lunes, 7 de abril de 2008

La Letra: Cacerola de teflón

Ignacio Copani


La Letra
Cacerola de teflón
Letra y música: Ignacio Copani

No te oí… En los días del silencio atronador.
No te oí junto a las madres del dolor,
no sonaste ni de lejos, por los chicos, por los viejos… olvidados.

No te oí… Puede ser que ya no estoy oyendo bien,
pero al borde de las rutas de Neuquén,
no te oí mientras mataban por la espalda a mi maestro.
Y entre nuestros cantos desaparecidos
yo jamás oí el sonido de tu tapa resistente,
que resiste comprender que hay tanta gente
que en sus pobres recipientes solo guarda una ilusión.

Cacerola de teflón, volvé al estante,
que la calle es de las ollas militantes…
Con valiente aroma de olla popular.
Cacerola de teflón, a los bazares,
o a sonar con los tambores militares…
Como tantas veces te escuché sonar.

No te oí… Cuando el ruido de las fábricas paró,
cuando abril su mar de lágrimas llenó.
No te oí con los parientes del diciembre adolescente… asfixiado
No te oí… Puede ser que mis orejas oigan mal,
pero nunca te he sentido en la rural,
reclamar por el jornal de los peones yerbateros,
por la rentabilidad de los obreros,
por el tiempo venidero, por que venga para todos.

No te oí ni te oiré porque no hay modo
De juntar tu avaro codo con mi abierto corazón.
Cacerola de teflón, volvé al estante…
De los muebles de las casas elegantes
Que las cocineras te van a extrañar.
Cacerola de teflón, a los bazares
O a sonar en los conciertos liberales
Como tantas veces te escuché sonar.

No te oí … En el puente de Kosteki y Santillán
No te oí por el ingenio en Tucumán
No te oí en los desalojos, ni en los barrios inundados … de este lado.
No te oi… En la esquina de Rosario que estalló
cuando el angel de la bici se cayó…
Y sus ángeles pequeños se quedaron sin comida.

Y jamás te oí en la vida repicar desde acá abajo
por un joven sin trabajo, a la deriva.
Debe ser que desde arriba, desde los pisos más altos
no se ve nunca el espanto y las heridas.

Cacerola de teflón, volvé al estante…
Yo me quedo en una marcha de estudiantes
donde vos nunca supiste resonar.
Cacerola de teflón, a los bazares
O a llenarte de los más ricos manjares
Que en la calle no se suelen encontrar.
Cacerola de teflón andá a c…ocinar

Fuente: http://www.quelapaseslindo.com.ar/page/2/

Juan Arabia: 2 poemas


Develar

Develarle al hombre,

Que los ángeles no están en el cielo,

Sino debajo, en lo más profundo de la tierra.

Develarle también,

Que ya ha experimentado la eternidad y la muerte;

Y que todo es posible,

Mientras exista la convicción y el argumento.

Develarle que un pez en el agua,

Vale tanto como un ave en el cielo,

Y como un niño que camina, solo e indefenso.

Develarle que beber vino,

No es sino anhelar nuevas cosas;

Que el sapo y el lagarto le huyen,

Pero no lo respetan.

Que el cielo es celeste,

Aunque solo eventualmente.

Que su sombra no es sino el reflejo adverso de su alma.

Develarle al hombre que aquél que lo comprende,

Se transforma en su amo;

Y que los Evangelios Apócrifos,

Son tan falsos como la verdad y la mentira.

Develarle que en la ciudad,

Se aleja insistentemente de sí mismo;

Y que aquél a quien más teme, es sólo a él y nadie más.

Develarle que el mar,

Será un sinónimo de literatura;

Y que un ejemplo,

No es sino que una metáfora cotidiana.

Develarle que Schopenhauer

Inmortalizó al universo en veinticinco años;

Y que extrañar,

Es la forma más desinteresada de querer.

Develarle al hombre que no hay viaje más grato que el del tren,

Y que la mañana es la primer y última puerta del día.

Develarle también que aquello de lo que escapa,

No se encuentra en su camino;

Y que sus pensamientos,

Son solo una vaga e inútil extensión de lo que siente.

Develarle que una poesía crea,

que una ley destruye,

Y que lo único que permanece en la quietud es su mirada.

Develarle al hombre, de una vez por todas,

que si una mujer no lo salvó







Un mismo Viaje

a M.



Has cambiado y eres de nuevo poesía;

aunque sigues siendo campo de maíz y soja.

Esquina de la repetición, y que nadie habita;

Planea mi muerte en la noche,

Esbozando un alma que vuela sobre las innumerables estrellas.

Has cambiado y eres misterio;

No puedo develarte, y por eso te escribo.

Un joven alto con sonrisa y movimientos de niño,

Es burlado por los demás:

No tiene esperanzas, pero es feliz.

Y aunque el hambre lo persiga,

Alimenta a una legión de pequeños perros.

Nadie le cree una palabra:

Aunque describe a un cristo de cabello ondulado,

Y a un Lucifer bello y de ojos claros.

(Son sus hermanos)

Has cambiado y eres de nuevo poesía;

Lugar que tanto extraño noche y día.

¿Por qué insistes en reaparecer?

Eres la cara y el cabello de una mujer que he besado,

Su sonrisa en la oscuridad eran mis ojos.

Todo lo he perdido, en la distancia;

Y por esos sigues cambiando.

¿Podrás dejarme al menos un verso feliz?

Fue demasiada tu alegría;

Debería haberte también sufrido allí.

¿Eres capaz de olvidarme calle de tierra que tanto amé?

¿Eres capaz, demonio del pueblo, de no incluirme en tus desdichas?

Aquí no hay guitarras, ni mates, ni vino;

Solo el libro que he vuelto a releer.

Te he conocido, vida,

Te he conocido, muerte.

He trepado hacia la montaña para contemplar esa nube gris que todo lo cubre.

Azar, repetición: fui parte de mi propia desventura.

Percibí mi cuerpo desde lo alto y lloré;

Perdía hacia el final de mi estadía;

Perdía también en mi regreso.

Has cambiado y eres de nuevo poesía;

Unas manos me sujetaban al fin, cuando me marché.



Mientras tanto duermo, horas y horas,

Sueño esta pesadilla que escribo para no olvidarla;

Para retenerla un poco más.

Has cambiado y eres de nuevo poesía;

Y pronto cambiarás,

y cambiarás, y cambiarás…


Juan Arabia
Director de la Revista Literaria "Megafón"
juanarabia@hotmail.com

Sergio Simpson: Ella

Imagen: http://miradas.blogia.com

La silueta es primorosa. Le brotan suave la sonrisa ingenua y la mirada tierna. El perfil moldeado para la admiración me induce a caricias y besos, sin limitar las emociones de la desnudez. Su piel de aroma acogedor inspira la placidez de la comodidad. Revive la esperanza de un futuro armonioso, lejos del enardecimiento que provocan las minucias sin esplendor.

Al venir el alba saborea, como pocas personas, las melodías clásicas y con movimientos delicados diseña un desayuno agradable. Reboza dulzura su vida a pesar de las vicisitudes que le han maltratado la fineza, sin lograr desterrársela.

Incita a llevarla por los campos a escuchar sus palabras de mimo, el murmullo de las hojas que no se resisten a la lenidad del viento, el aplauso de las codornices en el momento de alzar vuelo, y deleitarse con la parvada de chocoyos apoderada del guanacaste aumentando el esplendor verdoso de su frondosidad.

Ella es acompañante idónea para sumergirse en la piscina de la azotea de un hotel, de veinte pisos en un paisaje tropical, y estar cerca de las nubes grises y blancas observando la declinación del sol; luego rodearla tendidos en la alfombra de una alcoba olorosa a jazmín, en un ambiente tenue; y al final conducirla de los dedos a cenar a un cabaret de primera donde se disfruta de la danza flamenca, sin importar el tiempo que en la mayoría de los casos se encarga de tensionar los placeres.

Su voz es arpegio, embelesa al tímpano y apacigua mi cuerpo. Su cercanía es son; me estimula a bailar sin descanso, y por la noche se transforma en almohada blanda donde reposo sin miedo. Durante el amanecer friolento es mi sábana pulcra, ahuyenta los maleficios. Su beso es agua que recorre la garganta agrietada de un sediento, y vitamina despertando la sonrisa de un moribundo.

Nuestros orgasmos prolongados, en movimientos acordes con musitados sonidos guturales, rompen los esquemas opresores. Engrandece las ilusiones de mi desencanto que no creía en el mañana promisorio. Es miel paseando por los cimientos de los sentidos. ¡Es frenesí que se extiende por la planicie del crepúsculo!

Con su ausencia aumenta la contradicción en el sopor de mi horizonte agredido por la rayería. Nace una lágrima, desgarra mi faz, y el epitelio se opaca con intención de marchitarse. Me atrapa la calamidad, viaja entre la copa de los árboles devastados, chocando con aturdidos quirópteros. Viene a mí la locura, flagela la conciencia porque se perdió su olor en el momento crucial del deseo. Aborrezco el futuro al tener certeza: Se aleja dejándome viva la incertidumbre, lacerando el organismo. Surge el estreñimiento estomacal ansioso de expulsar los ardores de la descomposición, y el paladar amargo blanquea la lengua adormecida por el ácido.

Un grito interior abofetea la sensibilidad de mi cuerpo mesurado que disfrutaba la calma del monasterio. Mis neuronas convulsionan sabidas de su extinción en la oscurana solitaria, atacadas por el frío, el temblor, y el sudor de angustia floreciente sin posibilidad de aplacarse. La sombra onírica de ella se mantiene en el punto donde comienza la luminosidad sicalíptica, y se explaya por el cauce de una furia irracional rumbo a la oligofrenia.

Su desprecio es la muerte: Se acerca lenta, firme y burlesca, a mi osamenta que se protege en lo recóndito de una vasija de barro húmeda, y abandonada en un rincón de la noche.

Managua, Nicaragua.

Sergio Simpson
Centro de comunicaciones y estudios sociales (CESOS)
Managua y Matagalpa, Nicaragua.

Julio Carabelli: Conocer a Antonio Requeni

ANTOLOGÍA VIRTUAL:
Antonio Requeni


Oscuro Fuego

¿Quién necesita que yo escriba?
Sin embargo es hermoso
vivir por la belleza, aproximarse
al fuego oscuro en el que arde
la fiesta y el misterio de la vida.
Aunque a nadie le importe.
Brilla en la noche el verso
bello y desamparado
como un cuerpo desnudo.



Los intrusos

Otros recorren tus habitaciones.
Voces nuevas dispersan las cenizas
de lo que ya no existe:
el íntimo jardín, la áspera higuera,
en el cristal los flecos de la lluvia.
Julio Verne y Salgari se habrán ido
del viejo altillo de los trastos
y el reloj familiar dará las horas
quién sabe hasta qué mundos
ateridos de escándalos y muertes.
Eras espacio y tiempo. Eras la casa.
Los muebles, los retratos, los espejos,
Y una canción que aún sigue perfumando
Los latidos nocturnos de mi sangre.
Otros vienen y van por tus baldosas;
otros pies, otras manos, otros ojos
donde los míos siguen habitándote.
Fuiste la casa de mi infancia.
No serás nunca de ellos, los intrusos.
No alojarán tus patios sino el eco
de mi rencor y mi melancolía.


Sala de espera

Nuestro cuerpo es una sala de espera
donde la muerte se entretiene
leyendo una revista.
Sentada, hojea nuestra alma
(grabados con leyendas neblinosas
y excesivas erratas en el texto).
Extrae luego un lápiz y descifra
las palabras cruzadas. Dobla ahora
ya las últimas páginas. Bosteza.
Cruza las piernas. Fuma un cigarrillo.
Hasta que suena un timbre y se levanta.


Piedra libre

El padre juega con sus criaturas.
La cara vuelta contra la pared
y el brazo levantado hasta los ojos,
está contando como si llorara.
Y mientras cuenta sus criaturas c recen,
van por el mundo, suben escaleras,
se enamoran o estudian geografía.
Cuando termina de contar, el padre
entra en los cuartos y revisa muebles.
Apenas ve. ¿Quién apagó las luces?
Su voz, que ha enronquecido, los invita
a dejar de una vez sus escondites
y los hijos regresan, jubilosos.
¡Cómo han crecido! Son casi tan altos
como los sueños que en su juventud
solían desvelarlo dulcemente.
¡A contar! ¡A contar! –exclama el padre.
(Los grandes siempre vuelven a ser niños).
Y los hijos se apoyan contra el muro,
hunden la frente entre sus brazos. Cuentan.
Y mientras cuentan –once, doce, trece...–
el padre se va haciendo pequeñito.
Cuando terminan de contar lo buscan.
Lo buscan pero el padre no aparece.
Se ha escondido debajo de la tierra.



Los amantes del Parque Lezama

No es el amor que muere
Somos nosotros mismos
Luis Cernuda


Llegan entre las hojas del otoño.
Se deslizan, irrumpen, atraviesan
la memoria del aire, las estatuas,
las aguas frías del estanque, el Tiempo.
Nadie los ve, nadie los oye. Vuelven
al escenario de su amor efímero.
Buscan rastros, señales, cicatrices
-un guijarro sepulto, una ramita-.
Las lluvias han borrado sus pisadas
y ya nada ni nadie los recuerda.

Se han sentado en un banco, el mismo banco,
y entrecruzan palomas y silencios.
Arriba están las cúpulas azules.
Sobre sus hombros, por piedad, acaso,
Las hojas amarillas se desprenden.
Algún pájaro canta. El parque cruzan
una anciana y un niño de la mano.


(Ellos jamás pensaron que estarían
destinados sus cuerpos a otros cuerpos
y sus ardientes bocas al olvido).

Lamentables espectros del ayer,
se contemplan vacíos, humillados.
La burla ha sido cruel. Y se separan
No volverán, no volveréis a verlos,
porque los dos han muerto,
ya no existen,
son otros.



Milan Kundera

Milan Kundera dice que la poesía ha muerto.
Debe tener razón porque ya nadie
(salvo algunos poetas)
acostumbra a temblar con las palabras
en un libro de versos.


Si me lo hubieran avisado
–aunque yo soy su deudo más humilde-
habría concurrido a las exequias y
dejado una flor en su tumba.


Ahora estoy triste. Pienso en cuántas veces
ella me hizo feliz. Y ya no está.

¿Pero qué hacer si las palabras vienen
por el aire o se trepan a mis piernas?
¿Si las palabras vuelven, temblorosas,
bellas sensuales, perentorias, mágicas,
y me reclaman una forma antigua
o un resplandor herido de futuro?

Tendré que consultarlo con los pájaros.


Antonio Requeni Nació en Bs. As en 1930. Publicó: (1951) Luz de sueño, poesía;(1953) Camino de canciones, poesía, Faja de Honor de la SADE; (1954) El alba en las manos; (1956) La soledad y el canto, poesía; (1960) Umbral del horizonte, poesía; (1961) González Carbahlo, selección y prólogo, antología;(1965) Manifestación de bienes, poesía; Premio Fondo Nacional de las Artes y de la VI Fiesta de las Letras de Necochea; (1969) Los viajes y los días, crónicas de viaje; (1970) Poemas españoles, Ediciones Papeles de Son Armadas, Palma de Mallorca, España; (1974) Inventario, poesía, Pluma de Plata del PEN Club; (1974) El pirata Malapata, cuento para niños, Tercer Premio Nacional de Literatura Infantil; (1984) Línea de sombra, poesía, Primer Premio Municipal de Poesía; Cronicón de las peñas de Buenos Aires, Primer Premio Municipal de Ensayo "Ricardo Rojas" y Premio Konex; El libro del padre, selección y prólogo; (1992) Poemas 1951-1991, antología poética. En 1984 se le otorgó el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía; en 1989 el Laurel de plata a la Personalidad del Año (rubro poesía) del Rotary Club de Buenos Aires, y en 1990 el Premio Esteban Echeverría de Gente de Letras.

Julio Carabelli de San Juan y Boedo al NOA, República Argentina.
poetasdelnoa@gmail.com

Juan Ricardo Sagardía: Trabajo para taller de narrativa


Ser o no ser bochado ese es el dilema, y otra la cuestión para seguir intentando, la consigna "Un hombre serruchando", esto es lo que salió.
SANTOAMOR


UN HOMBRE SERRUCHANDO


Los vecinos de la casa blanca, comentaban unos con otros sobre los ruidos nuevos que en ella se escuchaban todas las tardes hasta llegada la noche.
Esos ruidos antes no se escuchaban –murmuraban- lamentándose recordando a Gertrudis una anciana muy amorosa y hospitalaria, y a don Josep su marido muy famoso en el pueblo por esos magníficos muñecos de madera, que nunca nadie supo de donde provenían, pero que en cada casa uno podía encontrarlos como dando la bienvenida al visitante con un obsequio.
Eran uno muñecos, semejante a pinocho el muñeco del cuento por el hecho de ser muñecos de madera, pero con características diferentes, no tenían vida pero en cada casa agregaban alegría y esperanza.
Muñecos espléndidamente trabajados con amor, se notaba en la pintura el brillo de esos labios y ojos que mostraban una sonrisa sana y perfecta y esos brazos extendidos hacia adelante sosteniendo una maceta roja ofreciéndola como un continuo obsequio de amor.
Nunca nadie supo de donde venían esos muñecos siempre vivos pues Don José guardó el secreto aún hasta sus 93 años en que se despidió del pueblo al que amaba.
En su tumba el epitafio, que el pueblo lleno de pesar por la perdida y el amor por el recuerdo puso en bóveda que fue obsequiada también por el gobernador, citaba en una plaqueta “En el pueblo de Amarillo, tu imagen quedará siempre viva.”
Gertrudis se asignó el trabajo que José hacía con gusto y en ocasiones cantando, del mismo modo que Gertrudis hacía una vez por semana cuando visitaba cada casa.
Con alegría removía la tierra y mientras regaba la maceta por unos minutos hablaba con la siempreviva.
Antes de retirarse de dicho hogar dejaba la misma recomendación que Don Josep: "¡Cuiden que SANTO brille, es buena madera, el está lleno de amor desde el principio, conserven sus flores amarillas, pueden recibir visitas en cualquier momento!"
Un viernes 2 de enero: Gertrudis sufrió la primer descompensación lo primero que hizo fue llamar Jurys y Acaria un matrimonio joven que estaba al tanto de lo que le sucedía a la tía Gertrudis como ellos la llamaban. Acaria la conoció a través de su padre Deshi, quien antes de partir les hizo prometer que cuidarían de la obra de amor de Gertrudis y Josep, y aún de la salud de ellos.
Acaria comentó a Jurys lo sucedido con Gertrudis, y ambos decidieron que debían ir a visitarla y de ser posible quedarse con ella.
Gertrudis comenzó a hablar a todo el pueblo de la buena nueva de esos jóvenes llenos de amor.
Lunes 12 de febrero: El día de su llegaba todo el pueblo fue a recibirlos pero Gertrudis no estaba entre ellos, pero ya habían sido comunicados sobre su estado de salud, por eso y su cariño, se sintieron comprometidos a venir.
Jurys agradeció la bienvenida y junto a Acaria y sus dos niños fueron directamente a casa donde Gertrudis los aguardaba con un sabroso refresco de granadina recién preparado. Su anciana testarudez hizo desobedecer al médico quien le había recomendado guardar reposo absoluto después de haber sufrido su 3 descompensación en el mes. Pero ella insistía en ir a los jardines acordándose de los muñecos y las siemprevivas.
-¡Los Santos, los Santos!- casi a gritos los recordaba puntualmente casa por casa, nombre por nombre de familia.
Acaria decidió junto a Máximo su hijo mayor seguir el trabajo de Josep y Gertrudis, no sin antes recibir una recomendación de ella –No permitan que ellos los ayuden mientras estén haciendo esta obra de amor-.
Sábado 26 de abril: Era la 10ª hora del día, unos minutos antes de la merienda Gertrudis llama a todos a su habitación y como señal o premonición de su despedida comienza diciendo lo siguiente:
-Jurys: nunca desmayen en este afán pon tus manos sobre la buena obra. Acaria: sé siempre idónea ayuda para tu esposo y maestra perfecta para tus hijos. Máximo: acompaña a tus padres con obediencia y amor.
La obra de amor siempre es premiada. Nunca el sembrador pone la mano en el arado para abandonarlo por el hastío del calor, él sabe que con el tiempo el fruto aparece.
Sé que el pueblo se queja por los ruidos que oyen salir del fondo, para ellos son extraños pero para nosotros ellos son el comienzo de cada obra de amor. –Pronto nacerá el primogénito de los Saguier, será necesario un nuevo “SANTO”.
Hijos: no se rindan en este afán, Dios los premiará, por lo que a mí respecta, me voy en paz sabiendo que la obra del carpintero Galileo quedó en buenas manos-.
Martes 8 de mayo: Gertrudis mira por última vez el otro lado de la ventana y ve un hombre serruchando una madera, para ella es el carpintero Galileo, fue así que cerró sus ojos en paz.
Pero para mí, ese hombre era Jurys, mi padre, quien me puso por nombre Ismael y de chico me enseñó a serruchar y trabajar la madera para hacer obras de amor.
Ahora los dejo, debo irme a entregar mi primer SANTO.


Juan Ricardo Sagardía
SANTOAMOR
santoamor2005@yahoo.com.ar
Villa Links

Está en linea el número 11 de la revista virtual
"Palabras al Sol"
del Grupo "Muestrario de Palabras":
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Revista Cultural – Nº 1
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