Tormenta en lo de Silvia.
Despertamos siete treinta
y sacamos la ropa de la soga
para que el viento no se la lleve.
Vemos los árboles moviendo sus manos
como pidiendo un poco de agua.
El cielo cada vez más gris.
El viento cada vez más fuerte
anuncian la tormenta.
Los árboles sedientos
piden a gritos un poco de frescura.
Nosotros también tenemos sed...
...otra sed.
De repente una gota, luego otra.
El viento incesante golpea puertas y ventanas.
Los árboles danzan “la tormenta de verano”
Y nosotros...
...fundimos nuestros cuerpos en el baño.
La casa reposa.
Sólo se oye la lluvia y el viento
que refresca cada rincón.
El baño quema un sudor de amor
que nuestros cuerpos emanan.
Son las diez,
la tormenta sigue,
despertaron nuestros soles...
...las risas inundan la casa.
Mariela L. Sciorra
mariesciorra@yahoo.com.ar
lunes, 5 de febrero de 2007
domingo, 4 de febrero de 2007
Mónica Russomanno: De vuelta de las vacaciones
VUELTA POR ESO
Cuando se vuelve de las vacaciones, es la belleza de los paisajes, la dulzura de las colinas o el oleaje eterno lo que queda disperso en el espíritu, adormeciéndonos detrás de las ventanillas.Se retorna pero aún no se arribó. Es el estado de gracia de quien reposa y decanta.Los campos se suceden repitiéndose, caballos idénticos, vacas simétricas, postes hipnóticos. La vida se encuentra detenida, como ausente. Se está sin estar, en ese territorio de lo que está en tránsito y no tiene ubicación real.Es necesario preguntarse sobre las ajenas vidas de las gentes invisibles que transcurren en esas casas semiocultas por árboles. Pero la pregunta es como la canción que se oye a lo lejos, sin prestar atención a las palabras. Modorra y sueño de ojos abiertos.Y así viene una en gracia de dios, sonriendo para adentro, cuando la ciudad salta hacia delante y ocurre crudamente. No se avanza a través de los boulevares ajedrezados por las sombras, ni se adentra una por la costanera de sol alegrada por las familias tomadoras de mate.Son las circunvalaciones, las bolsas blancas enredadas en las ramas, las botellas plásticas, los techos de chapa que hieren la vista con el brillo enceguecedor de inclemencias veraniegas e invernales, infernal habitáculo de semejantes tan poco semejantes allá afuera, tan ocupados en basurales y remiendos. Tan ocupados ellos en sobrevivir.Y el golpe en el estómago cuando el colectivo se detiene en el semáforo, y ese nene de ocho o nueve años se acerca a limpiar el parabrisas. No debiera darme este vértigo que el conductor le alcance dos de las bandejas del almuerzo, ni debiera cerrárseme la garganta cuando el chico se aleje despacio, y ponga las bandejas a la sombra.Por qué acude el llanto por el gesto de dejar las bandejas a la sombra. Es lo correcto, lo lógico, dejar la comida a la sombra.El nene camina sin apuro, mirando los sándwiches, girando el paquete sellado.Yo a los nueve años no hubiese sabido dejar mi vianda a la sombra. Para eso estaba mamá. Quizás será por eso el llanto. Será por eso.
CERRO LEONES
Está Cerca de Bariloche el cerro, y más que un león yacente parece un cachorro de San Bernardo, y nunca hubo leones sino pumas, pero el sacerdote que lo descubrió para los que acabarían con los tehuelches vio un león. Así ocurrieron las cosas en esta extensa y bella América, renombrada y transformada por los recién venidos, que daban en descubrir lo que fue ocupado siglos por razas morenas, y en nombrar las cosas según lo que sus europeos ojos podían hallar en semejanza. Fue un cerro entonces una campana, otro una catedral, y las palabras nativas se enterraron debajo de vocablos lejanos, así como en el litoral contó el poeta que los ojos marrones retrocedieron expulsados por el lino, que multiplicaba en flores celestes los ojos azules de los que bajaban de los barcos.Pero allá arriba, en el cerro donde moran las águilas y sobrevuelan los jotes, podemos asomarnos con el espíritu sobrecogido a las cuevas que fueron taller de fabricación de armas para la caza del guanaco y de los pequeños ciervos que alimentaban a hombres de dos metros de altura, y mujeres de un metro setenta. Envueltos en pieles los tehuelches, con obsidiana tallaban la piedra para sus flechas. Nunca condescendieron a la sedentaria agricultura ni a la cría de ganado. Lo harían los mapuches, llegados porque el hombre blanco los empujaba desde arriba, desde el norte que iban ocupando sin resquicio pese a los inmensos campos vacíos.Allí arriba están las cuevas, allá desde donde se puede ver el amplio horizonte y el cielo más amplio aún, dos infinitudes inabarcables. Las montañas lejanas, los lagos espejando el alma y calmando el viento en azul.Podemos admirar las plantitas empeñosas en florecer entre las piedras, esas piedras que se rompen como papel, como hojaldre colorido, con sus vetas rojas de hierro y amarillas de azufre, y ese piso impalpable de polvo volcánico.Y podemos tratar de hallar las pinturas rupestres, apenas una huella imperceptible, como imperceptible es la huella de los antiguos moradores, muertos ya, desaparecidos de esta Patagonia que los vio retroceder a las sombras de un tiempo que se confunde con el Tiempo, con la Historia, con la vergüenza de las masacres, la sífilis, el alcohol que les destrozó lo sagrado que habitaba en ellos. No entendían lo que propiedad privada significa, y cuando los blancos les mermaron el guanaco, cazaron entonces esos bichitos blancos que también servían para comer. Eran ovejas, no pertenecían a la tierra como todos los animales le pertenecen, tenían dueños de extraña lengua y extraña vestimenta, y más extraña aún concepción de lo que el mundo es y de cómo está ordenado el universo. Los blancos los cazaron a ellos como ladrones.Podemos entonces mirar las cuevas. Somos intrusos, lo sabemos. No nos llevamos nada. Quizás, con suerte, aprendemos algo.Y después nos internamos en el volcán. Porque así nació esta elevación, con fuego, con el encrespamiento de la tierra que escribe sin letras pero deja los signos que narran una saga de milenios sobre el lomo del planeta.Nos metemos en el volcán como quien nace. Volvemos al útero de la madre Tierra por una abertura estrecha que nos obliga a acuclillarnos primero y a reptar después, cuerpo extendido hacia la obscuridad profunda de las profundas entrañas de lo obscuro.Otra caverna. La luz del guía, un reflector conectado endeblemente a una batería, que recorre las paredes de ángulos geométricos, picos y quebradas, y muestra un lago de agua helada y limpia, absolutamente calmo, ajeno al afuera, ignorante del viento, abrazado a sí mismo; un lago transparente, frío, un ojo de agua que nos devuelve la mirada, indiferente.Y es la experiencia de lo subterráneo, de la semilla que aguarda, de las raíces, de las ciudades de los muertos. Apagar la luz, sentir la obscuridad y el silencio sin atenuantes. Cada uno de nosotros está solo, es pequeño. Cada uno de nosotros es un punto de frágil sangre, de mínima carne dentro de las entrañas de la tierra que crece a nuestro alrededor con forma de animal yacente.Estamos solos allí. Cada uno. Por un momento los sentidos nos cortan los puentes con el afuera. Dentro del volcán. Dentro de nuestros cuerpos. Estamos solos allí, como siempre, pero ahora lo notamos.Cuando bajo sorteando piedras recupero el cielo, veo las águilas, los jotes, siento el viento. Ellos se quedan. Los tehuelches se quedan también. Aunque no los haya visto también se quedan.Sigue acostado el león, el puma. Sigue dormido el animal yacente. Pero escucho el rugido, todavía escucho el rugido.
Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com
Cuando se vuelve de las vacaciones, es la belleza de los paisajes, la dulzura de las colinas o el oleaje eterno lo que queda disperso en el espíritu, adormeciéndonos detrás de las ventanillas.Se retorna pero aún no se arribó. Es el estado de gracia de quien reposa y decanta.Los campos se suceden repitiéndose, caballos idénticos, vacas simétricas, postes hipnóticos. La vida se encuentra detenida, como ausente. Se está sin estar, en ese territorio de lo que está en tránsito y no tiene ubicación real.Es necesario preguntarse sobre las ajenas vidas de las gentes invisibles que transcurren en esas casas semiocultas por árboles. Pero la pregunta es como la canción que se oye a lo lejos, sin prestar atención a las palabras. Modorra y sueño de ojos abiertos.Y así viene una en gracia de dios, sonriendo para adentro, cuando la ciudad salta hacia delante y ocurre crudamente. No se avanza a través de los boulevares ajedrezados por las sombras, ni se adentra una por la costanera de sol alegrada por las familias tomadoras de mate.Son las circunvalaciones, las bolsas blancas enredadas en las ramas, las botellas plásticas, los techos de chapa que hieren la vista con el brillo enceguecedor de inclemencias veraniegas e invernales, infernal habitáculo de semejantes tan poco semejantes allá afuera, tan ocupados en basurales y remiendos. Tan ocupados ellos en sobrevivir.Y el golpe en el estómago cuando el colectivo se detiene en el semáforo, y ese nene de ocho o nueve años se acerca a limpiar el parabrisas. No debiera darme este vértigo que el conductor le alcance dos de las bandejas del almuerzo, ni debiera cerrárseme la garganta cuando el chico se aleje despacio, y ponga las bandejas a la sombra.Por qué acude el llanto por el gesto de dejar las bandejas a la sombra. Es lo correcto, lo lógico, dejar la comida a la sombra.El nene camina sin apuro, mirando los sándwiches, girando el paquete sellado.Yo a los nueve años no hubiese sabido dejar mi vianda a la sombra. Para eso estaba mamá. Quizás será por eso el llanto. Será por eso.
CERRO LEONES
Está Cerca de Bariloche el cerro, y más que un león yacente parece un cachorro de San Bernardo, y nunca hubo leones sino pumas, pero el sacerdote que lo descubrió para los que acabarían con los tehuelches vio un león. Así ocurrieron las cosas en esta extensa y bella América, renombrada y transformada por los recién venidos, que daban en descubrir lo que fue ocupado siglos por razas morenas, y en nombrar las cosas según lo que sus europeos ojos podían hallar en semejanza. Fue un cerro entonces una campana, otro una catedral, y las palabras nativas se enterraron debajo de vocablos lejanos, así como en el litoral contó el poeta que los ojos marrones retrocedieron expulsados por el lino, que multiplicaba en flores celestes los ojos azules de los que bajaban de los barcos.Pero allá arriba, en el cerro donde moran las águilas y sobrevuelan los jotes, podemos asomarnos con el espíritu sobrecogido a las cuevas que fueron taller de fabricación de armas para la caza del guanaco y de los pequeños ciervos que alimentaban a hombres de dos metros de altura, y mujeres de un metro setenta. Envueltos en pieles los tehuelches, con obsidiana tallaban la piedra para sus flechas. Nunca condescendieron a la sedentaria agricultura ni a la cría de ganado. Lo harían los mapuches, llegados porque el hombre blanco los empujaba desde arriba, desde el norte que iban ocupando sin resquicio pese a los inmensos campos vacíos.Allí arriba están las cuevas, allá desde donde se puede ver el amplio horizonte y el cielo más amplio aún, dos infinitudes inabarcables. Las montañas lejanas, los lagos espejando el alma y calmando el viento en azul.Podemos admirar las plantitas empeñosas en florecer entre las piedras, esas piedras que se rompen como papel, como hojaldre colorido, con sus vetas rojas de hierro y amarillas de azufre, y ese piso impalpable de polvo volcánico.Y podemos tratar de hallar las pinturas rupestres, apenas una huella imperceptible, como imperceptible es la huella de los antiguos moradores, muertos ya, desaparecidos de esta Patagonia que los vio retroceder a las sombras de un tiempo que se confunde con el Tiempo, con la Historia, con la vergüenza de las masacres, la sífilis, el alcohol que les destrozó lo sagrado que habitaba en ellos. No entendían lo que propiedad privada significa, y cuando los blancos les mermaron el guanaco, cazaron entonces esos bichitos blancos que también servían para comer. Eran ovejas, no pertenecían a la tierra como todos los animales le pertenecen, tenían dueños de extraña lengua y extraña vestimenta, y más extraña aún concepción de lo que el mundo es y de cómo está ordenado el universo. Los blancos los cazaron a ellos como ladrones.Podemos entonces mirar las cuevas. Somos intrusos, lo sabemos. No nos llevamos nada. Quizás, con suerte, aprendemos algo.Y después nos internamos en el volcán. Porque así nació esta elevación, con fuego, con el encrespamiento de la tierra que escribe sin letras pero deja los signos que narran una saga de milenios sobre el lomo del planeta.Nos metemos en el volcán como quien nace. Volvemos al útero de la madre Tierra por una abertura estrecha que nos obliga a acuclillarnos primero y a reptar después, cuerpo extendido hacia la obscuridad profunda de las profundas entrañas de lo obscuro.Otra caverna. La luz del guía, un reflector conectado endeblemente a una batería, que recorre las paredes de ángulos geométricos, picos y quebradas, y muestra un lago de agua helada y limpia, absolutamente calmo, ajeno al afuera, ignorante del viento, abrazado a sí mismo; un lago transparente, frío, un ojo de agua que nos devuelve la mirada, indiferente.Y es la experiencia de lo subterráneo, de la semilla que aguarda, de las raíces, de las ciudades de los muertos. Apagar la luz, sentir la obscuridad y el silencio sin atenuantes. Cada uno de nosotros está solo, es pequeño. Cada uno de nosotros es un punto de frágil sangre, de mínima carne dentro de las entrañas de la tierra que crece a nuestro alrededor con forma de animal yacente.Estamos solos allí. Cada uno. Por un momento los sentidos nos cortan los puentes con el afuera. Dentro del volcán. Dentro de nuestros cuerpos. Estamos solos allí, como siempre, pero ahora lo notamos.Cuando bajo sorteando piedras recupero el cielo, veo las águilas, los jotes, siento el viento. Ellos se quedan. Los tehuelches se quedan también. Aunque no los haya visto también se quedan.Sigue acostado el león, el puma. Sigue dormido el animal yacente. Pero escucho el rugido, todavía escucho el rugido.
Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com
De El Poeta Vileta
I
LA NOCHE SE HIZO LARGA
PEGUE LOS OJOS POR UN RATO
LA MAÑANA LLEGO SIN DARME CUENTA
LOS ABRÍ SINTIENDO EL RESPLANDOR
ME SENTI FELIZ DE LOGRARLO
II
SENTI TU CORAZÓN
EN LO VIRTUAL
DEJANDO SEÑALES
QUE RETOZAN EN MI MENTE
PUEDE QUE SEA
UNA REALIDAD
III
SENTADO ESTOY
MIRO ALREDEDOR
QUE MUNDO TAN PEQUEÑO ES
Y TAN GRANDE CUANDO LOS CIERRAS
IV
ME FUMO UN CIGARRO
EN CUALQUIER MOMENTO
SATISFACE EL INSTANTE
PERO UN BESO TUYO MAS TODAVÍA
V
VIAJAS EN DELEITE
OJOS QUE ENCUENTRAN PAISAJES
OJOS QUE VERAN TU DULCE ESTAMPA DE MUJER
AL FINAL DEL VIAJE
DANIEL VILETA CANALS ARG.
Un poema de Diana Poblet
Lo imposible
El incendio se instaló en mi pecho
lo temido llegó hoy con brazos trémulos
la última pulseada se queda aquí
circunscrita a esta aldea
a nuestro defendido espacio del no pasarán
lloro por las manos algunos quedarán sin regreso
ardiendo entre antropoides
sumarán ausencias sin reemplazo
luciérnagas descuartizadas
eructan los volcanes
se atomizan los maleficios
lo sospechan
lo sabemos
transporto certeza de haber perdido por knock-out
la batalla finalla decisiva
la cabalgada con traje mallado
que pudo mudarte
cambiar mundos.
Llevo sangre en los ojos
y me lloran las manos.
Diana Poblet
Tengo un frasco de luciérnagas para iluminar la noche que llevo encima.
soydian@yahoo.com.ar
El incendio se instaló en mi pecho
lo temido llegó hoy con brazos trémulos
la última pulseada se queda aquí
circunscrita a esta aldea
a nuestro defendido espacio del no pasarán
lloro por las manos algunos quedarán sin regreso
ardiendo entre antropoides
sumarán ausencias sin reemplazo
luciérnagas descuartizadas
eructan los volcanes
se atomizan los maleficios
lo sospechan
lo sabemos
transporto certeza de haber perdido por knock-out
la batalla finalla decisiva
la cabalgada con traje mallado
que pudo mudarte
cambiar mundos.
Llevo sangre en los ojos
y me lloran las manos.
Diana Poblet
Tengo un frasco de luciérnagas para iluminar la noche que llevo encima.
soydian@yahoo.com.ar
Poemas de María gabriela Abeal
En un sentido oriental (De crónicas de Alondra)
Vértigo,
golondrinas en el vientre
galopar desenfrenado del músculo que me sostiene
es lo que siento.
Me deshojas por dentro,
por fuera pierdo las alas,
he visto enmascararse a la hierba
por vergüenza
de cómo nos miramos.
Emigran las aves,
hasta las rosas
no están acostumbradas
a la estación simbiótica
de nuestras almas.
Tú la puerta segura,
mi cuerpo la cerradura.
Los dos única llave;
en un sentido oriental
somos el yin y el yang.
Caritatis
Creo en vos,
amor que todo lo puede,
creando mis ganas y extrañezas,
mis sueños y mis desvelos.
Creo en un solo verbo,
un único sentimiento,
nacido del centro del cuerpo
de la luz y del universo entero.
Un amor verdadero
que puede sembrar y crear
porque es naturaleza.
Que por mí y por vos
existe el vínculo en la tierra y en el cielo.
Que encarnados en cuerpos,
por no practicar el verbo,
se crucificaron nuestros deseos.
En el tiempo que no supimos
limpiar nuestras almas
padeció el amor y fue sepultado.
Resucita cada cierto tiempo
si se escribe con ganas, sube al corazón
trasciende al espíritu y rodea nuestro encuentro;
de nuevo viene la gloria
que no juzga estés vivo o estés muerto
porque hay algo que no se ve y que no tiene fin.
Creo en el amor que da la vida
que procede de un padre y una madre
y que reciben a un hijo, que tiene los mismos derechos.
Creo en un Dios natural,
que hay santos y otros no tanto.
Confieso que hay un solo amor que no necesita perdón.
Y no se si resucitaré después de morir
por eso creo en la vida.
Amen-se
La historia de los besos
He besado tantas bocas en mi vida
en busca del sabor que yo deseo
hubo besos
compartidos en la búsqueda
otros sacudieron a mi boca
hasta perder la conciencia
por momentos
besé labios
secos de pasiones
bocas húmedas sin miedo
al desenfreno
besé sin saber
a quien besaba
para no perder el arte de los besos
besé al aire
al viento a la lluvia
para hacer a mis besos naturales
me besé
mirándome al espejo
para mejorar la calidad de mis besos
besé suave
mordiendo
escapando
besé rápido
para que nadie
descubra a quién beso
besé sin pensar
si me besaban
y de algunos besos
por ahí
hoy me arrepiento
Pero beso más que nada
por el hábito
porque mi boca nació
por ese beso.
María Gabriela Abeal
Mgabi7@ciudad.com.ar
gabrielaabeal@yahoo.com.ar
Vértigo,
golondrinas en el vientre
galopar desenfrenado del músculo que me sostiene
es lo que siento.
Me deshojas por dentro,
por fuera pierdo las alas,
he visto enmascararse a la hierba
por vergüenza
de cómo nos miramos.
Emigran las aves,
hasta las rosas
no están acostumbradas
a la estación simbiótica
de nuestras almas.
Tú la puerta segura,
mi cuerpo la cerradura.
Los dos única llave;
en un sentido oriental
somos el yin y el yang.
Caritatis
Creo en vos,
amor que todo lo puede,
creando mis ganas y extrañezas,
mis sueños y mis desvelos.
Creo en un solo verbo,
un único sentimiento,
nacido del centro del cuerpo
de la luz y del universo entero.
Un amor verdadero
que puede sembrar y crear
porque es naturaleza.
Que por mí y por vos
existe el vínculo en la tierra y en el cielo.
Que encarnados en cuerpos,
por no practicar el verbo,
se crucificaron nuestros deseos.
En el tiempo que no supimos
limpiar nuestras almas
padeció el amor y fue sepultado.
Resucita cada cierto tiempo
si se escribe con ganas, sube al corazón
trasciende al espíritu y rodea nuestro encuentro;
de nuevo viene la gloria
que no juzga estés vivo o estés muerto
porque hay algo que no se ve y que no tiene fin.
Creo en el amor que da la vida
que procede de un padre y una madre
y que reciben a un hijo, que tiene los mismos derechos.
Creo en un Dios natural,
que hay santos y otros no tanto.
Confieso que hay un solo amor que no necesita perdón.
Y no se si resucitaré después de morir
por eso creo en la vida.
Amen-se
La historia de los besos
He besado tantas bocas en mi vida
en busca del sabor que yo deseo
hubo besos
compartidos en la búsqueda
otros sacudieron a mi boca
hasta perder la conciencia
por momentos
besé labios
secos de pasiones
bocas húmedas sin miedo
al desenfreno
besé sin saber
a quien besaba
para no perder el arte de los besos
besé al aire
al viento a la lluvia
para hacer a mis besos naturales
me besé
mirándome al espejo
para mejorar la calidad de mis besos
besé suave
mordiendo
escapando
besé rápido
para que nadie
descubra a quién beso
besé sin pensar
si me besaban
y de algunos besos
por ahí
hoy me arrepiento
Pero beso más que nada
por el hábito
porque mi boca nació
por ese beso.
María Gabriela Abeal
Mgabi7@ciudad.com.ar
gabrielaabeal@yahoo.com.ar
Noticia Literaria
Nuevamente galardonado el Dr. Ernesto Kahan
Por María Eugenia Caseiro
Ha sido premiado una vez más el trabajo del Dr. Ernesto Kahan, vicepresidente del Congreso Mundial de Poetas y la Academia Mundial de Arte y Cultura (UNESCO), presidente de la Asociación Israelí de Médicos por la Paz y vicepresidente de IPPNW (NÓBEL 1985), además de vicepresidente de IFLAC (Forum Internacional por la Literatura y Cultura de Paz), director de Epidemiología del Departamento de Medicina de Familia, Universidad Tel Aviv, Israel, y otros cargos relevantes.
Si una persona ha impactado en estos tiempos el pensamiento de muchas, guiado por su gran espíritu, inteligencia, constancia, amor a la humanidad y entrega, es el doctor en medicina Ernesto Kahan, profesor universitario y escritor; autor de una gran cantidad de libros y artículos sobre temas de su especialidad, destacado exponente y guía en el terreno de la búsqueda de caminos que conduzcan a lograr la Paz en todas las esferas.
La Asociación Internacional de Escritores y Artistas ha extendido al Dr. Kahan y a Taki Yuriko, de Japón, un diploma en reconocimiento a la extraordinaria labor conjunta coronada por su trabajo: Genocidio; libro publicado en español, japonés e inglés el pasado junio, por la Editorial Nihon Tosho Centre Co.,LTD. y que ha sido una clara muestra de la obra común entre dos poetas que vibran por la paz y la justicia para la humanidad: Taki Yurico y Ernesto Kahan, quienes se abrazaron a un proyecto que han manifestado continuará mientras vivan: Evitar los genocidios.
Las impresiones y los sentimientos de sus autores se transcribe en las siguientes notas de su anuncio editorial:
“El libro "GENOCIDIO" en versión trilingüe (castellano - Inglés - Japonés), ya está a la venta. Es un libro maravilloso, tremendo, e importante para todo tipo de público, bibliotecas, universidades, investigadores de paz, trabajadores por los derechos humanos y la paz, maestros, trabajadores de salud, poetas, profesores universitarios, etc. Se trata de trabajo editorial impresionante sobre un libro esperado.
Dos escritores mundialmente conocidos: Ernesto Kahan, argentino - israelí, y Taki Yuriko, japonés; se aproximaron con enorme amor, ciencia y poesía, al dolor terrible que sufrió la humanidad debido a los genocidios del siglo de XX: El Holocausto judío, la masacre nuclear de Hiroshima y Nagasaki, la matanza en masa de los armenios y el hambre en África e Ibero América, etc. Nadie olvidará este libro.”
Una vez más, el Dr. Ernesto Kahan, esta vez en compañía de Yuriko, demuestra que la poesía también puede unirse a la ciencia para despertar el interés de la humanidad y enfocarlo por derroteros de amor y justicia.
El premio merecido es nuevo incentivo para quienes le admiramos y le deseamos por siempre. ¡Salud!, Ernesto Kahan y Taki Yuriko.
"Muchos sostienen que la poesía es belleza y armonía y tienen razón, mas sinamor es perfume vacío... es aire solamente. Cuando la belleza está casadacon el amor al pueblo, la justicia, la verdad, la paz... cuando el amor esel rechazo de la guerra, el racismo, el genocidio, el odio... la poesía escultura y civilización".
Ernesto Kahan
"Many sustain that poetry is beauty and harmony, and they are right; butwithout love it is an empty perfume... is just air. When beauty is engagedwith love to people, justice, truth, peace... when love is the rejection ofwar, racism, genocide, hate... such poetry is human civilization andculture".
Ernesto Kahan
María Eugenia Caseiro
buhowriter@hotmail.com
http://danielmontoly.blogspot.com/
Por María Eugenia Caseiro
Ha sido premiado una vez más el trabajo del Dr. Ernesto Kahan, vicepresidente del Congreso Mundial de Poetas y la Academia Mundial de Arte y Cultura (UNESCO), presidente de la Asociación Israelí de Médicos por la Paz y vicepresidente de IPPNW (NÓBEL 1985), además de vicepresidente de IFLAC (Forum Internacional por la Literatura y Cultura de Paz), director de Epidemiología del Departamento de Medicina de Familia, Universidad Tel Aviv, Israel, y otros cargos relevantes.
Si una persona ha impactado en estos tiempos el pensamiento de muchas, guiado por su gran espíritu, inteligencia, constancia, amor a la humanidad y entrega, es el doctor en medicina Ernesto Kahan, profesor universitario y escritor; autor de una gran cantidad de libros y artículos sobre temas de su especialidad, destacado exponente y guía en el terreno de la búsqueda de caminos que conduzcan a lograr la Paz en todas las esferas.
La Asociación Internacional de Escritores y Artistas ha extendido al Dr. Kahan y a Taki Yuriko, de Japón, un diploma en reconocimiento a la extraordinaria labor conjunta coronada por su trabajo: Genocidio; libro publicado en español, japonés e inglés el pasado junio, por la Editorial Nihon Tosho Centre Co.,LTD. y que ha sido una clara muestra de la obra común entre dos poetas que vibran por la paz y la justicia para la humanidad: Taki Yurico y Ernesto Kahan, quienes se abrazaron a un proyecto que han manifestado continuará mientras vivan: Evitar los genocidios.
Las impresiones y los sentimientos de sus autores se transcribe en las siguientes notas de su anuncio editorial:
“El libro "GENOCIDIO" en versión trilingüe (castellano - Inglés - Japonés), ya está a la venta. Es un libro maravilloso, tremendo, e importante para todo tipo de público, bibliotecas, universidades, investigadores de paz, trabajadores por los derechos humanos y la paz, maestros, trabajadores de salud, poetas, profesores universitarios, etc. Se trata de trabajo editorial impresionante sobre un libro esperado.
Dos escritores mundialmente conocidos: Ernesto Kahan, argentino - israelí, y Taki Yuriko, japonés; se aproximaron con enorme amor, ciencia y poesía, al dolor terrible que sufrió la humanidad debido a los genocidios del siglo de XX: El Holocausto judío, la masacre nuclear de Hiroshima y Nagasaki, la matanza en masa de los armenios y el hambre en África e Ibero América, etc. Nadie olvidará este libro.”
Una vez más, el Dr. Ernesto Kahan, esta vez en compañía de Yuriko, demuestra que la poesía también puede unirse a la ciencia para despertar el interés de la humanidad y enfocarlo por derroteros de amor y justicia.
El premio merecido es nuevo incentivo para quienes le admiramos y le deseamos por siempre. ¡Salud!, Ernesto Kahan y Taki Yuriko.
"Muchos sostienen que la poesía es belleza y armonía y tienen razón, mas sinamor es perfume vacío... es aire solamente. Cuando la belleza está casadacon el amor al pueblo, la justicia, la verdad, la paz... cuando el amor esel rechazo de la guerra, el racismo, el genocidio, el odio... la poesía escultura y civilización".
Ernesto Kahan
"Many sustain that poetry is beauty and harmony, and they are right; butwithout love it is an empty perfume... is just air. When beauty is engagedwith love to people, justice, truth, peace... when love is the rejection ofwar, racism, genocide, hate... such poetry is human civilization andculture".
Ernesto Kahan
María Eugenia Caseiro
buhowriter@hotmail.com
http://danielmontoly.blogspot.com/
Homenaje a Osvaldo Soriano
Para homenajear a Osvaldo Soriano hemos seleccionado estos textos: un cuento de Eduardo Galeano y la carta de Osvaldo Bayer leída en la Chacarita al cumplirse 10 años de su muerte.
Por Eduardo Galeano (*)
En uno de sus cuentos, Soriano imaginó un partido de fútbol en algún pueblito perdido en la Patagonia. Al equipo local, nunca nadie le había metido un gol en su cancha. Semejante agravio estaba prohibido, bajo pena de horca o tremenda paliza. En el cuento, el equipo visitante evitaba la tentación durante todo el partido; pero al final el delantero centro quedaba solo frente al arquero y no tenía más remedio que pasarle la pelota entre las piernas.
Diez años después, cuando Soriano llegó al aeropuerto de Neuquén, un desconocido lo estrujó en un abrazo y lo alzó con valija y todo:
–¡Gol, no! ¡Golazo! –gritó–. ¡Te estoy viendo! ¡A lo Pelé lo festejaste! –y cayó de rodillas, elevando los brazos al cielo.
Después, se cubrió la cabeza:
–¡Qué manera de llover piedras! ¡Qué biaba nos dieron!
Soriano, boquiabierto, escuchaba con la valija en la mano.
–¡Se te vinieron encima! ¡Eran un pueblo! –gritó el entusiasta. Y señalándolo con el pulgar, informó a los curiosos que se iban acercando:
–A éste, yo le salvé la vida.
Y les contó, con lujo de detalles, la tremenda gresca que se había armado al fin del partido: ese partido que el autor había jugado en soledad, una noche lejana, sentado ante una máquina de escribir, un cenicero lleno de puchos y un par de gatos dormilones.
(*) El texto de Galeano forma parte de su último libro, Bocas del tiempo.
A CONTINUACIÓN, LA CARTA DE OSVALDO BAYER LEÍDA DURANTE EL HOMENAJE EN LA CHACARITA.
Querida Catherine, querido Manuel, queridos amigos:
Diez años ya sin diálogos con Osvaldo, pero su recuerdo vivo. Sus libros, sus notas, su sonrisa presente. Ya no cabe la tristeza sino la imagen de quien fue un escritor nuestro, bien nuestro, de estas latitudes, de estas calles, de estas pampas que lo vieron recorrer con mirada atenta y descubridora. Lo perdimos en el ruido de las redacciones, en los ecos de los cafés del centro, en los bocinazos de Buenos Aires apurado, y lo ganamos en el silencio, en su imagen que no se aleja, que está ahí y aquí, que estará muy cerca siempre.
Osvaldo Soriano, escritor nuestro, sabedor de la vida, conocedor de lo argentino. El nos explicó siempre lo que somos, profundidades e ironías, grandezas y egoísmos, alturas y flaquezas. ¿Cómo definir tu estilo literario, Osvaldo? Yo diría que fuiste un Arlt despojado de todo lo que traía ese heredero de primera generación de lo europeo. Tu estilo es tan profundo que no necesitó ni figuras ni academicismos. Es tan profundo como las preguntas que se hacen los muchachos de barrio, las mujeres viejas, los viejos jubilados y los perros de la calle.
(Los gatos, no, ésos no preguntan, ésos lo saben todo. Por eso te hiciste acompañar por ellos para que no sucumbieras en las dudas. Y por eso tu optimismo a veces desesperado, del que salías a flote con la ironía.)
Diez años y nadie te olvida. Estás siempre presente. Es que el argentino te reconoce como que eres un descubridor. El descubridor del argentino. Para un argentino no hay nada mejor que un argentino, escribirías sonriendo con malicia. (Podríamos cambiar lo de argentino por otro sustantivo argentino, pero es lo mismo... somos todos argentinos, agregarías.)
Ahí estuvo toda tu sabiduría, tu perspicacia. Nos definiste. Te definiste. Y te divertiste. Y dejaste un fresco inigualable. Pareces esos pintores alemanes de la república de Weimar que pintaron con los colores de la profunda ironía la tragedia de esos días. Nos has dejado, como digo, ese fresco increíble de nuestra sociedad. Con valentía, con amplitud, con ironía, con la literatura sabia de la calle, con arte, con palabras de las que usa el pueblo. Diez años y te recordamos todos. La melancolía no pudo debilitar nuestra admiración y agradecimiento.
¿Sabés cómo te hubieran llamado los luchadores del pasado? Un Hijo del Pueblo. Porque nos supiste dibujar a todos, desnudar a todos. Pero sin poder ocultar tu tierna bondad.
Hasta la vida siempre, querido amigo.
Osvaldo Bayer
Fuente: diario "Página /12"
Más información: www.pagina12.com.ar
Por Eduardo Galeano (*)
En uno de sus cuentos, Soriano imaginó un partido de fútbol en algún pueblito perdido en la Patagonia. Al equipo local, nunca nadie le había metido un gol en su cancha. Semejante agravio estaba prohibido, bajo pena de horca o tremenda paliza. En el cuento, el equipo visitante evitaba la tentación durante todo el partido; pero al final el delantero centro quedaba solo frente al arquero y no tenía más remedio que pasarle la pelota entre las piernas.
Diez años después, cuando Soriano llegó al aeropuerto de Neuquén, un desconocido lo estrujó en un abrazo y lo alzó con valija y todo:
–¡Gol, no! ¡Golazo! –gritó–. ¡Te estoy viendo! ¡A lo Pelé lo festejaste! –y cayó de rodillas, elevando los brazos al cielo.
Después, se cubrió la cabeza:
–¡Qué manera de llover piedras! ¡Qué biaba nos dieron!
Soriano, boquiabierto, escuchaba con la valija en la mano.
–¡Se te vinieron encima! ¡Eran un pueblo! –gritó el entusiasta. Y señalándolo con el pulgar, informó a los curiosos que se iban acercando:
–A éste, yo le salvé la vida.
Y les contó, con lujo de detalles, la tremenda gresca que se había armado al fin del partido: ese partido que el autor había jugado en soledad, una noche lejana, sentado ante una máquina de escribir, un cenicero lleno de puchos y un par de gatos dormilones.
(*) El texto de Galeano forma parte de su último libro, Bocas del tiempo.
A CONTINUACIÓN, LA CARTA DE OSVALDO BAYER LEÍDA DURANTE EL HOMENAJE EN LA CHACARITA.
Querida Catherine, querido Manuel, queridos amigos:
Diez años ya sin diálogos con Osvaldo, pero su recuerdo vivo. Sus libros, sus notas, su sonrisa presente. Ya no cabe la tristeza sino la imagen de quien fue un escritor nuestro, bien nuestro, de estas latitudes, de estas calles, de estas pampas que lo vieron recorrer con mirada atenta y descubridora. Lo perdimos en el ruido de las redacciones, en los ecos de los cafés del centro, en los bocinazos de Buenos Aires apurado, y lo ganamos en el silencio, en su imagen que no se aleja, que está ahí y aquí, que estará muy cerca siempre.
Osvaldo Soriano, escritor nuestro, sabedor de la vida, conocedor de lo argentino. El nos explicó siempre lo que somos, profundidades e ironías, grandezas y egoísmos, alturas y flaquezas. ¿Cómo definir tu estilo literario, Osvaldo? Yo diría que fuiste un Arlt despojado de todo lo que traía ese heredero de primera generación de lo europeo. Tu estilo es tan profundo que no necesitó ni figuras ni academicismos. Es tan profundo como las preguntas que se hacen los muchachos de barrio, las mujeres viejas, los viejos jubilados y los perros de la calle.
(Los gatos, no, ésos no preguntan, ésos lo saben todo. Por eso te hiciste acompañar por ellos para que no sucumbieras en las dudas. Y por eso tu optimismo a veces desesperado, del que salías a flote con la ironía.)
Diez años y nadie te olvida. Estás siempre presente. Es que el argentino te reconoce como que eres un descubridor. El descubridor del argentino. Para un argentino no hay nada mejor que un argentino, escribirías sonriendo con malicia. (Podríamos cambiar lo de argentino por otro sustantivo argentino, pero es lo mismo... somos todos argentinos, agregarías.)
Ahí estuvo toda tu sabiduría, tu perspicacia. Nos definiste. Te definiste. Y te divertiste. Y dejaste un fresco inigualable. Pareces esos pintores alemanes de la república de Weimar que pintaron con los colores de la profunda ironía la tragedia de esos días. Nos has dejado, como digo, ese fresco increíble de nuestra sociedad. Con valentía, con amplitud, con ironía, con la literatura sabia de la calle, con arte, con palabras de las que usa el pueblo. Diez años y te recordamos todos. La melancolía no pudo debilitar nuestra admiración y agradecimiento.
¿Sabés cómo te hubieran llamado los luchadores del pasado? Un Hijo del Pueblo. Porque nos supiste dibujar a todos, desnudar a todos. Pero sin poder ocultar tu tierna bondad.
Hasta la vida siempre, querido amigo.
Osvaldo Bayer
Fuente: diario "Página /12"
Más información: www.pagina12.com.ar
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