domingo, 20 de junio de 2010

Saramago y el crímen (financiero) contra la humanidad



Nuestro homenaje a José Saramago (fallecido recientemente) con este texto que escribió en octubre de 2008 sobre la crisis mundial y los trabajadores.

CRIMEN (FINANCIERO) CONTRA LA HUMANIDAD (*)
Lisboa, 30 de octubre de 2008.


Por José Saramago
La historia es conocida, y, en aquellos tiempos antiguos en que la escuela se proclamaba educadora perfecta, se le enseñaba a los niños como ejemplo de la modestia y la discreción que siempre deberían acompañarnos cuando el demonio nos tentara para opinar sobre lo que no conocemos o conocemos poco y mal. Apeles podía consentir que el zapatero le apuntase un error en el calzado de la figura que había pintado, por aquello de que los zapatos eran su oficio, pero que nunca se atreviera a dar su parecer sobre, por ejemplo, la anatomía de la rodilla.
En suma, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. A primera vista, Apeles tenía razón, el maestre era él, el pintor era él, la autoridad era él, mientras que el zapatero sería llamado cuando de ponerle medias suelas a un par de botas se tratase. Realmente, ¿hasta dónde vamos a llegar si cualquier persona, incluso la más ignorante de todas, se permite opinar sobre lo que no sabe? Si no tiene los estudios necesarios es preferible que se calle y deje a los sabedores la responsabilidad de tomar las decisiones más convenientes (¿para quién?).
Sí, a primera vista Apeles tenía razón, pero solo a primera vista. El pintor de Felipe y de Alejandro de Macedonia, considerado un genio en su época, ignoró un aspecto importante de la cuestión: el zapatero tenía rodillas, luego, por definición, era competente en estas articulaciones, aunque fuera solo para quejarse, si ese era el caso, de los dolores que sentía. A estas alturas, el lector atento ya habrá entendido que no es de Apeles ni del zapatero de lo que se trata en estas líneas.
Se trata, sí, de la gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo, hasta el punto de que no podemos escapar a la angustiosa sensación de que llegamos al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación, tras un tiempo intermedio, imposible de predecir antes de que se levanten las ruinas y se abran nuevos caminos. ¿Cómo lo hacemos? ¿Una leyenda antigua para explicar los desastres de hoy?
¿Por qué no? El zapatero somos nosotros, todos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales.
¿Y Apeles? Apeles son, precisamente, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría; es decir, aunque la rodilla nos doliera, no se nos permitía hablar de ella, se nos ridiculizaba, nos señalaban como reos de condena pública.
Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto reformable y auto regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.
¿Y ahora? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico? Y ya que hablamos de delitos: ¿tendrán los ciudadanos comunes la satisfacción de ver juzgar y condenar a los responsables directos del terremoto que está sacudiendo nuestras casas, la vida de nuestras familias, o nuestro trabajo?
¿Quién resuelve el problema de los desempleados (no los he contado, pero no dudo de que ya son millones) víctimas del crash y qué desempleados seguirán, durante meses o años, malviviendo de míseros subsidios del Estado mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de millones y millones de dólares cubiertos por contratos blindados que las autoridades fiscales, pagadas con el dinero de los contribuyentes, fingen ignorar?
Y la complicidad activa de los gobiernos, ¿quién la demanda? Bush, ese producto maligno de la naturaleza en una de sus peores horas, dirá que su plan ha salvado (¿salvará?) la economía norteamericana, pero las preguntas a las que tendría que responder están en la mente de todos: ¿no sabía lo que pasaba en las lujosas salas de reunión en las que hasta el cine nos ha hecho entrar, y no solo entrar, sino asistir a la toma de decisiones criminales sancionadas por todos los códigos penales del mundo?
¿Para qué le sirven la CIA y el FBI, además de las decenas de otros organismos de seguridad nacional que proliferan en la mal llamada democracia norteamericana, esa donde un viajero, a su entrada en el país, tendrá que entregar a la policía de turno su ordenador para que este copie el respectivo disco duro? ¿No se ha dado cuenta el señor Bush que tenía al enemigo en casa, o, por el contrario, lo sabía y no le importó?
Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser objeto de análisis, ya sea en los foros públicos o en las conciencias. No exagero. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas.
Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después de, en muchísimos casos (no dudo de que sean millones), haber perdido su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.
Los criminales son conocidos, tienen nombre y apellidos, se trasladan en limusinas cuando van a jugar al golf, y tan seguros están de sí mismos que ni siquiera piensan en esconderse.
Son fáciles de sorprender. ¿Quién se atreve a llevar a este gang ante los tribunales? Todos le quedaríamos agradecidos. Sería la señal de que no todo está perdido para las personas honestas.

(*) Nota publicada en Rebelión.org
http://www.rebelion.org/

viernes, 18 de junio de 2010

Mario Wainfeld: No puede ser cualquiera



Por Mario Wainfeld

La Corte Suprema revocó la medida cautelar pedida por el diputado Enrique Thomas que fuera concedida por jueces de primera y segunda instancia de Mendoza, incompetentes en cualquier acepción de la palabra. La decisión se adoptó con llamativa celeridad y en forma unánime, aunque los jueces Carmen Argibay y Enrique Petracchi eligieron hacerlo valiéndose de fundamentos propios. La presteza y el consenso forman parte del mensaje político de la sentencia: los supremos rechazan el uso chanta de la vía judicial y el abuso de las medidas cautelares. Es más, les fijan límites precisos, muy distantes de la mala praxis imperante en variados juzgados.

Thomas, tras perder la votación en la Cámara, acudió a jueces amigos, cercanos a su domicilio y a los intereses corporativos que vicariamente defiende. Se presentó en el doble carácter de diputado y ciudadano (no invocó su condición de empresario, por fortuna) fundando en eso su “legitimación procesal”, esto es, su interés propio para demandar en el caso.

Hete aquí que el bodeguero-legislador no tiene interés propio alguno en la causa, salvo que se llame así a quedar bien con los grandes grupos multimedios, en especial el Vila-Manzano que asuela la provincia del sol y del buen vino. Los jueces mendocinos, buenos muchachos al fin, acogieron su pretensión, que era pura desmesura: suspender la vigencia de la totalidad de la ley.

Se cerró así un círculo vicioso contra la división de poderes. Perdidoso en el recinto, un legislador se decreta campeón moral y busca en la Justicia lo que no consiguió en el Congreso.

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El sistema de control de constitucionalidad argentino es de difícil comprensión para profanos, seguramente porque es rebuscado. De cualquier manera, está vigente. El control no está a cargo de un tribunal especializado, una “Corte Constitucional”, sino conferido a todos los jueces, en forma “difusa”. Cualquier juez puede sancionar la inconstitucionalidad de una ley, en un caso específico. La vastedad del sistema, que podría suscitar una exorbitancia del Poder Judicial, reconoce límites. El primero es que la sentencia solo vale para el expediente en que se dictó, que debe ser impulsado por quien es damnificado por la supuesta inconstitucionalidad. Reglas de oro redondean el límite a los magistrados: la inconstitucionalidad debe dosificarse con prudencia, no debe imponerse en caso de duda y la restricción establecida debe ser razonable. Nadie tarifa qué es “razonable”, pero los tribunales deben usar la herramienta con tino y medida. Los “considerandos” (fundamentos) de Ricardo Lorenzetti, Carlos Fayt, Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda y Raúl Zaffaroni lo resumen de modo menos coloquial, pero no menos drástico, que este cronista: “ningún juez tiene en la Argentina la capacidad de hacer caer la vigencia de una norma erga omnes (contra todos) ni nunca la tuvo desde la sanción de la Constitución. Si no la tiene en la sentencia que decide el fondo de la cuestión (...) menos aún puede hacerse cautelarmente”. El fallo de la Cámara mendocina, fulmina la Corte, “altera gravemente el control constitucional de las leyes”.

En suma, cualquier norma, en todo o en parte, puede ser tachada de inconstitucional ante cualquier tribunal. Eso no equivale a decir que cualquier ciudadano (con o sin derecho) pueda reclamarla con éxito ante cualquier tribunal (competente o no) y que éste pueda extrapolar sus facultades dándoles cualquier magnitud que trascienda los límites del caso. Todo eso se amañó en el vergonzoso expediente Thomas.

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Petracchi redactó un voto personal para hacer dos agregados a la doctrina de sus pares. Uno es subrayar el principio consecuencialista, desdeñado por tantos magistrados, que tienen “la medida cautelar fácil”. Citando añeja jurisprudencia del tribunal, Su Señoría explicó que “no debe prescindirse de las consecuencias que naturalmente se derivan de un fallo toda vez que constituye uno de los índices más seguros para verificar la razonabilidad de la interpretación y su congruencia con el sistema en que está engarzada la norma”. Por sus frutos lo conoceréis... una sentencia de proyecciones brutales es una mala sentencia.

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El otro punto que enfatizó Petracchi es que toda ley es justiciable, sin renegar del resto de su razonamiento. Al unísono, toda la Corte abomina de la “judicialización de la política”. Plasma su recelo, sin nombrarlo, en su sentencia de ayer. También lo expresaron Lorenzetti y Zaffaroni, en declaraciones periodísticas. ¿En qué consiste, entonces, la indebida judicialización? En llevar al Foro lo que debe dirimirse en otros estamentos del Estado. La Corte no se priva de subrayar que Thomas perdió la votación que cuestiona ante los estrados judiciales.

La proliferación de demandas irresponsables preocupa al Tribunal, que ya había emitido una señal cuando rechazó, también de modo expeditivo, un reclamo de la provincia de San Luis contra el Fondo del Bicentenario. “Las provincias tienen diputados y senadores, ellos deben defender sus derechos donde corresponde”, comentó informalmente uno de los cortesanos, según informó este diario, meses atrás.

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La suspensión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (“ley de medios”, en adelante) subsiste porque fue establecida en otros expedientes, consecuencia de la hipocondría jurídica de legisladores y grupos empresarios. Esta precisión debe completarse con otra: la Corte estipuló ayer una restricción para las medidas cautelares. Fijó que no es legal que puedan suspender toda la ley en todo el territorio nacional. Así lo apuntaron dos juristas bloggers (Gustavo Arballo y Roberto Gargarella) en recomendables posts escritos al toque.

Ninguna sentencia se propaga a otro juicio, pero la suerte de muchos trámites similares al de Thomas está echada. Así será, por ejemplo, con el iniciado por la diputada peronista disidente salteña Beatriz Daher, adivinen en qué provincia. Es, en sustancia, igual al de Thomas, tiene sentencia favorable en primera instancia, está en Cámara. Si Daher tuviera decoro institucional y deseara evitar un dispendio de actividad a los tribunales, debería desistir su reclamo. Pero el decoro institucional es infrecuente en la corporación política... ni qué decir en el peronismo disidente y, por añadidura, en los pagos del ex gobernador Juan Carlos Romero.

Dicho sea de paso, la Corte estuvo piadosa con el demandante Thomas. Le tiró por la cabeza (a él y a los camaristas de Mendoza) las primeras bolillas de derecho constitucional y procesal, le refregó jurisprudencia y doctrina añosas, pero no sancionó su malicia. La ley no ampara el ejercicio abusivo de los derechos, pleitear con consciente mala fe es un ejemplo y las normas facultan a los sentenciantes a sancionar a quienes incurran en esas tropelías. Si no fue esta vez, podría ser para otros diputados que insistan en reclamos temerarios, tras la diáfana advertencia de ayer.

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La ley de medios seguirá siendo un ítem central de la agenda, aunque se han obturado ciertas vías berretas. Subsistirán para el análisis de la Corte, que (como cuadra) nada dijo sobre esas causas, reclamos de los interesados directos, referidos a puntos más acotados de la norma. San Luis llevó una pretensión a la Corte, el Grupo Clarín tiene rolando otras. Las corporaciones suponen que su punto más fuerte es el cuestionamiento al plazo de desinversión. Aseguran que es exiguo y los fuerza a una venta por precio vil. Dado que de medidas cautelares se trata, es muy improbable y heterodoxo que se abra a prueba la argumentación. Así que, quien sentencie, deberá hacerlo a ojímetro y tomando distancia para no dejarse seducir por la sencillez del razonamiento. ¿Por qué sería corto el lapso fijado? ¿Qué determina que un término más extenso posibilite un mejor precio? ¿Por qué habrían de malvenderse, en un mercado competitivo, excitado y vivaz, bienes de alta cotización? El cronista no cree que las respuestas a esos interrogantes sean sencillas aunque puedan parecerlo en un vistazo distraído.

La Corte encarriló la cuestión, despejó su horizonte de demandas torpes y dejó todo el resto por hacerse. Entre tanto, vale la pena una observación: los opositores a la ley de medios no hacen ni ademán de reformarla por vía legislativa pese a haber mejorado su posición relativa en el Congreso. Nadie se atreve a volver atrás en la materia, que tiene antecedentes oprobiosos. Algunos espontáneos, como Thomas o Daher, quisieron ser operadores jurídicos de las corporaciones, su movida fue desbaratada.

Corridos de la escena los vasallos, tomarán la rienda de la puja jurídica los señores, los poderes fácticos.

mwainfeld@pagina12.com.ar

Orlando Barone: La corneta negra no se calla



¿Qué ruido es más insano en una cancha de fútbol, el que producen los bombos, las matracas, la rechifla, los pedorreos o las vuvuzelas? La anecdótica discusión sobre el batifondo que arman las cornetas sudafricanas-parte coreográfica y musical de sus hinchadas-se incluye ya en la cultura popular futbolera. En esa cultura participan los que putean a toda voz al lado del oído de uno, los que inflan condones y los lanzan al viento para que revienten en la cara de un distrado, los que ponen la radio a todo volumen en el asiento de al lado y mastican pochoclo, los que desparraman el café caliente sin mirar a quien queman, los vendedores ambulantes que cargados con una mochila de vasos de gaseosas al tope pisan los pies de los que están en la tribuna, y los que se sacan la camisa y con el cuerpo sudado y sin desodorante se pegan cada vez más al lado de uno. Pero ahora el mal de las canchas pasa por las cornetas. Las negras oriundas de Sudáfrica. Si se hojean las referencias básicas se sabrá que vuvuzela es un término zulú que presumiblemente viene de la palabra vuvu que significa hacer ruido. Suele estar hecha de plástico, y el sonido que produce es similar al barritar de un elefante o al zumbido de una abeja. Originalmente se fabricaban con estaño y ya en 1978, para el Mundial de Argentina, se popularizó esta en material plástico que resultó más barato y accesible para el público. La vuvuzela está bastante extendida en el fútbol sudafricano, donde es frecuente ver a los seguidores con bocinas personalizadas. Sin embargo, su uso a nivel internacional es bastante más controvertido. La FIFA llegó a plantear su prohibición alegando la posibilidad de que pudieran ser usadas como un arma Últimamente las cadenas de radio y televisión solicitaron al organismo mundial la prohibición de las vuvuzelas al considerarlas demasiado molestas y perjudiciales para la retransmisión de los encuentros, algo que también hicieron algunos jugadores y entrenadores Incluso, un estudio ha concluido que pueden ocasionar serios daños al aparato auditivo A modo de comparación, el motor de un avión en marcha al momento de despegar genera una intensidad de 130 decibeles y una vuvuzela alcanza 127 aunque si el soplador es corpulento y sopla como soplaba Louis Amstrong la trompeta aumenta considerablemente. Tantos remilgos auditivos no parecen coherentes con una civilización tan ruidosa que en los megaconciertos de rock o en los atascos de tránsito a bocinazos plenos seguramente multiplica el barullo de las cornetas. Tengo varias moralejas o sentencias para este cuento de alboroto. Una, que cuando el juego se hace aburrido la vuvuzela divierte. Otra, que a veces entre el desaforado relator de fútbol y la corneta , la corneta es un alivio. Y la última es que el fútbol es tan afín al ruido ,al barullo y al quilombo como el fuego a la leña.

Orlando Barone
Carta abierta leída por Orlando Barone el 15 de Junio de 2010 en Radio del Plata.
http://www.orlandobarone.blogspot.com/

Virginia Edit Perrone: Trazos Poéticos soltados por relatores de Fútbol. TV Pública.



Para encontrar Poesía a veces alcanza con escuchar.
Trazos Poéticos soltados por Relatores de Fútbol. TV Pública.



“Presiona sobre la pérdida, gana sobre lo que antes a él le robaron.”

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“Tiene que ser un apoyo, no una baraja defensiva.”

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“Hay fútbol, juega, baila.”

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“Era el abrazo interminable.”

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“Los imagino allá, con el corazón pegado al equipo.”

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“Allí está la fiesta Argentina, aquí.”

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“Arranca la nuestra, el potrero.”

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“Hay tiempo para los Heroicos.”

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“Cuando se trata de razonar, de intuir, la altura es ni siquiera un complemento.”

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“El buen buen jugador juega en el cuerpo del otro.”

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“Iba avanzando con sus precariedades a cuestas.”

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“La posición del arquero siempre juega en la cornisa.”

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“Cuando se autogestiona la derrota te queda en el cuerpo la destrucción.”

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“Hay maneras y maneras de perder.”

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“Perdió por errores propios, y esa es una lastimadura difícil de llevar.”

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Ilusionarte triunfo invita a la esperanza.

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Virginia Edit Perrone
http://virginiaperrone.blogspot.com/

Cristina Villanueva: Escritos en el Jardín



Madres

Ellas escriben en el cuaderno de la Plaza.Eran tiempos tan feroces que daba miedo todo, hasta mirarlas.Ellas escriben solas con pasos como círculos implacables.
Quien quiera leer que lea


Flores

Las flores me miran desde la ventana cuando preparo el café. La lluvia les puso un vestido de gotas. Contentas con la lluvia y con el lugar en que las ubiqué, una regadera azul. Están intercambiando aromas con las otras habitantes del jardín. O quizá cuenten algo. Termino el café y las voy a escuchar.

¿Aleph sonoro? Guardan un íntimo secreto, una historia de sabios pétalos desplegados en harenes. Harenes donde la única tarea es el roce de la flor con el cuerpo, una anticipación del paraíso
Harenes donde vuelcan su jugo sensorial en la garganta de la que cuenta. Harenes donde la flor penetra la boca. Se vuelca, se transforma en palabras, habla, ella se salva.

Anda ahora las calles, sabores de mercado, hace compras, puso la flor cerca del alma, se mezclan en su cabeza los alimentos en la fiesta de Babette imaginada. Adentro de la blusa la flor, se mueve al respirar, sueña la mesa tendida, manteles blancos donde ella reinará, un rosa girando al rojo, abierta hacia el cielo, creciendo.

Sale del comedor, de la cocina, de los almohadones en el piso del harén, bordados relieves .La flor se mezcla con los libros, los cafés, las discusiones, el diseño de otro posible mundo.

La flor manifiesta, a veces sangre.

Se acerca al río.El río no tiene sirenas ni endriagos
alguién viene de arrojar su flor, se abrazan llorando, el llanto es hondo, tan hondo como el rio, como el dolor, como los cuerpos que quedaron allí separados del nombre.
Cada lucha contiene la fuerza de la vida que no termina de ser abatida con la muerte.

Esas obreras quemadas en la fábrica, hermanas de ayer...pidiendo pan y rosas.

Flores en la cabeza , por dentro, animando la belleza de pensar lo nuevo, lo que casi no se puede.

Flores en el cuerpo, caricia, perfumes, flores como manos, como lápices para escribir con los tallos.

Para bien venir a los niños cuando llegan al mundo, para acompañar a los que se van, para honrar a los buscadores de justicia.

Flores, un lenguaje...


Caos

Caos- infancia--mar- exilio, arman el regazo
La belleza intrusiva de las naranjas penetra
Por el vacío de la ventana abierta se alza la memoria
Sin ausencia no hay poesía


El jardín de las delicias

A veces, en la hora del descanso de los zapatitos;
los fragmentos deconstruidos del día,
más polvo de cuerno de rinoceronte blanco,
reescenifican las puertas del cuerpo
y al jardín.


Utopía

Una haciendose mujer, no naciendo. Cabeza erizada de preguntas, polleras indómitas, los pechos siguiendo las lecturas como dedos,. Una siempre buscando su propia lengua en la ajena. Internándose en el amor a primera lectura, en esa isla de utopìa, donde íbamos a encontrarnos
en una fiesta y fue no. ¿En algún lugar del cuerpo, del tiempo, del espacio ha sido si? Un sí que todo lo que siguió no puedo destruir. Aunque nadie lo
sepa, aunque una tampoco lo sepa.
Aquí se quedan la entrañable trascendencia de tantas queridas presencias, reales y de cuento. Prendidas hacia adentro, cuerpo adentro, ardiendo, deseando. Isla que no está en ningún lugar y mueve la sangre con fuerza.de lujuria

Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

Diana Coblier: ¿Qué implica tener una Presidenta mujer?



Por Diana Coblier *

Con la presencia de casi doscientas personas, la Comisión de la Mujer de Carta Abierta realizó un panel sobre el tema “Presidenta Mujer”, intentando develar las dificultades propias del género que sufren las mujeres cuando acceden a cargos de relevancia.

La presidenta Cristina Fernández al denominarse presidenta –y no el masculino presidente– produjo importantes efectos. Su uso del término presidenta obligó a todo el país a pensar en el tema del lenguaje y, aunque hay quienes se proclaman en contra del término presidenta, ya quedó instalado que el lenguaje sexista oculta a la mujer.

En el encuentro habló Horacio González, en su carácter de cofundador del Espacio Carta Abierta, quien, entre otros temas, habló del lenguaje diciendo que el femenino o el masculino generan cambios en la organización del sentido del habla. Y subrayó los efectos que producen el lenguaje y el idioma por tratarse de un poder dominador invisible. Por su parte, el actor Arturo Bonin se declaró orgulloso de lo bien que nos representa la Presidenta en el mundo contando que sus parientes españoles le dicen “Pasó por acá el huracán Cristina”.

A pesar de la valorización del avance lingüístico, también estuvieron claras las deudas pendientes: la diputada de la ciudad de Buenos Aires María José Lubertino explicitó que son muchas las luchas que nos restan a las mujeres, a pesar de esta incipiente primavera de lucir con orgullo a nuestra Presidenta. Posteriormente, la diputada nacional Diana Conti señaló lo difícil que es para la oposición aceptar que quien nos gobierna sea una mujer hermosa, inteligente y que tiene todos los atributos que corresponden a su rango presidencial.

La última participación estuvo a cargo de la ministra de Defensa, Nilda Garré, quien contó varias anécdotas tanto de cuestiones intrínsecas a su gestión como referidas a la Presidenta. Garré generó un clima de confianza con el público que permitió un intercambio enriquecedor y varias veces fue interrumpida con fuertes aplausos. También expresó las dificultades que ella misma afrontó en sus inicios al frente del Ministerio de Defensa, dada la profunda tradición patriarcal de las Fuerzas Armadas. Y relató las reformas introducidas durante su gestión. Se refirió además a situaciones vividas junto a la Presidenta, ambas mujeres en ejercicio de roles que durante años sólo fueron desempeñados por varones.

El balance de la charla fue que todos los ataques políticos y mediáticos que se realizan contra la Presidenta llevan –de manera explícita o implícita– el argumento de género. Y que, por eso, la Comisión de la Mujer de Carta Abierta tiene prevista la realización de dos paneles más para el presente año.


* Coordinadora del Panel “Presidenta Mujer”, presidenta de Fundación Tehuelche y co-coordinadora de Mujeres Carta Abierta.
Más información: http://www.fundaciontehuelche.com.ar/

A favor del matrimonio entre católicos



El texto que publicamos a continuación nos fue enviado por una de nuestras lectoras. Según ella lo recibió por correo electrónico como uno de esos tantos mensajes que andan cireculando permanentemente por la red. Como éste le pareció muy interesante nos lo reenvió y aquí lo reproducimos. Por supuesto, como es habitual, en todo este tipo de mensajes, se desconoce al autor del mismo.

Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de caracter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.

Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestrucuturadas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familas católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".

Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor problabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.

Se desconoce el autor
(Al menos por ahora)

Psicosis, 50 años: la escuela del cine de terror



Por Oti Rodríguez Marchante

El cine de terror no se entendería sin «Psicosis», una de las más célebres películas de Hitchcock –también de las más imitadas-. Ha sido exprimida hasta el último fotograma, pero no por eso deja de inquietarnos cada vez que la vemos. El filme, elevado ya a la categoría de clásico, cumple su primer medio siglo de vida. Alfred Hitchcock es un «tema» en sí mismo, y se ha escrito sobre él tanto como sobre el amor, la venganza, el miedo o los celos; y a su película más celebrada, Psicosis, se le han dedicado más horas de estudio y reflexión que a la sonrisa de la Gioconda. No hay plano, momento ni intención en Psicosis que no haya sido taladrado de mil modos y exprimido hasta la última gota de su ser. Consecuencia: no hay preguntas por responder en el interior de esta película, todo ha sido desmenuzado, paladeado, explicado y digerido, y acaso el único misterio que aún le quede dentro sea ése tan asombroso e inexplicable de que uno la vuelve a ver y lo desmenuzado toma un nuevo cuerpo, lo paladeado un nuevo sabor, lo explicado un nuevo sentido y lo digerido unos nuevos fermentos narrativos.
Todo en Psicosis es insólito, inaugural, arriesgado, desde ese elocuente plano inicial de toda la ciudad de Phoenix que emboca en una ventana y de allí a su interior, donde una pareja hace el amor a las tres menos diecisiete minutos de la tarde (¡cuánto dice de la relación clandestina de una pareja la hora en que se citan!), hasta el ingobernable hecho de que la estrella (Janet Leigh) muera al rato de comenzar la película en una ducha de un motel de carretera.
Nunca el cine había jugado de ese modo con el espectador: se le implica en la huida de la protagonista, que acaba de robar cuarenta mil dólares, se le ensimisma en la intriga de si la atrapan en mitad de su escapada, se le preocupa ante la idea de que ella, arrepentida, intentará volver para solucionar el desfalco... Y de repente, la tremenda escena de la ducha, el elemento purificador que sugiere su deseo de limpieza, de arrepentimiento, de vuelta a la ciudad para devolver el dinero y reparar su desfalco...; pero todo se va por el desagüe de esa ducha dejándole al sorprendido espectador la inexplicable sensación de que la película se le ha acabado ya, de que es un avión estrellado imposible de que remonte el vuelo. Pero Psicosis se inaugura de nuevo a partir de ahí; de hecho, es una película tan inaugural que lo inaugura todo, incluso ese axioma irrevocable de que el público intenta siempre anticiparse a lo que va a ocurrir. Es imposible ir un paso por delante de Psicosis.
Todo lo que ha aprendido el cine de terror en los cincuenta últimos años, está en esta película de Hitchcock: la sorpresa, la mirada torva, el susto, la alternancia de «simpatía» hacia los personajes (primero ella, y luego el tarado Norman Bates, la hermana, el policía...), el travestismo, la doble personalidad, el caserón... Incluso aprendió, el género de terror que se hizo a partir de entonces, algo que lo acabará matando: la recaída y las secuelas deleznables.
Y no es casual que Hitchcock hiciera esta película («Mi experiencia más apasionante como juego con el público», según le confesó años más tarde a Truffaut en el libro El cine según Hitchcock) justo después de Vértigo y Con la muerte en los talones, otros dos títulos esenciales de su filmografía que proyectaron su propio juego de equívocos sobre el esqueleto de la trama de Psicosis; es decir, que en Vértigo se subrayaba la idea de que la estrella (Kim Novak) moría pero «vivía», y en Con la muerte en los talones es el protagonista, Cary Grant, quien muere falsamente por el disparo de Eva Marie-Saint, lo que por lógica le lleva a uno a pensar que en Psicosis lo vuelve a hacer y que, tras el vacío del asesinato en la ducha, de algún modo se recuperará para la historia a la estrella, Janet Leigh.
No sólo tal cosa no ocurre, contraviniendo todas las leyes de Hollywood, sino que, además, Hitchcock aprovecha para darle «su merecido» a Vera Miles, en el papel de la hermana (y sustituta en la trama), relegada aquí a un personaje de recuelo, de apariencia vulgar y ya sin gas dentro del ánimo del espectador.
Ese «su merecido» era el pago que el maquiavélico Hitchcock le devolvía tras su «espantada» de Vértigo, pues, según él, le dejó plantado en esa película por la absurda circunstancia de que se quedó embarazada. Y aunque, luego, resultó que Kim Novak había nacido para ser la gélida Madeleine, el director nunca se lo perdonó a la que fue su estrella en Falso culpable.

De los miles de estudios y análisis que de Psicosis se han hecho a lo largo de estos cincuenta años, en los que, como ya digo, se ha desmenuzado hasta el más tenue e intrascendente de sus detalles, desde el sujetador de Janet Leigh en la primera escena hasta el aspecto del policía que la detiene en su fuga, siempre se teoriza y se despliega su efecto sobre la hipótesis de un espectador que la ve por primera vez, pero lo curioso, lo asombroso de esta película, es que lo enfermizo y mórbido de su argumento funciona con una intensidad aún mayor en las sucesivas veces que alguien se enfrenta a ella en una pantalla. O dicho de otro modo: la secuencia de la ducha (siete días de rodaje y setenta posiciones de cámara para lograr el zumo de cuarenta y cinco segundos de película) es inesperada la primera vez que se ve; es aguardada y angustiosa, la segunda; es aterradora, la tercera, y brillante y brutal a partir de ahí.Con lo cual, Hitchcock inauguraba con esta película también algo contradictorio: una historia de intriga que no depende exclusivamente de ella, que redobla su efecto tras ser revelada. No le resta ni impacto ni terror el hecho de conocer la identidad de la madre de Norman Bates, sino que convierte la trama en aún más tortuosa, más terrorífica, cuando se percibe el impulso patológico del personaje. Es decir, el sobresalto pasa a ser pavor, puro canguelo.
Lamentablemente para el séptimo arte, Psicosis se ha visto torpemente reproducida en secuelas sin vida, pero lo sugerente de verdad hubiera sido que alguien (y mejor que nadie, Hitchcock) reparara en las posibilidades de esa historia para hacer una segunda parte al estilo Coppola y El padrino, o sea, un sorprendente salto atrás para contarnos la vida, muerte y milagros de ese caserón –y de ese motel– cuando vivían en él una madre autoritaria y lacerante con un niño que disecaba búhos y hacía agujeros en la pared para mirar a los clientes. Y no vale el pastiche que en 1990 hizo Micke Garris con una caricatura de Anthony Perkins. De haber caído Hitchcock en ese detalle del salto atrás, Psicosis también hubiera inaugurado las precuelas.

Oti Rodríguez Marchante
Fuente: http://www.abc.es/20100604/cultura-/abcd-201006041700.html

Emir armando a Maradona



Todos los Diegos posibles confluyen en este film que llega aquí a dos años de su estreno en Cannes. El ídolo, el santo y el ángel caído se suman a las propias peripecias del realizador de Underground en busca de la esencia maradoniana.

Por Horacio Bernades

Tarde, pero oportuno. Con intención de filmar un documental sobre Diego Maradona, Emir Kusturica pisó por primera vez Ezeiza en 2005, en momentos en que el actual técnico de la Selección entraba y salía de clínicas de rehabilitación, no sólo para practicarse aquel famoso cinturón gástrico. Los tumbos del astro durante el período no facilitaron el rodaje, con lo cual Maradona by Kusturica terminó estrenándose en Cannes tres años más tarde. A partir de allí el documental del cineasta bosnio se desvaneció de la atención pública, llegando al punto de no estrenarse en salas de cine en Argentina. Lo cual es al menos curioso, tratándose de quien(es) se trataba. Ahora, en el preciso instante en que la Selección del Pibe inicia su participación en el Mundial de Sudáfrica, el sello AVH lanza finalmente en DVD Maradona por Kusturica.
Maradona por Kusturica podría llamarse también Maradona con Kusturica, Kusturica sin Maradona y hasta Santa Maradona, como el tema de Manu Chao. Maradona por Kusturica, porque a lo largo de los 90 minutos de metraje el realizador de Underground multiplica los intentos de armar un Maradona, a partir de todos los Maradonas posibles. Kusturica compara al 10 con Falstaff (por el peso y volumen adquiridos a fines de los ‘90), con un personaje de Sergio Leone o de Sam Peckinpah (“de los que huelen a revolución y a pólvora”), con los Sex Pistols (por su condición de punk en pantaloncitos), con el héroe sumerio Gilgamesh (mito entre los hombres) y, desde ya, con los protagonistas de casi todas las películas del propio Kusturica, por su tendencia al ruido y la furia. Maradona con Kusturica, porque tras infinidad de gambetas el realizador bosnio logra que Diego se siente frente a él, para una entrevista que intercala a lo largo del metraje. Y hasta lo lleva a Sarajevo, donde se da el gusto de jugar un cabeza con él.
Kusturica sin Maradona, por esos tiempos de espera, en los que el cineasta de nombre internacional debe someterse a la Suma Voluntad de Su Alteza Imprevisible (momentos que constituyen lo más fuerte y original del documental). Santa Maradona, finalmente, porque Kusturica rinde cuentas del culto mientras se rinde a él. Las estaciones del culto incluyen al Diego-ídolo, que putea en el palco de la Bombonera como un hincha más. El Diego político, que manifiesta contra la visita de Bush (“un asesino”) y contra Joâo Havelange, además de cantar la gloria de Fidel y probarse, en Cuba, su gorrita verde. El Diego-héroe popular, que en su regreso a Nápoles genera un caos de órdago. El Diego-showman, cantando Maradó junto a Los Piojos. El Diego-santo, consagrado en los desternillantes ritos y ceremonias de la inspiradísima Iglesia Maradoniana. Y está el Diego-ángel caído y resurrecto, perdiendo kilos y saliendo de la rehabilitación.
El que Kusturica no llegó a filmar fue Diego Chupala. Otra vez será.

Horacio Bernardes
http://www.pagina12.com.ar/

Cine: El escritor oculto



EL ESCRITOR OCULTO
(The Ghost Writer, 2010)
Dirección: Roman Polanski. Guión: Robert Harris y Roman Polanski., sobre la novela The Ghost, del primero. Fotografía: Pawel Edelman. Música: Alexandre Desplat. Intérpretes: Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Olivia Williams, Tom Wilkinson, Kim Catrall, Timothy Hutton, Eli Wallach y James Belushi. País: Francia, Alemania y Gran Bretaña.

Por Germán Cáceres

Aunque se trata de un thiller en estado puro, responde a los climas opresivos y perturbadores a que nos tiene acostumbrados el genial director polaco, como en Repulsión (1965), Cul de sac (1966), El bebé de Rosemary (1968) y El inquilino (1976), entre muchos otros grandes títulos.

Las primeras imágenes dan cuenta de una muerte supuestamente accidental, de la que enseguida se sospecha que puede tratarse de un asesinato. El cadáver —un ahogado que aparece en una playa— es el ghost writer que estaba escribiendo las memorias de Adam Lang (uno de los mejores trabajos de Pierce Brosnan), ex primer ministro británico, complicado por una acusación de torturas en Irak (la alusión a Tony Blair es evidente). Otro escritor fantasma (está a cargo de un notable Ewan McGregor) ocupa su lugar. Se recuerda que casi todas las celebridades recurren a este tipo de profesionales para que les escriban sus libros. No es algo nuevo, sino que Alejandro Dumas se aprovechó de esta estrategia editorial, y muchos de sus textos se deben a Auguste Maquet, aunque el autor de Los tres mosqueteros realizara la revisión final.

Un gran mérito de Polanski es enganchar desde las secuencias iniciales al espectador, que sigue como hipnotizado las alternativas de esta trama llena de sorpresas en la que la sombra del primer ghost writer sobrevuela toda la película como una señal del destino fatal que le puede esperar a su reemplazante. El clima de amenaza está también presente en la realidad contemporánea que registra El escritor oculto: la alta y sofisticada tecnología desplegada (alarmas, cámaras ocultas) en torno a la seguridad cotidiana. Además, señala que los guardaespaldas ocupan una importancia cada vez más determinante en el ámbito político y empresarial.

Hay una lección de cine por parte de Polanski, que narra evitando explicaciones para mostrar a los personajes en acción. El sonido fuera de cuadro está explotado al máximo, así como la funcionalidad de la música de Alexandre Desplat. Continuas elipsis, ángulos expresivos y un montaje que privilegia la narración crean un suspenso digno del mejor Hitchcock.

Muy ajustadas las actuaciones de Olivia Williams y Kim Catrall, como la esposa y la secretaria privada de Lang, respectivamente, e impecable Tom Wilkinson en su logradísimo personaje del profesor de Yale. Está estupendo Eli Wallach en su papel de anciano, y su interpretación resulta emotiva y nostálgica porque muchos años atrás fue el lascivo seductor de Caroll Baker en Baby Doll (1956).

El escritor oculto obtuvo el Oso de Plata en el Festival Internacional de Berlín. Se aconseja comprar la novela El poder en la sombra (The Ghost), del coguionista Robert Harris, guardarla hasta olvidar los detalles de esta historia, y entonces leerla de un tirón, para así volver a gozar este cautivante filme.

Germán Cáceres

Teatro: Ñok, de Pepe Márquez



ÑOK
Autor y director: Pepe Márquez. Titiriteros: Pedro De Simone, Alejandro Szadurski y Lucas Díaz. Vestuario y realización de muñecos de tela: Marcela Vilariño y Pamela Arroyo. Escenografía: Norman Gagliard. Luces: Jorge Leyba. Coreografía: Pedro de Simone, Rodrigo Lico Lorente y Lucas Díaz. Muñecos de narraciones: Mariano Rodríguez. Música original: Mariano (Gato) Rodríguez y Fabio De Simone. Estudio de grabación: Supervos. Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, Cap. Fed. Sala Raúl González Tuñón. Sábados y domingos a las 16 horas.

Por Germán Cáceres

Si bien se trata de una obra para niños, también la podrán gozar los adultos aunque no vayan acompañados por chicos, ya que ofrece una puesta en escena digna de estudio.

La historia es simplísima: el padre le comenta a su hijo Ñok (ambos son neandertales) acerca de un lugar lejano en donde abunda la comida. Emprenden esa marcha durante la cual se topan con animales que luchan por su alimento y se hacen amigos de un simpático perro. Por último, arriban a esa especie de paraíso terrenal.

Lo curioso es que padre e hijo dialogan en neandertal, es decir emitiendo sonidos guturales, llegando así al habla universal tan soñada, ya que la trama se comprende perfectamente.

Es un hallazgo el diseño de los pequeños muñecos (de Marcela Vilariño y Pamela Arroyo), que apenas llegan a las rodillas de los tres titiriteros enfundados de gris y cuyos cuerpos se confunden con la oscuridad de la escenografía. La labor de este trío (Pedro De Simone, Alejandro Szadurski y Lucas Díaz) revela un profesionalismo ejemplar, así como una preparación física exhaustiva para poder manipular los muñecos con tanta precisión y naturalidad. Sus voces, además, dan la sensación de que provienen de Ñok y de su papá.

La dirección de Pepe Márquez (teatrista, pintor y diseñador gráfico) apela a la estética del teatro negro por la sabia utilización de luces (magistral Jorge Leyba) en un escenario oscuro que presenta sólo cortinas (hermoso trabajo de Norman Gagliard). La música de Mariano (Gato) Rodríguez y Fabio De Simone remite alegremente al pleistoceno por su apelación a una percusión de exquisita y contundente sonoridad.

Otro acierto es la utilización de sillas con figuras de papel que representan animales (de Mariano Rodríguez), que se deslizan sobre tres sillas complementando el relato, algo que remite al kamashibai japonés (narración oral con dibujos), en la cual Pepé Márquez seguramente se inspiró.

Este grupo teatral se llama Cacahuate —su anterior producción fue Mundus Trucus, en 2002—, que además es una editorial que ya publicó nueve libros infantiles.

Germán Cáceres

Libros: El Acorazado Potemkin en los mares argentinos, de Horaciuo González



ISBN 978-950-563-973-1 • $37,00 • 160 PÁGINAS • EDICIONES COLIHUE • COLECCIÓN: PUÑALADAS

Basado en el género de "recordar lo que se ha leído", Horacio González inquiere por la suerte de los libros celebratorios del Centenario -1910-, y escribe el suyo, preguntándose por algunos temas que flotan en las conversaciones habituales: ¿cómo recordar las recientes militancias?, ¿hay una secreta noción de decadencia nacional?, ¿la actividad de lector está en peligro?, ¿tienen sentido las autobiografías? Precisamente, al comentar algunas de ellas, el autor de este libro dirige su interés hacia el modo en que las oscuras astillas brotan de la memoria personal, autobiográfica, cuando se perciben nuevamente las rendijas abiertas de la historia. Se examinan escritos de Lugones, Rojas, Halperín Donghi, Sebreli, Viñas, Rozitchner, Saer, Piglia, pensando en cómo la figura del militante o del profesor fue recogida en ellos. Mientras tanto, el mitológico acorazado Potemkin navega por las aguas de estos escritos, dejando la estela de su silueta severa: quizás reclama que toda interpretación acepte recoger, de los lugares más inesperados, los pedazos en que pudo lacerarse una pasión política.

Horacio González. Sociólogo, docente, investigador y ensayista, nació en Buenos Aires en 1944. Es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (1970) y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de San Pablo, Brasil (1992). Se ha dedicado a la docencia en universidades del país y el exterior desde 1968. Actualmente se desempeña, además, como director de la Biblioteca Nacional. Entre sus obras más importantes se encuentran: Arlt. Política y locura (1996); Restos pampeanos. Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX (1999); Retórica y locura. Para una teoría de la cultura argentina (2002); Perón. Reflejos de una vida (2008) y El arte de viajar en taxi. Aguafuertes pasajeras (2009).


Prólogo del libro:

Decido escribir un libro sobre la actualidad argentina, pero percibo de inmediato que se escapan las condiciones necesarias para hacerlo. ¿Cuáles serían estas? Un puñado de ideas aguerridas, habilitación cabal de nuestra autoconciencia, elaborada argumentación, serenidad reflexiva y sobre todo la facultad de demostrar palpablemente algo escurridizo: la pasión política como señora del juicio intelectual y moral, como reina de la crítica.
No es que no haya algo de eso. Siempre creemos, imprudentes, que están nuestros anaqueles preparados. Pero quizás la experiencia subyacente, la verdadera, está encerrada en un ánfora que no deja escapar nada sin entremezclas ni deformidades. El material utilizable sale a la manera de una memoria desconcertada, que se atropella a sí misma. Opto entonces por ser fiel a ese trastorno. Escribo sobre un trasfondo histórico, pero visto a través de una experiencia lectora muy heterogénea. Se me aparecen unas imágenes del pasado militante jaspeadas por libros que fueron surgiendo de improviso. Como si los libros fueran los “entes vivientes” de los que hablara Gramsci. Mal leímos en la universidad y recién ahora, sin plan establecido, leemos con la verdadera zozobra del lector clásico. Finalmente aparecen sin que se los reclame los cimientos de una biografía en las jornadas oscuras en que creíamos ser apenas lectores. Pero esos librejos eran absorbidos biográficamente, según el lugar, el tiempo y la edad en que eran leídos.
Con los libros leídos, sin ser librescos, puede escribirse una biografía. Pero tampoco escribí una biografía, para la que se necesitan las dotes especiales de un Martínez Estrada o de un Jauretche, que son autores eminentemente autobiográficos pero poseen el sortilegio que permite recubrir una vida en otras envolturas. En los trapos de las prédicas públicas y los llamados a los contemporáneos para que recreen su vínculo con los enigmas de la época. No obstante, un lector es una vida. Y creo que lo mismo valen un libro, como la reseña de ese mismo libro que alguna vez leímos, como una nota periodística, como la información en una etiqueta de un vino, como la publicidad en el subterráneo o como la pobre efemérides rememorativa que nos asalta repentinamente con un asunto calcinante o irresuelto del pasado. Sin duda, estoy siguiendo el viejo rastro de las historias intelectuales pero dispuesto a hacerlo bajo el imperio de lo meramente vivido, de la superficie agrietada de la existencia frente a la cual ni tenemos adquiridos derechos autobiográficos ni podemos sustituirla a ella por nada que pueda escribirse mejor con las consignas del ensayo.
Como prueba de que las piezas sueltas exigen un montaje, puse estas líneas bajo el amparo no de un héroe literario ni de un término de por sí fiel a lo que aquí se expresa, sino de un film, que es a la vez un objeto drásticamente comprensible y una reminiscencia artística y política del siglo que ha pasado. El acorazado Potemkin. Al verlo navegar por aguas argentinas, sé que acarreo las piezas de este libro hacia una zona inverosímil, pero también las dejo llevar por el soplo de lo inadvertido. Cuando una maquinaria extraña cruza lo que admitimos como familiar y propio, siempre podremos tener la suerte de percibir más de lo que nos correspondía. Arriesgo definir una forma de la dicha: percatarse alguna vez que recibimos más de lo que nos incumbía. Horacio González

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Flavia Revagliatti y sus últimos videos en la Red

En la cuenta (o como se dice en la jerga: canal) http://www.youtube.com/user/rolandorevagliatti
contamos con más de 150 producciones propias. En su momento realizaremos una Reseña de las mismas. Mientras, apenas una comunicación que tienda a dar a conocer cuáles son los últimos videos disponibles: de textos de los poemarios “Ripio”, “Obras completas en verso hasta acá” y “Leo y escribo” recitados por su autor, R. R., en 1996, en el Ciclo “Poesía en Stevenson”, de la ciudad de Buenos Aires, trece videos diseñados y realizados con música e imágenes por Flavia Revagliatti.

De “Ripio”:
A Nicolás Olivari: http://www.youtube.com/watch?v=_eWZcFrh0E0&layer_token=8a44e322da3ea8ee
A Nicanor Parra: http://www.youtube.com/watch?v=hSbObjmmQJ4&layer_token=96f0d5fccc1941
A Manrique Fernández Moreno: http://www.youtube.com/watch?v=gAueNjChHJk&layer_token=cc806173e0333d
A Fernando Savater: http://www.youtube.com/watch?v=J4zvXVnEcXI&layer_token=cbcfe823a439d6e9
“Filosofías” y “Moriré: http://www.youtube.com/watch?v=ge2KIm9Eph4&layer_token=529ee4d1fdf69a2
“Martes 27-8-1996”: http://www.youtube.com/watch?v=yDkxePuUTgU&layer_token=9dc3dd5e9ee73

De “Obras completas en verso hasta acá”:
“De tango”: http://www.youtube.com/watch?v=LGlO8XI7D3k&layer_token=c89a007c28dfdc

De “Leo y escribo”:
“CRÓNICA DE UN INICIADO”: http://www.youtube.com/watch?v=5WgHhJZmKxs&layer_token=6e5e7647f78ae5ed
a partir de una novela de Abelardo Castillo.
“IVÁN, EL IMBÉCIL”: http://www.youtube.com/watch?v=tuOFYDqNiaI&layer_token=528e3ccf33b74b77
a partir de un cuento de León Tolstoi.
“POEMAS JOVIALES”: http://www.youtube.com/watch?v=LsTwwud996I&layer_token=b03782759e53db77
a partir de un poemario de Francisco Gandolfo.
“MAYO DE 1989 O EL HUMO”: http://www.youtube.com/watch?v=HIqd36jcHlE&layer_token=a145855a2c784d2
a partir de un poemario de Simón Esain.
“OTRA VUELTA DE TUERCA”: http://www.youtube.com/watch?v=HK0BmiFPU0k&layer_token=a2b984b8a9b532e3
a partir de una novela de Henry James.
“ELUCIDARIO”: http://www.youtube.com/watch?v=RhGb8P_AAyo&layer_token=986a4aa2ad3262d4
a partir de un poemario de Jorge Leonidas Escudero.

Conste, desde ya, nuestro agradecimiento a quienes puedan y quieran difundir esta información.

http://www.revagliatti.net
http://rolandorevagliatti.blogspot.com
http://www.youtube.com/user/rolandorevagliatti

Silvia Loustau: 3 Poemas



PALESTINA


donde nacen los goznes de la historia

lejos

sombrías centellas desangran

llantos en racimo

lejos

la muerte bisbisea detrás de cada hombre

vende huevos de serpiente

lejos

la vida arrodillada

escucha gatillar

la música del último laud.

Amigos: disparemos la palabra, lejos, que llegue, que despierte , que duela,
que despierte vida donde siembran muerte.






Cuando Buenos Aires fue Guernica

Cuando Buenos Aires fue Guernica


ovillos de odio

oscuros recodos de la muerte

creadores del miedo

dibujaron el rostro de Cancerbero en el cielo de Buenos Aires /

los traidores

los cobardes

escozor funerario del pueblo


no han sido lavados de su culpa


la esperaza no enmudece

nunca más metralla y grito en tus calles Buenos Aires/

empuñemos la memoria

ariete de la historia.


16 de junio 2010.-Año de Bicentenario
por mi pueblo ametrallado el 16 de Junio de 1955.




Mariposas Negras

texto onírico

Alguien apoyó su mano en mi hombro . No veo su rostro. Nos veo caminar por un pasadizo muy largo, muy oscuro. Todo cruje. Como el viento lejano del Pacífico.

Nos veo entrando en una estancia inmensa .Percibo olor a canelo quemado. A azufre. Los ventanales están tapados. En la oscuridad pisamos ramas muertas. En el centro de la habitación ha crecido un árbol, los gajos están secos y en ellos hay mariposas quietas. Marchitas. Algo brilla. Tarros de cristal llenos de mariposas, como pétalos lánguidos. Una tabla de arrayán donde una mariposa clavada aún aletea. Resiste.

Quiero gritar. Gritar. Un dedo se apoya sobre mis labios. Huele a ortigas. Una mano pone sobre mi pecho mariposas rojas. Mariposas negras. Quiero gritar. No grites dice la voz a mi lado, No grites. Todos morirán, como las mariposas. Clavados. Rojos y negros hundidos en el océano.

El ruido de una ola rompiendo sobre cristales astillados me despierta.

Grito. Grito en medio de la madrugada. Me siento en la cama, tomada de las rodillas lloro. De manera imparable lloro. Lloro por el canelo quemado, por el Oso, por Marga, por Traful, por. Lloro por las mariposas. Lloro, lloro, creo, también por nosotros. Descargo el corazón.

José me arrulla.

-Contame- murmura- contame, amor.

A las puertas del amanecer se reflejaron las mariposas negras.

( texto onírico perteneciente a una novela en work in progress)

Silvia Loustau
syllous@yahoo.com.ar
http://www.silvialoustau.blogspot.com/
Miembro de Poetas del Mundo

Myriam Arcerito: A veces



A veces presiento el cansancio

como un suspiro profundo

como una mirada sin rumbo

Lo presiento…

cual soledades de ayer/

de hoy/ de siempre/

obstinadas en quedarse

tras laberintos

que confunden el alma

Pero no quiero detenerme

…entonces

disfrazo de coraje

y aliento

cualquier atisbo

de desánimo/

asimilo desencantos

sin permitir la derrota

Quizá por esencia

a menudo

me embarco en renovadas musas

que alimentan metas:

las dibujo / las camino

Entre albas u ocasos

Y más allá de duelos o ausencias

…. Entonces

recreo viejos sueños

y los visto con trajes nuevos

Reverdezco la esperanza

la hago tan real

como el viento o la mar/

como fiel amiga

que palmea la espalda

justo cuando más la necesito

Y quedo a la luz de su amparo

ahí… cobijándome

de antiguas soledades empeñadas

…entonces/ ¡disfruto!

consciente

que habrán otros desafíos

e inesperados encantos

Y cabalgo desnuda de razones

por senderos de tesón

convencida de qué quiero

no obstante mis yerros

Segura que debo hacer

sin importar el éxito

Y/ a veces…

sin detenerme

en advenidas incertezas

o afectos perdidos/

me sumerjo

… entonces

en una pasión

embriagada de magia/

de vida

de un nuevo día.


Myriam Arcerito

Cristina Pailos: Antígona en la esquina de mi casa



Fue un domingo gris plomo en agosto de 1982. El frío era tan intenso que dolía y acentuaba la tristeza y rabia de tantos años. La ciudad parecía el patio de un penal. Muy poca gente en la calle y casi todas las persianas de los edificios permanecían bajas
La Guerra de Malvinas había terminado en junio y las banderas argentinas que habían ondeado en los balcones, se veía ahora sucias, enganchadas y solas Antes de cruzar la calle para ir al quiosco de la esquina me senté en un banco de la plaza seca , esas playas creadas por los urbanistas de la dictadura sin flores ni césped y bancos muy separados unos de otros para evitar que se rompiera aquello de que “el silencio es salud”, supongo. Seguí mirando las banderas hechas jirones por un rato. Quizás los habitantes de los edificios querían olvidar los accesos de patriotismo o nacionalismo espasmódico de los días de guerra cuando los medios repetían “estamos ganando” y ahora no las querían ni ver. ¡Que loco! como se dice ahora. Y así, se sumaba ahora otra generación perdida.
Pero fue la brabuconada final. El gobierno se debilitó y la voz de las Madres reverberaba con más potencia en todo el país. Algunas reclamaban la aparición con vida de sus hijos y otras, querían que se desenterraran las tumbas de los N.N que poblaban los cementerios. Entonces se ignoraba que los cadáveres podrían estar en cualquier parte, hasta en el fondo del río. Cualquiera fuera la posición de las madres, todas eran el coro de la tragedia.
Era casi mediodía y apuré el paso hacia el quiosco de la esquina antes de que cerraran. Un sol muy tenue parecía abrirse paso entre los nubarrones de frío pero no llegaba a calentar.
Siempre iba al quiosco de la griega con rechazo. Esa mujer grandota y autoritaria, de mirada hostil y desconfiada. Jamás una palabra amable. Todos los días una se sentía desconocida. Siempre seguía a los clientes con la mirada como si sólo esperara que la estafaran con el dinero o pudieran intentar llevarse algo del desordenado mostrador o por qué su presencia intimidaba de aquel modo. Lamentablemente era el quiosco más cercano y por eso el vecindario la aguantaba. Admito que alguna vez creí descubrir un esbozo de ternura y misterio en su mirada que me confundieron pero de inmediato me corregía: mejor no enternecerse con desconocidos tan raros. Por algo nadie la quería y ella no parecía conmoverse por nadie.
Al transponer la puerta, encontré lo que nunca hubiera esperado. Ella hablaba y hablaba y tres o cuatro clientes la escuchaban muy animados y cuando podían intercalaban algún comentario, porque ella no paraba nunca. Era la griega transfigurada.
Después de años y años estaba escuchando las voces espontáneas y sencillas de la calle comentando la situación del país ,criticando a la Junta, vomitando sensaciones de sangre y dolor.. No lo podía creer. Justamente ella. Nunca le pude expresar a la griega mi agradecimiento. Me había devuelto la imagen de seres humanos, no de zombis y ahora con un gesto me estaba incluyendo en esa especie de ágora en que se había convertido el boliche. Escuché sin interrumpir. Era fascinante
- Es una realidad de mierda. Todo el país sometido a hijos de puta que pueden hacer lo que quieran con la vida y el pensamiento de la gente. La pucha que es pesado vivir desconfiando porque nos transformando en ovejas o delatores. Que se yo…mierda.
Y mientras más se enfurecía, más fluían las malas palabras. Por momentos sus ojos se humedecían, asomaba una sonrisa tierna y se volvía a endurecer. Alzaba su mirada hacia lo alto clamando justicia en actitud entre religiosa y teatral pero seguía.
-Esto de las madres desesperadas queriendo desenterrar cadáveres para ver si entre ellos están sus hijos es muy doloroso y me hace recordar a una obra de teatro que vi en Grecia, mi país, en uno de los viajes que hice. Fui con una sobrina a uno de esos teatros viejos, viejísimos que hay allá, y bastante rotos, la verdad sea dicha.
La obra era sobre algo que pasó hace mucho tiempo en mi país. Una chica estaba desesperada por enterrar a su hermano, que había participado en una guerra, que se yo, pero que el dictador de mierda que gobernaba entonces no quería. Era un hijo de puta como estos generales que tenemos aquí. Quería que se pudriera al sol. ¡Que valiente esa chica! A ella no le importó que la castigaran ¡Como me gustaría que ustedes pudieran ver esa obra! No me acuerdo como se llamaba pero no creo que aquí la den. ¡Pobre chica! ¡Cómo lloré! Su hermana era una cagona que trataba de desanimarla pero la chica no se dejó influir. Y tenía razón porque para nosotros, por la religión ortodoxa tenemos la obligación de enterrar a nuestros muertos.
La griega no tenía noticias de que había hecho aparecer a Antígona en una versión espontánea fantástica. Una verdadera epifanía para tiempos de tragedia. Yo estaba muda y apasionada escuchando su relato.
– La valentía es la misma, sólo que la chica de la obra que les cuento quería enterrar y las madres de Plaza de Mayo quieren desenterrar
o que les devuelvan sus hijos con vida, y la hijaéputez de los mandamás también es la misma.¡Por qué tienen que suceder estas desgracias en todas partes y en todos los tiempos! porque eso que se mostraba en la obra de teatro ocurrió de verdad en mi país.
Y cuando el corrillo se estaba disolviendo, agregó: Como griega me emputece tener entre nosotros a un descendiente de paisanos que salió monstruo: el mierda de Cristino Nicolaides.. Tienen que pagar por lo que han hecho.

*Cristino Nicolaides fue Jefe del Ejército e integrante de la cuarta Junta entre 1982 y 1983

Cristina Pailos, luego de varios años porteños reside nuevamente en Mar del Plata.
Fuente: Blog de Silvia Loustau
http://silvialoustau.blogspot.com/2010/04/antigona-en-la-esquina-de-mi-casa-por.html

Alfredo Di Bernardo: Nosotros, los intolerantes



El lugar donde nacemos y crecemos, la composición de nuestra familia, el tipo de educación que recibimos, nuestra pertenencia a un grupo social, nuestra adhesión o no a una religión, los contratiempos que atravesamos a lo largo de la vida y hasta el equipo de fútbol del que nos hacemos hinchas van moldeando en cada uno de nosotros una singular manera de ver el mundo e interpretar la realidad. Tan complejas y diversas son las combinaciones de estos factores, que bien puede decirse que hay tantas miradas posibles sobre el mundo como sujetos que lo miran. Sin embargo, paradójicamente, tendemos a comportarnos como si tamaña diversidad de perspectivas no existiera. Muy por el contrario, nos pasamos la mayor parte de nuestra vida encallados en la indiscutida creencia de que las cosas son tal como nosotros las vemos, sin cuestionar jamás esa mirada.

¿De dónde nace esta soberbia de pensar que la única manera válida de ver la realidad es la nuestra? Supongo que del miedo. El miedo inconsciente a que nuestra visión del mundo no resista una evidencia en contrario y entonces las certezas que tenemos se derrumben. El miedo a la duda esencial y a la inseguridad que ésta trae aparejada. El miedo a vivir a tientas, pisando sobre arenas movedizas. El miedo a la incomodidad de asumir que, en realidad, es muy poco lo que sabemos y entendemos.

Lo cierto es que de esta soberbia surge una dinámica perversa en nuestra relación con "el otro", es decir, con aquel que manifiesta poseer una visión del mundo que se contrapone a la nuestra. La irrupción del disenso nos irrita y, casi por instinto, buscamos cancelarlo. Para ser intolerante, al fin de cuentas, no se necesita transformarse en genocida, ni enrolarse en el Ku Kux Klan, ni actuar como barrabravas descontrolados. La intolerancia se cuela en nuestros pequeños actos cotidianos, mimetizada con la naturalidad de la costumbre. Menospreciamos esas otras miradas posibles, las descalificamos con indignacion. "¡Pero este tipo está loco!", "¡Qué manga de ignorantes!", "¡Es que los mata el resentimiento!", "¡Y qué querés si es un facho!". No importa cuál sea el rótulo al que apelemos, la cosa se resuelve siempre igual: los que opinan diferente a nosotros están equivocados. Hay en ellos, nuestros oponntes, una carencia, un defecto de origen que invalida su postura ante ese tema. Un vicio intrínseco distorsiona su mirada y deslegitima su interpretación de la realidad, impregnándola de una subjetividad enfermiza o malintencionada que la vuelve sospechosa y nos permite descartarla de plano. He aquí una segunda manifestación de soberbia, quizás más profunda que la anterior. Porque nada obsta a que nuestros oponentes sean, efectivamente, locos, ignorantes, resentidos o fachos, pero ¿de dónde sacamos que nuestra visión del mundo es inmaculada y no está distorsionada a su vez por nuestros propios prejuicios, limitaciones y mezquindades? A menos que podamos acreditar los beneficios de una improbable iluminación de origen divino, nuestra mirada sobre el mundo está tan teñida de subjetividad como la de cualquiera. Aun cuando creamos -y sea cierto- que estamos siendo lo más objetivos posible.

Las visiones diferentes a la nuestra deberían complementarnos, enriquecernos, ensanchar nuestro horizonte. En lugar de ello, las percibimos como una amenaza que debe ser neutralizada. No nos interesa analizar las razones que el otro tiene para sustentar su punto de vista. No sabemos de qué otro modo reaccionar ante la multiplicidad de versiones existentes sobre la realidad y entonces tratamos de imponer la nuestra. Movidos por un impulso de naturaleza colonialista, pretendemos transformar en verdad absoluta y universal algo que es apenas particular y relativo. Y como el resto del mundo es tan díscolo que no se digna a coincidir con nuestra versión, andamos por la vida despotricando contra los tarados que no se emocionan con una película que a nosotros nos parece conmovedora, contra los descerebrados que votan a un candidato que a nosotros nos resulta nefasto, o contra los imbéciles que se fanatizan con un cantante que nosotros tildamos de mediocre. Lo hacemos, claro, sin tener en cuenta que tal actitud nos involucra en un descomunal juego de espejos puesto que, ante los ojos de aquellos a quienes cuestionamos, los tarados, descerebrados e imbéciles somos nosotros, precisamente a causa de las elecciones éticas, estéticas o ideológicas que tanto nos enorgullecen.

Cuando el General Viola visitó Santa Fe en 1981 siendo presidente de facto, un periodista le preguntó si consideraba que en la Argentina estaban dadas las condiciones para el disenso. "Usted querrá decir para el consenso", lo corrigió Viola. "No, para el disenso", insistió el periodista. Viola se mostró perplejo, dijo que no entendía la pregunta y no contestó. La anécdota resulta muy ilustrativa para demostrar que en la estructura mental de los dictadores no hay espacio para la noción de disenso. Pero en la nuestra, supuestamente tan democrática, ¿sí lo hay? Día tras día, tomamos partido, apoyamos causas que sentimos valiosas y repudiamos otras que nos parecen deplorables. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar pacíficamente la coexistencia de miradas divergentes sobre determinados asuntos? Invocamos argumentos morales, políticos, filosóficos. religiososo o sentimentales para justificar nuestras apologías y rechazos, pero defenestramos los argumentos de idéntica naturaleza que esgrimen quienes no concuerdan con nosotros. Consideramos inteligentes a los que expresan una opinión similar a la nuestra y obtusos a quienes nos llevan la contra. Nos parece gracioso burlarnos de ciertas figuras públicas pero esas mismas chanzas aplicadas a figuras que admiramos y respetamos nos revuelven la sangre. Alzamos indignados nuestra voz de protesta cuando nos sentimos censurados pero no nos parece tan objetable que se acalle a aquellos que suelen decir cosas que no nos gusta escuchar. Condenamos la intolerancia cuando estamos incluidos entre sus víctimas pero nos cuesta reconocerla cuando somos nosotros los que la ejercemos. Medimos con distinta vara y no nos damos cuenta porque, con entera buena fe, creemos siempre tener la razón de nuestro lado.

Si esa buena fe no nos encegueciera de tal forma, podríamos percibir los motivos profundos que los otros tienen para pensar como piensan y actuar como actúan. Seguramente, no abandonaríamos por ello nuestras propias convicciones. Pero tal vez descubriríamos asombrados qué parecidas a nosotros son todas esas personas que ahora nos parecen tan distintas.

De "Crónicas del Hombre Alto" (Nro. 62)
Alfredo Di Bernardo
http://cronicasdelhombrealto.blogspot.com/

BlueArt Records: jazz contemporáneo hecho por argentinos



Nuevos lanzamientos:

LEO GENOVESE/ "UNLOCKED"
"Unlocked", es el disco de jazz del talentoso pianista santafesino, Leo Genovese, actualmente radicado en Nueva York, quien está acompañado por Joe Hunt en batería y Justin Purtill en contrabajo. Con este disco, Genovese ratifica que es posible para un músico de jazz tener su propio lenguaje musical hoy en día. Su música se desarrolla en una amplia casa, donde hay espacio para la tradición, la vanguardia, la improvisación electro-acústica, la influencia del rock, nuevos sonidos… Genovese tiene la capacidad de generar con enorme virtuosismo todas las combinaciones posibles. El álbum fue grabado en una primera toma en Acton, Massachusetts en noviembre de 2007 y es el primero que se edita en Argentina, a través de BlueArt Records. Genovese a tocado con sobresalientes músicos de la escena neoyorquina como George Garzone y Hall Crook y actualmente integra el grupo de la sorprendente cantante y bajista Esperanza Spalding. quien dijo de él: “Leo es el pianista perfecto para mí”.

ACASO DE LOS ENGRANAJES/ “PROYECTO TEO CRIOMBERG”
La relación entre la nueva música clásica y el jazz promete ser siempre fructífera. “Acaso de los Engranajes” -quinteto de jazz contemporáneo de Buenos Aires que lidera el compositor y pianista porteño Teodoro Cromberg- se propone recorrer, a partir de la conjunción de la experiencia musical diversa de sus miembros, campos estéticos que se nutren del jazz, la música “clásica-contemporánea” y la música electroacústica. El resultado es “Proyecto Teo Cromberg. Sus integrantes –de vasta experiencia en la escena jazzística argentina- son: Daniel Johansen (saxo soprano), Juan Pablo Arredondo (guitarra), Jerónimo Carmona (contrabajo), Carto Brandán (batería) y Teodoro Cromberg (piano, electroacústica y composición).

Televisión: De Ciudad Abierta a Ciudad Abandonada



TELEVISIÓN. EL ESTADO DE ABANDONO DE LA EMISORA PORTEÑA CIUDAD ABIERTA
CON UN PRESUPUESTO REDUCIDO Y SIN LINEAMIENTOS DE PROGRAMACIÓN, EL CANAL SURGIDO EN 2003 COMO ESPACIO DE EXPERIMENTACIÓN ES HOY UNA MERA PROPALADORA DE ACTOS DE GOBIERNO Y SESIONES DE LA LEGISLATURA.

Así como la gestión del PRO en la Ciudad permite que el Teatro San Martín sea alquilado por un empresario para su cumpleaños, también podría pasar que en poco tiempo el combo incluya la filmación del evento y su emisión por TV. El combo cultural PRO no resulta descabellado si se tiene en cuenta que desde que Macri asumió Ciudad Abierta, el canal de cable perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está a la deriva: la producción propia está paralizada por falta de presupuesto, carece de criterio y grilla de programación, y la señal que alguna vez fue cuna de experimentación y nuevos lenguajes se limita a transmitir las sesiones de la Legislatura, cubrir actos de gobierno y emitir latas compradas al extinto canal Sólo Tango. La pregunta es inevitable: ¿cuál es la diferencia entre “cerrar” un “canal que no mira nadie” (Macri dixit) y mantenerlo casi sin personal y abandonando toda pretensión de calidad?

La situación del canal que se puso en marcha en 2003 como un espacio audiovisual porteño propicio a la experimentación y la memoria –según las gestiones– es alarmante. Basta repasar su programación para comprobar que para la actual administración CA sólo sirve para difundir las “bondades” de su gestión y dar cuenta de distintos actos de gobierno, algo que ninguna dirección anterior había permitido. En efecto, el programa estrella es Gestión abierta, en la que Gabriela Michetti –actual diputada PRO por la Ciudad– presenta a funcionarios que explican su rol e informan qué cosas hicieron en la Ciudad.

“La situación del canal es realmente muy grave”, cuenta a Página/12 Ricardo Balado, productor y delegado sindical de ATE de los 28 trabajadores que quedan en una señal que en su época de esplendor –cuando se producía la totalidad del contenido, ficciones incluidas– alcanzó los 170 empleados, entre personal técnico y administrativo. “Parece no haber ninguna política definida o, si la hay, no está bien comunicada. La interpretación más banal es pensar que hay desinterés por el canal, que les resulta más un escollo que una herramienta de comunicación. No le dan el valor que tiene. El canal es un medio muy importante que, cuando se ponga en funcionamiento la ley de medios, tendrá derecho a transmitir por aire, transformándolo en una gran herramienta comunicativa que debería aprovecharse para divulgar cultura y generar ciudadanía.”

El diagnóstico no es exagerado. Hay datos que corroboran que en el único medio audiovisual de la Ciudad reina la misma política que en el resto de las áreas culturales: el recorte presupuestario y una programación librada al azar o a lo que los recursos humanos y económicos permiten. Para comprobar el abandono, basta señalar que de los 12 millones de pesos que tuvo como presupuesto el último año de la gestión de Jorge Telerman, este año la cifra apenas llega a 3,5 millones. Lo más preocupante es que en vez de destinar el presupuesto a la producción, las autoridades prefieren gastarlo en latas de baja calidad o en producciones de terceros. “La programación actual –acota el productor– está ceñida, en principio, por sus limitaciones de producción, como la falta de personal, la falta de renovación de equipos, su nulo mantenimiento y la falta de dinero para producir. No parece haber un objetivo de programación como en otras gestiones. Supongo que la compra de latas se debe a la falta de una decisión política y de creatividad para generarlo desde adentro.”

Como si la nula planificación operativa y la baja en la calidad no fueran motivos suficientes para confirmar el abandono, Página/12 supo que en los últimos meses se sumó entre los trabajadores de CA otra preocupación: la municipalización de la señal. Como en una oficina, los empleados no trabajan por objetivo o producción sino que cumplen una jornada laboral de 12 a 19. Paralelamente, en la última reunión con las autoridades, los empleados denunciaron que el poco dinero que la Secretaría de Medios gira fue destinado por Carlos Pugliese, director del canal, a instalar en el piso 11 del C. C. San Martín –donde “funciona” CA– un sistema de vigilancia de última tecnología formado por doce cámaras que toman el sonido ambiente. Los trabajadores están convencidos de que a través de las cámaras son monitoreados desde la dirección del canal y desde la secretaría presidida por Gregorio Centurión.

Por Emanuel Respighi
Fuente: diario "Página 12"
Más información: http://www.pagina12.com.ar/
Publicado en Gacemail TEA

Marta Riskin: Hércules y sus medios



Por Marta Riskin *

Cuando el sentido común carece de lucidez, “común” no involucra comunidad alguna, y ciertos acuerdos (parlamentarios por ejemplo) no son hijos del debate ideológico sino meros engendros de intenciones mezquinas, los viejos mitos participan de realidades que los transcienden. Así, la Hidra de Lerna y el Can Cerbero, hermanos con múltiples cabezas e idéntico oficio a las puertas del Hades (impedían que entraran los vivos y salieran los muertos), mutan en quienes pretenden que “Monopolio” es un juego de mesa, “Prensa Independiente” marca registrada y “Opinión pública”, la credencial de un club muy exclusivo. Afirman “cualquier persona que conozca los puestos de venta de diarios y revistas, sintonice la radio o recorra la oferta de canales de televisión” observa que “operan numerosos medios con los más diversos contenidos y orientaciones”, en tanto encubren la concentración de papel y prensa, cables de televisión y los datos comerciales que conoce cualquier pequeña agencia publicitaria. Sin embargo, sus tergiversaciones demuestran que en los reinos míticos se urden mentiras, instalan falsas certezas e imponen miedos sólo hasta que nos atrevemos a cuestionar sus mundos imaginarios, las ominosas omisiones, la saga de incoherencias y verdades a medias.

Asistimos a momentos históricos.

Desde el propio Olimpo admiten el fracaso de los planes de Plutón y sus socios del Tártaro y ya no sólo los especialistas advierten contradicciones tales como elogiar los cortes de ruta y condenar a renglón seguido las marchas en el ágora porteña o pretenderse demócratas mientras demoran la aplicación de una ley que apenas limitaría la omnipotencia del relato único. Y si la desesperada apelación a cualquier recurso que impida, o demore, la aplicación de la ley de medios audiovisuales expresa, con hercúlea claridad, que la mentada independencia política y económica de los grupos hegemónicos es tan engañosa como las sierpes de la Hidra o los mordiscos del perro infernal; la desnudez del rey y sus fieras también revela a la mayoría de los espectadores, periodistas y jueces incluidos, la urgencia con la cual necesitamos adquirir, desarrollar y difundir nuevas herramientas y percepciones comunicacionales.

Hoy resulta tan deseable como posible, capacitar a nuestra ciudadanía en la interpretación de los mensajes mediáticos. Distinguir entre quiénes desinforman a conciencia de aquellos que sostienen diferentes opiniones, acordar o discrepar con fundamentos y respetar los mutuos desacuerdos y la legitimidad del disenso, se educa y se aprende. También ayudaría a quienes carecen de mejores argumentos y, nada casualmente, utilizan agravios y violencias que acaban por beneficiar a quienes dicen combatir.

Hace demasiado que los simples mortales de estas latitudes esperamos debates profundos y honestas diferencias. Sólo falta que despierte la Justicia y destrabe la vigencia de la voluntad popular para optimizar las condiciones del mutuo aprendizaje. Es un ejercicio de esperanza, aun cuando hayan abusado durante décadas de nuestra paciencia.

* Antrópologa. Universidad Nacional de Rosario.
(Nota publicada en Página 12 el 26 de mayo ppdo.)

Ricardo Forster: El pueblo del Bicentenario



Por Ricardo Forster *

1
Los días argentinos no dejan de sorprendernos. Lo esperado y el azar se entrelazaron para devolvernos la imagen de una historia abierta, compleja, laberíntica, tumultuosa y aluvional. De a centenares de miles, viniendo de todas partes, cruzando las fronteras que separan la ciudad de los suburbios, subiéndose a colectivos y trenes, a subtes y autos o simplemente caminando para apurar las cuadras que los separaban de un centro que, por cuatro días de una intensidad increíble, se reencontró con su pasado mítico, con sus leyendas de arrabales tangueros y de marchas obreras, la multitud invisible se transformó en el pueblo del Bicentenario. Vinieron de esas geografías tematizadas como zonas del peligro, sortearon las prevenciones y los prejuicios de todos aquellos que asimilan masas andantes con disturbios y criminalidad, con violencia y agresión. Multitud abigarrada y festiva, colectivo social multiplicado en millones de personas que manifestaron con alegría y serenidad, que gozaron y cantaron, que bailaron y conversaron, que miraron y preguntaron, que se emocionaron y se sorprendieron. Todos, cada uno de nosotros, fuimos sintiendo la potencia de la transfiguración; pudimos percibir que algo inusual y extraordinario estaba sacudiendo las entrañas de un país siempre anómalo y extraño pero siempre intenso y desafiante.
La ciudad se abrió y los cuerpos se movieron con libertad desprendiéndose de los miedos impuestos, de esos trazos de ficción mediática que apabullaron desde pantallas y rotativas la cotidianidad de los argentinos hasta construir la imagen de una sociedad en estado de guerra y de intemperie, asolada por la inseguridad y prisionera de una violencia autodestructiva que, siempre, asumía el rostro del oscuro habitante de esos arrabales transformados, gracias a las retóricas del amarillismo y el racismo, en las zonas del mal. Desde allí vinieron de a miles y miles desmintiendo, como lo han hecho en otras ocasiones memorables de nuestra historia, a quienes, desde el desdén y la más cruda violencia del lenguaje discriminador, no se cansaron de repetir que los mueve el clientelismo y el choripán, la promesa de alguna dádiva o la obligación de no quedar mal con el puntero del barrio. Los velos se cayeron, se derrumbó el discurso hegemónico y monocorde de la corporación mediática. Estalló en mil pedazos la palabra “crispación”. Y las calles del centro mutaron en calles de fiesta y regocijo, de asombro y participación. Así de simple y de complejo... la multitud, los negros de la historia, los incontables, los que pujan desde el fondo de los tiempos por el reconocimiento y la igualdad hicieron acto de presencia y lo hicieron transformando durante cuatro días a Buenos Aires en una magnífica alquimia de ágora y carnaval, de imágenes monumentales desplegadas sin medir riesgos estéticos por la fuerza bruta de la invención artística y la inquieta interrogación por aquello del pasado que sigue insistiendo en el presente. Fue alegría compartida y conmoción ante los dolores y los horrores de nuestra historia, que también estuvieron allí, sin ocultamientos ni narraciones edulcoradas. Y estuvieron junto a las clases medias de los barrios porteños y del Gran Buenos Aires desmintiendo la lógica de los abroquelamientos y los muros invisibles que se fueron levantando utilizando los recursos culturales de medios de comunicación atravesados de lado a lado por la retórica de la ciudad neoliberal, privatizada y fragmentada, de esa que vivió de rapiñar el espacio público poniéndolo a su servicio. Los cuerpos se mezclaron, lo individual y lo colectivo se entrelazaron al riesgo de romper prejuicios y paradigmas dominantes, como recordando otras ciudades en la ciudad del Bicentenario (ciudades de los conventillos y de las esperanzas, de caminatas míticas narradas por la literatura de Borges y Marechal, de Martínez Estrada y Cortázar, de Sabato y Oesterheld, de alquimias de poetas y de vagos, de movilizaciones populares y de tozudas resistencias, de tardes futboleras y de antiguas devociones barriales... ciudades escritas con la diversidad de mil escrituras por sus habitantes que, como si hubieran venido de todos lados y de todas las épocas, se reunieron para recobrarse y mirarse a los ojos en estos días de mayo).

2
Allí, en la ciudad libre y lúdica, tumultuosa y festiva, no estuvo la “gente”, ese nombre forjado para excluir e invisibilizar al otro, para restarle su humanidad transformándolo en una amenaza o en la plebe oscura y sin nombre. La “gente” quedó atragantada en la garganta de aquellos periodistas formateados para diferenciar a los lindos de los feos, a los limpios de los sucios, a los ciudadanos que se manifiestan espontáneamente de los oscuros objetos del clientelismo o del piqueterismo. Allí hubo pueblo, diverso y múltiple, portador de lenguas y tradiciones, amalgama de lo distinto y de lo semejante, tumulto de colores y de grafías. Pueblo que recuperaba sueños olvidados, que se dejaba agasajar después de tantas frustraciones y que rompía en mil pedazos el discurso que nos enseñó a establecer una brutal equivalencia entre multitud y homogeneidad, entre pueblo y monotonía autoritaria, entre la masa oscura y las personas pensantes y autónomas. No estuvo un pueblo bucólico, ni un pueblo virginal. No hubo ni hay pueblo puro. Hay luces y sombras danzando a contraluz de la historia argentina como esa que pudimos ver desfilar entre vanguardismos estéticos, giros brechtianos y arquitecturas monumentales que cruzaban, de un modo desafiante, lo artístico y lo político. Allí estuvo el pueblo de la independencia y el de las dictaduras, el de los anarquistas soñadores y el de la locura especulativa, el de la Constitución quemada y el de la fiesta democrática, el del dolor inconmensurable de las Madres, el del infinito reclamo de justicia y memoria y el de los silencios resignados. Pueblo manchado y vital. Como si en los claroscuros de la historia, en el interior de sus pasadizos secretos, la palabra pueblo pudiera narrar lo mítico y lo soñado, lo esperado y lo perdido, la fuerza del acontecimiento que parte aguas y la monotonía de los tiempos de la resignación y el olvido. El pueblo es, también, lo que bordea el peligro, lo que a veces se aventura detrás de lo inesperado que brota haciendo saltar los goznes de una realidad enturbiada y estancada. Otras veces ese nombre fue pronunciado, y algo de eso se contó en los muros del Cabildo y en las avenidas capturadas por el desfile de las carrozas y la contemplación entre deslumbrada y fervorosa de la multitud, para legitimar las páginas más ignominiosas. El pueblo es movimiento, mutación, herencia y memoria, es cuerpo sobre el que las escrituras de la historia van dejando sus huellas indelebles aunque se las intente borrar.
Pero el pueblo es también el giro de los tiempos que interpela siempre de un nuevo modo aquello que lo constituyó. Cada generación reinterpreta el pasado de acuerdo a sus necesidades, a sus prejuicios y a sus ensueños de aquello siempre esperado como reparación y oportunidad convirtiéndolo en fuerza vital y en actualidad, dándole sentidos tal vez impensados en otras encrucijadas de nuestra historia. Como si algo de lo excepcional se hubiera derramado sobre este presente para iluminar de otro modo nuestra travesía como nación. Como si eso inimaginado se hubiera encontrado con ese sujeto olvidado y ninguneado produciendo un acontecimiento sobre el que todavía no alcanzamos a descifrar su proyección. Intuimos que lo desplegado en estos últimos años, aquello que fue invirtiendo la marcha decadente y brutal de una Argentina que había sido capturada por la cultura del egoísmo y la especulación del capitalismo neoliberal, tuvo mucho que ver en las jornadas multitudinarias del Bicentenario. Como si lo inaugurado otro 25 de mayo, pero de 2003, con sus intensidades y sus dificultades, con sus apuestas riesgosas, sus aciertos y sus errores, hubiera encontrado el difícil camino que nos fue llevando, tal vez sin preverlo ni imaginarlo de este modo y con tal magnitud, a la reaparición del pueblo.
Una reaparición que se vincula directa y decisivamente con el también arduo ejercicio de rescatar a la política de su envilecimiento, de volver a ponerla en el centro de lo democrático como un instrumento sin el cual las sociedades quedan prisioneras de los arbitrios de las “gestiones empresariales” y de los tecnócratas del establishment. La política como lugar del litigio por la igualdad y como lengua que se instala para desmentir las falsas e ilusorias retóricas de la unidad y del consenso que suelen ocultar la perpetuación de las injusticias y las desigualdades. Porque este 25 de mayo no es apenas un acontecimiento festivo, un baile de máscaras sin rostros por detrás. Es, ha sido, la emergencia de una posibilidad que parecía saldada o extraviada, la posibilidad de situar lo político en el corazón de la democracia sin renunciar a dar la batalla por la distribución de la riqueza, la refundación del Estado, la recuperación imaginativa del espacio público, la reparación de las injusticias del pasado en los tribunales del presente y de inscribir este tiempo argentino en nuestro muchas veces olvidado destino sudamericano.
Hemos sido testigos y partícipes de días luminosos. Días irrepetibles, únicos, que dejarán su impronta en lo por venir. Días que nos de-safían y nos ofrecen el raro privilegio de ser actores de la historia, de esa misma cargada de fantasmas que fueron convocados por el arte y la política, que estuvieron en esa maravillosa galería de los patriotas latinoamericanos, que pasearon entre nosotros bajo los rostros de José Martí, del Che, de Emiliano Zapata, de Túpac Amaru, de Artigas, de Evita, de Allende, de Sandino, de Bolívar, de San Martín y de tantos otros que hacen a la memoria y a la trama subterránea de un continente caliente, desmesurado y libertario. Días del pueblo que dibuja los trazos de una Argentina que quiere ir en busca de la igualdad, la libertad, la justicia y la fraternidad. Algo de eso pudimos sentir en la piel, en el corazón y en la reflexión mientras, como escribió Elías Canetti en la encrucijada de otra historia, nos dejamos llevar por el vértigo y la fiesta de lo colectivo.

* Filósofo, profesor e investigador de la UBA.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/