miércoles, 20 de enero de 2010

Un dolor, un poema por Haití



Felix Morisseau Leroy

ASÍ OCURRIÓ


Así ocurrió
Jesucristo tenía que morir
Pese a todo tenía que morir
Aun cuando Pilato dijera que no
Caifás insistía tanto
Que se llegó a condenar al Hombre
Tenía días sin comer
Y estaba tan débil
Que al subir al Monte de los Olivos
Con dos maderos al hombro
Iba de tumbo en tumbo
Pilato lo miraba con compasión
Y también los soldados romanos miraban
Fue entonces que por ahí pasó un hombre
Simón Cireneo
Un negro fuerte, como Paul Robeson, pasó por ahí
Miró aquello como sólo los negros saben mirar
Pilato sintió lo que el negro tenía en su corazón
Y a los soldados hizo una señal
Todos se echaron sobre Simón
Y con fuerza lo apalearon
Luego le dijeron: toma la cruz y cárgala
Simón tomó la cruz
La tomó de la mano del blanco
Se echó a correr con ella
Se echó a cantar
Se echó a bailar
Bailó cantó
Se fue corriendo hacia arriba
Dejando atrás a todos
Regresó cantó bailó
Hizo girar la cruz sobre su cabeza
La echó al aire
La atrapó
La cruz quedó bailando sola en el aire
La gente gritó milagro
Y cuando cayó la cruz
Simón la tomó
Bailó mucho con ella
Antes de devolverla a Jesús
Desde entonces
Cuando es muy pesada una cruz
Cuando algo pesa demasiado
para las fuerzas de un blanco
Llaman a un negro para que cargue
Después bailamos cantamos
tocamos el tambor
tocamos el bambú
Nuestra espalda es muy ancha
Cargamos la cruz, cargamos el fusil,
cargamos el cañón
ayudamos al blanco
cargamos los crímenes
cargamos los pecados
cargamos por todos.

Felix Morisseau Leroy nació en el pueblo de Jacmel en 1912.
Algunos críticos lo señalan como una de las más reveladoras
voces de la historia de la poesía de Haití. Su libro Dakout, al
que pertenece este poema, data de 1952. Escribió en créole y
y fue un defensor de la literatura en esa lengua. Murió en 1998.
(De La poesía de Haití; estudio de María Renata Segura y Eduardo Dalter;
Buenos Aires, 2001.)

Cristina Villanueva: Dos textos caseros



Vecindades

La Santa Rita era como un puente, una frontera de flores rojas,lloviendo sobre mi patio, un techo florecido en lugar de rejas.
Sabíamos que a la vecina no la beneficiaba su propia planta que caía como un regalo de belleza, sobre nuestra casa. Muchas veces es difícil de soportar que algo, de la sagrada propiedad privada, se de a otro por vocación o azar, por eso le hacíamos a la vecina (o a la planta) pequeños regalos. Ella se quejaba de las hojas que le tapaban la rejilla y que la obligarían a sacarla, nosotros posponíamos el momento con mimos, un peaje de sonrisas para el disfrute visual. No valía decirle que la deuda que teníamos con su planta, la pagaríamos con otra, que se de a otros, armando redes floridas.
Un día, ya sin vacilaciones, me dijo, -Cristina la saco, al rato, como culpable, me pidió, espero que todo siga igual entre nosotras –con llanto contenido, le contesté, la planta es suya.
Nunca será igual, sentí desprotección (como si fuera un problema de seguridad). Me basaba en que las espinas de la planta impedían el paso de posibles intrusos. Aunque sé que la sensación de desamparo surgía, del hecho de no poder mantener en el aire, ese borde rojo, que guardaba mi agradecimiento.
Más tarde, pensé que el patio parecía más luminoso y grande. Eso por no hablar del desconsuelo de mis ojos, o del duelo de romance herido entre las casas.



Reflexiones sobre la mudanza de la ubicación de la cama en el dormitorio y sus azarosas consecuencias

Ella cambia, le da la cara a un pedacito de cielo y de árboles, acuesta su ser desde lo nuevo, algo se mueve, a partir de ese pequeño movimiento duerme mas, serán las oscilaciones de la luz .La vida no, pero la noche que es la despedida del día, muda .Un placer secreto en dejarse llevar del otro lado de las cosas. Con la piel abierta, espía por la pequeña ventana celeste. Encuentra un dios que le promete desayuno con dátiles, y derrama alegría lunar sobre su cuerpo, apenas los pies tapados por las sábanas. Los pies que se niegan a la total desprotección. de la desnudez Los pies disfrutando lo materno que cubre mientras el resto interpela una mirada de hombre o de dios benigno .Se brinda a esos ojos confiando en el perdón por las imperfecciones que guardan la historia del tiempo .Un cuerpo rico de viajes y lecturas, que se abrió en los partos, con pechos que alimentaron y brazos extendidos al amor y la amistad .Con piernas que caminaron junto a otros para que no se haga una guerra, contra una muerte, por la vida.
Que lloró en la escena final de la lengua de las mariposas, en la escena final de todos sus queridos. Y que ahora, a veces se acurruca y a veces desafía, y todavía busca por el pequeño espacio que le dejan las ciudades al cielo, un resplandor cósmico que le envíe señales..


Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

Un documental preocupa a un presidente



Desde hace tres años la Asociación de Documentalistas Argentinos – DOCA, desarrolla una muestra nacional del cine documental independiente en nuestro país.. En la segunda y tercera edición se abrieron las pantallas a la producción internacional haciendo hincapié en las realizaciones latinoamericanas más recientes.

El género documental aborda temáticas y puntos de vista que se distancian de lo que habitualmente podemos ver en los medios masivos. Por ello la muestra y el documental mantienen su vigencia y su público.
En la Sección Internacional de la III Muestra DOCA realizada en Buenos Aires en noviembre de 2009 (cuya programación fue pública aunque no publicada por los grandes medios –exceptuando la televisión pública), se proyectaron varias producciones que muestran diferentes aspectos y diversas miradas sobre las luchas de los pueblos latinoamericanos, entre ellas, y con una gran afluencia de público, proyectamos el documental “FARC: la insurgencia del siglo XXI.”

Transcurridos casi dos meses de esta exhibición pública del documental (que había sido exhibido ya en varios países latinoamericanos y europeos así como en el Festival de la Habana), el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, critica la exhibición del film señalando que “es un video que le ayudaron a hacer unos extranjeros para meterle (sic) otra mentira al mundo". Asimismo el Ministro de Defensa colombiano, Gabriel Silva, dijo al respecto que "quien difunda publicidad o quien difunda los actos terroristas o las proclamas de estos bandidos, pues es cómplice de ellos”..

Esta postura de condenar la exhibición de un documental en otro país, sólo se entiende viniendo de un gobierno que ostenta records de denuncias por violación a los derechos humanos. Por otro lado, además de ser una inadmisible intromisión extranjera sobre la libertad de expresión en Argentina, el ministro de defensa apela a un argumento falaz, pues cabría aplicar su reflexión a cualquier film o noticiero que emitiera los habituales y controvertidos hechos de la política internacional. En esta línea de pensamiento podría acusarse a cualquier organización de un festival de nazi por pasar un film de Leni Riefenstahl, de castrista por difundir el cine de Santiago Álvarez, o de antiimperialista por exhibir un documental de Michael Moore.

Se ha criticado también que FARC: la insurgencia del siglo XXI, está realizado por un colectivo en cuyos créditos aparecen seudónimos. Desconociendo que la historia del cine está atravesada por numerosos films cuyos autores se proclamaron anónimos, que muchos documentalistas persiguen la construcción de un corpus crítico más que una vidriera donde mostrar su nombre. Y que los diferentes contextos históricos determinaron esa postura en pos de la seguridad de los cineastas y artistas.

Sin embargo, no nos llama la atención esta reacción de los aliados imperiales en América Latina.
Dentro de DOCA las posturas sobre las FARC son diversas, pero respecto al gobierno de Uribe vemos que es: represor, autoritario, que pretende la reelección eterna para garantizar la instalación de bases militares norteamericanas e incrementar así el poder de fuego imperialista contra los pueblos latinoamericanos.

Así como DOCA fue el vehículo que hizo público en nuestro país la persecución que sufre la documentalista chilena Elena Varela por defender los intereses del pueblo mapuche, y no dudamos en reclamarle a Michel Bachelet por su responsabilidad, continuaremos con la actividad normal de nuestra asociación sin dejarnos intimidar por ningún tipo de falsas acusaciones o amenazas.

Libertad para el arte, defensa irrestricta de las libertades democráticas y de expresión. Ésta es nuestra lucha.

DOCA – Documentalistas Argentinos
http://www.docacine.com.ar/
http://www.youtube.com/watch?v=6FELjwKYUZE
http://www..youtube.com/watch?v=4P3KvO7k-Vs

Cine: Los amantes, de James Gray



LOS AMANTES
(Two Lovers, Estados Unidos, 2008)
Dirección: James Gray. Guión: James Gray y Ric Menello. Intérpretes: Joaquin Phoenix, Gwyneth Paltrow, Vinessa Shaw, Isabella Rossellini, Elias Koteas, Moni Moshonov. Fotografía: Joaquín Baca-Asay. Edición: John Axelrad. Diseño de producción: Happy Massee.

Por Germán Cáceres

James Gray venía de realizar tres filmes policiales: Little Odessa (1994), La traición (2000) y Los dueños de la noche (2007), y acomete aquí una delicada y sobria película de amor, en la que Leonard (notable la composición de Joaquin Phoenix) es un hombre hipersensible que sufre de bipolaridad y, en consecuencia, intensas oscilaciones de ánimo que lo llevan a depender en forma excesiva de sus padres (excelentes Moni Moshonov e Isabella Rossellini). Él se considera un fracaso y se enamora perdidamente de otra fracasada, la bella y vacilante Michelle (Gwyneth Paltrow, en un papel a su medida), y a su vez atrae a la cándida y dulce Sandra (convincente Vinessa Shaw). Como si el director y los guionistas hubiesen conocido las declaraciones del historietista Charles M. Schulz, el creador de Snoopy: “No gustamos a quien queremos, pero gustamos a quien no queremos. Es el eterno problema”.
Es admirable cómo Los amantes se adentra en el conflictivo mundo interior de Leonard, más cercano a la depresión que a la euforia. Son antológicas las escenas que mantiene con Michelle en la fría terraza del departamento en que viven. Hay que destacar la espléndida fotografía de Joaquín Baca-Asay, con sus primorosas tonalidades y el brillo que impone a las tomas de un Nueva York resplandeciente, sobre todo en las secuencias nocturnas.
Es magnífica la edición de John Axelrad, que capta las escenas eróticas con exquisito refinamiento, así como los primeros planos ahondan en la introspección de los personajes. Los enfoques y demás ensambles están dotados de un ritmo preciso que impacta visualmente.
Un fuerte aliento trágico recorre la historia del principio al fin, pero James Gray sabe dosificar con mano maestra este filme de visión imprescindible.
Resulta evidente que la banda sonora necesitaba de una música especial, y allí están Duke Ellington, Stan Getz, Dizzy Gillespie, y las óperas Caballería rusticana, Manon Lescaut, El elixir de amor, Turandot y siguen las maravillas.

Germán Cáceres

Libros: El informe de Brodeck, de Philippe Claudel



EL INFORME DE BRODECK
de Philippe Claudel
(Salamandra, Barcelona, 2009, 288 páginas)

Por Germán Cáceres

Esta novela (Le rapport de Brodeck) fue editada en Francia en 2007 y obtuvo ese mismo año el premio Goncourt des Lycéens. Su autor, Philippe Claudel (Nancy, 1962), está considerado como uno de los más prestigiosos escritores europeos de la actualidad, posee varios libros en su haber y es guionista de cine y televisión. En la Argentina se lo conoce por ser el director del excelente filme Hace mucho que te quiero (2008).
Claudel es dueño de una prosa cálida, que fluye con naturalidad y dispara imágenes cegadoras: su lectura produce un placer incanjeable. La narración, en clave kafkiana, es sinuosa y voluntariamente imprecisa, y se va desarrollando con descripciones aisladas, a manera de iluminaciones, como si fueran fragmentos u hojas sueltas de un texto perdido. Y aborda la intimidad de la insondable condición humana, que parece estar más cerca de las tinieblas que de la luz. En este logro tiene particular importancia la traducción de José Antonio Soriano Marco, que cuida todos los detalles y emplea una correctísima y bella adjetivación, no dudando en recurrir a un amplio y rico vocabulario.
La historia se desarrolla en un pueblo de ubicación indeterminada, a poco de finalizar una terrible guerra que no se dice cuál es, tampoco se habla de campos de concentración sino de campos, son perseguidos los extranjeros e impuros, y sólo se alude a los Fratergekeime (así se autoproclamaban los nazis para diferenciarse de los judíos).
Brodeck, el protagonista que narra en primera persona, regresa a su hogar después de ser tratado como un perro en un campo (llevaba collar, debía caminar en cuatro patas, dormir en el suelo y comer con la boca), al que había sido conducido por una denuncia de sus vecinos. Reanuda su destrozada vida junto a su familia, pero imprevistamente llega un extranjero sin nombre —al que llaman el Anderer, el Otro en alemán—, que despierta suspicacia y temor en la población por su comportamiento extravagante. Hasta que este personaje hace una exposición con dibujos en tinta que retratan a algunos de los miembros de la comunidad, en cuyos trazos se puede observar la faz siniestra que ocultan: “dejaba traslucir cobardía, contemporización, apatía, indignidad (…) violencia, acciones sangrientas, gestos irreparables (…) emanaba ruindad, estupidez, envidia, rabia”. E irrumpe en sus conciencias la culpa reprimida e ignorada, así como el temor a lo desconocido (“Los hombres son extraños. Cometen las peores acciones sin formularse demasiadas preguntas, pero luego no pueden vivir con el recuerdo de lo hecho”). Claro, habían colaborado y pactado buenos negocios con los invasores sin importarles las víctimas aunque pertenecieran a su propio grupo. La tosca y salvaje conducta de estos habitantes bordea la más baja animalidad.
Cuesta encontrar esperanza en esta fábula del espanto y la crueldad (“si las criaturas han podido engendrar el horror es únicamente porque el Creador les ha soplado la receta”), en la cual el miedo puede impulsar al hombre a cometer las más feroces aberraciones (“Hay cosas que no huelen a nada, pero corrompen los sentidos, el corazón y el alma con mucha más facilidad que los excrementos”). Sin embargo, Brodeck ama a sus seres queridos y anhela salvarse junto con ellos.
El informe de Brodeck figura entre las grandes novelas de este siglo XXI: no debe dejar de leerse.

Germán Cáceres

Homenajes: Miep Gies



Miep Gies, la secretaria que escondió a la familia de Anna Frank, muere a los 100 años

Londres.- La secretaria que desafió a los oficiales de la ocupación Nazi para esconder a la familia de Anna Frank, murió a los 100 años de una enfermedad breve no especificada aún, informó hoy Maatje Mostar, vocera del Museo de Ana Frank. Miep Gies ayudó durante 25 meses a la familia judía y rescató el diario de la adolescente.

Luego de que la Gestapo descubriera a la familia guarecida en el edificio anexo, Gies recogió las libretas y papeles de Anna y los escondió bajo llave. El diario que le fue regalado a la jovencita por su cumpleaños número trece, ha servido como documento histórico y crónica literaria de la vida en el escondite desde el 12 de Junio de 1942 hasta el 1 de Agosto de 1944.

Por su parte, Gies decidió determinantemente respetar la privacidad de los documentos de Anna, por lo que nunca los leyó. Además, de haberlos leído habría tenido que quemarlos para no ser incriminados ante la policía Nazi como la familia que les ayudó. Anna murió en el campo de Bergen Belsen a los 15 años en marzo de 1945, a dos semanas de que fuera liberado. Gies entregó el diario de la chica a su padre Otro, el único sobreviviente de los escondidos en el anexo luego de la guerra. El diario fue publicado en 1947.

Miep Gies, que luego de la guerra buscó inspirar la tolerancia por la raza judía, escribió en un correo electrónico día antes de su centenario, en febrero: “Esto es muy injusto. Hay muchos que han hecho lo mismo que yo o incluso bajo mayor peligro”.Gies fue condecorada con el título de “Righteous Gentile” (Gentil y Justa) por el Museo del Holocausto en Israel. Además ha recibido honores por el gobierno Alemán, entre otras instituciones; apunta el diario británico The Guardian.

Como una ordinaria ama de casa y secretaria, Gies declaró a un grupo de niños en 1997 que no quería ser considerada como una heroína: “Imaginen que la gente joven crecerá con el sentimiento de que tienen que ser héroes para poder llevar a cabo su deber humanitario… Me atemoriza que nadie jamás ayude a otra gente, ya que, ¿quién puede alcanzar el estado de héroe?”.

Nacida el 15 de Febrero de 1909 en Viena bajo el nombre de Hermine Santrouschitz, Gies emigró a Ámsterdam para escapar de la hambruna. Vivió en una casa de huéspedes donde le dieron el nombre de pila, Miep.

Ver más: http://www.guardian.co.uk/world/2010/jan/12/miep-gies-anne-frank
Fuente: PD.Digital
http://rposdata.com/



Un poema de Marta Zabaleta a la protectora de Anna Frank y su familia.


Murió ayer

la conocí mientras nacía.



Después de sobrevivir

sus varias vidas,

abrió la puerta

y subió al anexo.



La conocí ayer

cuando moría



Contó que había encontrado

hacia unos sesenta años

tirados por el piso

tres diarios,

y unas palomas

que buscaban

salirse del encierro

para escribir al mundo

mecerlo entre sus brazos

ser escritora y famosa
encerrada Ana Frank.



Decía que el pasado

sirve para enseñarnos

lo aprendí ayer

cuando ella moría



Fue el diario de esa joven

que la convirtió en estrella

de un firmamento

más sobrio que el del cielo.


Fue heroica y justa

amiga y compañera,

temple de acero

y piel de rosas.

Sus ojos puros

irradiaban las luces

de muchas inocencias

sus dedos,

ritualísticos

dibujaban en la historia

todas las sombras y

sonreían todos sus secretos.



La conocí sólo ayer

y fue mi amiga.



Supe que su pasado,

nos incendia el presente

para que Ana Frank

nunca se apague.



la conocí ayer,

mientras subía.


Descansó sabía ayer

a las 100 años, y pura.


Marta Zabaleta - Londres, 2010
Del poemario inédito: Mujeres de mis otros mundos
http://martazabaleta.blogspot.com/






sábado, 16 de enero de 2010

HAITÍ



Eduardo Galeano: Los pecados de Haití

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado... de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización". Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses".

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro".

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras".

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

Eduardo Galeano
Fuente: Agencia de Noticias Paco Urondo




René Rodríguez Soriano: Aislados lados

A propósito de Haití: Aislados lados

O Haiti é aquí
O Haiti não é aquí

Caetano Veloso e Gilberto Gil


Dibujábamos la isla irregular y perfecta como un trozo de queso, que se nos derramaba de las manecitas regordetas, temblequeantes. Retozábamos incrédulos sobre los cinco cacicazgos, trastabillando contra el horizonte. Marién, Maguá, Maguana, Higüey y Jaragua, frondoso mundo que desbordaba las pupilas. Quisqueya, Hispaniola, Saint Domingue, Santo Domingo…

Eran tonos pasteles casi siempre, aclarando un gris que trasuntaba en negro mate. Luego, en el libro de historia, alguien con una raya infame, partió la isla en dos mitades que, como todas las mitades carecen de balance. Mientras de un lado idealizan los doradísimos bucles de un impoluto patricio ojiazulado; del otro, quién sabe, si habrá peineta para enhebrar las ásperas crenchas del moreno que le dio la mayor lección de dignidad al mundo.

Después del cuarto grado de primaria, si bien era incómodo dibujar un pez sin cola o sin cabeza, resultaba más tortuoso entender por qué Haití, por qué Dominicana. De alguna forma me contaron las sagas de un Colón que con sus carabelas cambió el paisaje y los contornos, fundando y repartiendo colones y colonias por estas geografías; de unos Pinzón y unos Ojeda; de un Guarocuya, alzado por su mula y por su hembra; y de un Osorio, repoblando y devastando ganado y peonía. También me hablaron sobre los bucaneros, los piratas ingleses, los holandeses y sus biblias protestantes.

Merendaríamos en los zaguanes de la enseñanza secundaria con lo que propalaba el manual de Bernardo Pichardo. Nos hablaron de Boyer y Dessalines, como si de los Borgia se tratara. Poco supimos de la negra noche del 42 en la frontera. En gramita dos, y sucesivas de la Universidad, habríamos de conocer la sublime utilidad del perejil. La vida siguió su curso historia adentro, maquillada, troquelada, al antojo de los señores y sus amanuenses.

Desde mediados del siglo XVIII, gemelos o siameses, haitianos y dominicanos, coexistimos a orillas del mismo arroyo, rumiando el mismo pasto ¿por separado? Desde cada aislado lado se mira con ojeriza hacia el otro lado. Se han tejido infinidad de teorías, explicaciones y oscuros designios. Ya no son los tiempos de los copiosos algodonales, ni de los tibios cañaverales, pero los puentes son los puentes, dicen.

Dibujamos la isla imperfecta y careada como un trozo de pan indeseado… Duarte y Louverture, incomprendidos y manoseados, en vano tratan de recomponer el mapa absurdo y oscuro que nos arropa. La iglesia, como siempre, los pendejos y toda suerte de indignatarios del mundo continúan amando la pobreza.

René Rodríguez Soriano
Fuente: Argenpress cultural
http://cultural.argenpress.info/







Fidel Castro: La lección de Haití

Desde hace dos días, casi a las 6 de la tarde, hora de Cuba, ya de noche en Haití por su ubicación geográfica, las emisoras de televisión comenzaron a divulgar noticias de que un violento terremoto, con magnitud de 7,3 en la escala Richter, había golpeado severamente a Puerto Príncipe. El fenómeno sísmico se había originado en una falla tectónica ubicada en el mar, a sólo 15 kilómetros de la capital haitiana, una ciudad donde el 80% de la población habita casas endebles construidas con adobe y barro.


Las noticias continuaron casi sin interrupción durante horas. No había imágenes, pero se afirmaba que muchos edificios públicos, hospitales, escuelas e instalaciones de construcción más sólida se reportaban colapsadas. He leído que un terremoto de magnitud 7,3 equivale a la energía liberada por una explosión igual a 400 mil toneladas de TNT.


Descripciones trágicas eran transmitidas. Los heridos en las calles reclamaban a gritos auxilios médicos, rodeados de ruinas con familias sepultadas. Nadie, sin embargo, había podido transmitir imagen alguna durante muchas horas.


La noticia nos tomó a todos por sorpresa. Muchos escuchábamos con frecuencia informaciones sobre huracanes y grandes inundaciones en Haití, pero ignorábamos que el vecino país corría riesgo de un gran terremoto. Salió a relucir esta vez que hace 200 años se había producido un gran sismo en esa ciudad, que seguramente tendría unos pocos miles de habitantes.


A las 12 de la noche no se mencionaba todavía una cifra aproximada de víctimas. Altos jefes de Naciones Unidas y varios Jefes de Gobierno hablaban de los conmovedores sucesos y anunciaban el envío de brigadas de socorro. Como hay desplegadas allí tropas de la MINUSTAH, fuerzas de Naciones Unidas de diversos países, algunos ministros de defensa hablaban de posibles bajas entre su personal.


Fue realmente en la mañana de ayer miércoles cuando comenzaron a llegar tristes noticias sobre enormes bajas humanas en la población, e incluso instituciones como Naciones Unidas mencionaban que algunas de sus edificaciones en ese país habían colapsado, una palabra que no dice nada de por sí o podía significar mucho.


Durante horas ininterrumpidas continuaron llegando noticias cada vez más traumáticas de la situación en ese hermano país. Se discutían cifras de víctimas mortales que fluctúan, según versiones, entre 30 mil y 100 mil. Las imágenes son desoladoras; es evidente que el desastroso acontecimiento ha recibido amplia divulgación mundial, y muchos gobiernos, sinceramente conmovidos, realizan esfuerzos por cooperar en la medida de sus recursos.


La tragedia conmueve de buena fe a gran número de personas, en especial las de carácter natural. Pero tal vez muy pocos se detienen a pensar por qué Haití es un país tan pobre. ¿Por qué su población depende casi en un 50 por ciento de las remesas familiares que se reciben del exterior? ¿Por qué no analizar también las realidades que conducen a la situación actual de Haití y sus enormes sufrimientos?


Lo más curioso de esta historia es que nadie pronuncia una palabra para recordar que Haití fue el primer país en que 400 mil africanos esclavizados y traficados por los europeos se sublevaron contra 30 mil dueños blancos de plantaciones de caña y café, llevando a cabo la primera gran revolución social en nuestro hemisferio. Páginas de insuperable gloria se escribieron allí. El más eminente general de Napoleón fue derrotado. Haití es producto neto del colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus riquezas.


Este olvido histórico no sería tan grave como el hecho real de que Haití constituye una vergüenza de nuestra época, en un mundo donde prevalecen la explotación y el saqueo de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.


Miles de millones de personas en América Latina, África y Asia sufren de carencias similares, aunque tal vez no todas en una proporción tan alta como Haití.


Situaciones como la de ese país no debieran existir en ningún lugar de la Tierra, donde abundan decenas de miles de ciudades y poblados en condiciones similares y a veces peores, en virtud de un orden económico y político internacional injusto impuesto al mundo. A la población mundial no la amenazan únicamente catástrofes naturales como la de Haití, que es sólo una pálida sombra de lo que puede ocurrir en el planeta con el cambio climático, que fue realmente objeto de burla, escarnio y engaño en Copenhague.


Es justo expresar a todos los países e instituciones que han perdido algunos ciudadanos o miembros con motivo de la catástrofe natural en Haití: no dudamos que realizarán en este instante el mayor esfuerzo por salvar vidas humanas y aliviar el dolor de ese sufrido pueblo. No podemos culparlos del fenómeno natural que ha tenido lugar allí, aunque estemos en desacuerdo con la política seguida con Haití.


No puedo dejar de expresar la opinión de que es hora ya de buscar soluciones reales y verdaderas para ese hermano pueblo.


En el campo de la salud y otras áreas, Cuba, a pesar de ser un país pobre y bloqueado, desde hace años viene cooperando con el pueblo haitiano. Alrededor de 400 médicos y especialistas de la salud prestan cooperación gratuita al pueblo haitiano. En 227 de las 337 comunas del país laboran todos los días nuestros médicos. Por otro lado, no menos de 400 jóvenes haitianos se han formado como médicos en nuestra Patria. Trabajarán ahora con el refuerzo que viajó ayer para salvar vidas en esta crítica situación. Pueden movilizarse, por lo tanto, sin especial esfuerzo, hasta mil médicos y especialistas de la salud que ya están casi todos allí y dispuestos a cooperar con cualquier otro Estado que desee salvar vidas haitianas y rehabilitar heridos.


Otro elevado número de jóvenes haitianos cursan esos estudios de medicina en Cuba.


También cooperamos con el pueblo haitiano en otras esferas que están a nuestro alcance. No habrá, sin embargo, ninguna otra forma de cooperación digna de calificarse así, que la de luchar en el campo de las ideas y la acción política para poner fin a la tragedia sin límite que sufren un gran número de naciones como Haití.


La jefa de nuestra brigada médica informó: “la situación es difícil, pero hemos comenzado ya a salvar vidas”. Lo hizo a través de un escueto mensaje horas después de su llegada ayer a Puerto Príncipe con refuerzos médicos adicionales.


Tarde en la noche comunicó que los médicos cubanos y los haitianos graduados de la ELAM se estaban desplegando en el país. Habían atendido ya en Puerto Príncipe más de mil pacientes, poniendo a funcionar con urgencia un hospital que no había colapsado y utilizando casas de campaña donde era necesario. Se preparaban para instalar rápidamente otros centros de atención urgente.


¡Sentimos un sano orgullo por la cooperación que, en estos instantes trágicos, los médicos cubanos y los jóvenes médicos haitianos formados en Cuba están prestando a sus hermanos de Haití!

Fidel Castro Ruz
Enero 14 de 2010
8 y 25 p.m.
Fuente: Argenpress.info





Orlando Barone: Haití, desde Buenos Aires

Ni los Tonton Macoute, ni Papá Doc Duvalier
Con su dictadura mortal
Casi eterna.
Ni los americanos ricos que les pagaban
A los Tonton Macoute para que los negros
Fueran mal pagados
Y trabajaran como si ganaran mucho.
Ni tu pequeño mapa de isla del Caribe
Que descubrió Colón, sin darse cuenta
Que con el tiempo sería un depósito
De esclavos africanos.
Esclavitud aceptada con aquiescencia
Por sus aprovechadores
Gordos de comerse toda la plusvalía
Haitiana.
Ni tu ubicación en la última escala
De los países pobres, donde vivir 50 años
Es una quimera, y donde morirse es
Una forma de salvación,
para no tener que vivir
Entre la basura
Haití, país que fue libre antes que todos
Los países de Sudamérica y del Caribe,
Es un decir, fue libre.
Lugar donde los refinados franceses
fueron pervirtiendo
Sus perversiones en criaturas pobrísimas de cualquier sexo
Que perpetúan la esclavitud
Por querer salir del cautiverio.
Todas las miserias y pandemias cruzaron
Tu historia negra escrita por los blancos
Con escritura de dominio.
Y ahora esta cosa furiosa
Que abre la tierra como si abriera tumbas
Y tumbas y tumbas. Tantas
Como si todos los muertos de tu historia
No bastaran
Para seguir enterrándote.
Haití, isla que no tuvo
La suerte de Cuba
Sino la mala suerte del olvidado náufrago.
Desde Buenos Aires no te entiendo.
Te miro sorprendido como
A un país exótico
O como a un hermano del
Que se ha perdido su rastro
Y del que nos vuelve a dar noticias
No la vida sino la muerte.

Orlando Barone
http://orlandobarone.blogspot.com/
Carta abierta leída por Orlando Barone el día 14 de Enero de 2010 en Radio del Plata.