual manera que le generó sentimientos encontrados.

Esta era sin embargo la parte más manejable de la situación. Estaba criado en una familia machista, desarrollada en un pueblo machista que hacía gala de su cultura. Su padre reafirmando su virilidad en otra cama, no era una preocupación. Solo que esta vez, estaba en entre las piernas de la joven, de la que estaba perdidamente enamorado. Padre e hijo zambullidos en el mismo cuerpo.

Rosario se mantenía con una peluquería armada en el living de su casa, muy concurrida por las mujeres del pueblo El Bañado, encalvado en plena pampa húmeda Tenía un Fiat 600 rojo, cero kilómetro, estrenado hacía poco tiempo, regalado por Manuel que decía más de dos años corría con todos los gastos..

La irrupción en la escena de Manuel Juárez, el acopiador de granos más importante de la zona, significó el infierno para Roberto. Ni la mujer quiso que suceda, ni pudo hacer algo para evitarlo. Manuel, el hombre que costeaba sus gastos y caprichos, entró imprevistamente en la casa y los acontecimientos se amontonaron a borbotones.

Mirada a la distancia la situación fue entre ridícula y graciosa. Uno debajo de la cama y el otro arriba, desfogándose compulsivamente en una hermosa joven 30 años menor, que acababa de recibir el mismo tributo de su hijo. Sin saber ella que se trataba de padre e hijo.

Manuel se incorporó, levantó el pantalón tirado al pie de la cama y se fue al baño. Su hijo lo observó desde su incómoda posición calzarse dificultosamente, las inimitables botas marrones. En pocos minutos tomó el saco, observó la campera negra con el detalle del cuello de pana de sus hijo Roberto colgando del respaldo de una silla y son decir palabra entendió todo. Quedó pensativo, bebió un café apurado y sonó el portazo.

Roberto salió debajo de la cama gateando, despacito sin saber que hacer ni que decir. Caminó hasta la puerta de entrada. Rosarito se tomó la cara y rompió en llanto. Le pidió disculpas y abrió la puerta. Roberto la cerró de un portazo, volvió y la empujó contra la mesada de la cocina. Hicieron el amor compulsivamente, entre desesperado, dolido y excitado. Después se largó a llorar.
Despertó en un sillón a las doce la noche. Ella no quiso hablar. Se fue sin el convencimiento de poner punto final a una historia que tenía a su padre en el medio. Rosario se enteró por boca de Roberto quienes eran. Se espantó, en la creencia que la perseguía el demonio. Semejante desventura no podía estarle pasando.

Rosario era para Manuel una simple amante joven, a la que mantenía porque aún conservaba lindo pechos y una hermosa figura. Treinta años más joven y a su disposición cuando le necesitaba,: Para ello no reparaba en gastos. Un cuerpo que se compra y un cuerpo que se da. No tenía afecto y no significaba nada en su vida.

Rosario comenzó la relación con el hijo, en esporádicos encuentros sexuales. La joven le confesó que tenía un amante, del que no pensaba desprenderse, sin saber que se trataba del padre.

No lo supo hasta aquel día en que saliendo debajo de la cama, balbuceó..
-Es mi viejo, Rosario, es mi viejo…., gritó con esa cara de extraviado que le duró una semana.
- ¿ No puedo creerlo, perdoname, perdoname, creeme que no sabía nada…?, contestó incrédula la mujer.

Rosario desconocía la historia del joven. Ella simplemente quería en la cama un muchacho de su edad, nada más que eso. Todo quedó encerrado en la clandestinidad y se complicó el día que Manuel apareció sin aviso.

Ahora la ambivalencia de la situación la mortificaba. Le gustaba Roberto, pero estaba claro que sin el padre no podía con sus gastos y no era momento de ensanchar la cama, para meter una dinastía familiar entre sus sábanas. Estaba mal, se le notaba a lo lejos. Se habían enganchado sin pensarlo.
Roberto pensó que nada tenía solución. No podía digerir la presencia de su padre y tampoco ponerle un punto final a su pasión.

Tuvo la sensación de ser un perro que intenta vanamente de morderse la cola. Giraba sobre si mismo, sin encontrarle la salida al problema. La Mitad era gobierno de la razón y la otra del corazón. En definitiva estaba empantanado.

Con su padre no cruzó una sola palabra. Pareció por los silencios que cada uno sabía de que se trataba la distancia y las miradas esquivas.
Fueron seis meses de terror, en los que el amor y los reproches, incluyeron peleas y gritos por igual.

Manuel nunca más volvió a la cama de la joven, aunque rigurosamente pagó sus cuentas. La mujer sospechó que sabía de la presencia de su hijo. Tampoco lo hablaron. Ella desconocía de verdad quien era el joven apuesto y entrador que la sedujo en la barra del boliche Xanadú aquel otoño de 1966.

En la casa de los Juárez, la relación entre padre e hijo se alimentó de frío polar. Las palabras justas y necesarias, eran toda la comunicación.
La familia advirtió la distancia entre ellos y lo atribuyó a temas de dinero.

Robertito continuaba con su infierno a cuesta, cuando una mañana de mayo después de desayunar, decidió pasar por la casa de Rosario. Compró facturas en la panadería de la Gringa, y caminó por la avenida Lugones. Tocó el timbre con insistencia sin respuesta. Le pareció raro a esa hora, que Rosario no estuviera en la casa. Pensó que debía estar een el hospital. Esperó más de madia hora en la puerta fumando un cigarrillo.

Doña Lucía, la vecina de Rosario, lo encontró a la vuelta de las compras.
-Dicen que se fue anoche, ni se despidió… en un camión se llevó los muebles….le contó con un dejo de amargura. Le pareció cruel que se hubiera marchado sin darle un beso, justamente a ella que le abrió la puerta de su casa como a una hija.

Roberto quedó petrificado. Se había ido también de él y en la desgracia y el reproche se sintió más cerca de la anciana. Le tomó los bolsos y la acompañó hasta el patio de la casa. Decidió volver a su casa pero dos veces lo venció la tentación y subió la pared del frente para mirar al interior de la casa. Sintió la desolación de una casa vacía, en una mezcla de buenos y malos recuerdos.

Roberto la buscó por los pueblos cercanos durante dos años. Se dio por vencido, nadie le aportó jamás un dato. Tuvo la seguridad que la huida fue organizada por su padre.
Admitió que la amaba con locura y necesitaba encontrarla. Estaba dispuesto a partir a cualquier lugar para emprender la vida juntos.
Se repetía durante las noches, que ya no el importaba el pasado de Rosario con su padre, estaba dispuesto a un gesto inmenso de amor. Fue en vano. Nunca apareció, ni siquiera devolvió un llamado telefónico una noticia cualquiera, que tanto ansiaba. Roberto se fue convirtiendo con los años en un tipo taciturno. Lo invadió la tristeza definitivamente. Esa historia lo marcó para siempre.

Diez años más tarde, encontraron el cadáver de una mujer enterrado en el zanjón de la Buena Esperanza. El paso del tiempo lo degradó hasta convertirlo a esa altura, una osamenta carcomida por la naturaleza.

Unas pocas ropas, secuestradas por los policías despejaron las dudas de Roberto. Era Rosario, tirada boca abajo con dos agujeros en el cráneo compatibles con disparos de arma de fuego.

Roberto sospechó de su padre. Los muebles de la casa no aparecieron jamás, ni los efectos personales tampoco.

Manuel nunca fue molestado por la Policía a pesar de que un parroquiano del pueblo vecino de Las Higueras, contó con lujos de detalles haber estado bebiendo con cuatro forasteros, que realizaron un trabajo grande para don Juárez, enterrando una mujer. Según los tipos, cobraron mucho dinero y esa misma noche se fueron a la Capital Federal.
En el invierno siguiente, Roberto murió en la ruta cubierta de neblina. Le pegó de lleno con la camioneta a un tractor que cruzó la ruta.

Luis Barud
luisebarud@hotmail.com

Carlos Parma: Buscando a Ana



La plaza ...

Busco a Ana en la multitud. Hay más gente que de costumbre. Las consignas son las mismas: “Si Evita viviera sería montonera” y “Montoneros ... Montoneros, son soldados de Perón; los gorilas tienen miedo, tienen miedo al Paredón”.
Han anunciado que viene Firmenich, Quieto y Burllich. A mi me gustaba más Mariano Pujadas... ¡ese sí que tenía las pelotas puestas!. Era capaz de morir, de bala, de manos de la oligarquía... me da pena, lo imagino preso de pánico en esa atroz noche de Trelew... ya nadie lo recuerda...
Javier habla con veneración de estos oradores, la ilusión es grande... ¿habrá entonces espacio para la desilusión?.
Lo cierto es que tengo que estar aquí, cantando y puteando. Al final ya sé como va a terminar esto: “todos corriendo y la cana tirando gases lacrimógenos”... siempre la misma historia.
Javier me pide concentración militante... yo sigo buscando a Ana.
La plaza Velez Sarsfield está llena de almas. El impenetrable palco se encuentra bloqueado por los omnipotentes bombos que forman un “erizo” auténticamente peronista. Pronostican más de treinta mil compañeros. No es para menos, el hecho es histórico: se unen FAR y Montoneros. En el debate intelectual nosotros teníamos la historia contada por Rodolfo Walsh... ellos la “palabra en acción” de Paco Urondo. El enmascarado alegato de unión era indescifrable. Las palabras eran espejos donde uno se miraba y era mirado por otro.
Nosotros -los montos- éramos exageradamente más. Además: peronistas, católicos, de izquierda nacional como pedía el General... los otros eran... lo arcano, el sigilo... una miscelánea sin término, sin cantera. Como en la alegoría de la caverna yo pensaba que éramos únicos, irrepetibles. El punto de apoyo capaz de irradiar la revolución.
Bifronte Javier, que todo tejía y destejía, acomodándose sus gafas intelectuales me decía lapidariamente: “es una movida estratégica”... y aunque yo no entendía un carajo eso, inclinando la cabeza, asentía en buen estilo pseudo intelectual.


Ví a Ana...

La suerte me ayudó y ví el dulce rostro de Ana repartiendo volantes. Locuaz y diminuta se multiplicaba en vidas, ilusiones: era una y era todos –me dije-.
Transmitía la pureza del combate y la excelsitud del espíritu. A veces, en la vigilia de los ojos abiertos, me veía enfrentando al propio Dante, quien me acusaba de plagiarle su “Beatrice”. En el umbral de lo hípnico deliraba marcándole la diferencia: Beatrice es conocimiento y hermosura, Ana es ideal y revolución.
Ana se desplaza, hay carteles que la ocultan, se hace invisible en la marea humana. Largan otra consigna: “FAR y Montoneros, son nuestros compañeros”.
La plaza ardía de revolución, los discursos, cual daga filosa, atravesaban las mentes vírgenes. Redoblaban la apuesta : “no hay olvido ni perdón....” inquirían.


La vía dolorosa...

La tersa levedad de los buenos momentos, en el devenir del vacilar de las cosas, mostró su opuesto. Argentina se enfermó... tuvo un mal incurable: “... 19 años, con domicilio en Mendoza, estudiante, 1,84 metros de estatura, 70 kilos... montonero...”. Así sería el lacónico informe... toda una sentencia.

Los “idus de Marzo” trajeron los lúgubres pájaros mensajeros del dolor. Un primate, ahora con finos bigotes, al comando del país. Como solía decir Paquito Urondo: habían “fusilado la patria”.
Yo no ví más a Ana... tenía una pena tan grande ese 24 de Marzo del ‘76. Esta vuelta Javier no tenía respuesta. Lo recuerdo en la plaza de la esquina de la Facultad, disperso entre sombras, silencios y sueños. Que la Virgen Santa nos ayude: “no habrá piedad para nosotros”... pensé, y así fue.

Había una cuestión que me consolaba con respecto a Ana. Pase lo que pase, yo sabía que no la podían matar.
Mi hermano cayó preso por esos días... imprudentemente le hice custodia afuera del lugar de detención durante dos noches... recé mucho... salió “vivo”. Uno de los tantos milagros que contabilicé en mi vida.


Los sueños...

Dos sueños solían repetirse a menudo. Uno era generoso. Ana aparecía como una estrella iluminando el firmamento de la revolución. Millones de jóvenes, los pobres comiendo, canciones, las calles llenas de gozo, libros... muchos libros.
En las antípodas había otro sueño. Un móvil policial se detenía abajo de mi departamento de calle Alvear 47, en Córdoba. Era un Ford Falcon verde, aparecían “los de siempre” y allanaban mi casa. A veces me resistía, eran escenas de espanto. Me agitaba tanto que terminaba sentado en la cama, transpirando y con mucho miedo. Estaba solo, inmensamente solo.
Una tarde me avanzó la mamá de mis amigas “las gorditas”. No tuve el valor de decirle que era seguro que esos criminales las habían secuestrado y matado... Ella me preguntó por sus nenas, las estaba buscando hace días. Solamente la abracé en silencio, para no sentirme tan ajeno. ¡Pobres padres! pensé... ¡pobre Argentina! razoné. Ante la mirada vencida de una madre uno descubre que “hay dolencias peores que las dolencias” - como decía Pessoa-.

Una noche, en lo de Paula, un grupo de desalmados represores hacían gala de haber puesto una bomba en la sede del partido radical. “Que los parió”, hasta de eso se ríen, espeté.


La angustia de estar a la “intemperie”...

Aunque prolongaba mi existencia frente al vertiginoso e incierto presente, sentí que colapsaba mi interior y una mortecina idea se apoderó de mi Córdoba. Advertí que estaba “a la intemperie” y que era sólo un punto en el curso lineal del tiempo... me encontré acorralado por el instante anterior y el inmediato futuro.

Esa misma noche, mientras dormitaba, una brizna de imágenes me invadían: mi mamá... y Ana. Una me contenía, la otra -ahora- me impulsaba.

En las peñas el humor y las canciones seguían dando combate, una atmósfera ideal: jóvenes puros, mujeres níveas. Un bálsamo entre tanta violencia de acción y de omisión.


Amurallado...

Hay un abanico de imágenes dolorosas acopiadas en mi memoria estudiantil pero uno una tarde distinta. Cerca del crepúsculo, aquellas horas fueron tan densas como el pérfido represor, formando en mí un estigma . Cuando ingresé al Cabildo (centro de detención por excelencia), un inusual marasmo me debilitó. Se decían tantas cosas de ese lugar... tantas historias... Circunflejo penetré al famoso sótano... mi mente no cesaba de decir “Dios te salve María, llena eres de gracia...”. Las agrias y torvas fauces del represor se agitaban preguntando cosas, especialmente por “el gordo”, un amigo de la facultad. Yo sabía donde vivía, pero en absurda y valiente actitud me resistía a delatarlo... no se cómo aguanté tantas horas en silencio. A pesar de los años que han pasado aun siento el frío metal de la pistola 9 milímetros gatillando en mi sien. En reflexión final, junto a aquella triunfal escena de mi niñez en el jardín de infantes cuando abrí las jaulas de todos los pájaros del Colegio, no había producido un acto tan valiente como éste.


La cuenta regresiva...

Me emocionó, que a la hora del naufragio, la mano solidaria de Simón me exiliara en su “reducto de Alberdi” y así me liberara de los repitentes “allanamientos”.
Todo hizo que comenzara la cuenta regresiva, que logró su “cenit” con el secuestro de Daniel, tan sorpresivo como desgarrante. Era inútil ¡ el represor manda ¡ ... así de cruel, siempre manda –razoné-.
Pensé cabizbajo sobre este mal síntoma, apuré mis tiempos estudiantiles cual experto funámbulo y con 22 años retorné a Mendoza... Se dice que el movimiento circular es el más perfecto porque vuelve al origen. Me acompañaba un bolsito blanco pequeño que decía: “mundial 78" con poca ropa y una montaña de ideales: ése era todo mi capital.


Volver...

Han pasado más de 25 años, vuelvo a Córdoba. Nada es como antes, hasta mi mamá falleció en este tiempo... las calles están vacías... mi alma también. Estoy sentado en un vago mármol de la plaza San Martín. Frente a mí está el Cabildo... ¡que curioso... es un museo!.
Busco en los arcones de mi memoria los consejos de Javier y no los hallo. ¡ Alguien me ha robado los sueños! Nadie se hace cargo de tan irreparable pérdida...
Indago la cuestión: ¿Acaso la desilusión ha podido más que la lucha? ¿se podrá ganar dignidad en el fracaso?...
Suena una canción en círculo: “que el pueblo llene las calles vacías...”. Miro el escenario y no es más que una pálida huella por donde alguna vez pasé...
Derruido, humano y solitario, medito sobre lo irremediable... hay un desenlace terminal: “ya no veré la revolución”.... tal vez sólo la sentiré en los espejos del alma... o quizá en la caridad de quien lea éste testimonio.

Veo en el cristal inverso de un bar a Ana, la mirada diáfana y la piel tersa.
Tembloroso, vulnerable, busco a Ana dentro de mí... no hay espinas.

Carlos Parma

Rolando Revagliatti: Selección de poemas de "De mi mayor estigma (si mal no me equivoco)"




castidad


suavísimas
humedísimas
gratamente arrinconadas
me ensarté
era un sueño
allí gozaba
memorable
mis amigas




copla infantil


haciendo pie en el venirse arriba
o en el tirando a errar
hijito parto
cuando naciendo estás





encarne


en carne viva mi envidia (y otras)
en carne moribunda
restos (vivos y estéticos)
y en carne muerta
palabras (quietud)





robo


robo y decepción
quien me decepciona
infaliblemente me roba

ladran los ladrones, sancho
señal de que se reparten el botín





autopsia de mi cadáver exquisito


¿algo más acaso que entrar y salir?
¿algo más en alguna parte?
¿un poco de lleno?...

juguito de palabras
que remiten vía regia
al repollo

al calor del hogar
el ánimo se levantó
sobre la leche derramada

la chata de la damisela
y yo
una alhajita de cuño psicosomático
y la última gota (tinta o sangre)

de uno a tres nudos en la garganta
mordiéndome los codos frescos y peinando
[canas

descerebrado y con arruguillas
finamente descerebrado y con arruguillas
la nuez de adán y la almendra de eva
hombres fáciles de llanto fácil
abrían paso
a escuetas lágrimas de cocodrilo

ser de la partida
(y más o menos tuyo)
el papagayo del galán
de buen corazón
y riñonada

ojo por ojo
con el rabillo del ojo
tengo mucho ojo

otra vez será
final feliz






sueños punitorios



sueños punitorios en los que he caído
[miserablemente

sueños punitorios que eyaculo
con un ligero emberretinamiento
puntual como las fragancias rabiosas

sueños punitorios en los que declamo
[envaselinados parágrafos
de ridiculez

sueños punitorios donde dicto argucias
[beckettianas
mientras malone, joe, molloy, watt y murphy
[reverdecen
calamidades exclusivas

sueños punitorios multidireccionales
en los que estoy cuando me encuentran barruntando
la oportunidad de un próximo golpe
de gracia extrema o intimidad

sueños punitorios para los orígenes de mi
[autocaratulado buenismo consagratorio
matizado por algunas abrillantadas
[claudicaciones:
a saber:
robo y estupro pero también sevicia seguida
[de asesinato
malversación de caudales públicos
ñoñería
desvirtuación de atributos
y tráfico de chupetines de alta toxicidad

sueños punitorios para periódicas mutilaciones
referidas a zonas hóspitas e inhóspitas donde
[me jorobo

sueños punitorios de malaventura




freud


miércoles con el comité
el indiscutido favorito adolescente posando
[con su bella madre

imago freiberg
el episodio de la cocaína
la novia con sus cartas
la salpetriere
anna efe y anna o
terso y áspero desentrañador
roma y berggasse diecinueve
mirna más allá
del placer en las montañas y en la biblioteca



Rolando Revagliatti

“Euskera” 2:
http://www.youtube.com/watch?v=DBro4gs_r9I&layer_token=9a1b5a4a0706cb06
http://www.revagliatti.net
http://rolandorevagliatti.blogspot.com
http://www.youtube.com/user/rolandorevagliatti

Información
Se encuentran ya disponibles gratuitamente para ser leídas, impresas o incorporadas a bibliotecas virtuales, blogs, etc., las ediciones electrónicas en PDF y en versión FLIP (Libro Flash) de “Habría de Abrir”, poemario (inédito en soporte papel) de Rolando Revagliatti.
Hemos agregado enlaces de ida y vuelta desde el índice a los poemas y viceversa para una navegación más cómoda por el documento.
A modo de prólogo, “El Condicional Abriendo”, por el escritor venezolano Teódulo López Meléndez, ilustrado por Andrés Casciani y con diseño integral y diagramación de Melisa G. Benacot.
Puede descargarse en:
http://www.revagliatti.com.ar/act0910/HabriadeAbrir.pdf
http://www.revagliatti.com.ar/act0910/habriadeabrir.htm
http://issuu.com/megribe/docs/habriadeabrir.rolando.revagliatti
Desde luego, agradeceremos a quienes quieran y puedan divulgar, parcial o totalmente, esta gacetilla.

Rubén Vedovaldi: El Show de Piñera y Le Le Le



La vieja LEY DE RADIODIFUSIÓN de la peor dictadura fue abolida y los Tribunales ya se expidieron, pero en la práctica seguiremos padeciendo las nefastas deformaciones de la opinión pública generada por tanta concentración massmediática.
Me fui tempranito a comprar mercadería para el kiosco y delante de mí, otra kiosquera le comentaba a las empleadas vendedoras mayoristas lo bien que se veían los mineros tras el exitoso SHOW MEDIÁTICO DEL RESCATE vendido al mundo, con más reitin que EL GRAN HERMANO, como propaganda PIÑERA ES PUEBLO.
Esa mujer vió lo que todos vimos pero interpretó lo que la manipulación mediática quiso. Otra vez corrieron el eje, no quieren hablar de la brutal historia de la explotación de los mineros, desde la edad de hierro pero llevada al colmo desde la revolución industrial y la ambición ciega a la que no le importa matar mineros en derrumbe de minas con tal de hacer más riqueza.
La perversión de los operadores dio vuelta completamente el tema. No fue un profundo trauma en treinta y tres mineros que por varios días creyeron que iban a morir, sino el triunfo de la tecnología de la NASA y PIÑERA ES SEGURIDAD.
La mujer que vió como yo el rescate, sale concluyendo que si hubiera pasado esa desgracia en este país, los mineros no se salvan. Acá nos han aplastado a todos por debajo de la línea de INSEGURIDAD.
No era ese el tema. O en todo caso, sí, el tema de los mineros es la inseguridad laboral-industrial. No el triunfo de la tecnología y de la política neoliberal de Piñera sino que en Chile, como en todas partes, un tipo que había sido jugador de la selección nacional de futbol termina picando piedras como un preso en el fondo de la mina hasta que muere embrutecido de años de explotación o muere aplastado o como pasó excepcionalmente acá, se salva de casualidad porque logran comunicarse y hacer un agujero desde el nivel del suelo hasta la galería a setecientos metros bajo tierra en la cordillera, donde en cualquier momento un sismo pudo arruinar ese operativo, y logran rescatarnos y nos olvidamos del profundo trauma en la vida de esos esclavos que psicológicamente no sabemos cómo pueden reaccionar de aquí al resto de sus vidas.
Los mineros sabían que esa mina era peligrosa, ya habían tenido accidentes antes, hasta muertos hubo, pero sólo decide cerrarla el gobierno después de esto, y de cara a su imagen en televisión para el mundo.
Pero mientras le muestran al mundo cómo rescatan a estos, otros mineros mueren en otras minas, la explotación de obreros en las minas no cambia, el trabajo en negro en Chile y Argentina no cambia. Las grandes empresas seguirán haciendo lo que quieren con sus obreros y con el medio ambiente, siempre con suficiente dinero y poder para comprar jueces, legisladores, gobiernos y periodismo. FUE UNA FIESTA, FUE EL GRAN TRIUNFO, chi chi chi le le le.
Esos mismos explotados antes cantaban: "Los señores de la mina / compraron una balanza/ para pesar el dinero /que en toditas las cobranzas / le roban al pobre obrero."
Ahora agitan la banderita y me hace acordar a los que cantaban alegremente o le le o la la, hasta que Aldo Rico se pintó la cara y salió con tanques a la calle y Alfonsín tuvo que renunciar antes de tiempo y chau justicia y verdad, se vino la dictadura de Menem-Cavallo por nueve años y hubo veinte años de impunidad para los genocidas del Proceso. Y los derechos humanos perdidos en los setenta de golpe, todavía hay que recuperarlos uno a uno, con mucho sacrificio.
Me alegro de que no murieran aplastados. Pero el periodismo del mundo que fue a Copiapó, ¿se interesa por las huelgas de hambre de presos mapuches? ¿Y la contaminación del acuífero Guaraní por glifosato?¿Y las aguas argentinas envenenadas con cianuro por minería a cielo abierto?
Si hubiera periodismo docente y decente, hubieran esclarecido a la opinión pública mundial que hay explotación brutal, que no hay trabajo digno o seguro con salario digno, que no hay futuro para las familias de millones de mineros en toda latinoamérica y que en Argentina, la mitad de los que tienen trabajo están todavía en negro, mineros, campesinos, pescadores, cartoneros, botelleros, cirujas de la quema, prostitutas, etc, explotados y en negro. Ni la CGT los reconoce, y no hay cápsula de la NASA que los saque a flote, al contrario.
El show Piñera con casco ya pasó, ahora volvemos a la realidad, pico y pala por salario de hambre o desempleo.

Rubén Vedovaldi

Para leer algunos textos breves de Rubén Vedovaldi:
http://jorgedipre.blogspot.com/2010/09/ruben-vedovaldi-algunos-inclasificables.html