jueves, 1 de noviembre de 2007

Cristina Villanueva: La fiesta del resto

La fiesta del resto



Sobre la transparencia del deseo

brillo o sonrisa en el aire




lo que queda de la ausencia.


Cristina Villanueva
pluma@velocom.com.ar

Alejandra Dening: Sostenida

Poema: Sostenida


La gente crea y mata
(porque hay tierra)

La gente ama y odia
(porque hay tierra)

La gente hace y roba
(porque hay tierra)

La gente bendice y maldice
(porque hay tierra)

La gente trabaja y esclaviza
(porque hay tierra)

La gente cuida y contamina
(porque hay tierra)

La gente lo hace todo
sin saber que algún día
la tierra se deshará de sí misma
harta de que la gente
haga más lo segundo que lo primero.


(Del libro "Con la vida atragantada", Ed. Del Dock, Bs. Aires, 2007)
Alejandra Dening
aledening@gmail.com
www.aledening.com.ar/blog
http://www.alejandradening.com.ar/acerca-autora.html

Gabriela Aurignac: De todo lo hallado

Volví para nacer, solo nacer
que no morí por muerta,
que mi alianza con la vida,
es.
Y es, más allá de mi mundo.
No me acompañes, es cosa mía,
ser hasta morir es cosa mía
y resolver por mis ojos
o dejarlos ser,
cerrarlos mil veces para verme.
o inundarlos de nada.
Es cosa mía.
Llegué hasta acá para decirte
que es posible
Sí.
La hojita más chiquita de
hierba tenía sentido
no era falso, ni lo será tu esfuerzo
pero no puedo darte mi hallazgo
negado de oferta y garantía
porque es mío
como mía la pena
y mía la alegría
mía la muerte y mía la vida
que me trajo de vuelta.
Rodéame, y lo sentirás.
y ya desnuda, y ya a tu amparo
sentirás que te doy todo.
Menos esto.
Llegué hasta acá para decirte
que todo lo vivido declara
su razón en lo encontrado.

Gabriela Aurignac
31-X-2007
gabypaginas@yahoo.com.ar
http://spaces.msn.com/members/CybertangoGaby/
www.serrat.tk

Homero Manzi: 100 años

Algunos poemas no publicados en vida por Manzi.



POEMAS INÉDITOS
(por Homero Manzi)


Rosedal

Rosedal,
paisaje de peluquería
cursi como una pérgola
o como un paquete de masas con cinta azul y blanca.
Tal vez por eso mi aventura infantil te despreció

[inclemente.
Y con malandrines prefería las arcadas del puente
donde pernoctan vagos filosóficamente.
....................................................................................
...........

Yo, cabalgando en un Ford modelo antiguo
hacía ruborizar a tus rosedales,
pero tus mujeres te vengaban por encima del hombro.

Rosedal,
con tus banquitos eunucos pintados de merengue,
donde posan seguras las nalgas
tres vírgenes largas
porque siempre son tres las flacas incontaminadas.
Yo de puro atorrante
te pondría faroles
y casitas de lata
y zaguanes oscuros con humedad de besos
y perfumes de albahaca.
Y en tus paredes planchadas al rodillo
pondría un organito, un rengo,
una esquina,
un boliche y una muchacha.
Rosedal,
Parnaso decadente
donde duermen las musas
cien veces benditas de los Intendentes.

Cada vez que contemplo tu lago
sarcófago de fetos y de un descuartizado
siento unas ganas locas de adornarlo con tachos
latones
botas viejas
con una cama jaula
con una escupidera
igual que en los fanales de Pompeya.



42 versos a la Facultad de Derecho

La Facultad de Derecho es una casa vieja.
La trajeron —pretendo— de Lovaina o de Lieja
en una tarde fría y otoñal,
y en la ciudad ruidosa
fue un asombro ojival.
En su torre, doliente como un sueño inconcluso,
dialogaron sus noches porteñas y los vientos
con silbidos de jarcias y con lamentos
de gatos lunáticos y confusos.
Una luna porteña, que remontó en la esquina,
barrilete nocturno de arrabal,
caloteó dos palomas en Puente Alsina
y las tiró por su ventanal.
Palomas proletarias que hicieron nido con sus ladrillos,
igual que en los tejados de las aldeas,
igual que en la techumbre del conventillo.
Y la extranjera consistorial
ensayó un paso en la cuerda floja de la emoción,
cuando la plateada galleta marinera
con corazón de pan
le tiró las monedas de su amor,
y en la resurrección sensiblera le brotó un corazón
que en sístoles de huelgas
y en diástoles de gritas
efectúa la cardíaca revolución.
Corazón que practica
la leyenda hipocrática de dormir a la izquierda,
hecho con las estrías de cien muchachos locos
que sueñan con la paz
y que hacen la simbiosis
—pampeanamente rara—
de Yrigoyen y Marx.

..............................................................................
Pero está cerca el día de los tejados muertos,
el día de la buena ración,
cuando se vuelen las palomas
y se detenga el corazón.
Entonces esa luna de arrabal
se quedará en el cielo del almacén,
y la extranjera consistorial
volverá a ser un asombro municipal.
Que así no sea.
Amén.




Buenos Aires colina chata

Sobre una colina chata
Garay trazó cuatro vientos.
Por un costado la pampa,
al otro lado el riachuelo
y el río contra la espalda
y contra el pecho el desierto
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Garay trazó diez manzanas
sobre un cuadrado perfecto,
y el sitio de las campanas
y el lugar de su gobierno
y las casas capitanas
y los tejados modestos
y el ámbito de la plaza
para los grandes recuerdos.
Garay trazó con su espada
la forma de un pueblo nuevo.
¿Cómo era la pampa aquella
sin gauchos y sin cencerros,
sin chinas, ranchos ni huellas,
sin boliches ni puesteros...?
¿Sin un mazo de baraja,
sin el grito de un resero,
sin un fogón y una casa,
sin un mate y sin un cuento...?
¡Sólo era una pampa, pampa
con un desierto desierto,
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo...!
Qué raro que se quedaran
los españoles aquellos,
atados a las distancias
clavados a los silencios.
Tal vez porque ya eran otros,
distintos a los primeros.
Tal vez porque ya eran criollos
a fuerza de sufrimientos.
Porque llegaron del norte
inaugurando senderos,
madurados por los soles
y las lluvias de febrero.


Hombre

¿Eres cientos de vidas, o una vida?
¿Una sola infinita y dolorida?
¿Eres dueño del mundo en que transitas
o el mundo es una gruta donde habitas?
¿Andas entre flores y el paisaje
sin poner el perfume y el celaje?
¿Creaste una deidad omnipotente
para que manejara tu presente
y tu pasado y lo que nunca ha sido,
lo muerto, lo vital, lo presentido?
Cruzas frente al espejo de tu espejo
y no eres el reflejo de un reflejo.
Manejas tardes y también mañanas
y ríos y amapolas y ventanas
y lágrimas y sombras y canciones
y juncos y fatigas y emociones
y guerra y paz y prados y ciudades
y juventud y ancianidad y edades
y libros y banderas y armonías
y das luna a la noche y sol al día.
Mides los mundos que tú hiciste mundos
con teoremas exactos y profundos.
Trabajando en tu nada y en tu todo
pintas blanca la nieve y negro el lodo.
Prescribes lo moral y abres caminos
y ponderas valores y destinos.
Juzgas para esta vida y otra vida.
Ésta fugaz y la de allá dormida,
sobre un tiempo sin tiempo —fuego o nube—
y dices que el mal rueda y el bien sube.
Corres como un gigante desolado
con fuerzas que tú mismo has convocado
y de pronto, cortando tu carrera,
te blasfemas, te lloras, te veneras,
te conviertes en cientos de millones
que maldicen o rezan oraciones
y te cambias el rostro en cada suerte
y vuelves a la vida y a la muerte
con una vanidad empecinada
hecha de polvo, de ceniza y nada
y aguardas rosa de la mano amiga
y de la mano sin amor ortiga.
Pero sabes que todo está en tu sueño:
ortiga y rosa, soledad y leño.
Eres trágico así y eres culpable.
Si eterno, te defines deleznable.
Si santo, buscas torpes tentaciones.
Si valiente, te ensucias con pasiones.

Eres trágico así y eres absurdo
cuando te vistes con el gesto burdo
y abismas en fracaso abominable
el bien, de cuya norma eres culpable
y cuando hieres con tus propias manos
tu propio corazón en tus hermanos
y descargas la furia de tus brazos
sobre el propio dolor de tus pedazos
y destruyes los sueños de ti mismo,
lanzando lo que es tuyo hacia el abismo.
¿Cómo puedes herir a la criatura
que es una imitación de tu figura?
¿Cómo puedes gozar del cataclismo
si está hecho todo en carne de ti mismo?
¿Si el cielo, la perdiz y la cabaña
salieron desde el fondo de tu entraña?
¿Si la bestia que pace y los pastores
tienen tu amor y tienen tus dolores?
Hombre que todo lo soñaste un día,
no puedes solazarte en la agonía.
Y no puedes mentir que son mil vidas
ajenas a tus manos atrevidas.
Eres uno, el primero, el que hizo todo.
Blanca la nieve blanca y negro el lodo.
El que duerme en las hondas sepulturas
y despierta después en las criaturas.
El creador de sí mismo, el propio dueño.
El responsable de su enorme sueño.
Deja tu vanidad empecinada
hecha de polvo, de ceniza y nada,
y vuelve a ser el ángel legendario
que hizo la cruz y que labró el rosario.
No puedes ver morir con sorda calma
las cosas que pariste con el alma.
Nada menos que tú, que eres poeta
y fuiste tu factor y tu profeta.
Nada menos que tú, que de tan noble
trajiste hasta tu casa el pez y el roble.
Y que hiciste infinita la medida
para encoger tu imagen y tu vida.
Y que al solo fervor de tu mirada
dibujaste los cosmos en la nada.
Y que al solo temor de hacerte malo
nombraste un juez y le entregaste el palo.
¡Cómo puedes fraguar maldad y muerte
si hiciste a Dios para no ser tan fuerte...!



Jardín zoológico

Si yo tuviera un sánguche de queso,
un jarrito de lata,
un guardapolvo blanco,
treinta condiscípulos y un chocolatín,
en un coche expreso del Anglo,
haría una excursión al Jardín.

Mi maestra de humildad enlutada,
(así la recuerda el corazón)
acentuaría el impulso cotidiano
del neurasténico coscorrón.

Maestrita malhumorada
por culpa de la soltería,
pero sin embargo humana
como una hermanita.

Queremos ir contigo
y no con la directora,
que casi siempre es una señora
mayestática e incomprensiva.

Tú irías con los zapatos gastados,
yo con los trompudos de charol
y el flaquito del banco de al lado
con los pantalones remendados
en forma de desilusión.

Yo quisiera que vayan todos,
todos los que fueron ayer,
con los mismos trajecitos,
con el mismo orgullo
y con la misma sencillez.

Pero pido tan sólo una cosa,
una cosa que está en la garganta.
Permiso para ir con el flaquito
y cederle la ventana.

Para no reírme de sus pantalones
y para esconderle el brillo de mi botín
y para darle medio sánguche de queso,
igual que Carlitos Chaplín.

Si yo tuviera treinta condiscípulos
y una maestra y un chocolatín,
iría de nuevo al Jardín.
Entonces el purrete que llevo en mi hombría,
mataría a aquel hombre que hubo en mi niñez.



María

Heroína de tango, te llamabas María.
Tenías ojos negros y ganas de soñar.
Me contabas historias que entonces te creía,
y hasta me hacían llorar.

Para mi adolescencia eras la Magdalena
del pecado inconsciente y del padre borracho.
Por eso tu palabra me llenaba de pena.
¡Es que era un buen muchacho...!

Te besaba en las manos, te recitaba versos
y te leía cuentos de Gogol.
Y cuando abandonábamos aquel antro perverso
íbamos a los parques a ver nacer el sol.

Una vez me pintaste la miseria de tu hogar.
Y al verme entristecido,
en un golpe de histeria te pusiste a llorar.

Te consolé juntando las palabras más buenas
y te ofrecí la salvación
y te hablé de una vida serena
donde se unían tu nombre y mi ilusión.

No volví a verte más desde aquel día.
Te perdiste en la sombra y vanamente te busqué.
Pensé en tu desamor, en tu falsía,
te maldije y lloré.

Heroína de tango, la vida dura,
me fue quitando aquella ingenuidad.
Pero he vuelto a creer que eras pura
y a saber que tuviste piedad.



Douglas Fairbanks

Era un galán jocundo
que se casó una tarde
con la novia del mundo.
Había nacido en Denver City,
capital de un estado
que el Arkansas alegra,
corriendo entre cañones
trazados en la piedra.
Fue jugador de bolsa,
estudiante de minas
e intérprete de Shakespeare.
De su ciudad natal
que humedece el South Fork
pasó de un salto
al cielo de New York.
Y trajo de su Denver,
tierra de la ilusión
donde van los enfermos
que sufren del pulmón,
la limpieza del aire
y hasta la pretensión
de haber vivido en Araphoe
donde el pecho descansa
y la poesía roe el corazón.

Tenía “sex appeal” español.
Es decir brillante la mirada,
el caminar magnífico
y una flor en la risa.
Una flor decorada
con pétalos de dientes
y nácar de dentífrico.
Se enamoró tres veces
y se casó otras tantas.
Una vez con la madre del muchacho
que prolongó su estampa.
Otra vez con la novia de todos.
Mary Pickford, la dulce,
y la quiso a su modo.
Un modo de magnate
con castillo de piedra
escondido en la tarde
entre muros de hiedra.

Trabajó en cien películas
vestido de corsario
escalando ventanas
con músculo ligero
y gastando el florete
en los pechos falsarios
y sacando el sombrero
y haciendo el saltarín.
Porque en su estilo,
era un poco mosquetero
y un poco bailarín.
Nuestra infancia lo evoca
con las manos en guantes,
que parecían charol,
marcando con “zetas”
de su seña infamante
la frente del traidor.
Pero eso era en la pantalla
donde el amor se cumple
y la amistad estalla.
En la vida privada
era exuberante
que amaba el esplendor
de las cosas brillantes.
A su casa llegaban
y eran agasajados,
príncipes sin destino
y reyes destronados
y condesas y aristócratas
de las tierras demócratas
—hubo algún argentino—
que ilustra su moderno blasón.
Y también se asomaba
desparramando “splín”,
la sonrisa cansada
de Carlitos Chaplín.
Chaplín, que no gustaba
de ejercer ese boato,
y que no era corsario
y no era bailarín,
con un chiste muy fino
lo dejó turulato
y le mostró de golpe
su sueño de aserrín.
Douglas tenía el eterno
deseo de viajar
y juntando canciones
dentro de la victrola
y una corte de amigos,
se lanzaba a la mar
donde lo hacían soñar
los vientos y las olas.

Para ser como Drake
le faltaba fierez
si le sobraba empaque.
Lo traicionaban la sonrisa
y el afán de la luz.
Y, tal vez, el dinero
y la mala cabeza.
Porque se hastiaba mucho
y porque estaba viejo
y porque con crueldad,
la verdad del espejo
le presentaba arrugas
profundas en la piel,
con actitud histérica
cometió el disparate
de romper el consorcio
con “la novia de América”.
¡Y pedir el divorcio...!
¡Y casarse otra vez...!

Su gesto fue el contraste
de lo que no se espera.
Y entonces se hizo al mar
buscando aturdimiento
y desde la distancia
le mandaba a su nuera
—Joan Crawford— cien consejos
de sano entendimiento.
¡Douglas dando un consejo...!
¡Pobre...! ¡Ya estaba triste...!
¡Pobre...! ¡Ya estaba viejo...!
Para ser fiel en todo
y epilogar en fuerte
brincó un salto mortal
y cayó con postura final
ante el umbral de la muerte.

Denver City,
donde canta el South Fork,
lo espera con su tierra
para brindarle osario.
Porque no es en Los Ángeles
y tampoco en New York
donde debe dormir
con gesto de corsario.
Es en la capital del Colorado
donde van los enfermos
que sufren del pulmón.
Entre cuencas hulleras,
bosques, rocas y nieves.

En el Condado de Araphoe
donde están los lectores
que lloran por Poe.
Y donde, a veces, llueve.
Donde reina un silencio
de alfombra de aserrín.
Donde una tarde de éstas,
revoleando el bastón,
llegará la tristeza
de Carlitos Chaplín
a despedirlo en nombre
de la generación
de niños que lo vimos
alegre y saltarín
escalando balcones
para marcar con “zetas”
rojas a la traición.



La muerte de Quiroga

La gente le previene y él no les hace caso
y piensa mientras muerde su labio sin bigote,
—¡No han nacido los machos que me salgan al paso,
ni se templó la daga que me corte el cogote...!—

“Pucha con este Ibarra siempre tan desconfiado
y con esa manía de endilgarme un consejo,
nada menos que a mí que empecé de soldado
y llegué a general regalando pellejo”.

Le asustan a la gente que lleva en el cortejo,
con cuentos de camino y crímenes villanos,
como ser, las memorias de aquel sangriento viejo
que galopó dos leguas, las tripas en las manos.

—¡Déjense de pavadas y enganchen la galera...!
por cuenteros y maulas les metería una soba.
¿Qué quieren, que a mis años pida la escupidera
y me quede en Santiago masticando algarroba...?—

La mañanita brilla con un sol de verano.
A la vieja del mate le tiembla hasta la espuma.
Ella tuvo un valiente que partió con Belgrano
hasta que lo tripearon los cuervos de Ayohuma.

“Siempre los cordobeses metiéndose en la fiesta.
No se les puede dar ni un chiquito de lazo.
Si son como esas moscas que zumban en la siesta
y escapan en cuantito lo ven mover un brazo”.

Los algarrobos gozan en el viento temprano.
El carruaje está listo y listo el contingente.
Quiroga revolea su vicuña riojano
y vivando su apodo lo despide la gente.

Hay un poco de pena en el coro apagado.
No es un grito violento sacudiendo el estío.
Es un viva de muerte, con un eco enlutado
que se pierde sin alma en la arena del río.

Un arreador trenzado de afinada puntera
refusila chasquidos sobre el aire del anca
y las yuntas sacuden la lujosa galera
y se escucha el quejido de la rueda que arranca.

“¡VIVA EL TIGRE...!” le gritan Ibarra y sus mesnadas.
Ya Quiroga está sordo a ese viva ladino
y mira sin mirar dos nubes coloradas
que ensangrientan el fondo de su cielo argentino.

El coche cruza el campo repechando albordones,
después de hacer un bado cejeador en el río
y costea las chacras de dorados melones,
que maduran al fuego de los hornos de estío.

Una paisana asoma con su alforjón peruano
tranqueando al contrarumbo de la ilustre galera
y al ver de qué se trata saluda con la mano
y haciéndose a un costado, bajo un mistol espera.

Entra un polvo de arena que los párpados cierra.
A Facundo, entre sueños, le trabaja una idea.
“¡Para qué tanto miedo si no estamos en guerra...!
¡Si aura es hombre de paz y no busca pelea...!”

“¿Acaso no está allá comandando las cosas
Juan Manuel, su compadre, su aparcero, su hermano...?
¿Acaso no comprenden que si él le pide a Rosas
el favor de un castigo, le va a dar una mano...?”

De pronto le pregunta con burla y de sorpresa
al Coronel Ortiz que le tiembla el camino.
—¿Moriremos los dos en tierra cordobesa
o seguiremos viaje como cualquier vecino...?

El coronel contesta de manera evasiva
él ha oído decir que en Córdoba es la cosa.
Por algo en Buenos Aires en forma persuasiva
les quiso dar escolta don Juan Manuel de Rosas.

—No se escribe la historia con sangre de gallina...
¿no entiende, coronel, que le estoy dando soga...?
No ha de haber en la patria una mano argentina
capaz de asesinar a Facundo Quiroga.

Se apacigua su orgullo en ese enorme alarde.
Contento de sí mismo reclina la cabeza
y se tira a la sombra propicia de la tarde
con un aire de tigre que regusta la presa.

Baraja los recuerdos el Tigre de los Llanos.
Desfilan los lanceros tras la bandera negra
y le brindan aplauso los pueblos soberanos
que buscan el perdón de su tropa altanera.

Y vuelve a hacer arreos en estancias salvajes
y se llena de fuego su cuatrera demencia,
mientras sus milicianos van pechando el vacaje,
que se clava en las patas y se afirma en querencia.

Él es un general de machete y espuela,
con nalgas para el trote y sangre de pelea;
no como el manco Paz, contador sin abuela,
que le ganó dos manos peleando a la europea.

Y evoca aquel instante cuando en un largo pliego,
don Juan Manuel de Rosas le anotició en detalle,
de la trágica muerte del Coronel Dorrego
y el motín decembrino del faccioso Lavalle...



Poema

Soy un obrero de tristeza.
La esconderé detrás de todas las carcajadas
y cuando nadie me vea seré con ella.

Un muchacho se tiró desde una esperanza.
Nadie quiso reírse de su cadáver.
Tan sólo un poeta no le tuvo lástima.

El hombre estando solo es estoico.
Si no, se moriría de pena.

La soledad es la altura de uno mismo
y la desilusión es un vértigo.

Hay un mejor equilibrio: la muerte.
Y hay una mejor dulzura: el reposo.

Hay cosas que recordamos no haber dicho nunca
y palabras cada vez más nuevas.

Con eso se puede hacer tristeza
sobre la dulzura agonizante de un amor
o sobre el amor en equilibrio mudo.

Pero algún día por París o por Pekín o por Leningrado,
lamiendo la pared con la sombra,
no me acordaré de tu nombre.

Tan sólo un sonido,
o una copa, o una palabra,
o cualquier ruido vacío,
puede resucitarte en amor.

Entonces serás amarga.



Si una vez


Si una vez, pensaras en la sinrazón de los resortes
que mueven esos gestos donde se afirma tu importancia.

Si una vez, te miraras en el espejo desnudo de la naturaleza
y pudieras salir de las formas que te envuelven
para medir las líneas de tu caricatura elegante.

Si una vez, pudieras hacer el balance de tus ideas
para comparar su saldo con la sabiduría de las estrellas,
de los pájaros, de las hierbas.

Si una vez, el monstruo estúpido de tu razón
pudiera asomarse al misterio de la eternidad.

Si una vez, pudieras ver la suciedad insaciable de tus manos
y fueras capaz de sentir náuseas ante el espejismo del oro.

Si una vez, solamente, compararas la tormenta artificial de tu carne
con la limpia fecundidad de las bestias.

Si una vez, te pudieras transformar en el juez y en el verdugo de tus culpas.

Si una vez, las lágrimas de tus ojos te alcanzaran para llorar tus errores
y tus palabras fueran suficientes para pedir perdón.

Si una vez, en la soledad de tu propia conciencia pudieras sentirte
el más humilde y el más malo y el más incapaz y el más inútil.

Si una vez, sintieras la sed de todo lo que te falta
y la repugnancia de todo lo que te sobra.

Si una vez, frente al misterio de Dios, pudieras descifrar su mensaje.

Si una vez, pudieras cerrar los ojos, sin encender en el alma
la envidia, el deseo, la ambición, el egoísmo.

Si una vez, te dijeran que no supiste querer a tu madre,
a tu padre, a tu hijo, a tu hermano, a tu amigo.

Si una vez, fueras capaz de dar la razón a los que llamas tus enemigos.

Si una vez, pudieras entrar en la luz de la santidad sin una palabra en los labios.

Si una vez, tus ojos creyeran sin ver y tus oídos tuvieran fineza
para escuchar la voz del corazón desnudo.

Si una vez, no sintieras horror ante la muerte por amor al placer de la vida;
o si sintieras amor a la vida sin necesidad del horror a la muerte.

Si una vez, te pudieras olvidar de tus triunfos, y de tus derrotas...
habrías justificado tu existencia.



Monedas de poeta

Quise ahorcarme en la trenza de tu cigarro rubio
cuando desde tus labios cargados de secretos
recordé la cortada por donde iba mi infancia
destrozando la suela de mis zapatos nuevos.

Yo no soy el ideal de tu sabiduría,
mitad galán de cine y mitad pugilista.
Soy un poeta moderno que ambula por las calles
evocando mis sueños, que son disconformistas.

Sin embargo te quiero porque sé que en tu vida
hace falta un muchacho que te cante pavadas
y que ponga perfume de poeta en la nafta
de tu coche lujoso, de tu coche sin alma.

Un muchacho humilde, sentimental y bueno,
que justifique el brillo vano de tus monedas,
comprándote con ellas montones de paisajes
montones de paisajes y un anillo de piedra.

Que te lleve por todas las calles apartadas,
que te cante tragedias de novios y de celos
y que al pasar contigo debajo de los árboles
aproveche la sombra para robarte un beso.

Un muchacho que un día, de tonto o de loco,
cuando menos lo pienses, vuele de tu existencia,
dejándote en un sobre, encima de la mesa,
unas cuantas mentiras... monedas de poeta.



Reminiscencia

Alrededor del alma gira y gira la historia
de un inútil recuerdo. (Inútil y querido).
Se fue por los caminos de la mala memoria
y retorna a mis versos como un niño perdido.

Era (la reconstruye vaga reminiscencia),
una dulce muchacha (prefiero dulce y triste).
Tenía, lo supongo, el temblor de la ausencia.
(Tengo que suponerlo, puesto que ya no existe).

Era (y hablo en pasado perfecto e imperfecto),
el vuelo fatigado que se posó en mi nido.
El tener pocos años fue mi enorme defecto
y mi culpa, la culpa de amontonar olvido.

Tal vez fue la más triste o fue la más sincera.
Tal vez la que me hubiera colmado de alegría.
Tal vez la que en el manso suceder de la espera
destejía en la noche los telares del día.

El mínimo rumor de su paso sin ruido
la trajo blandamente hasta un rincón cercano.
Con presencia de arena yo sé que la he tenido
y sé, también, que luego, se me fue de la mano.

Después busqué su vida en sórdidos intentos,
repitiendo su nombre, recordando sus ojos
y cavando en la tierra de mis remordimientos
con la mala esperanza de encontrar sus despojos.

Pero no es ni la luz que de pronto se apaga
y titila en el fondo de la noche perdida.
Es una estrella muerta, una estrella que vaga
más allá de ese cielo, más allá de esta vida.

Andará sobre el polvo que transitó mi paso.
(Caminos extraviados. Calles de pueblos viejos).
Y habrán de acompañarla en la hora del ocaso
las heladas imágenes que dejó en los espejos.

Estará acurrucada al lado de los días
que, sin duda, he vivido pero que no memoro,
junto con las palabras que una vez fueron mías
y los paisajes muertos por los que a veces, lloro.



Fuente: Homero Manzi y su tiempo de Horacio Salas/ Eurindia.galeon.com
http://ar.geocities.com/webratacruel08/enverso08.htm

Rolando Revagliatti: 6 auténticos revagliattis

Seis textos de "Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo"


Es de mentira que la quiero
y es de mentira que ella cree
que yo
"la quiero de verdad".



*



Suerte de principiante
me alcé con el pozo

pozo al que caí
no como un
principiante.



*





Para la foto
mi embarazo
no es histérico.


*



Mi desprecio por vos
siendo profundo
ni siquiera es

infinito.



*





El camino más corto
es el trillado por mis enemigos.



*



Hijo de la humillación
¿en qué te me has
reproducido?



*


Rolando Revagliatti
revadans@yahoo.com.ar
http://artespoeticas.librodenotas.com/?c=Revagliatti-Rolando
http://www.cuentosymas.com.ar
http://www.chilangospateticos.org
http://www.revagliatti.com.ar/picado.html

Miguel Angel de Boer: “Octubre: Tras las huellas del poeta”

Acabo de llegar de Chile, con el corazón aún henchido, luego de recorrer las huellas del querido Pablo Neruda junto a los amigos de Poetas del Mundo. Si el viaje hubiera sido “nada mas” que para eso, se hubiera justificado totalmente. Pero no fue así. Y les agradeceré toda mi vida a Luis Arias Manzo y Poetas, por haberme invitado con generosa insistencia.

No estoy en condiciones de hacer una descripción pormenorizada del viaje. No solo por razones de tiempo (traje mas de 200 fotos y unas 6 horas de filmación), sino porque la riqueza de la experiencia vivida excede mi posibilidad de expresarla en pocas palabras.

De todos modos quiero compartir algunas de las vivencias que seguramente con el tiempo habré de ampliar.



Santiago
Llegué a Santiago en un día luminoso, lo que me permitió disfrutar del majestuoso (que otro término utilizar!) espectáculo de las nieves andinas. Tal vez el preludio, supuse, de lo que estaba por venir. También me sorprendí al transitar por la ciudad. No me la imaginaba tan bella, ordenada, colorida. Pero cuando pasamos frente a La Moneda no pude refrenar mi tristeza al verla tan pequeña. ¡Como pudieron! Me dije.Y sentí que la historia comenzaba a hacerse presente. Paramos en el Hotel Londres. En Londres 36, entre Paris y O’ Higgins, en pleno centro, que con su calle empedrada y apacible me hizo sentir en algún lugar de Europa.


La Chascona (La despeinada)
Es la casa de Neruda que queda en Santiago. Una belleza. Nos recibieron con una calidez increible. La recorrimos con curiosidad y fascinación mientras de fondo se escuchaba el Concierto de Aranjuez. Nada menos. Entre tantas cosas nos enteramos que muchas de sus pertenencias habian sido saqueadas por la dictadura, entre ellas casi todos sus libros. Luego inauguramos nuestro Encuentro. Luis y Mario (Vargas, un tipazo increiblemente tierno, atento y ocurrente) nos dieron la bienvenida. Varios poetas leimos algunos de nuestros textos. Yo aproveché de homenajear a dos Pablos: a Neruda, por supuesto, y también a Kusselman, con el poema: “Pablo y la música”. Me dí un gusto de aquellos. Festejamos en el restoran Off de Record, en plena Bella Vista. Después fuimos caminando hasta el hotel aprovechando para conocer calles y plazas. Y algunas esculturas como la que representa las muertes por hambre y peste de la población, durante la crisis del 30. Cruzamos por un puente el rio Mapocho, el que dejé de ver tan hermoso cuando me dijeron que alli tiraban personas durante la dictadura de Pinochet. Pero esa noche la cosa (la Historia) no terminó alli. Pasamos por el lugar donde Luis había tenido su librería Apostrophes. Y nos contó que con anterioridad (se enteró de esto mucho después de haberse instalado) habia sido refugio clandestino del bioquímico Eugenio Berríos, el que desarrolló el gas sarín y las bombas que mataron a Letelier entre otras y que terminó secuestrado y asesinado en Uruguay. Sigo. La noche era bella, un poco fresca. Lo adecuado para caminar. Llegamos al hotel y observamos que enfrente habían pegado unos afiches y fotos denunciando que alli habia funcionado un campo clandestino de concentración: el 38 (por la numeración de la calle). Si, en Londres 38, justo frente al Hotel donde parábamos. Yo no lo podía creer. Impactado por todo me fui a dormir. Casi imposible. Al otro día, al salir del hotel, estaba todo cubierto con papel y pintura. Aquí también desaparecen a los desaparecidos, pensé. No obstante, la noche anterior yo había rescatado algunos de sus nombres: María Inés Alvarado Börgel, Víctor Manuel Villareal Ganga, Santiago de la Jara Goyeneche, David Rubén Arroyo Padilla, Cecilia Castro Salvadores, Carmen Cecilia Buero Cifuentes. Presentes! Hasta la victoria siempre!



Isla Negra
Qué decir de Isla Negra! Qué poeta del mundo no ha deseado conocerla! Nos recibió el director del Museo a nombre de Pablo. “Pablo les da la bienvenida a su casa”, nos dijo.Y nos estremecimos todos. Y después a conocer la casa y a Pablo (y Matilde) un poco más. Su arquitectura, sus objetos, sus gustos, su artístico hedonismo, la vista hacia el Pacífico. Nos reimos. Nos emocionamos. Sus últimos días de tremenda pena cercado por las tropas de la dictadura. Su tumba ( y la de Matilde) con vista al mar. A los que estábamos allí por primera vez nos parecía mentira. Hubo mas de una lágrima. Luego le hicimos un homenaje leyendo poemas. El día nos acompañaba. La vida también. Aunque no puedo dejar de mencionar algo: a partir de este viaje apareció una guitarra de la cual se “apoderó” Antonio (Carlos Goncalves), poeta y músico brasilero, que es lo mismo que haberle dado un bombo a un santiagueño. Por suerte Antonio no ha logrado tocar y cantar mientras come o duerme, es decir, que tuvimos momentos de sosiego musical. En verdad lo hace muy bien y tiene una bella voz, y gracias a su entusiasmo cantamos y nos divertimos en mas de una oportunidad. Pero creo que por un tiempo no voy a escuchar música brasilera. Un abrazo Antonio.



Cartagena
Recostada sobre cerros bordeada con límpidas playas de arena. Habia bajamar y caminamos hasta la orilla. Almorzamos al son del canto de un músico popular. Escuchamos “Fogata de amor”, “La muralla”, “Gracias a la vida” y “Yolanda”. Me sentí feliz. Casi no comí. Luego fuimos a conocer la tumba del inmenso Vicente Huidobro. Casi no llegamos puesto que el acceso es difícil. El camino es de tierra y teníamos que levantar los cables que cruzaban las calles para que pasara el bus. Qué decir de la tumba de Huidobro (aquí me sale decir el apellido). Es el extremo opuesto de las casas de Pablo. Austero. Ascético. Con un cerco de alambre y madera. Apenas un cartel indicador. No hay artesanos. No hay museos. No hay souvenirs. No hay marketing. Solo estaba el cuidador. Un personaje. Que por todo lo que nos contó (la historia no solo literaria y política, sino tambien personal, amores e hijos varios incluidos, o anécdotas increibles como la de que Huidobro había entrado al bunker de Hitler y se había apoderado del teléfono rojo que ahora, actualmente, esta en manos de......Nicanor Parra!!) y siendo que es un fortuito empleado del municipio y que todo lo que sabe del poeta es lo que fue recopilando de los relatos de los visitantes del lugar, supusimos no solo que es un enviado (como él mismo cree) para custodiar su memoria, sino que tal vez sea Huidobro mismo. También hicimos un homenaje y yo leí “Contramaestre, mar y tierra”. Otro supergustazo. Mi viejo presente.



Valparaiso - La Sebastiana
Es la otra casa de Neruda, que en eso de vivir cómodo y en una ubicación con buena vista no andaba con vueltas. El paisaje es magnífico. Desde lo alto se ve toda la ciudad, con sus techos multicolores trepando los cerros y el mar azul extendiendo su belleza hasta el horizonte. Tambien aquí funciona un museo de la Fundación. Tambien con sus objetos, su arte, sus ocurrencias arquitectónicas y decorativas. También con guias que explicaban su vida y obra. Una maravilla. No podíamos dejar de compararlo con lo de Huidobro. En el auditorio, donde no recibieron con afectuoso respeto con palabras de la directora Srta. Figueroa, hicimos lectura de poemas juntos a poetas locales, entre ellos el colega psiquiatra Dr. Carlos de los Ríos Möller. Aproveché para hacer un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo (“Catorce destellos...y uno mas”). Gracias Madres! Fuimos a almorzar (yo una cazuela), cantamos, bailamos. Conocimos a los pelícanos, que posan serenos mientras comen, acostumbrados a que les saquen fotos. Aunque cuando yo me acerqué, uno de ellos salió volando.



Viña del Mar
Encantadora. Reluciente. Rebosa de buen gusto, de verde, de arte. Quedé impresionado. Fuimos al Palacio Carrasco. Antes, toqué el moai que trajeron de Rapa Nui (que posibilita, según la leyenda, ir a conocer la Isla de Pascua) ubicado en una plazoleta. El Palacio, municipal, es de una belleza increible. En el primer piso había una exposición de flores. Acotación importante: ese día jugaban Argentina y Chile y yo venía bastan estresado y preocupado tanto por si podia o no verlo como por el resultado. Cuando llegamos, en la planta baja había un televisor y estaban por pasar el partido. Paralelamente hacíamos una lectura junto a poetas locales, todos con una calidez que nos hizo sentir como en casa. Entre ellos los anfitriones del Circulo de Escritores: Lucía Lezaetta y Sergio Meza. Me “escapé” dos veces del auditorio. En la primera, cuando voy a ver, ya habíamos hecho un gol. Las caras de los empleados (municipales) que estaban mirando el partido, cuando les pregunté como íbamos, indescriptibles. Ahogué un alarido y me fui. La segunda, faltaban minutos para que terminara y Riqueleme había concretado el segundo. Salí antes de que me pegaran. Ese y el día siguiente Chile era un bajón. Como cuando nosotros perdemos con los brasileros. Pero, debo reconocer su hidalguía.Yo llevaba, como todos, una credencial de identificación donde figuraba que era argentino. Cuando la veian, las cargadas eran simpáticas y con buen humor. Nobleza obliga. Sigo.Allí leí “Comodoro en el otoño”. Mas que feliz. Después nos brindaron un café con unas masas exquisitas y luego fuimos a cenar. Otro día pleno. Literaria y deportivamente.



Rancagua
No me queda sino sintetizar lo que fue nuestra visita a Rancagua. Poético por donde se mire. Ni bien llegamos partimos para Sewell, la mina de cobre mas grande el mundo, acompañados de un guia cuya vida transcurrió en el lugar. Un experto, orgulloso de su pertenencia. El ascenso fue una aventura. La historia de la mina, fantástica. Al promediar el viaje la bella Mariana (hija de la poeta Irem Toal) nos conmovió con la canción de Oscar Castro (Zuñiga) y Ariel Arancibia “Para que no me olvides” ( Yo me pondré a vivir en cada rosa / y en cada lirio que tus ojos miren / y en todo trino cantaré tu nombre / para que no me olvides), mientras íbamos contemplando la inmensidad de las montañas. A mi me crujió el corazón de ternura al descubrir que ese tema era de Castro y al escuchar esa voz prodigiosa en un lugar colmado de magia. Luego recorrimos las instalaciones de la base, el museo, el “bowling” que tenían los “gringos” cuando la explotaban. La mina ahora está nacionalizada. Y como cierre en un acto casi ceremonial, hicimos una ronda de poemas, alli, a 2000 metros de altura en el medio de los Andes chilenos. Que más. Eso era lo que pensaba, porque luego fuimos a almorzar a un lugar encantador. Paseamos por Rancagua que es una ciudad muy peculiar, por su mixtura entre rural y urbana. Era domingo y las peatonales parecían estar solo para nosotros. Por la tarde le hicimos un homenaje en su tumba a Oscar Castro. Leí, canté y cantamos “Soñé que soñaba”. Me sentí dichoso. Menciono al pasar que tambien conocimos el mausoleo del vampiro Tito Lastarria. Llena de inscripciones con pedidos y promesas, que dicen se van a cumplir cuando caiga la última cruz de la cripta. Y ya quedan menos. Pero aún faltaba para completar el día. Primero no sé cómo, nos desprendimos del grupo con Mario Noel Rodríguez (exquisito poeta salvadoreño, de un humor excelente y una especial habilidad para “perderse”, lo que motivaba pacientes esperas hasta que aparecía o lo encontrábamos; aunque de esto yo había aprendido bastante en mi viaje al Cuzco) en compañía del simpático joven poeta rancagüino Rafael Henriquez. Un poco más tarde nos encontramos, en la casa de la Fundación Oscar Castro, nada menos que con su viuda, también escritora, Isolda Pradel (Ernestina) que tiene noventa años y una lucidez y una frescura envidiables. Es, precisamente, a quien Oscar le dedicó esa hermosa canción, y muchos de sus poemas. Asi, tuvimos la dicha de que nos contara aspectos de su vida junto al poeta, de cómo se conocieron, de cómo no quedó trunco y algunas cosas mas, con la espontaneidad que logran quienes no solo tienen una larga vida sino que tambien han has sabido adquirir sabiduría. Quedamos extasiados y todos deseábamos que no pasara el tiempo. Un privilegio. De paso, me parece que estan por realizar una película para la tv chilena sobre la historia de Isolda y Oscar. Por la noche nos homenajearon con una copiosa cena en “La vieja pared”, cuyo dueño es un clon de Pablo Neruda (muy buen anfitrión y con una voz que ni les cuento), donde ademas hubo música (Mariana nos deleitó con su violín y su voz) y baile. Yo me dí el placer inolvidable de hacerlo con la tierna Isolda!. Esa noche me dormí sintiendo que era afortunado. Gracias a la vida.



Pomaire y Melipilla
Saliendo de Melipilla / corriendo por Talagante / cruzando por San Fernando / amaneciendo en Pomaire, dice la “Tonadas de Manuel Rodriguez”, aludiendo a los lugares donde dejó su impronta el guerrillero (que antes fue abogado). Pomaire es un pintoresco lugar que se caracteriza por su producción artesanal. Y no es broma. En las dos o tres calles principales solo se encuentran, uno al lado del otro, negocios de ceramicas y alfareria y tambien algunos restoranes. Apenas se puede transitar, pues parece que van de todo Chile a comprar a Pomaire. Alli almorzamos bajo el fresco de un parral y luego de caminar por la ciudad, nos dirigimos a Melipilla que, me enteré entonces, es el lugar donde nació Luis (Arias Manzo). Nos recibieron familiares y amigos de Víctor Marín Calquín, en el Espacio Social-Cultural “Los guajiros”, con el objeto de hacerle un homenaje al fallecido poeta chileno. El acto se realizó en un frondoso y acogedor patio, que me recordó la Córdoba de los 70, mucho más porque pasaban música de los Quilapayún y de Violeta Parra, lo cual me trajo no pocos recuerdos. Nos trataron con una cordialidad suprema. Compartirmos la pintoresca y comprometida historia de Víctor, sus emprendimientos literarios, su ingeniosa lucha de resistencia contra la dictadura, sus pasiones, sus esperanzas.Tomamos un navegado (vino caliente) e hicimos una ronda de poemas. Yo leí fragmentos de “Rimemberes”, lo cual no me resultó tan sencillo. Sentí que algo recorría mi organismo por todos sus insterticios, dejándome exhausto. Sentí, otra vez, la historia en mi cuerpo. Como cierre, la viuda de Víctor leyó algunos de sus poemas y nos volvimos a Santiago comiendo unas empanadas que nos obsequiaron para el camino.

La Moneda
Aún no sé si fue por las empanadas, por el frío o por todas las emociones vividas, lo cierto es que esa noche tuve una descompostura. Sabía que al otro día íbamos a ir a la Casa de Gobierno con el objetivo de realizar un homenaje al Presidente Salvador Allende. Yo tenía la gran ilusión de poder leer un poema en el sitio donde había muerto y se lo había comentado a Luis y a algunos compañeros de Poetas. La noche no fue fácil. Pero a las 10 de la mañana, como estaba previsto fuimos al Palacio. Antes de entrar presenciamos el cambio de Guardia en un dia primaveral. Aún estoy impresionado por la calidez y el respeto con que nos recibieron. En nombre de la Presidenta Michelle Bachelet, circunstancialmente de visita en Italia, recorrimos gran parte de la casa de gobierno y recibimos el saludo del Jefe de Gabinete del Ministro del Interior, Nicolás Torrealba, a la vez que nos explicaban e informaban sobre aspectos arquitectónicos, artísticos e históricos de la Casda. A mi se sorprendió la naturalidad y sencillez del trato. No es que esté muy habituado a ser recibido en casas de gobierno, pero me senti mucho mas que cómodo, dada la cordialidad casi informal que nos brindaron. Si. A nosotros. Poetas y escritores. El momento crucial se produjo al llegar al lugar donde murió el Presidente Allende, donde dejaron al descubierto ladrillos originales, residuales del ignominioso bombardeo cuando su derrocamiento. Ni que decirles cuando Luis propuso que leyera un poema. Como transmitir lo que sentí al leer “Me dejaron tu pulover verde”. La vida volvió a transcurrir en un segundo. Los sueños, las luchas, las alegrías y tristezas. Recordé nuestra reacción ante el golpe y la bronca y pena al enterarnos de su muerte y la intención de muchos de venir a pelear contra la dictadura. Y lo que me costó convencer Mary (mi primera esposa, a quien le dediqué el poema) para que no lo hiciera, temiendo por su vida. En fin, sentí que era un homenaje para y también en nombre de todos aquellos que lucharon por hacer de este un mundo distinto. Por los compañeros. Me parecía mentira, y aún estoy impactado, hacerlo en ese sitio. Después de tanto tiempo, tantas ilusiones, tantas pérdidas, de tantos amaneceres y tinieblas, brindando mi testimonio precisamente alli. Como no maravillarme de estos imprevisibles milagros que nos depara la existencia. Un rato mas tarde se realizaba el Acto de clausura de nuestro Encuentro en la la Biblioteca Nacional. Ya había pasado el mediodía. Yo decidí ir a descansar tremedamente agotado y con un alivio que me hacía sentir feliz. Después me fui recuperando con el apoyo y ayuda de las amigas y amigos de Poetas (destaco la que me brindó el colega boliviano Dr. Edmundo Torrejón Jurado, que supo atender al Papa Juan Pablo II nada menos!) hasta que llegó el momento de partir. No sin antes me hicieran llegar el diploma, el cual me colmó de alegría, de manos de la querida Emilce Zorzut. Regresé sin inconvenientes a la Argentina y, casi sin darme cuenta, a Comodoro. Mientras el avión iba descendiendo y miraba la costa patagónica, tan bella como siempre, sentí un profundo regocijo y una casi orgullosa satisfacción.

Y un inconmesurable agradecimiento. A todos.A todos. A todos.





Miguel Angel de Boer
sigmundm@uolsinectis.com.ar
www.poetasdelmundo.com
Comodoro Rivadavia, Octubre, 2007
Chubut, Argentina

Hugo Presman: Olor a Pata

Las elecciones del domingo 28 de octubre dividieron básicamente los apoyos sociales a favor de Cristina Fernández, Elisa Carrió, Roberto Lavagna y Alberto Rodríguez Saá. A la primera, con la simplificación que da toda generalización, la votaron los sectores más humildes y las clases medias bajas. A Carrió, las clases medias y altas, principalmente urbanas canalizando un voto antikirchnerista, esperando lograr un ansiado ballotage. Fue un voto ideológico contra el gobierno y a favor de una representante que muchos que ahora la eligen la detestaban en elecciones anteriores, antes que virara su discurso y atenuara algunos fundamentalismos personales. A Lavagna lo eligieron los mismos sectores sociales, algunos con más cercanía al peronismo, que pretenden un kirchnerismo más “prolijo”, más confiable y previsible. Son los que consideran que lo bueno de lo ocurrido en los últimos cuatro años le corresponden al poco atractivo ex ministro y todo lo negativo es obra de Kirchner. A Alberto Rodríguez Saá lo votaron los que añoran el peronismo histórico a través de su simbología y las permanentes invocaciones a Perón y Evita mientras deslizan un discurso de evidente matriz menemista.
Carrió plantea, a veces en forma subliminal, y en otras absolutamente abierta la vieja zoncera de Civilización y Barbarie. Los cultos, los civilizados, las capas medias altas y urbanas que la votaron representan a la Argentina civilizada. Los bárbaros son los esclavizados por los punteros, por las dádivas, por los planes trabajar a quién hay que ir a rescatar. Por eso afirma: “Voy a seguir luchando para liberar a los pobres de la jaula del clientelismo”. No es que la realidad no esté surcada en muchos casos por el clientelismo y que haya gente que lucra con el mantenimiento de la pobreza. Pero de ahí a analizar los resultados electorales a través de la dicotomía hombres libres (la que la votan) y esclavizados ( los que no la votan) y que ella en el futuro liberará, es tan falso y pueril como cuando afirmó sin pudor que “estamos viviendo bajo el nazismo sin campos de concentración”


CINE, HISTORIA, CIVILIZACIÓN Y BARBARIE
El cine, dijo alguien, es la vida sin las partes aburridas. El cine transmite circunstancias de la vida o de la ficción sin sus olores. Se parece en eso a la historia falsificada. La realidad es percibida a la distancia suprimiendo las contradicciones, las pasiones, el barro que arrastra todo proceso histórico. Por eso en lugar de enseñar, ayuda a desaprender. En lugar de servir como elemento de análisis para el presente sirve para denostar la actualidad, sucia, turbia, compleja en donde el oro y el barro se mezclan, con un pasado broncíneo, lavado, maniqueo, donde “los buenos” están definidos y reconocidos como tales y “los malos” están delineados de tal manera que cargan con el estereotipo de perverso.
Como en el cine, la historia falsificada carece de olores. El “civilizado” aprendió en esa historia en donde los sectores populares de París tomaron la Bastilla cantando la Marsellesa, limpios y perfumados, o los obreros soviéticos se apoderaron del Palacio de Invierno citando a Marx y memorizando a Engels, después de haber entendido a Hegel.
En nuestra historia, Rivadavia, Mitre, Sarmiento en nombre de la civilización europea aplastaban a las bárbaras montoneras gauchas, esas que Jauretche denominó como “el sindicato del gaucho”
Difícil entonces reconocer en los obreros sudorosos que protagonizaron el 17 de octubre de 1945, a los nuevos obreros de las migraciones internas. No estaban impecables como en los textos históricos, transpiraban, no cantaban la Marsellesa ni La Internacional, y algunos se sacaban sus calzados y en la Plaza de Mayo se percibía el olor a pata. A axilas transpiradas.
Los cultos, los civilizados no reconocieron el sujeto histórico. Sólo percibieron el olor a pata. Y de alguna manera descalificaron el gigantesco hecho histórico por los olores desagradables de la vida. Ese que no estaba en su historia apócrifa. Esos que no podían encontrar en el relato erróneo aprendido. Ese que sus libros no había previsto. Esos momentos históricos en que los libros, que pueden ser habitualmente magníficos orientadores en cuanto brindan elementos para el análisis y la interpretación, se convierten en obstáculos para alcanzar a ver lo que se mira. Como diría Cesare Pavese: “Hay momentos en la historia que los que tienen algo que decir no saben escribir, y los que saben escribir no tienen nada que decir” O como afirmó, ironizando, George Bernard Shaw: “ Mi educación fue perfecta hasta los seis años, en que la abandoné para ir a la escuela” No entender lo básico, llevó a un gorilismo que atravesó todo el arco político. Los sectores del poder porque las masas los asustan. Se pierde “la seguridad jurídica” y en los casos más radicalizados se pone en tela de juicio el derecho de propiedad. Lo mismo le sucedió a la izquierda de entonces, el Partido Socialista y el Comunista, incapaces de comprender la cuestión nacional a través de textos marxistas mal leídos y peor digeridos. Así el órgano oficial del Partido Socialista, La Vanguardia decía el 23/10/1945: “ En los bajos entresijos de la sociedad hay acumulada miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad, resentimiento…..Cuando un cataclismo social o un estímulo a la policía movilizan las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todas las contenciones morales, dan liberta a las potencias incontroladas, la parte del pueblo que vive del resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación….”. A su vez el periódico Orientación, medio oficial del Partido Comunista escribía el 21/10/1945: “ ….pero también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo la vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad, no representan a ninguna clase de la sociedad argentina. Era el malevaje reclutado por la policía y los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población”. Perfectamente podía transcribirse ambos textos, entonces y ahora, como editoriales de La Nación.


CIVILIZACIÓN Y BARBARIE
Carrió se precia de intelectual y cita autores como una flor exótica en el páramo político donde pocos leen y menos escriben. Se cree depositaria de la parte civilizatoria de la famosa zoncera. Ha frecuentado más a Hannah Arend que a Arturo Jauretche. Más a Michel Foucault que a Scalabrini Ortiz. Por eso siempre le parecerá bárbaro el subsuelo de la patria sublevada. Y la crítica no es porque haya leído a Arend o Foucault, que está muy bien hacerlo. Es porque en su concepto de civilización no puede incluir a los pensadores nacionales. Dice en La Nación del 30 de octubre de 2007: “Tenemos hoy una coalición que con seguridad va a gobernar este país en cuatro años en representación de las clases medias y medias altas, con sus valores. Cinco millones de votos sin dinero, sin aparato y sin marido…..Voy a seguir luchando para liberar a los pobres de la jaula del clientelismo” Será por eso que allá de donde proviene, del Chaco profundo, donde está siempre presente el olor a pata, Carrió saca apenas el 21,13% de los votos. Los que están acostumbrados a olores exquisitos y obnubilados por la zoncera madre, es posible que nunca entiendan la aguda pituitaria, que no es infalible, de los sectores populares. Esos a los que no suele embotar el olor a pata.
Tal vez deba recordar una frase muy afortunada de su admirado Sarmiento: “El título no quita las orejas”
A su vez el jefe de gabinete Alberto Fernández, manifestando una falta de política hacia los sectores medios cometió un error simétrico al de Carrió al sostener: “ Que la ciudad se integre, sea parte del país y deje de votar como una isla”


VOTO INTELIGENTE Y VOTO IGNORANTE
En esta línea el agudo periodista Orlando Barone escribió: “¿Existen el voto inteligente y el voto ignorante? ¿ El voto urbano es más civilizado que el otro? ¿En una gran ciudad se nutre mejor la inteligencia que en un pueblito o que en el monte? ¿El bienestar económico hace más lúcido al votante que la miseria? ¿Es de mejor calidad democrática el voto caro que el voto barato? El Premio Nóbel Watson diría que sí. Y además diría que el voto de aquel que tiene una biblioteca en un ambiente climatizado y Feng Shui en la casa- aunque nunca un libro le haya mejorado ninguna neurona- es más racional que el de aquel que en la pared llena de moscas tiene colgada una camiseta de fútbol, la página de un diario viejo con la imagen de aquel gol de Maradona, y una lámina de Wanda Nara agachada y boca abajo. Si el voto jerárquico fuera establecido más democráticamente que ahora: ¿desde qué umbral se consideraría a una persona inteligente y debajo de qué zócalo se la consideraría no inteligente? Pongamos que el padrón electoral podría dividirse- ya no en mujeres y hombres, ellas por un lado, ellos por otro ( que creo es una división discriminatoria y que no sé por qué se sigue permitiendo)- sino en un padrón de coeficiente intelectual de primera clase y un padrón de segunda. Los votos del padrón de primera clase valdrían el doble. Pero si aún disminuidos por la cláusula, los declarados ignorantes y brutos produjeran más votos que los presuntamente inteligentes, entonces se les reduciría todavía más el valor del voto para evitar que ganen. El asunto es que su voto carezca de importancia. Para alguna gente, sobre todo caucásica o bronceada, y sobre todo convencida de su coeficiente- aunque sus vidas y sus carreras sean un fracaso- eso evitaría que los no inteligentes elijan. Porque siempre eligen como el traste. Pongamos que para determinar con algún orden categorías, se incluiría en el voto inteligente al de aquella persona que completó el secundario y con un ingreso de contribuyente alto. Y si se autoconfiesa ética mejor: aunque a escondidas esa gente haga más porquerías que un obispo castrense. La ética pregonada es un placebo que simula curar el pecado, la estética del hipócrita. Y no es privativa de ninguna geografía. Ni de conventillo ni de country. Siguiendo este democrático razonamiento, un cartonero, un cosechador golondrina, una empleada doméstica, un ama de casa sin ningún estudio, un pocero de cloacas, un lustrabotas etc. nunca podría darse el gusto de elegir precisamente a aquellos candidatos que a su intuición o criterio son los que podrían ayudarlos a dejar de seguir siendo ignorados. No. Porque solo los del voto inteligente determinarían qué gobierno es el apropiado. El voto inteligente no es clientelístico. No se deja comprar por un empleíto o por un colchón de telgopor o un pack de lácteos. Cuesta más caro. Únicamente se guía por beneficios accionarios, financieros y corporativos. O de consumo ABC1 top muy republicano. ¡Qué gran país sería la Argentina con el voto inteligente! Lástima que tenemos tantos no inteligentes que ganan elecciones.”

OLOR A PATA
Como decía en su discurso postrero Salvador Allende: “La historia es nuestra y la escriben los pueblos” Y los pueblos cuando se pronuncian generalmente en forma acertada, lo hacen en función de las alternativas existentes. Ya sea en una elección o tomando las calles. En forma sonora y desprolija. Con mezcla de sabiduría popular y olor a pata. Intentar comprender los fenómenos históricos con modestia, recogiendo las enseñanzas que de ellos surgen sin actuar como falso maestro, es la tarea del militante, del intelectual, del profesional de aquél que una sociedad profundamente injusta lo dotó de una presunta cultura pagada en buena parte por lo que cada tanto meten las patas en la fuente o periódicamente el sobre en la urna y diariamente sus manos moldean un trabajo o sus pies recorren el doloroso camino de la búsqueda de empleo.
En su momento, la zoncera mayor Civilización y Barbarie se tradujo en “Alpargatas si, libros no”. Intento de minimizar desde los sectores “cultos” una gigantesca transformación social. Sin entender que los pies que calzan las alpargatas necesitan que los libros ayuden a los sectores medios a comprender la necesidad de conformar la alianza plebeya de los sectores populares como condición indispensable para avanzar sólidamente en el camino de las transformaciones
No hay derecho que montada sobre una importante cantidad de votos de clase media, una candidata, después de proponer el contrato moral, intente en pleno siglo XXI aplicarles a los sectores más humildes de la población lo peor del discurso sarmientino o los habituales editoriales de La Nación. Lo más peludo del discurso gorila.
Carrió no tiene olor a pata. Pero su discurso está atravesado por un olor mucho más penetrante. El del elitismo. En donde se ahoga la ética y se hunde el contrato moral.

30-10-2007
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.
Copyright Hugo Presman.
Para publicar citar la fuente.
hugopresman@fibertel.com.ar
ESCUCHE DE LUNES A JUEVES DE 20 A 21,30 HORAS, POR AM 740 RADIO COOPERATIVA, EL TREN, CONDUCIDO POR: GERARDO YOMAL Y HUGO PRESMAN. PRODUCCIÓN : NADIA OSORIO, AMANDA LAJAD Y LUZ TOPA.
www.am740.com.ar