martes, 23 de junio de 2009

Libros: Los hombres que no amaban a las mujeres



LA SOCIEDAD DESNUDA II
LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES
De Stieg Larsson
(Buenos Aires, Ediciones Destino, 665 páginas, 2008)

Por Germán Cáceres

Ya Henning Mankell en sus brillantes y renovadoras novelas del inspector Kurt Wallander había advertido que Suecia no es la maravilla que se creía: la xenofobia y la violencia han impregnado esa nación otrora pacífica.

Jo Nesbø en su policial negro Petirrojo — conocido aquí en 2008— nos deleitó con su calidad narrativa, pero, además, advirtió que desde la Segunda Guerra Mundial en ese territorio se habían establecido centros de entrenamiento de grupos neonazis, a los cuales concurrieron colaboracionistas noruegos y aliados rumanos. El sueco Stieg Larsson (1954-2004) en su primera novela del tríptico Millennium (las otras dos son La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire) constata la aseveración de Nesbø comentando que muchos líderes nazis son los principales accionistas de los más importantes grupos económicos y que, además, en su país “el cuarenta y seis por ciento de las mujeres han sufrido violencia por parte de algún hombre”. Hay comentarios escalofriantes respecto a ciertos personajes: “no sólo argumentó a favor de la esterilización, sino también de la eutanasia: ayudar a morir a las personas que ofendían sus gustos estéticos y que no encajaban en su imagen del pueblo sueco perfecto”.

El libro trata sobre la extraña desaparición en 1966 de una joven —Harriet Vanger— perteneciente a una familia dueña de una poderosa corporación, cuya investigación inicia a principios del corriente siglo el periodista Mikael Blomkvist, acompañado por la joven Lisbeth Salander y a pedido del anciano Henrik Vanger, abuelo de Harriet y líder indiscutible de la junta directiva empresaria.

Larsson no despliega una prosa literaria rica en imágenes (salvo aislados símiles como “un enredo así, como un misil de crucero incontrolable”), sino una sobria escritura más cercana al buen periodismo, que es muy precisa tanto en la descripción de exteriores como de interiores, pero, en cambio, crea una trama inteligentísima que se abre en varias direcciones y que no puede menos que atrapar. Los hombres que no amaban a las mujeres participa de la clásica novela de enigma como también de la novela negra al suministrar jugosos datos sobre el manejo de la economía, ese maldito tema que tiene en jaque a los habitantes de todo el planeta. Así nos informa “sobre la corrupción y los oscuros trapicheos del mundo empresarial” y denuncia “la gran cantidad de periodistas de economía que, una y otra vez, sin el más mínimo reparo, se contentaban con reproducir las declaraciones realizadas por los empresarios y los especuladores bursátiles, incluso cuando los datos eran manifiestamente engañosos y erróneos” (...) “Verdaderas ratas financieras a las que un reportero algo más valiente debería poner en evidencia e identificar como los traidores del país”. Además, pone de relieve que las lucrativas empresas de seguridad han desarrollado una sofisticada y moderna tecnología que es adoptada con toda normalidad por esa sociedad. Por otra parte, “la intrusión informática ilícita” —como los suecos la llaman— está bastante difundida como hábito. O sea que el espionaje paranoico que denunciaba el sociólogo norteamericano Vance Packard (1914-1996) en sus libros (por ejemplo: Los buscadores de prestigio, La sociedad desnuda, Las formas ocultas de la propaganda) hoy es plena y cotidiana realidad en esa tierra que nos obsequió con el bellísimo cine de Ingmar Bergman.

Aunque la novela no intenta la reconstrucción de personajes fascinantes, logra un retrato conmovedor de Lisbeth, una freak que bordea el autismo, descuella como superdotada hacker y es desprejuiciada en materia sexual. Sin embargo, y a su pesar, el amor le llega, y no puede concretarlo debido a su aislamiento y desprotección en materia de relaciones sociales. Todo un mérito que consigue conmocionar al lector.

El autor parece querer valorar a la mujer con guiños a través de las lecturas de Mikael, todos libros policiales de escritoras (salvo el del sueco Åke Edwardsson), algunas de ellas poco conocidas en nuestro país: Astrid Lindgren, Val McDermid, Sara Paretsky, Dorothy Sayers y Sue Grafton.

Una novela que no se debe dejar de leer, especialmente por aquellos interesados en seguir los derroteros innovadores del género policial.

Germán Cáceres