lunes, 1 de noviembre de 2010

Martín Piqué: Caprichoso



Por Martín Piqué

La presidenta lo llamaba así cuando quería retarlo y también cuando buscaba elogiarlo. Con picardía, con amor, lo hizo de nuevo en la despedida.

Las manos sobre el cajón, deslizándose como en una caricia. Lo vieron todos. Por televisión o cuando desfilaron ante el féretro que atesoraba los restos de Néstor Kirchner. La imagen recorrió el país. La presidenta, digna, tocando el ataúd en la Galería de los Patriotas del Bicentenario. Pero muy pocos pudieron escuchar el susurro que Cristina le dedicaba al ex presidente. Un murmullo que en parte también era un reto, un reto lleno de complicidad, y del que sólo fueron testigos los amigos, los familiares directos. En el momento más duro de su vida, en la situación más difícil de su carrera política, Cristina desnudaba sin proponérselo una intimidad de su relación de pareja. El alias con el que llamaba a su esposo, un sobrenombre con el que solía retarlo o elogiarlo según la circunstancia: “Caprichoso”. “Caprichoso, caprichoso”, era el comentario que repetía la presidenta en voz muy baja durante el velatorio.
Los diccionarios virtuales de Internet, recurso práctico de quien escribe contrarreloj, asocian el término capricho con voluntad, testarudez, empeño. Habrá sido por eso, habrá sido por conocerlo en toda su humanidad: lo cierto es que Cristina lo llamaba “caprichoso” desde siempre. En la tarde del jueves y la madrugada del viernes, en la despedida organizada bajo los retratos de Juan Perón y Salvador Allende, la presidenta murmuró varias veces el “caprichoso”. Se lo dedicaba a Néstor. Con picardía, con amor. Sus palabras fueron escuchadas, en silencio, con respeto, por la gente que la rodeaba en primera fila en la Galería de los Patriotas. Los testigos de la escena no la olvidarían fácilmente. Y la mejor prueba de eso llegó a las pocas horas, cuando comenzó el responso religioso en la capilla del cementerio de Río Gallegos.
Con la jefa de Estado y sus hijos Máximo y Florencia en el primer banco de madera, que compartían con la madre de Néstor y el presidente de Venezuela Hugo Chávez –el estadista que eligió acompañar a su amigo hasta el final–, la ceremonia fue austera y bien intimista. Los cuatro sacerdotes que hicieron el responso recordaron al ex presidente en un relato colectivo que incluyó citas bíblicas y comentarios cariñosos sobre la emotividad a flor de piel del hombre nacido en Río Gallegos. Los cuatro curas conocían mucho a Néstor. Dos eran amigos de bastante confianza. Eran Teo Ascona y Sergio Soto, ambos de Río Gallegos; Carlos Álvarez, a quien todos llaman “Lito”, párroco de El Calafate y quien ofició la primera misa en homenaje a Kirchner pocas horas después de su fallecimiento; y Juan Carlos Molina, de Caleta Olivia, allegado a Alicia Kirchner.
Molina fue uno de los mediadores en el conflicto con los petroleros tras el crimen del policía Jorge Sayago, el hecho que sacudió al gobierno en febrero de 2006. También dirige la Fundación Valdocco, ONG que lleva el nombre del barrio de Turín donde Don Bosco comenzó su obra dedicada a los jóvenes. (Fundador de la orden salesiana de la Iglesia Católica, dedicada a la educación en todo el mundo, Juan Bosco fue el primer sacerdote que comenzó a trabajar con los chicos de la calle, huérfanos, pobres, en su Italia natal. Al día siguiente de su muerte, Juan Bosco fue declarado santo por el Vaticano.) Molina fue quien eligió la cita de la Biblia que se leyó en la ceremonia.
“Lo que le hagan a uno de estos pequeños, me lo hacen a mí”, fue la frase más fuerte del fragmento bíblico. Según el relato de los Evangelios, Jesucristo pronunció esa expresión para retar a sus apóstoles. Estos habían intentado echar a unos niños pobres que andaban merodeando y que, supuestamente, interrumpían el descanso de su maestro. Molina parafraseó el reto de Jesucristo a sus seguidores y lo comparó con el carácter de Kirchner, con su disposición a hacer todo lo que se pudiera por los sectores más postergados de la sociedad. La otra frase impactante de la ceremonia fue obra del cura “Lito”. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que habían volado hasta Río Gallegos –Estela de Carlotto, Taty Almeida, Marta Vázquez– la seguían citando tras subirse al ómnibus que las llevaría de nuevo al aeropuerto. Todavía estaban conmovidas. “Hay hombres que mueren y otros que dan la vida. Néstor no murió, dio la vida por una causa, por eso resucitará en todos nosotros”, dijo el párroco de El Calafate mientras Cristina abrazaba a su suegra, la chilena descendiente de croatas María Ostoic, muy devota. El responso continuó con un diálogo imaginario entre Molina y el propio Kirchner: el cura de Caleta Olivia le hablaba al ex presidente como si estuviera allí, escuchando en silencio. Como si fuera uno más de los visitantes sentados en esa pequeña capilla al sur de todo. “¿Sabés, Néstor, lo que pasó en estos días?”, comenzó el diálogo imaginario. Y Molina le contó a Kirchner todo lo que había pasado desde su muerte, todo lo que había pasado en la Argentina desde el miércoles 27 de octubre a la mañana.
Molina le contó a Néstor –y así lo revivieron su esposa, sus hijos, su hermano Chávez, Alicia, los diputados Eduardo Fellner y Agustín Rossi– que el grito que más se oyó en su velatorio había sido “Gracias por devolvernos la dignidad.” Le dijo que eso lo convertía en un patriota. Después le contó que había entrado a la Casa Rosada en un féretro de presidente y que se había ido en un féretro del pueblo, entre el amor popular, cubierto de flores, banderas, postales y cartas. Por último, con Cristina en primera fila, le relató que durante todo el velatorio dos manos lo habían tocado, que habían acariciado el ataúd, llamándolo una y otra vez “caprichoso”.
“Y fue tu capricho el que hizo que el país llegara hasta dónde llegó”, le agradeció el cura Molina en nombre de todos. Así terminó la despedida. Y esta nota.

Martín Piqué
Fuente: http://tiempo.elargentino.com/

Martín García: Compañero Néstor Kirchner ¡Presente!

Imagen: La Máquina de Escribir

Hace pocos días el ex Presidente Néstor Kirchner y la Presidenta Cristina Fernández tuvieron un encuentro con la Juventud Peronista en el Luna Park encabezado por dirigentes juveniles como Juan Cabandié, José Ottavis y Andrés Larroque.
Fue poco después de que Kirchner fuera sometido a una angioplastía coronaria que lo recluyo a la clínica en Los Arcos de Palermo donde permaneció casi 24 horas.
Allí Cristina Fernández expresó: "La televisión dura dos minutos, la foto en el diario de hoy ya es vieja. Lo importante es entrar en la historia, vos elegís donde querés estar”.
Al costado, detrás de los oradores presidenciales se encontraban sendos posters de El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld. Uno llevaba la cara de Néstor Kirchner, el otro el de la Compañera Presidenta.
Es que era Néstor Kirchner quien, en primer lugar, había aceptado la convocatoria, pero, después de su internación fue reemplazado por Cristina.
Sin embargo, él estaba allí, firme, haciendo acto de presencia, realizando el esfuerzo de estar presente, de dar el ¡Presente! a las juventudes convocadas.
El Luna Park rebosaba.
Afuera miles de jóvenes seguían el acto por las pantallas.
Era un momento sagrado.
”Si nosotros en lugar de haber sido una juventud que crecía en medio de golpes de Estado hubiéramos podido tener esta Argentina donde estamos construyendo ciudadanía social, qué país diferente hubiéramos tenido. Les tengo una sana envidia porque pueden vivir en un país donde hay total libertad", completó Cristina Fernández al establecer una comparación con otras generaciones que soportaron dictaduras, (rezaba un cable de Télam).
El Eternauta de Oesterheld con el rostro de esta pareja de peronistas militantes los situaba, junto a los jóvenes, bajo la lluvia de copos iridiscentes y letales arrojados por los “Ellos” el enemigo superior. El enemigo verdadero.
Esto situaba a Néstor y Cristina en una lucha por la supervivencia de la especie. Frente a la agresión del establishment, los cipayos, las corporaciones mediáticas, el imperialismo, el colonialismo.
Néstor y Cristina juntos. Una pareja militante. Por la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria Grande ya que Néstor había asumido ya como Secretario General de la UNASUR.
Esa fue su última indicación simbólica. Su lucha por la unidad de la Patria Grande. Su contribución a la unidad entre Colombia y Venezuela. Su gesto solidario desde el UNASUR para con la epidemia del cólera en Haití, hace pocas horas.
También su vigilia junto a la compañera Presidenta después de la muerte del compañero Mariano Ferreyra a manos de sus asesinos, hasta la detención de Pablo Díaz y Cristian Favale.
"Yo no solo tengo esperanzas, también tengo la certeza que el viejo país de la impunidad no vencerá", dijo la Presidenta.
Ahora Néstor Kirchner murió. Ingresó en el Comando Celestial como decimos en la Agrupación Oesterheld. Allí será recibido por Perón, por Evita, por los 30.000 compañeros que le agradecerán su lealtad inquebrantable con ellos, frente a sus asesinos, sus torturadores, sus secuestradores.
También estarán Mariano Morerno, el Chacho Peñaloza, Felipe Varela, Manuel Belgrano, Don José de San Martín, Cacho El Kadri, Ernesto Che Guevara, Miguel Martín de Güemes, Enrique Oliva, Fermín Chávez, Don Juan Manuel de Rosas, Castelli, recibiendo al hijo predilecto. Y habrá mateada virtual y asadito.
Castigados corazones peronistas.
¡Que cosa la historia del movimiento nacional y Popular! Ahora es como si hubiera muerto Perón y lo hubiera sobrevivido Evita.
”Junto a todas las cosas que hemos construido, una de las más importantes fue visualizar a los trabajadores como uno de los componentes esenciales de este proyecto", afirmó Cristina Fernández como militante en River Plate.
Recuerdo claramente el gesto de la presidenta de la Nación cuando puso su mano sobre el jopo rebelde de Néstor Kirchner, días pasados, en la majestuosa conmemoración del 17 de Octubre en el estadio monumental que organizara la CGT y el movimiento obrero argentino; como se quebró de emoción con los familiares de los combatientes muertos en Malvinas; como lo hizo con Elsa Oesterheld cuando le entregáramos la estatuilla de El Eternauta en el teatro Argentino de La Plata en ocasión de la Ley de Medios.
Había allí un sentimiento contenido de emoción. Un estertor, que ahora aflora y se derrama sobre el alma de la Patria.
Este día de conmoción me hace acordar a la congoja del día de la muerte del Presidente Kennnedy en los ´60 y, naturalmente al día de la muerte del General Perón, nuestro máximo líder.
El pueblo argentino tardó casi 30 años desde la muerte del General Perón para reconstruir un liderazgo que encarnara sus legítimos deseos e intereses.
No resulta tan fácil para el pueblo construir un liderazgo que enfrente al enemigo real y que defienda los intereses verdaderos de los trabajadores, de los desocupados, de los sectores más necesitados del pueblo, de su clase media patriótica, de su elite patriótica.
La tarea recién empezaba, como recién se expresaba la de Evita cuando el cáncer se la llevó.
Ahora queda solo Cristina y los Compañeros al frente del valiente pueblo argentino.
Néstor Kirchner, como Juan Salvo, comienza a viajar por lo que es eterno. En algún lugar podrá volver a empezar esta historia de amor y lucha por lo mejor de nosotros mismos.
Como Juan Salvo, buscara empecinadamente el hogar para reencontrarse con Martita y Elena, Néstor se reencontrará con Cristina y Máximo y Florencia en algún lugar del Continuum porque la felicidad es un norte y se encuentra en el hogar y el dolor en algún momento se convierte en puro amor.
Y el amor es eterno.
Como el amor del pueblo por Perón y Evita.

Martín García (Presidente de la Agencia de Noticias Télam)
http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&idPub=201977&id=383316&dis=1&sec=1


Andrés Calamaro: Néstor

Imagen: La Máquina de Escribir

Néstor
27 de octubre

tengo suficiente argentinidad y memoria
capacidad de analisis y corazon ...
estoy seguro que la historia va a confirmar
que nestor fue el mejor presidente argentino de los ultimo cincuenta años
y quizas en argentina cincuenta años sean ... siempre
el unico que atendio a madres y abuelas
y el unico que madres y abuelas respetaron y quisieron
quien anulo los indultos que perdonaron el horror de la dictadura
y sus crimenes
nestor, que devolvio la ilusion a un pueblo herido, inestable y critico
el unico que enfrento al empresariato y a los poderes que historicamente
habian pactado con dictaduras criminales y con expolio imperial,
el de la argentina que enamora a los visitantes que llegan
y quieren quedarse
y respirar pais ...
personalmente conoci poco a nestor k
quizas poco pero suficiente ...
me recibio como un ciudadano y amigo,
recibi una llamada de nestor un 30 de diciembre
solo para contarme de su emocion humeda al leer la carta de mi hermana hebe
recordando la militancia de los artistas en los setenta
"el flaco de pelo largo y anteojos"
que ayudaba a mi hermana preñada de mi sobrino juan
fue amable y cariñoso con mi padre y con mi hermano
tenia un proyecto para el pais
heredo una crisis violenta ; la catastrofe social del 2001
(odisea en el espacio)
y devolvio la esperanza y argentina volvio a caminar con nestor ...
una mañana viaje en al avion del presidente
elegi que mi relacion con la dirigencia k sea una cuestion personal
con la cercania que brinda el respeto y la lealtad ...
el proyecto kirchner , con lo peor de argentina en contra
no tanto en el terreno de la opinion, porque somos libres de expresion ...
no tenemos suerte con la politica en argentina
y se me llena el corazon de pena
entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, la piel se nos curte
pero siento que se fue alguien cercano

viva Kirchner para siempre!

Andrés Calamaro
Fuente: http://www.calamaro.com/

Florencia Peña: ¡¡¡¡¡Gracias Néstor!!!!!



Mi dolor es profundo. Perdimos a un líder grande, tan grande como el país que soñó. Un cuadro político. Un patriota. Un hombre que trazó una línea divisoria entre las políticas pasadas, nefastas y mafiosas, y este cambio de paradigma, que es hoy nuestra Argentina. Un hombre con convicciones fuertes, con paso seguro. El que supo hacerle frente a sus más feroces enemigos con la fuerza que dan las acciones. Un hombre que planteó nuevos horizontes. Que habló de igualdad, que se le atrevió al establishment. Que sorprendió allá por el 2003, cuando la cosa estaba fea, cuando la economía estaba muerta y los años de la dictadura todavía impunes. Él supo devolvernos la alegría. No le tembló el pulso para enfrentarse a los grandes pooles. Ni a las grandes corporaciones. Fue militante, esposo, padre y compañero político de “La Flaca”, como solía llamar a Cristina. Carismático y testarudo, con sus aciertos y sus errores, pero fiel a sus creencias. Apoyó la lucha de las Madres y Abuelas. Las defendió a capa y espada, haciéndose cargo que debíamos enjuiciar y condenar a los que fueron parte de los años más negros del país. Adoptó políticas de inclusión. No reprimió la lucha de los trabajadores ni las manifestaciones . Fue basureado y atacado sistemáticamente desde los medios, y la clase media “tilinga” lo hizo causante de todos sus males. Pero se la bancó. Y dobló la apuesta. Fue líder de la Unasur con gestiones exitosas. Nos devolvió la política. La sacudió del polvo del olvido y se la entregó al pueblo. Y volvimos a debatir, a confrontar, a discutir ideas. Volvimos a hablar de la Argentina. Volvimos a creer que se podía, que se puede y que se podrá. Ese hombre que supo levantar un país que estaba hundido, deprimido, sin fuerzas para la lucha, hoy ya no está. Hoy lo lloramos, los que supimos verlo. El pueblo trabajador está triste. Y cuesta creerlo. Su impronta quedará guardada en nuestros recuerdos. Su amor por la Argentina quedará en nuestros corazones. Y su legado será parte irreversible de un camino que él comenzó, y hoy más que nunca creo que nadie podrá detener. Gracias Néstor por tanto. Acá seguiremos tu luz y le daremos fuerza a tu compañera, que velará por vos y por todos nosotros. Te vamos a extrañar. Néstor vive. Por siempre.

Florencia Peña
Fuente: http://tiempo.elargentino.com/

Julio Santamaría: Un día de Octubre

Imagen: La Máquina de Escribir

Por Julio Santamaría


El 27 de octubre, día del censo nacional de 2010, ocurrió un hecho absolutamente inesperado: murió víctima de un infarto masivo Néstor Carlos Kirchner, ex presidente de la República, actual Diputado Nacional, a la vez que Secretario General de la UNASUR, organización supranacional de reciente creación y probada eficacia en la solución de conflictos tales como un conato de guerra entre Colombia y Venezuela y el intento de golpe de estado al presidente ecuatoriano Rafael Correa. Bastante para el tiempo que la UNASUR tiene de creada, suficiente para probar la influencia y eficiencia tanto de la organización como la de su Secretario General.

El enemigo no ahorró munición y desde su principal partido político, el grupo económico que sostiene el lobby comunicacional del grupo Clarín y su principal aliado el matutino La Nación, comenzaron el ataque a través de sus estrellas periodísticas. No esperaban la reacción de los que ellos dieron en llamar la gente, quitándole su identidad como pueblo. Cualquier similitud con el modus operandi del proceso nacido el 24 de marzo de 1976 en cuanto a la supresión identitaria es una buscada coincidencia.

El pueblo concurrió masivamente a la capilla ardiente montada en la casa de gobierno; por primera vez en la historia de la patria no se usó el Congreso Nacional. Inteligente medida tomada por la Presidenta Cristina Fernández. El Salón de los Patriotas Latinoamericanos, con el gran cuadro del “Che” al fondo era el lugar adecuado. El pueblo convirtió en una asamblea plebiscitaria la capilla ardiente y dio rienda suelta a su necesidad de gritar su protagonismo. Y para ello no necesitó intermediarios de ningún tipo, ni seudoperiodistas que le explicaran la realidad.

Realidad que estaba allí, a su lado, mano a mano, cuerpo a cuerpo como en un tango.

Nadie que los traduzca, cara a cara con el conductor que yacía y con quien todos y cada uno de los que desfilaban consideraban su natural sucesora. No había medios, había oficiantes y receptores y la energía fluía y se multiplicaba realimentándose constantemente. Así: emociones, abrazos, llantos, canciones, incorrecciones políticas absolutamente necesarias, y nunca mejor expresadas que en ese momento y ante quien en vida hizo gala de éstas en toda oportunidad que le fue propicia; forzándolas a veces, con esa candidez nunca inocente.

Este pueblo ha comenzado a recobrar su identidad, aquella que le fuera brutalmente sustraída durante los años de plomo, luego manipulada mediáticamente hasta ese exacto largo día que dio comienzo el 28 y que terminara 26 horas después.

Una verdadera maratón donde la conciencia surgió de un modo natural, tanto como la brutal irrupción de la muerte que segara la existencia del compañero Néstor.

Fulminante como un disparo, un rayo había hecho renacer la Conciencia Nacional, aquella que leíamos en los libros de Hernández Arregui estaba aquí, frente a nuestros ojos fatigados por el llanto, rojos de emoción. Hombres y mujeres grandes; niños y jóvenes, cientos de ellos sin distinción de sexos, cantando emocionados, llorando o gritando. Solos o en grupos pero conformando un todo, se expresaban en un lugar tradicionalmente destinado al saludo silencioso y al gesto mesurado.

La gente ha vuelto para ser Pueblo.

Tengo la sospecha que el líder había intuido la jugada; le habían “tirado un muerto”…

El Grupo lo había anunciado tiempo atrás por medio de un comunicador estrella.

Una vida joven fue brutalmente segada; se buscan sospechosos en barras bravas asociadas eternamente a un sector de la burocracia sindical. La izquierda festiva se sienta a la mesa televisiva de la señora derecha. La ronda de sospechas intenta involucrar al gobierno.

El líder juega su carta, es brava, es dura es la carta final y no tiene vuelta.

Ahora el muerto es él.

El Pueblo recupera la identidad, deja de ser sólo gente, la Conciencia Nacional está aquí, frente a nuestros ojos.

Sólo eso y nada más, ocurrió un día de octubre, después del censo nacional de 2010.

Julio Santamaría
30 de octubre de 2010
Fuente: Correos de amigos
Extraído del blog de
Roberto Páez González:
http://robertopaezgonzalez.wordpress.com/

Con pibes así, qué Argentina ¿no?

Imagen: La Máquina de Escribir

CARTA DE PEDRO ROSEMBLAT

Me lanzo a la escritura de esta carta porque necesito expresar, en este momento de sumo dolor, lo que representa para mí la figura de Néstor Kirchner. Tengo una experiencia casi nula en este campo, pero no puedo dejar de lado la posibilidad de decir lo que siento.
Yo tengo 20 años; nací pocos meses después del Pacto de Olivos. Soy de la década del Menemato, la convertibilidad, el uno a uno y la fábrica de pobreza. Me viejo me inculcó de chico el interés por la política y la historia de nuestro país. En ese entonces la historia ya era muy rica; pero de política había muy poquito. Los primeros recuerdos que tengo de Menem son en el living de Telefé a las 8 de la noche. Los últimos, hablando de viajes hacia la estratosfera. Tuvieron que pasar un par de años para que me diera cuenta de lo que estaba pasando en ese momento.
Sí puedo recordar con mayor precisión la imagen de De la Rúa intentando cantar el himno, después de las elecciones del 99′. Me acuerdo de Cavallo y su cara de garca. Y me acuerdo del 2001, el hecho que marcó a nuestra generación. La primera vez que tomé conciencia de cómo se podía, desde la política, arruinar los sueños de un pueblo.
A los 12 años ya tenía motivos para empezar a creer en lo que decían todos: que este país es inhabitable, que son todos chorros, que las cosas no cambian más, que ni bien puedas, andate.
En el 2003 me pasaron un montón de cosas: Mi viejo, que se había quedado sin laburo ni posibilidades, se fue a vivir a España porque seguir en Argentina era “imposible”; yo entré al colegio secundario y empecé a participar del centro de estudiantes y un par de meses después, entrando por la puerta chica, asumió Kirchner. La tristeza de tenerlo a mi viejo lejos era mucho más fuerte que la eventual esperanza que generaba un nuevo gobierno.
El 25 de mayo del 2004 se cumplía un año del mandato presidencial y 2 meses de la orden de descolgar los cuadros de los genocidas de la dictadura. Había varios motivos para festejar, y algunos para ilusionarse. La imagen de la Plaza de Mayo colmada de gente, cantando himnos y marchas me sacudió. Cualquiera que haya visto la Plaza en ese Estado sabe de lo que hablo. Ese día me bastó para saber en qué vereda debía pararme. De un lado, la resignación y la desdicha, la convicción de que este es un país de mierda, donde nos viven cagando. Del otro, la ilusión de que las cosas pueden cambiar; que no todo está perdido.
Desde ese día me recuerdo Kirchnerista y no dejé de serlo nunca. Desde ese día también me empecé a sentir con argumentos (no tan sólidos todavía) para insistirle a mi viejo que las cosas en el país estaban cambiando, que no está todo tan mal como antes, que seguramente sea imposible percibirlo a través de los diarios…pero que en la calle el clima era otro. Por supuesto que no pude convencerlo, su postura y sensación seguía siendo la misma que cuando se fue.
Desde ese momento y cada vez que hace falta, en cada clase de la facultad, en cada almuerzo con la familia o en cada reunión de amigos defiendo a este modelo, a estos dos gobiernos. Todos los que me conocen saben que soy kirchnerista, porque lo dejo siempre bien claro. Porque me da orgullo decirlo. Porque nos devolvieron la dignidad.
No me interesa hablar de por qué los banco; las medidas que apoyo, los cuadros que admiro; no quiero hacer un análisis político de los gobiernos kirchneristas. Todas y cada una de las medidas tanto de este como de cualquier otro gobierno del mundo, se pueden discutir. Lo que es indiscutible es que para construir una patria grande, se necesitan jóvenes que crean que eso es posible; pibes que den la vida por ese sueño. Eso es para mí Néstor Kirchner, ese fue para mí su legado. Hoy en la Argentina se habla de política en todos lados, barcitos y esquinas; los diputados y senadores no sólo sesionan, sino que los debates se transmiten maratónicamente por televisión. Hoy, si se habla de política no se piensa en ñoquis, sino en militantes. Hoy somos un paradigma en materia de derechos humanos. Sigue habiendo una deuda enorme con los sectores más postergados, pero este pueblo tiene fe.
Hace 10 años estábamos llorando porque existían los políticos, hoy lloramos porque se nos fue uno. Uno grande, uno groso en serio. Un luchador, un estadista, un político de cabo a rabo, un conductor.
Hace 10 años mi viejo se fue a patadas en el orto de este país, hoy está pensando en volver. Aunque no me lo diga, ambos sabemos que esa idea es posible porque la Argentina camina y le está abriendo las puertas, igual que a tantos otros que se fueron totalmente desesperanzados; y eso es obra de este modelo.
Para mí Néstor fue todo eso: fue ilusión, alegría, dignidad. Fue el primer político argentino que me hizo creer en grande. Fue el Perón de mi generación. Fue el que hizo posible que mi viejo vuelva.
Políticamente fue lo más grande que me pasó y nunca en la vida voy a olvidar mis años dorados de compromiso ideológico con un gobierno que, a veces a los ponchazos, fue siempre para adelante.
Por supuesto que mis sentimientos no difieren en cuanto a la figura de Cristina, por quien daría la vida, hoy más que nunca.
Coronados de gloria vivamos…o juremos con gloria morir. Eso fue para mí Néstor Kirchner.
Gracias pingüino, te banco a muerte.

Pedro Rosemblat
29 de Octubre de 2010
Fuente: Correo de amigos
Extraído del blog de
Roberto Páez González:
http://robertopaezgonzalez.wordpress.com/

Horacio Verbitsky: La resurrección

Imagen: La Máquina de Escribir

Por Horacio Verbitsky
Desde Río Gallegos

No era necesario ser creyente para sentir emoción durante la sobria y cálida ceremonia con que tres sacerdotes amigos de la familia Kirchner despidieron a Néstor, el viernes en el cementerio municipal de esta ciudad que él condujo, como intendente y gobernador. Todo transcurrió con una intensidad, un decoro y una ternura que ninguno de los privilegiados que pudimos asistir olvidará. Cristina quiso que la acompañara un centenar de personas, entre representantes de organismos defensores de los derechos humanos que llegaron desde Buenos Aires, familiares de Kirchner, unos pocos legisladores a los que siente próximos, como Agustín Rossi o Eduardo Fellner; amigos de toda la vida y compañeros de militancia, de ella, de Néstor y de Máximo Kirchner. En cambio, dispuso que los ministros y funcionarios no abandonaran el trabajo en Buenos Aires, con escasas excepciones como el jefe de gabinete Aníbal Fernández y su vice Juan Manuelito Abal Medina, y aquellos que acompañaron a los Kirchner desde Santa Cruz, como Julio De Vido, Carlos Za-nnini, Héctor Icazuriaga o Nicolás Fernández, o en la militancia setentista, como Carlos Kunkel y El Pampa Alvaro. Algunos que ignoraban la consigna, o que decidieron ignorarla porque necesitaban una foto, debieron volverse del Aeroparque sin asiento en los aviones, como el Procurador del Tesoro, Joaquín Da Rocha, el resistente.

Murió sereno
Mientras aguardaba dentro de la capilla la llegada de la comitiva, el padre de Plaza de Mayo Julio Morresi se acercó a María Ostoic y le dijo que con su hijo se había ido el mejor. “Ya va a venir otro”, respondió la madre del ex presidente, que al filo de sus 90 años mostró una serenidad asombrosa. Contó que en el rostro de su hijo muerto vio una expresión relajada. “Murió sereno.” Como quien reflexiona en voz alta dijo que el acto en el Boxing Club con los gobernadores le sonó como una despedida y que no entendió qué intentaba transmitir Kirchner cuando dijo que volvía a Río Gallegos. “Tal vez así impidió una tragedia mayor”, reflexionó, enigmática. No parecía que estuviera hablando de política. Suspiró y dijo: “Vuelve a la ciudad en la que nació. Los hijos deberían enterrar a los padres y no al revés”. Amigos de Río Gallegos contaron que Kirchner acababa de comprar una parcela en el cementerio local y que la noche anterior a su muerte había hablado de ello con Cristina. Los dos dijeron que no les gustaban los velorios en el Congreso, a cajón abierto, en los que los restos de lo que fue una persona quedan expuestos a las miradas morbosas de cualquiera. En la segunda fila de la nave escuchaba estos comentarios la hija menor de María Ostoic, María Cristina Kirchner, Macris o la verdadera Cristina Kirchner, como bromean los íntimos, a quien acompañaban sus hijos, un morocho fornido de 12 años y una señoritunga pizpireta de 11. Farmacéutica del hospital local, Macris rara vez viaja a Buenos Aires. Todos los Kirchner han heredado la nariz de María Ostoic, pero Macris comparte el rostro romboidal de su sobrino Máximo, a quien se parece más que a sus hermanos Néstor y Alicia. Máximo, que durante más de veinte horas no se separó de su madre en la capilla ardiente, se estremeció con un recuerdo al abrazar a un compañero en Río Gallegos. “Al matar a ese pibe en Constitución también mataron a mi viejo. Estaba indignado. Todos esos tipos tienen que ir en cana”, musitó. Junto con Cristina y sus hijos llegó su hermana, la médica Giselle Fernández. En la capilla también se abrazaron Alessandra Minnicelli, la esposa del encanecido Julio De Vido, quien hace apenas un mes perdió a su hijo Facundo, de 21 años, en un estúpido accidente cuando su auto mordió un cordón y embistió un poste, y la actriz Andrea del Boca. Hace cuarenta años ambas actuaron en Andrea, una película infantil filmada en esa misma ciudad. No habían vuelto a verse desde entonces. Se tenían de la mano, con los ojos empañados por el llanto.

La muy austera ceremonia ocurrió en la capilla del único cementerio de Río Gallegos, que no es privado por si hace falta decirlo, y estuvo a cargo de tres sacerdotes de estrecha relación con la familia Kirchner. Junto al espacio reservado para el féretro instalaron una corona muy sencilla, de pocas pero frescas flores, con una cinta argentina de plástico que sólo decía Cristina, Máximo y Florencia. No fue una misa, sino la lectura de un breve texto bíblico y una conversación entre amigos. Por eso el obispo Juan Carlos Romanín, quien desde el conflicto docente encabezó la oposición provincial, aceptó un consejo de conocidos cautos y se abstuvo de comparecer. Todos tenían presente el sonoro improperio, “Hipócrita”, con que un feligrés católico respondió a las melifluas palabras del cardenal Jorge Bergoglio, y el fastidio que causó la fugaz aparición para las cámaras en la Casa Rosada de Alcides Jorge Pedro Casaretto, luego de siete años en que ambos políticos episcopales trataron de hacerle las cosas difíciles a Kirchner y a su esposa en todo lo que estuviera a su alcance. Esa jerarquía tiene escasa relación con el gobierno pero preferiría que se notara menos. Lo siente como una capitis diminutio porque sólo se concibe como parte de una Iglesia del poder, aunque declame lo contrario. En cambio se comentaba con tolerancia, por su edad y porque nunca hostilizó a Kirchner, el rezo del jubilado obispo de San Isidro y Morón, Oscar J. Laguna, y con respeto la discretísima visita del arzobispo de Luján, Agustín Radrizzani, a quien CFK debió consolar cuando le tomó las manos en un pasillo lateral, lejos de la vista del público, y la de su predecesor, el jubilado Rubén Di Monte.

La última zambullida
Imposible imaginar mayor contraste entre el boato y la artificiosidad del rito celebrado en la Catedral porteña y el encuentro afectuoso entre viejos conocidos en la capilla patagónica. Sus paredes están pintadas de un vivo color salmón, y vidrios amarillos y ocre, sin iconos, filtraban la luz de un día nublado. Con su techo de madera clara y apenas una cruz como símbolo religioso, es tan despojada como un templo protestante. Allí se celebró la vida y no la muerte. La comitiva logró vadear con mucha dificultad y lentitud el río humano que se desbordó a los lados de la ruta desde el aeropuerto. Algunos presuntos buenos cuberos estimaron que se había volcado a la calle la mitad de los 117.000 habitantes de la capital provincial. Como hacía en vida, Kirchner se zambulló por última vez en la multitud. Al pasar por algunos barrios se veían más lágrimas que dientes. Unas pocas vallas cayeron por la presión humana y no faltaron empellones, entre petroleros y albañiles, a ver quién cuidaba mejor a Cristina. Los invitados por la presidente vieron por televisión en Río Gallegos cuando Cristina hizo detener el auto, bajó y les recriminó a los policías por empujar a quienes sólo querían despedirse de Kirchner. Fue un gesto como para que nadie tuviera dudas sobre el carácter de la persona al mando, a la que tantos se proponen ayudar, con las mejores o las peores intenciones. Los amigos de Santa Cruz acotaron que no era un gesto para los medios, que lo mismo hizo durante la campaña electoral con un custodio que empujó a un militante que intentó acercarse al helicóptero. “Las elecciones se ganan con votos y no con seguridad. Y los votos se ganan de a uno”, le dijo.

Resucitar en el pueblo
Dentro de la capilla, que terminó de construirse durante la intendencia de Kirchner, el cura Lito Alvarez recibió a la presidente y su familia. Cristina se sentó en la primera fila a la izquierda del féretro, junto con sus hijos, el gobernador Daniel Peralta y el presidente de Venezuela. A la misma altura, sobre la derecha, seguían su suegra, sus cuñadas y sus sobrinos.

–Este es mi cura preferido le explicó Cristina a Hugo Chávez Frías, señalando a Lito Alvarez.

–¿Y yo, qué soy?, protestó el sacerdote Juan Carlos Molina, el rubio alto de barba rala que durante las interminables horas del velatorio porteño permaneció de pie consolando a su amiga Alicia Kirchner.

–Bueno, los dos son mis preferidos. Pero no se hagan los locos,concedió Cristina

De pantalón y campera los dos, azul tejida Alvarez y de paño gris Molina, el único ornamento que cada uno lucía era una estola blanca, con cruces de color. Alvarez dijo que estaban allí para despedir al amigo y acompañar a su familia y que serían breves y cuidadosos, no fuera cosa que Néstor se levantara y les apoyara una de sus manazas en la cara y los hiciera callar con un “ya estásh diciendo macanas”. Leyó el bello párrafo del Evangelio según Mateo sobre el juicio final (25: 35/40) en el que Jesús dice a sus discípulos que el Reino de los Cielos se abrirá para ellos porque “tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le preguntarán sorprendidos cuándo le dieron de comer y beber, lo alojaron y vistieron y lo fueron a visitar, y “el Rey les responderá: cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego, el cura Lito dijo que hablaría de la resurrección. Explicó que todos nos morimos, pero pocos dan la vida, como Kirchner la dio. Y que quienes dan la vida resucitan en el pueblo. “El pueblo argentino resucitó, porque estaba humillado y sin esperanzas y Néstor con sus actos se las devolvió.”

Alvarez, quien ese día cumplió sus 49 años, es el sacerdote de El Calafate a quien dos horas después de la muerte de Kirchner la presidente le contó cómo fueron sus últimos momentos de vida, desde que se desplomó en sus brazos luego de intentar incorporarse al sentir un dolor en el pecho y dificultad para respirar. La vio entonces, tal como horas después la vería todo el país, destrozada de dolor pero entera, afectuosa y preocupada por sus hijos. Lito le dijo que recién entendía por qué Kirchner la llamaba “Presidente Coraje”.

Caprichoso, caprichoso
Lo siguió en la predicación Juan Carlos Molina, quien atiende hogares para jóvenes con problemas de adicción en Caleta Olivia, en la provincia del Chaco y en Haití. Contó que durante el velatorio en Buenos Aires, Cristina pasaba la mano por el lustroso ataúd y como si acariciara a Kirchner le decía en voz muy baja “caprichoso, caprichoso”, que quería decir empecinado, cabeza dura. “Caprichoso, sí. Néstor era caprichoso y por eso el pueblo argentino está hoy como está y le responde como le responde”, dijo el cura. Dijo que Kirchner entró al salón de los patriotas latinoamericanos preparado con los atributos de presidente, pero que Cristina y Alicia fueron colocando sobre el féretro y a sus pies los regalos que la gente le fue alcanzando, “hasta que salió de allí como el hombre del pueblo, como un líder”. Cinco cajas grandes llenaron esos tributos populares. Como Sergio Soto es el primer nativo de Gallegos que llegó a cura, dijo unas palabras sobre su emoción al despedir al primer presidente nacido en Santa Cruz, así como Fernando de la Rúa opinó por televisión que la gran lección de estos días es que hay que respetar a los ex presidentes. Un parroquiano que lo escuchó después de asistir al velatorio, increpó al televisor en una parrilla de Buenos Aires: “Kirchner murió, vos mataste”.

Cuando terminó Sergio Soto, Juan Carlos Molina recordó que al asumir la presidencia Kirchner dijo que no dejaría sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. “Tampoco quedarán enterradas ahora en el cementerio de Río Gallegos”. Luego convocó a madre, hermanas, esposa, hijos y sobrinos de Kirchner a rodear el féretro y despedirse con alegría por la vida. Después de ese último abrazo, la presidente acompañó hasta el aeropuerto a Chávez, quien apenas pidió un viva por el ex presidente y otro por la Argentina. También ordenó que los miles de personas que esperaban en la calle pudieran entrar para despedirse de Lupo, como todos siguen llamándolo aquí, aunque para eso hubiera que postergar el traslado a la cripta familiar. Antes de irse, Cristina avanzó hacia las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo y se abrazó con ellas. “Viste, somos peronistas. Siempre andamos en medio del pueblo y el tumulto. No vamos a cambiar justo ahora”, me dijo con una tenue sonrisa y con una entonación endulzada por el dolor y el cansancio. ¿Quién que la conozca y no la subestime puede esperar otra cosa?

Horacio Verbitsky
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/