sábado, 30 de enero de 2010

Homenajes: J.D. Salinger

Imagen: J. D. Salinger

La fantasía del regreso

Por Vicente Battista

A J. D. Salinger lo conocí por un cuento: “Una hermosa mañana para el pez plátano”. Lo habíamos publicado en El Escarabajo de Oro 29, en julio de 1965. Bastaron esas pocas páginas para que comprendiera que estaba frente a un escritor fundamental. Entonces me zambullí literalmente en El cazador oculto. Las primeras líneas de la novela despejaban cualquier duda, su personaje y narrador Holden Caulfield advertía al lector que si esperaba una “cháchara estilo David Copperfield” abandonase ahí mismo la lectura. No la abandoné y a partir de ese momento anduve codo a codo con Caulfield, viviendo cada una de sus peripecias, indignándome y alegrándome toda vez que él se indignaba o alegraba. No son muchas las novelas que uno lee y mientras lo hace desea que jamás acaben. El cazador oculto fue una de esas novelas. Aún conservo aquella edición de Fabril Editora. El libro está gastado, ajado, pero todavía tiene la sobrecubierta de papel, con remiendos hechos a fuerza de cinta adhesiva. Sé que hubo ediciones posteriores, ejecutadas (creo que es el verbo que mejor le cabe) por editoriales españolas. Le cambiaron el título, lo llamaron El guardián en el centeno, y en base a numerosos vale y otros tantos gilipollas lograron que Holden Caulfield comenzara a parecerse a un chaval que trocó las calles de Nueva York por las calles de Madrid. Pero ni así, pese a ese atentado, El cazador oculto continúa siendo una novela ejemplar. Salinger la publicó en 1951: tenía sólo 32 años.
Luego leí Nueve cuentos, Levantad, carpinteros, la viga del tejado, Seymour, una introducción y Franny y Zooey. De ese modo pude conocer a la familia y amigos de aquel joven Holden que tanto me impresionara. Todos los títulos mantenían el mismo nivel de calidad. No es casual que la odisea de Holden Caulfield, su camino del héroe, se haya convertido en un libro de culto. Recuerdo una película en la que su protagonista coleccionaba ejemplares de El cazador oculto con el fervor de un demente. Casi no sorprende que el demente que mató a John Lennon guardara un ejemplar en su mochila.
Sin brindar la mínima explicación, Salinger dejó de escribir (o al menos de publicar) y abandonó por completo su vida social. Quienes lo admirábamos manteníamos la fantasía de que cualquier tarde de éstas se hiciera ver, imaginábamos cómo íbamos a correr hacia el nuevo libro que publicase. Ahora nos enteramos de que se ha muerto y alumbramos una nueva fantasía: que aparezcan esos inéditos que él con tanto celo ocultaba. Y si esto sólo queda en el espacio de las fantasías, tampoco importa: con los libros que publicó basta y sobra para ubicarlo entre los grandes escritores de todos los tiempos.

Vicente Battista
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/

Un cuento de J. D. Salinger


Imagen: J.D. Salinger


Una hermosa mañana para el pez plátano (1)
(Un cuento de J.D. Salinger, EEUU,1953)

En el hotel había noventa y siete publicitarios neoyorquinos, y
monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia de tal manera
que la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía
hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una
revista femenina de bolsillo leyó una nota titulada El sexo es
divertido... o infernal. Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha
de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de
Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar.
Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada al lado de la
ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano
izquierda.
Era una chica a la que una llamada telefónica no le hacía gran efecto.
Daba la impresión de que el teléfono hubiera estado sonando
constantemente desde que ella alcanzó la pubertad.
Mientras el teléfono llamaba, con el pincelito del esmalte se repasó
la uña del dedo meñique, acentuando el borde de la luna. Tapó el
frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la
izquierda. Con la mano seca, tomó del asiento junto a la ventana un
cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de luz, donde estaba el
teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya tendida y -ya
era la cuarta o quinta llamada- levantó el tubo del teléfono.
-Hola -dijo, manteniendo extendidos los dedos de la mano izquierda
lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que tenía puesto,
salvo las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.
-Su llamada a Nueva York, señora Glass -dijo la operadora.
-Gracias -contestó la chica, e hizo lugar en la mesita de luz para el cenicero.
A través del auricular llegó una voz de mujer:
-¿Muriel? ¿Eres tú?
La chica alejó un poco el auricular del oído.
-Sí, mamá. ¿Cómo estás? -dijo.
-He estado preocupadísima por ti. ¿Por qué no llamaste? ¿Estás bien?
-Traté de telefonear anoche y anteanoche. Los teléfonos acá han...
-¿Estás bien, Muriel?
La chica aumentó un poco más el ángulo entre el auricular y su oreja.
-Estoy perfectamente. Con calor. Este es el día más caluroso que ha
habido en la Florida desde...
-¿Por qué no llamaste? Estuve tan preocupada...
-Mamá, querida, no me grites. Puedo oírte perfectamente -dijo la
chica-. Anoche te llamé dos veces. Una vez justo después...
-Le dije a tu padre que seguramente llamarías anoche. Pero no, él
tenía que... ¿Estás bien, Muriel? Dime la verdad.
-Estoy perfectamente. Por favor, no me preguntes siempre lo mismo.
-¿Cuándo llegaron?
-No sé... el miércoles, a la madrugada.
-¿Quién manejó?
-El -dijo la chica-. Y no te asustes. Condujo bien. Yo misma estaba asombrada.
-¿Manejó él? Muriel, me diste tu palabra de que...
-Mamá -interrumpió la chica-, acabo de decírtelo. Condujo
perfectamente. No pasamos de ochenta en todo el camino, ésa es la
verdad.
-¿No trató de hacerse el tonto otra vez con los árboles?
-Vuelvo a repetirte que manejó muy bien, mamá. Vamos, por favor. Le
pedí que se mantuviera cerca de la línea blanca del centro, y todo lo
demás, y entendió perfectamente, y lo hizo. Hasta se esforzaba por no
mirar los árboles... podía notarse. Entre paréntesis, ¿papá hizo
arreglar el auto?
-Todavía no. Piden cuatrocientos dólares, sólo para...
-Mamá, Seymour le dijo a papá que pagaría él. No hay motivo, entonces...
-Bueno, ya veremos. ¿Cómo se portó? Digo, en el auto y demás...
-Muy bien -dijo la chica.
-¿Siguió llamándote con ese horroroso...?
-No. Ahora tiene uno nuevo.
-¿Cuál?
-Mamá... ¡qué importancia tiene!
-Muriel, insisto en saberlo. Tu padre...
-Está bien, está bien. Me llama Miss Buscona Espiritual 1948 -dijo la
chica, con una risita.
-No tiene nada de gracioso, Muriel. Nada de gracioso. Es horrible.
Realmente, es triste. Cuando pienso cómo...
-Mamá -interrumpió la chica-, escúchame. ¿Te acuerdas de aquel libro
que me mandó de Alemania? Acuérdate... esos poemas en alemán. ¿Qué
hice con él? Me he estado rompiendo la cabeza...
-Tú lo tienes.
-¿Estás segura? -dijo la chica.
-Por supuesto. Es decir, lo tengo yo. Está en el cuarto de Freddy. Lo
dejaste aquí y no había lugar en la... ¿Por qué? ¿El te lo pidió?
-No. Simplemente me preguntó por él, cuando veníamos en el auto. Me
preguntó si lo había leído. -¡Pero está en alemán!
-Sí, querida. Ese detalle no tiene importancia -dijo la chica,
cruzando las piernas-. Dijo que casualmente los poemas habían sido
escritos por el único gran poeta de este siglo. Me dijo que debería
haber comprado una traducción o algo así. O aprendido el idioma...
nada menos...
-Espantoso. Espantoso. En verdad es triste. Anoche dijo tu padre.
.. -Un segundito, mamá -dijo la chica. Cruzó hasta el asiento junto a
la ventana en busca de sus cigarrillos, encendió uno y volvió a
sentarse en la cama-. ¿Mamá? -dijo, exhalando el humo.
-Muriel... mira, escúchame.
-Te estoy escuchando.
-Tu padre habló con el doctor Sivetski.
-¿Ajá? -dijo la chica.
-Le contó todo. Por lo menos, así me dijo... ya sabes cómo es tu
padre. Los árboles. Ese asunto de la ventana. Las cosas horribles que
le dijo a la abuela acerca de sus proyectos sobre la muerte. Lo que
hizo con esas fotos tan hermosas de las Bermudas... todo.
-¿Y entonces...? -dijo la chica.
-En primer lugar, dijo que era un verdadero crimen que el ejército lo
hubiera dado de alta en el hospital. Palabra. En definitiva, dijo a tu
padre que hay una posibilidad... una posibilidad muy grande, dijo, de
que Seymour pierda por completo la cabeza. Te lo juro.
-Aquí en el hotel hay un psiquiatra -dijo la chica.
-¿Quién? ¿Cómo se llama?
-No sé. Rieser o algo así. Dicen que es muy bueno.
-Nunca lo oí nombrar.
-De todos modos dicen que es muy bueno.
-Muriel, por favor, no seas inconsciente. Estamos muy preocupados por
ti. Lo cierto es que... anoche tu padre estuvo a punto de
cablegrafiarte que volvieras inmediatamente a casa...
-Por ahora no pienso volver, mamá. Así que tómalo con calma...
-Muriel... palabra... El doctor Sivetski dijo que Seymour podía perder
por completo la...
-Mamá, acabo de llegar. Hace años que no me tomo vacaciones, y no
pienso meter todo en la valija y volver a casa porque sí -dijo la
chica-. De cualquier modo, ahora no podría viajar. Estoy tan quemada
por el sol que ni me puedo mover.
-¿Te quemaste mucho? ¿No usaste ese bronceador que te puse en la
valija? Está...
-Lo usé. Me quemé lo mismo.
-¡Qué horror! ¿Dónde te quemaste?
-Me quemé toda, mamá, toda.
-¡Qué horror!
-No me voy a morir.
-Dime, ¿le hablaste a ese psiquiatra? -Bueno... sí... más o menos...
-dijo la chica.
-¿Qué dijo? ¿Dónde estaba Seymour cuando le hablaste?
-En la Sala Océano, tocando el piano. Tocó el piano las dos noches que
hemos pasado aquí. -Bueno, ¿qué dijo?
-¡Oh, no mucho! El fue el primero en hablar. Yo estaba sentada anoche
a su lado, jugando al Bingo, y me preguntó si el que tocaba el piano
en la otra sala era mi marido. Le dije que sí, y me preguntó si
Seymour no había estado enfermo o algo por el estilo. Entonces yo le
dije...
-¿Por qué te hizo esa pregunta?
-No sé, mamá. Tal vez porque lo vio tan pálido, y qué sé yo -dijo la
chica-. La cuestión es que después de jugar al Bingo, él y su mujer me
invitaron a tomar una copa. Y yo acepté. La mujer es espantosa. ¿Te
acuerdas de aquel vestido de noche tan horrible que vimos en la
vidriera de Bonwit? Que tú dijiste que había que tener un chico,
chiquísimo...
-¿El verde?
-Lo tenía puesto. Con esas caderas. Se la pasó preguntándome si
Seymour estaba emparentado con esa Suzanne Glass que tiene una tienda
en la avenida Madison... la mercería...
-¿Pero él qué dijo? El médico.
-¡Ah! sí... Bueno... en realidad, mucho no dijo. Sabes, estábamos en
el bar. Había un bochinche terrible. -Sí, pero... ¿le... le dijiste lo
que trató de hacer con el sillón de la abuela?
-No, mamá. No abundé en detalles -dijo la chica-. Seguramente podré
hablarle de nuevo. Se pasa todo el día en el bar.
-¿No dijo si había alguna posibilidad de que pudiera ponerse... tú
sabes, raro, o algo así...? ¿De que pudiera hacerte algo...?
-En realidad, no -dijo la chica-. Necesita conocer más detalles, mamá.
Tienen que saber todo sobre la infancia de uno... todas esas cosas. Ya
te digo, el ruido era tal que apenas podíamos hablar.
-En fin. ¿Y tu abrigo azul?
-Bien. Le aliviané un poco el forro.
-¿Cómo es la ropa este año?
-Terrible. Pero encantadora. Por todos lados se ven lentejuelas -dijo la chica.
-¿Y tu habitación?
-Está bien. Pero nada más que eso. No pudimos conseguir la habitación
que nos daban antes de la guerra -dijo la chica-. Este año la gente es
un espanto. Tendrías que ver a los que se sientan al lado nuestro en
el comedor. Parece que hubieran venido en un camión.
-Bueno, en todas partes es igual. ¿Y tu vestido tipo bailarina?
-Demasiado largo. Te dije que era demasiado largo.
-Muriel, te lo voy a preguntar una vez más... ¿En serio estás bien?
-Sí, mamá -dijo la chica-. Por enésima vez.
-¿Y no quieres volver a casa?
-No, mamá.
-Tu padre dijo anoche que estaría encantado de hacerse cargo si
quisieras irte sola a algún lado y pensarlo bien. Podrías hacer un
hermoso crucero. Los dos pensamos...
-No, gracias -dijo la chica, y descruzó las piernas-. Mamá, esta
llamada va a costar una flor...
-Cuando pienso cómo estuvieste esperándolo a ese muchacho durante toda
la guerra... quiero decir, cuando una piensa en esas esposas tan locas
que...
-Mamá -dijo la chica-. Colguemos. Seymour puede llegar en cualquier momento.
-¿Dónde está?
-En la playa.
-¿En la playa? ¿Solo? ¿Se porta bien en la playa?
-Mamá -dijo la chica-. Hablas de él como si fuera un loco furioso.
-No dije nada de eso, Muriel.
-Bueno, ésa es la impresión que das. Mira, todo lo que hace es estar
tendido en la arena. Ni siquiera se quita la salida de baño.
-¿No se quita la salida de baño?¿Por qué no?
-No lo sé. Tal vez porque tiene la piel tan blanca.
-Dios mío, necesita tomar sol. ¿Por qué no lo obligas?
-Lo conoces muy bien -dijo la chica, y volvió a cruzarse de piernas-.
Dice que no quiere tener un montón de imbéciles alrededor mirándole el
tatuaje.
-¡Si no tiene ningún tatuaje! ¿O acaso se hizo tatuar cuando estaba en
la guerra?
-No, mamá. No, querida -dijo la chica, y se puso de pie-. Escúchame, a
lo mejor te llamo otra vez mañana.
-Muriel. Hazme caso.
-Sí, mamá -dijo la chica, cargando su peso sobre la pierna derecha.
-Llámame en el mismo momento en que haga, o diga, algo raro..., tú me
entiendes. ¿Me oyes?
-Mamá, no le tengo miedo a Seymour.
-Muriel, quiero que me lo prometas.
-Bueno, te lo prometo. Adiós, mamá -dijo la chica-. Cariños a papá -colgó.
-Ver más vidrio (*) -dijo Sybil Carpenter, que estaba alojada en el
hotel con su mamá-. ¿Viste más vidrio?
-Gatita, por favor, no sigas repitiendo eso. La vas a enloquecer a
mamita. Quédate quieta, por favor.
La señora Carpenter untaba la espalda de Sybil con bronceador,
repartiéndolo sobre sus omóplatos, delicados como alas. Sybil estaba
precariamente sentada en una enorme y tensa pelota de playa, mirando
el océano. Usaba un traje de baño de color amarillo canario, de dos
piezas, una de las cuales no necesitaría realmente por nueve o diez
años más.
-En verdad no era más que un pañuelo de seda común... una podía darse
cuenta cuando se acercaba a mirarlo -dijo la mujer sentada en la
reposera contigua a la de la señora Carpenter-. Ojalá supiera cómo lo
anudó. Era una preciosura.
-Por lo que usted me dice, parece precioso -asintió la señora Carpenter.
-Quédate quieta, Sybil, gatita...
-¿Viste más vidrio? -dijo Sybil.
La señora Carpenter suspiró.
-Muy bien -dijo. Tapó el frasco de bronceador-. Ahora vete a jugar,
gatita. Mamita va a ir al hotel a tomar un copetín con la señora
Hubbel. Te traeré la aceituna.
Cuando quedó en libertad, Sybil corrió de inmediato hacia la parte
asentada de la playa y echó a andar hacia el Pabellón de los
Pescadores. Se detuvo únicamente para hundir un pie en un castillo
inundado y derruido, y enseguida dejó atrás la zona reservada a los
clientes del hotel.
Caminó cerca de medio kilómetro y de pronto echó a correr
oblicuamente, alejándose del agua hacia las arenas flojas. Se detuvo
al llegar al sitio en que un hombre joven estaba echado de espaldas.
-¿Vas a ir al agua, ver más vidrio? -dijo.
El joven se sobresaltó, y se llevó la mano derecha, instintivamente, a
las solapas de su salida de baño. Se volvió boca abajo, dejando caer
una toalla enrollada como una salchicha que tenía sobre los ojos, y
miró de reojo a Sybil.
-¡Ah!, hola Sybil.
-¿Vas a ir al agua?
-Te estaba esperando -dijo el joven-. ¿Qué hay de nuevo?
-¿Qué? -dijo Sybil.
-¿Qué hay de nuevo? ¿Qué programa tenemos?
-Mi papá llega mañana en avión -dijo Sybil, pateando la arena.
-No me tires arena a la cara, nena -dijo el joven, tomando con una
mano el tobillo de Sybil-. Bueno, era hora de que tu papi llegara. Lo
he estado esperando cada minuto. Cada minuto.
-¿Dónde está la señora?
-¿La señora? -el joven hizo un movimiento, sacudiéndose la arena del
pelo ralo-. Difícil saberlo, Sybil. Puede estar en miles de lugares.
En la peluquería. Haciéndose teñir el pelo de color visón. O haciendo
muñecos para los chicos pobres en su habitación.
Poniéndose boca abajo cerró los dos puños, apoyó uno encima del otro y
acomodó el mentón sobre el de arriba.
-Pregúntame algo más, Sybil -dijo-. Tienes un traje de baño muy lindo.
Si hay algo que me gusta, es un traje de baño azul.
Sybil lo miró fijo, y después contempló su barriga sobresaliente.
-Este es amarillo -dijo-. Es amarillo.
-¿En serio? Acércate un poco más.
Sybil dio un paso adelante.
-Tienes toda la razón del mundo. Qué tonto soy.
-¿Vas a ir al agua? -dijo Sybil.
-Lo estoy considerando seriamente, Sybil. Lo estoy pensando muy en
serio, si quieres saberlo. Sybil hundió los dedos en el flotador de
goma que el joven usaba a veces como almohadón. -Necesita aire -dijo.
-Es verdad. Necesita más aire de lo que estoy dispuesto a reconocer
-retiró los puños y dejó que el mentón descansara en la arena-. Sybil
-dijo-, estás muy linda. Es un gusto verte. Cuéntame algo de ti
-estiró los brazos hacia adelante y tomó en sus manos los dos tobillos
de Sybil-. Yo soy capricorniano.
¿Cuál es tu signo?
-Sharon Lipschutz dijo que la dejaste sentarse a tu lado en el
taburete del piano -dijo Sybil.
-¿Sharon Lipschutz dijo eso?
Sybil asintió enérgicamente.
Le soltó los tobillos, encogió los brazos y recostó el costado de la
cara en el antebrazo derecho.
-Bueno -dijo-. Tú sabes cómo son estas cosas, Sybil. Yo estaba sentado
ahí, tocando. Y tú te habías perdido de vista totalmente y vino Sharon
Lipschutz y se sentó a mi lado. No podía sacarla de un empujón, ¿no es
cierto?
-Sí que podías.
-!Ah!, no. No era posible -dijo el joven-. Pero, ¿sabes lo que hice, en cambio?
-¿Qué?
-Hice de cuenta que eras tú.
Sybil inmediatamente bajó la cabeza y empezó a cavar en la arena.
-Vamos al agua -dijo.
-Bueno -replicó el joven-. Creo que puedo arreglarme para hacerlo.
-La próxima vez, sácala de un empujón -dijo Sybil.
-¿Que saque a quién?
-A Sharon Lipschutz.
-¡Ah!, Sharon Lipschutz -dijo él-. ¡Cómo aparece siempre ese nombre!
Mezcla de recuerdos y deseos -repentinamente se puso de pie y miró el
mar-. Sybil -dijo-, ya sé lo que podemos hacer. Vamos a tratar de
pescar un pez banana.
-¿Un qué?
-Un pez banana -dijo, y desanudó el cinto de su salida de baño.
Se la quitó. Tenía los hombros blancos y angostos y el pantalón de
baño era azul eléctrico. Plegó la salida, primero a lo largo, después
en tres dobleces. Desenrolló la toalla que había puesto sobre los
ojos, la tendió sobre la arena y puso encima la salida plegada. Se
agachó, recogió el flotador y lo sujetó bajo su brazo derecho. Luego,
con la mano izquierda tomó la de Sybil.
Los dos echaron a andar hacia el mar.
-Me imagino que ya habrás visto unos cuantos peces banana -dijo el
joven. . -¿En serio que no? Pero, ¿dónde vives, entonces?
-No sé -dijo Sybil.
-Claro que sabes. Tienes que saber. Sharon Lipschutz sabe donde vive,
y no tiene más que tres años y medio.
Sybil se detuvo y de un tirón arrancó su mano de la de él. Recogió una
conchilla común y la observó con estudiado interés. Luego la tiró.
-Whirly Wood, Connecticut -dijo, y echó nuevamente a andar, con la
barriga hacia adelante. -Whirly Wood, Connecticut -dijo el joven-.
¿Eso, por casualidad, no está cerca de Whirly Wood, Connecticut? Sybil
lo miró:
-Ahí es donde vivo -dijo con impaciencia-. Vivo en Whirly Wood, Connecticut.
Se adelantó unos pasos, tomó el pie izquierdo con la mano izquierda y
dio dos o tres saltos.
-No te imaginas cómo eso aclara todo -dijo él.
Sybil soltó su pie: -¿Has leído El negrito sambo? -dijo.
-Es gracioso que me preguntes eso -dijo él-. Da la casualidad que
acabé de leerlo anoche -se inclinó y volvió a tomar la mano de Sybil-.
¿Qué te pareció? -le preguntó.
-¿Los tigres corrían todos alrededor de ese árbol?
-Creí que nunca iban a parar. Jamás vi tantos tigres.
-No eran más que seis -dijo Sybil.
-¡Nada más que seis! -dijo el joven-. ¿Y dices nada más?
-¿Te gusta la cera? -preguntó Sybil.
-¿Si me gusta qué? -dijo el joven.
-La cera.
-Mucho. ¿A ti no?
Sybil asintió con la cabeza. -¿Te gustan las aceitunas? -preguntó.
-¿Las aceitunas?... Sí. Las aceitunas y la cera. Nunca voy a ningún
lado sin ellas.
-¿Te gusta Sharon Lipschutz? -preguntó Sybil.
-Sí. Sí, me gusta. Lo que me gusta más que nada de ella es que nunca
le hace cosas feas a los perritos en la sala del hotel. Por ejemplo a
ese bulldog enano de la señora canadiense. Te resultará difícil
creerlo, pero hay algunas nenas que se divierten mucho molestándolo
con los palitos de los globos. Pero Sharon, jamás. Nunca es mala ni
grosera. Por eso la quiero tanto.
Sybil no dijo nada.
-Me gusta masticar velas -dijo ella por último.
-¡Ah!, ¿y a quién no? -dijo el joven mojándose los pies-. ¡Caracoles!
Está fría. -Dejó caer el flotador en el agua-. No, espera un segundo,
Sybil. Espera a que estemos un poquito más afuera.
Avanzaron hasta que el agua llegó a la cintura de Sybil. Entonces el
joven la levantó y la depositó boca abajo en el flotador.
-¿Nunca usas gorra de baño ni nada de eso? -preguntó.
-No me sueltes -dijo Sybil-. Sujétame, ¿quieres?
-Señorita Carpenter. Por favor. Yo sé lo que estoy haciendo -dijo el
joven-. Sólo ocúpate de ver si aparece un pez banana. Hoy es un día
perfecto para peces banana.
-No veo ninguno -dijo Sybil.
-Es muy posible. Sus costumbres son muy curiosas. Muy curiosas.
Siguió empujando el flotador. El agua no le alcanzaba al pecho.
-Llevan una vida muy triste -dijo-. ¿Sabes lo que hacen, Sybil?
Ella meneó la cabeza.
-Bueno, te diré. Entran en un pozo que está lleno de bananas. Cuando
entran, parecen peces como todos los demás. Pero una vez adentro, se
portan como cochinos. ¿Sabes?, he oído hablar de peces banana que han
entrado nadando en pozos de bananas y llegaron a comer setenta y ocho
bananas -empujó al flotador y a su pasajera treinta centímetros más
cerca del horizonte-. Claro, después de eso engordan tanto que no
pueden volver a salir. No pasan por la puerta.
-No vayamos tan lejos -dijo Sybil-. ¿Y qué pasa después con ellos?
-¿Qué pasa con quiénes?
-Con los peces banana.
-Bueno, ¿te refieres a después de comer tantas bananas que no pueden
salir del pozo?
-Sí -dijo Sybil.
-Mira, lamento decírtelo, Sybil. Se mueren.
-¿Por qué? -preguntó Sybil.
-Contraen fiebre bananífera. Es una enfermedad terrible.
-Ahí viene una ola -dijo Sybil nerviosa.
-La ignoraremos. La mataremos con la indiferencia -dijo el joven-,
como dos engreídos. -Tomó los tobillos de Sybil con ambas manos y
empujó para adelante y para abajo. El flotador levantó la proa por
encima de la ola. El agua empapó los cabellos rubios de Sybil, pero
sus gritos eran de puro placer. Cuando el flotador estuvo nuevamente
en posición horizontal, se apartó de los ojos un mechón de pelo
pegado, húmedo, y comentó: -Acabo de ver uno.
-¿Un qué, mi amor?
-Un pez banana.
-¡No, por Dios! -dijo el joven-. ¿Tenía alguna banana en la boca?
-Sí -dijo Sybil-. Seis.
El joven de pronto tomó uno de los empapados pies de Sybil que
colgaban por el borde del flotador y le besó la planta.
-¡Eh! -dijo la propietaria del pie, volviéndose.
-¿Cómo, eh? Ahora volvamos. ¿Ya te divertiste bastante?
-¡No!
-Lo siento -dijo, y empujó el flotador hacia la playa hasta que Sybil
descendió. El resto del camino lo llevó bajo el brazo.
-Adiós -dijo Sybil y salió corriendo, sin lamentarlo, en dirección al hotel.
El joven se puso la salida de baño, cruzó bien sus solapas y metió la
toalla en el bolsillo. Recogió el flotador mojado y resbaloso y lo
acomodó bajo el brazo. Caminó solo, trabajosamente, por la arena
caliente, blanda, hasta el hotel.
En el primer nivel de la planta baja del hotel -que los bañistas
debían usar según instrucciones de la gerencia- entró con él en el
ascensor una mujer con la nariz cubierta de pomada de zinc. -Veo que
me está mirando los pies -dijo él, cuando el ascensor se puso en
marcha.
-¿Cómo dice? -dijo la mujer.
-Dije que veo que me está mirando los pies.
-¡Cómo dijo! Casualmente estaba mirando el piso -dijo la mujer, y se
dio vuelta enfrentando las puertas del ascensor.
-Si quiere mirarme los pies, dígalo -dijo el joven-. Pero, maldita
sea, no trate de hacerlo con tanto disimulo.
-Déjeme salir, por favor -dijo rápidamente la mujer a la ascensorista.
Las puertas se abrieron y la mujer salió sin mirar hacia atrás.
-Tengo los pies completamente normales y no veo por qué demonios
tienen que mirármelos -dijo el joven-. Quinto piso por favor.
Sacó la llave del cuarto del bolsillo de su salida de baño.
Bajó en el quinto piso, caminó por el pasillo y abrió la puerta del
507. La habitación olía a valijas nuevas de cuero de vaquillona y a
quitaesmalte de uñas.
Echó una ojeada a la chica que dormía en una de las camas gemelas.
Después fue hasta una de las valijas, la abrió y extrajo una
automática debajo de una pila de calzoncillos y camisetas -Ortgies
calibre 7.65-. Sacó el cargador, lo examinó y volvió a colocarlo.
Corrió el seguro. Después se sentó en la cama desocupada, miró a la
chica, apuntó con la pistola y se descerrajó un tiro en la sien
derecha.

J.D. Salinger

(*) Se refiere a Seymour Glass (pronunciado simor glas) y confunde el
sonido con la expresión see more glass (ver más vidrio).

(1) También se conoce a este cuento como Un día perfecto para el pez banana.

Libros: Muerte en Estambul, de Petros Márkaris



MUERTE EN ESTAMBUL
de Petros Márkaris
(Tusquets Editores, Buenos Aires, 2009, 250 páginas)

Por Germán Cáceres

La investigación de unos asesinatos cometidos por una anciana griega que viaja a Estambul es sólo una excusa para recorrer la pintoresca ciudad e introducirnos en la moderna historia de Turquía. El nombre de su prócer Kemal Atatürk aparece continuamente en la novela porque así se llama una avenida importante de la ciudad.

Esos asesinatos son sencillos, están lejos de los thrillers en los que se cometen crímenes atroces u organizaciones internaciones se dedican al tráfico de armas y de drogas o a multimillonarias estafas financieras. Aquí sólo se busca una venganza doméstica —para lo cual el texto se sumerge en un laberinto de relaciones familiares— envenenando a las víctimas con ricas empanadas de queso rociadas con pesticida.

El libro brinda abundante información sobre Estambul, con coloridas y ricas descripciones de los lugares turísticos (mezquitas, palacios, callejuelas, iglesias y el deslumbrante Bósforo), y sobre los vaivenes que sufrió la comunidad griega, que emigró a su país por motivos políticos en los éxodos de 1922, 1955 y 1964. El mismo Márkaris nació en 1937 en esa urbe mítica (llamada Constantinopla hasta 1923, año en que se fundó la República de Turquía) y evoca su fascinación: “Instantes antes de mi partida, descubro que parte de la belleza de la ciudad procede de su pulso, de esa fiebre que sube cada mañana y desciende a última hora de la noche”.

Como siempre la trama es narrada por la primera persona del comisario Kostas Jaritos, que ironiza sobre el comportamiento de la gente y de Adriani, su mujer. Al parecer la sociedad griega es tradicionalista y prejuiciosa en materia de divorcio como también del casamiento civil que no pase por la iglesia. Uno de los puntos más cómicos reside en la actitud del anticuado matrimonio frente a su hija Katerina, una chica muy moderna, y que lleva al policía a entablar acaloradas discusiones con ella y con su misma esposa (“—Papá, ¿te parece bien conspirar contra mamá y confabularnos a sus espaldas? / —No, no me parece nada bien; es más, me da vergüenza. Pero la única manera de ganar a tu madre es jugando con dos barajas”.)

La traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu es sobresaliente.


Germán Cáceres

Cine: La Tigra, Chaco



LA TIGRA, CHACO
(Argentina, 2009)
Dirección y guión: Federico Godfrid y Juan Sasiain. Fotografía: Paula Gullco. Música: Daniel Godfrid. Intérpretes: Ezequiel Tronconi, Guadalupe Docampo, Ana Allende, Federico Ibáñez y Roger Grancic. Producción: Laura Perelli, Ignacio Rey y Gastón Rothschild. Duración: 75 minutos.

Por Germán Cáceres

Es una película demasiado sencilla, casi sin historia: Esteban (Ezequiel Tronconi), después de seis años de haber partido hacia Buenos Aires, regresa por unos días a su pueblo para hablar con el padre, que es camionero, sobre unos problemas —no están aclarados— que tiene en la capital. Pero como el muchacho debe esperarlo porque está de viaje, se reencuentra con la tía de origen checo (Ana Allende); con Vero (Guadalupe Docampo), una antigua amiga de la infancia, que está crecidita, como él; con su medio hermano y con la actual esposa de su padre. Éste, en la última secuencia del filme, llega y a la distancia se lo ve descender de su camión. Nada más.

Pero por algo esta ópera prima de Federico Godfrid y Juan Sasiain ganó mención especial en el festival de Karlovy Vary, el premio de la crítica en el festival de Mar del Plata, y Guadalupe Docampo, el de mejor actriz en este último. Es que tras ese no pasar nada alienta un volcán de sucesos y actos no explicitados que debe imaginar o suponer el espectador. A la manera de ese transitar reposado que ofrecían tanto Robert Bresson como el neorrealismo italiano de Cesare Zavattini, suceden demasiadas cosas no contadas y otras tal vez estén por ocurrir. Por ejemplo: ¿cómo le va a Esteban en Buenos Aires? ¿se adaptó a la urbe o no le queda otro remedio que regresar a ese pueblo chato y sin horizontes? Y su padre: ¿está separado o enviudó, o sea qué fue de la mamá de Esteban?

Los realizadores y la directora de fotografía Paula Gullco prefieren la cámara detenida y alejada y a los actores (¡extraordinarios!) en silencio o hablando trivialidades. Pero en las miradas y gestos mínimos de Esteban y Vero se ve crecer una incontenible pasión, colmada de sensualidad, que no se sabe en qué puede desembocar, porque Roger, el despechado novio de ella, es carnicero, y en una escena se lo ve afilando los cuchillos con la maestría que le da su oficio.

Pero qué otro destino que el alcoholismo puede esperar a estos personajes que sólo se preocupan por dormir hasta tarde, jugar un picado o al metegol (Esteban); tomar tereré y charlar banalidades con sus amigas y dejar la preparación del ingreso a Medicina para más adelante (Vero), o jugar a las cartas en tardes tórridas y tediosas (la tía). No se ven borrachos, pero el cine de Federico Godfrid y Juan Sasiain es demasiado sutil para mostrarlos, sólo se observa en una fiesta pueblerina la compra de botellas de vino que se beben con total naturalidad, como si fuera la necesidad más inmediata y primaria de la vida.

La Tigra, Chaco es una película para aquellos que aman el cine de imágenes y admiran una fotogenia que no cesa de sugerir conflictos y frustraciones.

Germán Cáceres

Silsh: Lumbre



Fuera de los extremos de la noche
madura la ilusión bajo la llama.

Todo parece suspender el equilibrio.
Pizca de gozo entre telones
avasalla al instante
por sorpresa.

Es reunir apenas lo imposible
sin dejarse ganar
el espacio
de luz que nos inunde.


© Silsh
(Silvia Spinazzola)
Argentina
http://www.silsh.com.ar/

Langer: Cruzada humanitaria de EE.UU. en Haití



Ilustración de Langer: Cruzada humanitaria de EE.UU. en Haití

lunes, 25 de enero de 2010

Rubén Vedovaldi: 2 Poemas

Imagen: Aníbal Jorge Sciorra

NO SOY CLASE MEDIA

No soy clase media
no pienso
no siento
no vivo ni muero como clase media.

No calzo esa media;
no viajo no shopping
no almuerzo exquisito no bailo bonito
no invierto no rento
no compro la prensa y la publicidad.

No voy por la media
media Mar del Plata media Carlos Paz;
media diferente
media indiferente
media Disneylandia media universal. .

No soy de esa clase
medio ejecutiva
medio autonomista
medio deportiva
media olvidadiza
media pelotuda media hija de puta
media colonial.

Me tiene podrido
tanta media gente
media partidaria
media pasarela
media asegurada
media liberada
...media militar






TRIUNFAL DE ESTA VEZ

He derrotado a la Hydra
solo por hoy
Me he salido de mi destino en el zodíaco
solo

He dejado el rosario que ataba
las manos de mi alma
solo por hoy
He dejado de ser para la muerte
para ser -solo por hoy- para mi muerte

Olvidé la clave para entrar en la realidad
solo por esta vez
Olvidé el mundo que pusieron sobre mis espaldas
solo.
He derrotado –sólo por esta vez- a las sirenas que cantando encantan
Solo por este instante hago mío este instante
Solo por este minuto he triunfado
contra todo lo que llama a seguir
lo que induce a comprar
lo que impele a temer

Sólo por esta hora mi hora y yo somos lo mismo
Solo en esta instancia puedo si quiero cerrar los ojos y
puedo si quiero abrir los ojos y
puedo si quiero ahondar la mente y
alzar la mente y
no dormir no seguir arrojado a la anestesia de lo cotidiano
a la hipnótica euforia publicitaria
a la inyección endo-psíquica de propaganda permanente

Solo
conmigo pero solo
y solo porque conmigo –que no es lo mismo-
he derrotado a la danza marcada
he derrotado al olor impuesto
he abolido el modo acostumbrado
el entornante entorno
solo
para que en mi suceda
lo menos ajeno

Soy la gota sumada a la ola del mar
y la gota distinta

Soy aire sumado al cielo común
y también aire mío en mi cielo
sombra sumada a la tiniebla extensa
y sombra con luz propia

Solo por esta vez soy
eco de otro y también
silencio único y signo increado

Rubén Vedovaldi

Miriam Cairo: El bañista, el marqués y los pájaros



Por Miriam Cairo

Clave
Otra vez el enero morboso. Con las noticias en el bolso, el bañista se va de la ciudad. El bañista va rodando por el terraplén. La nube de polvo que no es, harina. Otra vez la perspectiva alcantarillada, las flores sedientas, los monstruos floridos. Lentamente, el bañista, con la mano no levanta un brillo sino su imitación. El diario en el bolso es transparente y deja ver el maleficio. Si las noticias no llegan es porque el pasaporte está vencido. El bañista desinformado está a merced del verano, clavando cada mañana la punta de la sombrilla en un caribe turístico a toda espuma. Su sombra cruza otra ciudad.

Rueden
Después de haber rodado toda la vida, nosotros los pájaros, cada noche no somos más que una rama florecida a ras de suelo. Nos desprendemos más vivos que centellas de la muñeca de Dios y nos salvamos del enero morboso. Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora cuando el bañista duerme en brazos de su castora. Cada noche, nosotros, los pájaros, hacemos signos de recíprocas inclinaciones. Hay unos celos más conmovedores que otros. Un ala abierta no altera el destino estival del enero morboso. Los pájaros no tenemos tiempo de respirar. Nos asfixiamos en el fondo de nuestros ojos donde la expresión del bañista es la muerte de los fulgores.

Alumbre
No se ve en el cielo más que una estrella. El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán de donde había salido para comprar cigarrillos y echar un vistazo en los burdeles. Mal atado sale del mundo interior con hermosos flecos en las manos, pisando estrellas del mundo exterior y dando órdenes misteriosas a las acróbatas bañistas. El sexo del marqués es tan hermoso como la muerte del bañista. Con la lámpara ciclón alumbra todas las estrellas del infierno. Descubre el lecho de sábanas color de flores llamadas bola de nieve. Tiene escondido un libro con estas palabras estampadas: "Los crímenes del amor". En la oscura señalización terrestre un bañista duerme en brazos del horror.

Tapone
Mujeres desnudas en lo profundo de las flores comen los frutos de la noche. Con todas sus calderas doloridas, humo de jacintos, remotos tigres emergen de rutas subterráneas semejantes a corchos de perfumistas. Con la sombrilla al hombro el bañista clava la punta en la arena a fuerza de no poder cometer un crimen mejor. Tapona el frasco de los sueños como una virgen. El bañista elige el caribe para desgarrar la sombra espesa del vivir. Preso de sus inmensas raíces, ronca toda la noche. La sombrilla clavada en garganta no lo deja respirar.

Nazca
El mundo exterior, hecho de puntos, enerva la hoja resbaladiza de los duraznos. La pulpa arde, constelada de blancura súbita, donde no se sabe si es el amor o el odio lo que reluce. En cada punto hay un comisario dispuesto a impedir que el marqués de Sade escriba Justine.
El mundo interior se despliega por el fondo, nacido de una partícula desconocida y escaldada, que sólo de noche fulge y emprende. Como el tigre, el jabalí, o el silencio, el cazador nunca será confundido con la selva. El mundo interior nunca será confundido. El marqués y el bañista tampoco.

Obedezca
Con la cabeza abajo, el bañista carga la sombrilla en el hombro laborioso. Sus rojos labios no sorben la hoja sedosa de magnolia porque el enero morboso prohíbe toda expansión de amor. Enero es el mes de las postales y de los panqueques de arena. En enero, el bañista no se levanta con sus dos alas de caracol rotundo. Nadie hunde en su yema los dientes. Nadie sorbe su gran ala líquida, su ala nutriente. Nadie agita su ala empinada ni traga los mangos de menta picante. Enero no admite el ala líquida. Está prohibido el lento desnudarse del bañista. Los juegos del amor son indecentes.

Sálvese
El marqués camina en puntas de pie por la Bastilla y esconde en la mano el jugo de la mariposa mortal. Guarda en las entrañas el olor de la flor de castaño nunca aspirado por la madrina de Dios. Si fuera bañista, el marqués no miraría, aunque sea mal y al sesgo, su cuerpo en un pequeño espejo. No miraría cómo desde los riñones, la flor del castaño soltaría a borbotones el olor reproductivo. Sálvese quien pueda. En la Bastilla y en el caribe cae la curva blanca sobre el fondo negro. Retenidos por sus cables, los pensamientos matan, los pensamientos curan, los pensamientos conspiran.

Encuentre
Las palomas mensajeras nos llenan de besos de socorro. Nosotros, los pájaros intercambiamos amantes desde lejos. Pero los cazadores son más devotos que las palomas. Un reguero de sangre destartala el enero de color salmonete. Tan exclusivamente de paloma herida el sabor a alba. El bañista abraza su sombrilla como a una mujer desnuda. Hace memoria del cuerpo inimitable y se tiende sobre el áspero mar abstinente. Parte por la mitad la noche. Incluso las conchas del erizo, si es necesario. Mientras tanto, al otro lado del mundo la luna se encabrita sobre los bulevares de la gran ciudad y hunde las piernas bajo la nube frutal. Por la mañana lee un diario transparente. Las noticias que desea no llegan. El verano sigue su curso. En el fondo de la taza el bañista encuentra en cada sorbo su suicidio estival.

Miriam Cairo
cairo367@hotmail.com

sábado, 23 de enero de 2010

Sandra Russo: Chile y Bolivia



Imagen: Sandra Russo


Por Sandra Russo


Ya hacía unos años que a la Argentina había vuelto la democracia, y apenas un par que este diario existía. Me tocó en suerte una cobertura inolvidable: ir a Chile a cubrir las elecciones con las que Augusto Pinochet se despedía. No se despedía del todo, porque había hecho una Constitución a su medida y quedaba como senador vitalicio. Pero aquel Chile fue una fiesta. En el acto de cierre de la Concertación, en el que hablaba Patricio Aylwin, quien sería el presidente electo, miles y miles de personas se apiñaban haciendo flamear sus banderas. Esas y otras banderas habían estado guardadas durante los años de dictadura. Chile, esas dos sílabas, ese nombre comprimido y rítmico, significaba entonces muchas cosas. Sobre todo significaba todavía Salvador Allende, significaba el Estadio Nacional, en consecuencia significaba Víctor Jara. Chile era llorar por los ausentes, y se lloraba de pena y de alegría al mismo tiempo esos días.
Las democracias latinoamericanas fueron llegando como pudieron. Fueron oportunidades arrancadas al enorme y monstruoso ballet de una generación más de militares que se aceptaron a sí mismos como el brazo armado de un orden de cosas que quisieron instaurar como el orden natural de las cosas. En cada país hubo pequeños grupos de civiles que buscaron y obtuvieron su propia representación en las fuerzas armadas. Tenemos esa clase de burguesías. Bananeras. La chilena, aunque camuflada en la circunspección idiosincrática y el recato religioso, fue tan bananera como la que más. Por bananera entiendo haber rifado sin titubeos una de las democracias más sólidas del continente para sacarse de encima, con estado de sitio, asesinatos y encarcelamiento de opositores, a un gobierno legítimo que estaba orientado hacia los débiles.
Ese sigue siendo nuestro problema en la región. Cómo pueden sostenerse los gobiernos que no se inclinen en el gesto de aceptación acrítica a lo que les exijan los países más poderosos.
Chile en aquel tiempo también significaba Ariel Dorfman y Armand Mattelart, y su Para leer al Pato Donald. Aquellas generaciones de latinoamericanos estaban descubriendo algunos mecanismos de colonización mental, algunos ardides a través de los cuales nuestros pueblos seguían viendo bello al rubio y feo al negro, confiable al blanco y ladino al indio. La aparatología cultural, puro artificio de comunicación de masas, no tenía todavía oponente. No había Ciencias de la Comunicación ni teorías que nos explicaran por qué y cómo la gente votaba contra sí misma, en una ensoñación programada para vulnerar hasta lo indecible a las mayorías.
Teníamos bases de ciudadanía extremadamente acotadas y selectivas. Se daba por bueno lo extranjero y malo lo nacional, como en esa propaganda de la silla que describió hace poco la Presidenta y que muchos hemos vuelto a ver con ojos azorados. Un hombre que se sienta en una silla hecha en la Argentina, y se cae porque la silla está mal hecha, no resiste su peso. Se exhibían entonces muchas otras sillas importadas, en las que cualquiera podía sentarse con confianza.
Lo ingenuo, lo falaz, lo antipatriótico y lo antipolítico de esa propaganda hoy la haría imposible. Sobre todo porque nos hemos sentado en infinidad de sillas importadas que se cayeron, y porque hasta el más desentendido entenderá al menos como un problema la desocupación de los trabajadores que hacen sillas y la quiebra de las fábricas de sillas. Pero en aquella época, en aquella edad del pavo mental que vivimos como continente y que terminó con los peores crímenes que puedan imaginarse, los ciudadanos eran niños leyendo al Pato Donald. Con fuerzas armadas instruyéndose en la Escuela de las Américas. Con burguesías y oligarquías aliadas en la saña que siempre pretendió ser moral o ideológica y siempre mintió, porque era económica. Algunos pocos generaron o preservaron negocios gracias a convencer a muchos de que había un estado de cosas que era el orden natural de las cosas.
Nunca nada tuvo por qué ser como fue. Lo que pasó fue la historia, con sus móviles, sus protagonistas, sus responsables, sus ganadores, sus firmantes. Tanto dolor, tanta muerte, tanto exilio, anidó en la parte más soez de miles de personas que, con el cuello apenas un poco afuera del agua, quieren hundirle la cabeza al de al lado. Hace unos días un hombre más bien pobre, que criticaba furiosamente al gobierno argentino, gritaba que él se había esforzado por pagar su jubilación y que ahora resulta que más de dos millones de vagos que no aportaron gozarán de su mismo beneficio. Eso es lo que han hecho con la idea del Estado: subvertirla tanto, que ya esa gente no entiende por Estado algo en común, sino la amenaza del reparto. No hay ningún pensamiento más funcional a esos pocos que manipulan a tantos, que ése: que la equidad es una amenaza.
Estos días en los grandes medios escuché a unos cuantos comunicadores machacar con el ejemplo chileno. Se referían a que Michelle Bachelet fue a saludar personalmente al presidente electo, el empresario Piñera. Vienen dando el ejemplo chileno porque Chile ya significa otras cosas. Significa beige, no rojo. Lo rojo se apiña en Bolivia, que ninguno de ellos da nunca como ejemplo de nada, a pesar de que es el país de la región cuya economía creció más el último año, y cuyos logros sociales van mucho más allá de lo aceptable para el statu quo. En Bolivia la democracia cura, educa y alimenta. En Bolivia el presidente Morales habla de la “revolución democrática” porque hay que sincerarse: que coman, se curen y se eduquen todos es lo revolucionario en estos países exóticos sólo si se los mira con el ojo del amo. La equidad, es necesario repetirlo, está siendo vestida de amenaza. Ese también es el ojo del amo.
Lamenté profundamente el triunfo de Piñera, lamenté ese retroceso, esa berlusconiada. Lamenté por anticipado lo que pasará y lamenté también tener que sepultar aquel recuerdo, el de Chile explotando de alegría con el fin de la dictadura. Porque la democracia, pensábamos todos entonces, no era solamente el llamado a elecciones sino la posibilidad de recrear las redes de solidaridad y de equidad que la dictadura había roto. La democracia, creíamos entonces, como había expresado aquí el entonces presidente Raúl Alfonsín, era una herramienta para dar de comer, para curar, para educar. Pues bien: eso lo ha hecho Bolivia y no Chile. No lo ha hecho hasta ahora, y con Piñera menos. Los ejemplos no son inocentes.

Sandra Russo
Permalink:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-138929-2010-01-23.html

jueves, 21 de enero de 2010

EVO FUE PROCLAMADO “GUIA ESPIRITUAL” DE BOLIVIA



"Hoy hay un Estado colonial que se va y un Estado plurinacional que llega"


El presidente Evo Morales "despidió" al "Estado colonial" en Bolivia durante su segunda investidura aymara, celebrada en el centro ceremonial de Tiwanaku. Evo recibió los bastones de mando de los pueblos originarios y arengó: "Hermanos y hermanas tuvimos que esperar 180 años para refundar Bolivia y garantizar un estado plurinacional donde todos los originarios tenemos los mismos derechos".


"Hoy hay un Estado colonial que se va y un Estado plurinacional que llega", proclamó Morales ante miles de seguidores, en un discurso tras el ritual en el que el presidente de etnia aimara recibió los bastones de mando de los pueblos originarios.

A las puertas del templo de Kalasasaya de Tiwanaku, Morales sostuvo que el Estado colonial permitió "el saqueo permanente de los recursos naturales de esta noble tierra" y discriminó a los pueblos indígenas al tratarlos como "salvajes" y "animales".

"Ese Estado colonial no trajo ninguna esperanza para los pueblos del mundo. Hermanos y hermanas tuvimos que esperar 180 años para refundar Bolivia (...) y garantizar un estado plurinacional donde todos los originarios tenemos los mismos derechos", dijo Morales.

El gobernante sostuvo que los "originarios milenarios" son millones y pobres y los "originarios contemporáneos" pocos y ricos, pero todos tienen sus derechos garantizados en el nuevo Estado.

En su discurso, también dijo que el proceso iniciado por su Gobierno es "sin retorno e irreversible", porque "los pueblos han decidido dignificarse y liberarse del imperialismo norteamericano".

Pidió a los ciudadanos, organizaciones sociales y a la "Madre Tierra" que le den "fuerza, sabiduría y humildad para servir cinco años más" en su país, hasta 2015.

Según Morales, en este milenio los movimientos sociales deben defender los derechos de la "Madre Tierra" ante el capitalismo, al que atribuye la culpa de los daños que sufre la naturaleza.

El gobernante boliviano jurará mañana en el Congreso para su segundo mandato, para el período 2010-2015, en un acto donde se espera la llegada del heredero de la Corona española, el príncipe Felipe de Borbón, y de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez; de Ecuador, Rafael Correa; y de Chile, Michelle Bachelet.


Permalink:
http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-138825-2010-01-21.html

miércoles, 20 de enero de 2010

La Presidenta y El Libro


Imágen: Presidenta recibe saludo de la gente en la Biblioteca Nacional.
Foto: Presidencia de la Nación


"El libro no es un poco de papel impreso; el libro es ese que te despierta y conmociona, y que es capaz de plantearte dudas, interrogantes o certezas.
Cuando hablamos del libro hablamos de algo más que de un proceso de comunicación o un proceso de aprendizaje. Estamos hablando, en definitiva, de si somos capaces los argentinos, a partir de nuestras contradicciones, complejidades y enfrentamientos, de procesar esa larga historia de frustraciones, fracasos y enfrentamientos para escribir una historia común".

(Cristina Fernández de Kirchner,
el 19 de enero de 2010 en la Biblioteca Nacional,
en la presentación del Museo del Libro)



Un museo nacional y popular

Cristina Fernández anunció el proyecto pedagógico y cultural que registrará la historia de las ediciones argentinas y latinoamericanas. Hubo aplausos y cánticos en un encuentro del que participaron representantes de organizaciones sindicales y de derechos humanos.

Por Silvina Friera

La presentación del Museo del Libro, proyecto pedagógico y cultural que registrará la historia de las ediciones argentinas y latinoamericanas, fue una fiesta peronista. Ante los ojos de los más incrédulos, la iconografía anticipaba la crónica de un festejo anunciado. Un trapo de la bulliciosa juventud de Carta Abierta, que hizo el aguante sin chistar la hora y media de demora de Cristina Fernández; una docena de banderas de UPCN y otras tantas de ATE, casi con los colores de Chicago –verde, negro y blanco–, los vasitos de plástico llenos de agua que empezaron a circular para paliar la sed y matar el fastidio de la espera. Hasta el ventilador que alguien arrimó, para tirar un poco de aire fresco en un ambiente que se volvía asfixiante, le imprimió un color especial a la previa.

Fernández, que apenas unas horas antes había suspendido su viaje a China, cuestionando al vicepresidente Julio Cobos, llegó al primer piso de la Biblioteca Nacional acompañada por el director, Horacio González; el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia; el subsecretario de Obras Públicas, Abel Fatala, y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Lo primero que hizo fue fundirse en un abrazo con Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. A más de uno la emoción le nubló la vista. “La historia no se escribe con letra caligráfica y perfecta, la historia muchas veces se escribe con letra torcida. Lo importante es escribirla y no que te la escriban otros”, subrayó Fernández.

“El libro no es un poco de papel impreso; el libro es ese que te despierta y te conmociona, y que es capaz de plantearte dudas, interrogantes o certezas”, agregó la Presidenta ante el fervor de una muchachada que no paraba de cantar y aplaudir cada frase que pronunciaba. “Cuando hablamos del libro hablamos de algo más que de un proceso de comunicación o un proceso de aprendizaje. Estamos hablando, en definitiva, de si somos capaces los argentinos, a partir de nuestras contradicciones, complejidades y enfrentamientos, de procesar esa larga historia de frustraciones, fracasos y enfrentamientos para escribir una historia común”, dijo la Presidenta ante varios escritores, como Mario Goloboff, Vicente Battista y Cristina Zucker, entre otros.

El Museo del Libro, que ocupará una superficie de 950 metros cuadrados, demandará una inversión de 10,3 millones de pesos y será levantado en un plazo de 18 meses en un predio adyacente al edificio de la Biblioteca Nacional, en Las Heras y Austria. La nueva institución tendrá un sector dedicado a la escritura, a la imprenta y a los libros, y espacios destinados a la exhibición de los ejemplares más antiguos del patrimonio editorial argentino, además de acoger en sus paredes cuatro frescos de muralistas argentinos. Los arquitectos a cargo del proyecto son los prestigiosos Clorindo Testa y Francisco Bullrich, los mismos que colaboraron con el diseño vanguardista del edifico de la Biblioteca Nacional en los años setenta.

González afirmó que las obras del Museo revisten una importancia fundamental para el país. “La idea consiste en recuperar al libro constituido como manuscrito central de nuestra civilización, de nuestra cultura y del lenguaje de los argentinos; de manera que devuelve, sitúa y constituye al libro como un instrumento de la historia argentina”, señaló el sociólogo y director de la BN, una institución que también celebra este año su bicentenario. “La Biblioteca Nacional es una sombra constante de todos los acontecimientos históricos de la Argentina; vive en la vida literaria y vive también la vida de la crítica; es una institución en el corazón público y en el corazón literario e histórico de la Argentina, que vive hoy su gran momento e inicia así los grandes festejos del Bicentenario”, añadió el director.

Fernández recordó que en los terrenos que actualmente ocupa la BN estuvo la mansión Alzaga Unzué, utilizada como residencia presidencial por Juan Domingo Perón y Eva Duarte, destruida luego del golpe militar de 1955. “La mansión fue destruida, como si alguien pensara que por destruir una casa puede desaparecer la historia. Hay algo de fetichista en eso, hay algo de primitivo, hay algo de gente troglodita...”

–Malditos –gritó un joven, que interrumpió a la Presidenta.

Como si estuviera reproduciendo en miniatura ese emotivo ida y vuelta que generaba Evita en sus discursos, Fernández, jugando de local, le contestó. “No ni siquiera eso; no digamos la palabra malditos que es muy fea, dejémosle a ellos que digan eso. Nosotros digamos nada más palabras bellas, que no significan palabras complacientes, que no significan palabras que oculten verdades. Siempre la verdad es bella, aunque no sea la que nosotros queremos que sea.” En la primera fila, la juventud de Carta Abierta contagió a la multitud repitiendo: “Y pegue, y pegue, y pegue Cristina pegue”.

–Sos una genia –chilló otro señor para hacerse escuchar en ese festival de elogios.

“Yo no quiero ser una genia. Si fuera una genia haría desaparecer a alguno –ironizó entre aplausos y carcajadas–. No quiero hacer desaparecer, ya hubo demasiados desaparecedores de identidades de hombres, mujeres y niños, que todavía buscamos y seguiremos buscando incansablemente porque cuando no estén ustedes, abuelas y madres, van a estar los hijos. Y cuando no estén los hijos, estarán los nietos; y cuando no estén los nietos, estará la memoria inclaudicable del pueblo argentino. No hay sociedad, no hay patria que merezca ser vivida si no hay verdad. Si nos encontramos todos los argentinos en esa verdad y en esa justicia que la verdad demanda, estoy segura de que vamos a poder construir una sociedad mucho mejor que la de estos últimos doscientos años de fracasos, de frustraciones y desengaños.”

La Presidenta, finalmente, convocó “a la construcción de un país diferente en el cual podamos entrar todos, que nadie quede afuera”. “Nosotros hemos cometido también muchos errores porque en aquellos años 40 y 50, inmersos en procesos de transformación inéditos del país y la historia latinoamericana, se acertaba pero también se equivocaba. Después, en la parte chiquita que nos tocó a nosotros, hacia los años 70, también era posible equivocarse. Pero lo que es importante es que siempre estuvimos diciendo las cosas desde un lugar de compromiso, desde un lugar de pensamiento, de involucrarse concretamente en esa historia y elegir con quiénes queremos marchar en esa historia”, planteó Fernández. “Y yo quiero marchar en esa historia de estos 200 años con Mariano Moreno, con Belgrano, con San Martín, con Yrigoyen, con Perón y Evita.”

Mientras la Presidenta intentaba retirarse de la Biblioteca Nacional, la “muchachada” la despidió cantando un himno “setentista”, a tono con el espíritu de la jornada: “Patria sí, colonia no”.

Silvina Friera Fuente: http://www.pagina12.com.ar/

Carta a los periodistas de Clarín

Buenos Aires, 19 de enero de 2010
A todos los periodistas del
Grupo Clarín
Presente

Estimados colegas:

Los que abajo firmamos somos periodistas y comunicadores de todo el país, algunos conocidos por el gran público, otros simplemente por los colegas y algunos completamente desconocidos, pero todos orgullosos de esta profesión que elegimos llenos de optimismo.

El motivo de esta carta es apelar a la reflexión y la conciencia de todos ustedes que, a sabiendas o no, colaboran con sus artículos, sus escritos, sus columnas y sus comentarios con la furiosa e irracional campaña de debilitamiento, desprestigio y derrocamiento de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lanzada por el directorio del grupo y su CEO, el señor Héctor Magneto.

Sabemos, porque ha tomado estado público, que todos ustedes son sometidos diariamente a un proceso de adoctrinamiento y presiones, para que la actividad intelectual por la cual han sido contratados, sirva de manera exclusiva - cualquiera sea la sección o especialidad periodística en la que desarrollen su labor- a la finalidad arriba descripta. Para ello, denigran por todos los medios la acción de gobierno; calumnian, insultan y descalifican a la señora presidenta, al ex presidente Néstor Kirchner y a los funcionarios y políticos del oficialismo e, incluso, a cualquier simpatizante del mismo; ocultan de manera sistemática los aciertos, las obras de gobierno y las intervenciones presidenciales; generan un clima de zozobra, angustia y miedo en la sociedad; esconden los signos de recuperación económica, para generar desesperanza y crispación; agigantan y repiten hasta el cansancio las malas noticias, las desgracias, los crímenes y delitos, para dejar la sensación y el efecto de sentido de que todo ello es culpa del gobierno y la presidenta. Estas son, entre otras del mismo tenor, las tareas a las que están, suponemos, obligados a realizar. Como todos ustedes saben, todo lo aquí enumerado atenta tanto contra los principios éticos que rigen nuestra profesión, como contra los más elementales conceptos de lo que es el periodismo y la comunicación.

Creemos que, de una manera u otra, deben reaccionar frente a esto. ¿Pretenden ustedes pasar a la historia como los oficiales y soldados que, cumpliendo órdenes, lograron el desprestigio y la destitución de una presidente constitucional argentina, votada por el 45 % de la ciudadanía? ¿Están dispuestos a aceptar que sus hijos, el día de mañana, lean en los libros de historia que ustedes, sus padres, fueron la fuerza de choque, el grupo de tareas que pretendió llevarse puesta a una presidenta? ¿Con qué cara los mirarán cuando ellos pregunten, después de la escuela, qué hicieron cuando un grupo de millonarios monopólicos intentó con mentiras y manipulaciones destituir a un gobierno democrático y popular?

No tendrán posibilidad de recurrir a la Obediencia Debida y explicar a sus hijos que sólo seguían órdenes, porque este mismo gobierno contra el que sus patrones los lanzan, derogó esa falacia y mandó a prisión a quienes la argumentaron.

Sabemos que entre ustedes hay algunos –pocos- que han elegido un camino sin retorno, que les han hecho creer que eran ligeros para que corran, y hoy son verdaderos y concientes oficiales del Estado Mayor golpista, antidemocrático y monopólico. Pero no todos son Nelson Castro, Marcelo Bonelli, Ricardo Kirchbaum o Morales Solá, cuyos siderales honorarios los convierten en sicarios, cómplices y gustosos de la infamia.

Entre ustedes hay muchos, la mayoría, que están avergonzados del papel que el odio y el revanchismo políticos les están haciendo jugar, a cambio de un sueldo, imprescindible –es cierto-, pero que no alcanza para comprar la dignidad y la honra, colegas periodistas.

Los abajo firmantes los instamos a rebelarse contra esta perversa maniobra. Protesten, resistan y, si es necesario, renuncien y denuncien a sus patrones destituyentes. Una profesión que tiene a Mariano Moreno como paradigma no puede ser mancillada por un plato de sopa.

Comisión Directiva de Faro de la Comunicación

Hugo Barcia, Presidente Gustavo Granero, Vicepresidente

Vocales: Julio Fernández Baraibar, Enrique Masllorens, Mariana Baranchuk, Mario Paulela, Santiago Plaza, Javier González

Estimado colega, si quiere firmar esta carta envíe su adhesión a farodelacomunicacion@gmail.com

De ser posible y lograr los fondos necesarios, la publicaremos bajo la forma de solicitada.

Señales de Peligro

Comunicado de prensa del IMFC (Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos)

El cuarto Principio de la Cooperación establece la autonomía e independencia de las cooperativas, pero en modo alguno consagra la indiferencia. Digámoslo claramente: nuestro país se encuentra en una situación compleja, con tensiones crecientes que ponen en peligro la gobernabilidad y la estabilidad de las instituciones republicanas.

Como ciudadanos y cooperadores tenemos la profunda preocupación por las decla­raciones y los hechos que cotidianamente agudizan un clima de confrontación, donde se ponen de manifiesto las fracturas históricas de la sociedad argentina. Precisamente en el marco del Bicentenario de la gesta patria, se reavivan los debates en torno del proyecto de país que deseamos construir. Aquí radica la esencia de los acontecimientos que mar­can el tono de la primera década del presente siglo.

La pugna de ideas refleja intereses contrapuestos. Es la vieja antinomia de los dos últimos siglos: o se construye una república profundamente democrática, con el desarrollo pleno de todas sus potencialidades y la inclusión con justicia social; o se consagra el pri­vilegio para un sector y las exclusión de todos los demás.

Esta disyuntiva expresada en apretada síntesis, no es tan fácil de distinguir para la mayor parte de la ciudadanía. Los medios de comunicación concentrados, voceros de aquellos intereses poderosos, se ocupan de conmover las fibras más sensibles de la opi­nión pública con anuncios catastróficos y profecías apocalípticas que obnubilan el pensa­miento crítico e instalan un clima de hastío. Esto ya lo vivimos en las décadas pasadas: primero, un operativo de erosión sistemática. Luego, el consenso indispensable para el avasallamiento de las instituciones.

Vivimos tiempos difíciles. Pero también tenemos una oportunidad histórica. Pode­mos avanzar hacia la Argentina soñada por los próceres de Mayo si sumamos voluntades y propuestas, para diseñar y sostener un país con más democracia y equidad distributiva.

Los cooperadores, constructores de la economía solidaria, comprometidos con el destino de la patria, no podemos ser indiferentes ante la realidad que nos atraviesa. De­bemos multiplicar los esfuerzos por analizar las causas profundas de la crisis argentina, conocer a sus actores, identificar los intereses en juego, estimular y ejercitar el pensa­miento crítico. Y debemos hacerlo con la convicción de las causas justas, en defensa del cooperativismo y del país.


Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos
Buenos Aires, 13 de enero de 2010

Scalabrini Ortiz y el Banco Central



Por Rodrigo López *

Scalabrini Ortiz decía: “El Banco Central es un simple rodaje administrativo, pero es, también, la invención más perniciosa para la independencia económica argentina que pudieron concebir los más apresurados del dinero”.
La llamada independencia del Banco Central es proclamada por el poder económico como si la estabilidad monetaria fuera un nuevo Dios, el BCRA su Catedral y Redrado el mismísimo Papa.

Estos dogmas ideológicos del liberalismo hicieron persignar a la oposición como si los radicales pudieran lavar sus pecados de repetidas fugas de reservas e hiperinflaciones y los peronistas disidentes su obsesión por las megadevaluaciones. El MST no entró porque no es creyente, pero se quedó en la puerta pidiendo la limosna de la visibilidad mediática. Entonces fue cuando Pino Solanas comenzó a profetizar en el más rancio sánscrito liberal la zoncera de la independencia del BCRA amenazando echar al Poder Ejecutivo como si fueran los profanos mercaderes de esta historia.

El BCRA tiene un origen non sancto, como instrumento de la Década Infame. No fue creado por Dios sino por un inglés con nombre alemán, Sir Otto Niemeyer. Prebisch alcanzó a introducir algunas herejías, como el control de cambios. Pero quedó escrito en piedra el objetivo principal: “Defender el valor de la moneda”. Los peronistas disidentes deberían recordar que cada vez que el General fue presidente nacionalizó el BCRA, criticando la identidad “mixta sui géneris” (bancos privados extranjeros en el directorio) para incluir representantes de los bancos públicos, ministerios y trabajadores en el directorio y el objetivo de velar por el pleno empleo y el crecimiento. Hace unos años Mercedes Marcó del Pont propuso la restitución de tal obligación, pero Redrado se opuso. También se opone a una reforma de la Ley de Entidades Financieras y a la creación del Fondo Bicentenario.

La independencia es pedida respecto del Ejecutivo pero no para los mercados ni para la oposición, con quien se arreglan citas y estrategias. Mientras, Redrado quiere pasar por el gran campeón del cuidado de las reservas cuando hace dos años se vienen fugando todos los trimestres al ritmo del 2001 y no ha hecho nada para impedirlo. La responsabilidad política por la suerte de los argentinos la corre el presidente de la Nación, no el del BCRA.

* Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche, UBA.
(Enviado por Silvia Loustau)

Estrategia del caos para una invasión



Por José Luis Vivas

El terremoto que arrasó Puerto Príncipe el 12 de enero pasado ofrece una pretexto inmejorable para justificar la enésima invasión y ocupación militar del Haití, ya ocupado desde 2004, pero ahora directamente por los principales promotores de esa ocupación, sin intermediarios. Motivos, políticos y estratégicos, no faltan. De paso, serviría para escarmentar al principal intermediario de la actual ocupación, Brasil, que a pesar de los buenos servicios prestados en Haití no se ha portado de la misma forma en relación al reciente golpe de Estado en Honduras.

Lo que hemos observado hasta el momento parece corroborar la tesis de que se está preparando una nueva ocupación militar, no humanitaria. Varios elementos lo indican como: fricciones con los actuales ocupantes, la Misión de Paz (MINUSTAH) de la ONU, especialmente con Brasil, que tiene el mando militar; entorpecimiento de la ayuda humanitaria y fomento de una situación de caos; y una campaña mediática consistente en la creación de una imagen de caos y violencia, que justificaría una ocupación ante la opinión pública. Como veremos abajo, todos esos componentes parecen estar presentes.

Hay motivos para sospechar que se está permitiendo deliberadamente el deterioro de la situación humanitaria en Haití. Por ejemplo la reconocida descoordinación en las tareas de rescate, ampliamente difundida por los medios. En teoría, correspondería a la ONU dirigir tales tareas, pero al parecer ésta ha sido desautorizada por los Estados Unidos, que ocupó desde primera hora uno de los puntos claves para la coordinación de las tareas de rescate, el aeropuerto. Sin el liderazgo de la ONU, y con un Estado haitiano “fallido” o, en lenguaje menos Orwelliano, quebrado de forma premeditada, no queda nadie que pueda dirigir las tareas de rescate eficientemente. Ciertamente tampoco las ONGs, que han venido recibiendo fondos internacionales para ejercer muchas de las funciones que deberían corresponder al gobierno haitiano. A las ONGs no se les puede exigir las mismas responsabilidades que a un gobierno, un hecho tal vez muy conveniente en estos momentos.

Otro elemento es la escasa prisa en el envío de ayudas por parte de EEUU, en contraste con la rapidez demostrada en a movilización militar. Incluso la distante China parece haberse adelantado a los Estados Unidos en el envío de auxilio. Así, el teniente general retirado del ejército estadounidense, Russell Honoré, que participó en las tareas de rescate tras el huracán Katrina en 2005, declaraba acerca de la situación de Haití tras el terremoto: “pienso que eso ya hemos aprendido durante el Katrina, llevemos agua y alimentos y comencemos a evacuar a la gente… Pienso que deberíamos haber comenzado con más premura” (1). Por ejemplo, mientras las fuerzas armadas de EEUU parecen haber sido movilizadas con bastante rapidez, un buque hospital de la marina se está preparando con más parsimonia: “es un buque lento, algo viejo, tardará una semana en llegar una vez que lo hayamos puesto a punto”, aclara un portavoz del Pentágono (2). Quizá no puedan hacer nada mejor con el viejo buque, pero deberían existir otros medios para acelerar las ayudas. Por ejemplo, se podría seguir la sugerencia algo herética de Lawrence Korb, ex secretario asistente de Defensa de EEUU, de aprovechar los conocimientos de los cubanos en las tareas de rescate: “debemos pararnos y pensar que nuestro vecino Cuba cuenta con algunos de los mejores médicos del mundo… Deberíamos tratar de trasladarlos allí en en nuestros vuelos “(3).

Todo eso nos deja la impresión que, en el mejor de los casos, las tareas de rescate no son una prioridad para el gobierno de EEUU, al contrario de las puramente militares, como el envío de “3500 soldados de la 82 División Aerotransportada de Fort Bragg”, cuya misión “no está clara”, según el Christian Science Monitor (2). Pero quizá quede más clara con esta explicación del portavoz del Departamento de Estado de EEUU Philip Crowley: “Nosotros no estamos adueñándonos de Haití. Estamos ayudando a estabilizar el país. Estamos ayudando en el suministro de material y socorro para salvar vidas, y vamos a permanecer allí a largo plazo para ayudar a reconstruir Haití.” (3) Y también las palabras posteriores de la secretaria de Estado Hillary Clinton, asegurando que las fuerzas norteamericanas se quedarían en Haití “hoy, mañana, y previsiblemente en el futuro”.

Las fricciones diplomáticas con otros países, especialmente Brasil, que está al mando de las tropas de la ONU en Haití, no tardaron en manifestarse, lo que parece indicar también que la “misión” norteamericana en Haití va mucho más allá de lo puramente humanitario. Hasta hoy Brasil había cumplido diligentemente con el papel que le fue designado en Haití. Sus tropas se dedicaban a controlar y, en ocasiones, aterrorizar a la población haitiana, especialmente a los más pobres, de una forma que ya habían perfeccionado en las favelas de Brasil. Como informa en una entrevista el periodista Kim Ives, de Haiti Liberté, la presunta misión de la paz de la ONU en Haití, liderada por brasileños, “es extremadamente mal vista [por la población haitiana]. La gente está harta y cansada de que se estén gastando millones en ella, de observar como los muchachos se la pasan dando vueltas por todas partes dentro de tanques gigantescos y apuntándoles con los fusiles. Y es que, como sabes, esta es una fuerza cuya misión es la de someter al país” (4).

Cabe esperar que los EEUU entrarían en conflicto con Brasil si la intención del primero es la de asumir un papel militar en Haití. El conflicto no tardó en producirse. En palabras del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el 14 de enero, “sería absolutamente deseable que todas esas fuerzas estuvieran coordinadas por el comandante de la MINUSTAH allí” (3). Pero los EEUU no aceptaron esta propuesta. Funcionarios del gobierno de EEUU han indicado que sus fuerzas “coordinarán” sus acciones con la dirección de la MINUSTAH, y nada más: “Vamos a actuar bajo comando de los EEUU en apoyo a una misión de la ONU en nombre del gobierno y del pueblo haitiano”, declara Crowley (3).

Como esa “coordinación” está funcionando se puede deducir de la reacción del ministro de defensa de Brasil, Nelson Jobim, criticando el control “unilateral” de EEUU sobre el aeropuerto de Puerto Príncipe, que según él se tomó sin que otros países fueran consultados, y que estaría entorpeciendo el aterrizaje de aviones de la FAB (Fuerza Aérea Brasileña) cargados de personal y mantenimientos (5). Como indica el diario brasileño Folha de São Paulo, esa situación “ha causado un pequeño problema diplomático entre Brasil y EEUU. Además de entorpecer el aterrizaje de los aviones de la FAB, los brasileños se quejan de que el control norteamericano habría impedido el acceso de la MINUSTAH (Misión de paz de la ONU en el Haití, liderada por brasileños) al local [el aeropuerto]” (5).

A pesar de declaraciones posteriores de Hillary Clinton a Jobim, asegurando que “las fuerzas norteamericanas van a cumplir funciones esencialmente humanitarias, sin interferir en la seguridad pública del país” (6), el hecho es que tales funciones “humanitarias” estarán comandados “no por agencias civiles del gobierno… sino por el Pentágono” , a través de SOUTHCOM (Comando Sur de los Estados Unidos), cuya misión es la de “conducir operaciones militares y promocionar la cooperación en seguridad para lograr los objetivos estratégicos de los Estados Unidos”, como señala Michel Chossudovsky, del Global Research, (7).

Otro elemento importante es la aparente instrumentalización de un supuesto estado de caos en Haití, al que también podría contribuir la quizás premeditada descoordinación en la distribución de la ayuda humanitaria. El objetivo aquí sería el de crear una imagen de caos y violencia que justifique la invasión ante la opinión pública, y para eso hay que contar con la colaboración estrecha de los grandes medios de información. Al menos los medios más afines al gobierno norteamericano parecen no haber perdido tiempo en este sentido. Desde el primer momento han tratado de dramatizar la situación, por ejemplo a través de la difusión de rumores de ráfagas de supuestos tiroteos, que nadie más en Puerto Príncipe parece haber oído, o de la formación de nuevas bandas criminales. Así, ya un par de días después del terremoto podíamos leer, en un artículo intitulado “¿Tomarán las bandas criminales el control del caos haitiano?”, las siguientes ominosas palabras: “cuando la oscuridad cubrió la ciudad de Puerto Príncipe, asolada por el terremoto, moradores informaron que habían oído tiros. Eso difícilmente constituía una sorpresa: en Haití, durante las emergencias – naturales o políticas – tiros pueden ser tan omnipresentes por la noche como el ladrido de los perros, con bandas armadas adueñándose de las calles” (8). El hecho de que nadie parece haber oído esos tiros ni visto tales pandillas adueñándose de las calles, puede indicar que la intención aquí es la de crear una falsa imagen de caos que haga más aceptable para la opinión pública una eventual invasión y ocupación del país.

La mayor parte de los medios machacan ahora con imágenes de caos y violencia. Pero hay excepciones. Así, como explica el coordinador del Canadian Haiti Action Network, Roger Annis, refiriéndose a un reportaje de la BBC que no muestra nada de esa supuesta violencia, este “contrasta fuertemente con las advertencias de saqueo y violencia que llena las ondas de canales de noticias tales como la CNN”, y que “están siendo reproducidas por el secretario de Defensa de EEUU Robert Gates” (9). Indagado por los medios acerca del motivo por el cual no se estaban lanzando provisiones desde el aire, Gates contesta que “me parece que lanzamientos desde el aire simplemente van a provocar disturbios”, que por lo visto Gates considera peor que la falta de provisiones.

Lo más macabro de todo esto es que las ayudas podrían no estar llegando a los damnificados debido a una intención deliberada de provocar ese mismo estado de caos y violencia que parece no existir hasta el momento. Según Roger Annis “está creciendo la evidencia acerca de una negligencia monstruosa hacia el pueblo haitiano tras el catastrófico terremoto de 3 días atrás. A medida que provisiones médicas vitales, alimentos, substancias químicas para purificación del agua y vehículos se están amontonando en el aeropuerto de Puerto Príncipe, y que los medios están informando de un esfuerzo internacional masivo para suministrar ayuda de emergencia, los moradores de la ciudad destrozada se preguntan cuándo podrán ver algún tipo de ayuda” (9).

El reportero de la BBC Andy Gallaguer declara también que anduvo por todas las partes de la capital durante el viernes, 15 de enero, y que “no observó nada más que cortesía de parte de los haitianos que encontró. En todas partes fue llevado por los moradores a ver lo que había sucedido en sus vecindarios, sus casas y sus vidas. Y entonces preguntaban: ¿dónde están las ayudas?” (9) A la declaración del secretario de defensa norteamericano que motivos de “seguridad” estarían impidiendo la distribución de ayuda, Gallaguer contesta que “yo no estoy viendo nada de eso” (9). Sobre la situación en el aeropuerto, informa que “hay una gran cantidad de material en el suelo y mucha gente allí. Yo no sé qué problemas hay con la entrega” (9). Igualmente, según palabras de un observador local, “los agentes de los medios están buscando historias de haitianos desesperados que estén actuando de forma histérica. Cuando en realidad lo más común es verlos actuar de forma sosegada, mientras que la comunidad internacional, la élite y los políticos están desquiciados con ese tema, y ninguno parece tener la mínima idea de lo que está pasando” (9)

No solamente no hay planes de transportar a médicos cubanos a la isla, sino que la ocupación del aeropuerto se dio inmediatamente después de la llegada de 30 médicos cubanos para reunirse con los cerca de 300 que ya estaban en la isla desde hace más de un año. Y muchos sospechan que algo podría tener que ver con la ocupación del aeropuerto. Trinidad & Tobago Express, por ejemplo, informa que “una misión de ayuda emergencia de la Comunidad Caribeña [Caricom] a Haití, incluyendo a jefes de gobierno y funcionarios técnicos de relieve, no pudo obtener permiso este viernes para aterrizar en el aeropuerto de ese país devastado, ahora bajo control de los Estados Unidos.” Además, “indagado acerca de si las dificultades encontradas por la misión de Caricom podrían estar relacionadas con informes de que las autoridades norteamericanas no estarían ansiosas en facilitar el aterrizaje de naves procedentes de Cuba y Venezuela, el primer ministro Golding [de Jamaica] contestó que ‘solamente espero que no haya ninguna verdad en ese tipo de pensamiento inmaduro, a luz de la espantosa extensión de la tragedia de Haití’…” (10).

El siguiente testimonio del director del Ciné Institute de Jacmel, David Belle, también contradice radicalmente la imagen de caos y violencia difundida por los medios. “Me han contado que muchos medios informativos norteamericanos pintan Haití como un polvorín a punto de explotar. Me han dicho que los reportajes principales de los grandes medios solo hablan de violencia y caos. Nada hay más lejos de la realidad… Ni una sola vez he sido testigo de un solo acto de agresión o violencia. Al contrario, hemos visto a vecinos ayudando a vecinos y amigos ayudando a amigos y extraños. Hemos visto a vecinos excavando en los escombros con las manos desnudas para encontrar a supervivientes. Hemos visto a curanderos tradicionales tratando a los heridos; hemos visto ceremonias solemnes ante entierros colectivos, y a moradores esperando pacientemente, bajo un sol abrasador, con nada más que unas pocas pertenencias que les quedaron. Una ciudad mutilada de dos millones de seres esperando ayuda, medicina, alimento y agua. La mayoría no ha recibido nada. Haití puede enorgullecerse de sus sobrevivientes. Su dignidad y decencia frente a esta tragedia son en sí mismas asombrosas”. (11)

Todos esos elementos justifican la sospecha de que está en marcha una macabra estrategia del caos para justificar una invasión y ocupación que por lo visto nada tendrá de humanitaria.

José Luis Vivas
(Enviado por Roberto Blanco)

Olivier Herrera Marín: Haití y Chile, Latinoamérica en el corazón



HAITÍ

Desde hace seis días Haití, la Perla Negra del Caribe, se debate entre la vida y la muerte, se estremece y muere, y no por culpa de la fatalidad ni de la Madre Tierra, ya que si el mismo terremoto - con idéntica intensidad- tuviera lugar en USA o el Japón, estaríamos hoy hablando -a lo sumo- de tres muertos y una docena de heridos.

Haití, sumida hoy en el caos más absoluto, sin comida, sin hospitales, sin medicinas, sin justicia y sin ley, arrastra penosamente por las calles desoladas de Puerto Príncipe donde la muerte acecha y la vida no vale nada, su cruz, su inconsolable pena. Haití, se nos derrumba y sucumbe, se nos muere alucinada ante los ojos húmedos e impotentes de los ciudadanos del mundo distante, opulento y cansado, cuando no son los ojos fríos, impasibles e inhumanos de quienes -como el Obispo de la Diócesis Vasca de San Sebastián Monseñor Munilla- sólo les preocupa su Dios y les mueve la salvación eterna del alma de los pobres negritos, que el cuerpo, la carne, es el enemigo del alma, es la razón del pecado.

Haití, pese ha haber sido la primera en romper su yugo de esclava el 1 de Enero de 1804 se nos hunde hoy y perece en el abismo de su infernal pobreza, alcanzada y derribada sísmica y sistemáticamente por el zarpazo terrorista e inmisericorde de su perenne tragedia social y política, humana, porque no es la Tierra, no es la naturaleza la primera y la última ni la más responsable de su situación endémica, de cuanto le ocurrió hasta el 12 de enero de 2010 y le está ocurriendo hoy, seis días después del movimiento sísmico.

Haití, sojuzgada y saqueada, esclavizada y violada por los hijos y los nietos -con derecho a pernada- de Isabel y Fernando y del “Rey Sol” cuando encontró las fuerzas para levantarse y sacudirse, romper su yugo de esclava -el 1 de Enero de 1804- estaba ya tan exhausta y desangrada que fue una presa muy fácil para los casacas azules y los marines USA, para todos los “Hijos de la Gran Bretaña” todos esos opulentos matones perdona vidas, que hoy, cuando nadie ignora ni puede ignorar los orígenes y las causas de cuanto ha ocurrido y está ocurriendo en Haití, aún tienen el rostro de presentar sus regias condolencias al pueblo de Haití y mover sus muy ilustres y horondas posaderas para correr a Puerto Príncipe como si fuesen los ángeles de la guarda y poder hacerse la foto del recuerdo, con todos los medios de comunicación, radio, prensa y televisión, presentes, que han de ejercer de notarios y dar fe de la entrega de los cascabelitos, las banderitas y los abalorios, los dos sacos de harina blanca y las cuatro carretas de cacahuetes con tres toneles de agua bendita gentileza de algún prelado iluminado para los pobres negritos de Haití.

Y no sigo con Haití por no mentar…


CHILE

Se ha perdido una batalla, ciertamente importante, que en realidad ya estaba perdida, desde el mismo día en que la Concertación culmino su ciclo vital y firmo su acta de defunción, al enrocarse y negarse a abrir las puertas y las ventanas para que se ventilasen las habitaciones oscuras e insalubres y entrará el aire fresco, y la gente nueva capaz de volver a ilusionar al electorado de centro izquierda. Se ha perdido una batalla, pero nada se ha perdido para quienes les queda la fuerza para levantarse, la capacidad de soñar y crear el amor y la vida, para quienes tienen el futuro en sus manos al tener; la experiencia y la dignidad, la juventud y la salud, la conciencia crítica y solidaria, los conocimientos más amplios, genuinos y profundos, la fuerza de la razón y la palabra. Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami tienen y tendrán mucho qué decir, sumando multiplicarán y seguro que no son ni serán los únicos que pueden revertir la situación a cuatro años vista. Éste es tan sólo un paso atrás en la imparable marcha del Pueblo Chileno y los pueblos de Latinoamérica hacia las cumbres de la Gran Cordillera en el Bicentenario de su Propia Independencia .

El futuro de las tierras y el trabajo, el amor y la vida de los pueblos de Chile y de Latinoamérica, están en el nombre y la memoria, la semilla, de Simón Bolívar y José de San Martin, de José Antonio de Sucre y José Gervasio Artigas, de Antonio Nariño, de Miguel Hidalgo y José María Morelos, de Bernardo O’ Higgins y Mariano Moreno, de Emiliano Zapata y Luis Emilio Recabarren, de Salvador Allende y Gladys Marín. Están en las voces resueltas, firmes y poderosas de Vicente Huidobro y del Canto General de Pablo Neruda, en las voces de Victor Jara, Nicanor y Violeta Parra, de Mario Benedetti y Daniel Viglietti, de Juan Gelman y Mercedes Sosa, de César Vallejo y García Márquez, de José Martí y Nicolás Guillén.

El futuro de las tierras y el trabajo, del amor y la vida de los pueblos de Chile y de Latinoamérica, están en la ancestral y profunda sabiduría de las comunidades indígenas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, de Chiapas, Campeche y Yucatán, en las humanas y más dignas razones de los zapatistas, en la desesperación y justa rebeldía que embarga el alma de los más, en la fiel memoria, el amor y el valor de las abuelas de la Plaza de Mayo, en la cultura y la nobleza, el valor y la sencillez de los tehuelches y los mapuches, de la población náhuatl, de los mayas y los guaraníes, de los quechuas y aymarás, en la defensa de la Madre TIERRA y voz telúrica del viento y la luz de sus ancestros; Lautaro, Pelantaru, Lientur y Caupolicán, de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, de Túpac Katari y Bartolina Sisa, de Manuela Beltrán y José Antonio Galán, de mama Dolores Cacaungo, en el espíritu Pachakuti de los Pueblos originarios, el nuevo despertar de los hijos de la Pachamama y el Tata Inti.

Olivier Herrera Marín
Presidente, Asociación Internacional de Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía.

Un dolor, un poema por Haití



Felix Morisseau Leroy

ASÍ OCURRIÓ


Así ocurrió
Jesucristo tenía que morir
Pese a todo tenía que morir
Aun cuando Pilato dijera que no
Caifás insistía tanto
Que se llegó a condenar al Hombre
Tenía días sin comer
Y estaba tan débil
Que al subir al Monte de los Olivos
Con dos maderos al hombro
Iba de tumbo en tumbo
Pilato lo miraba con compasión
Y también los soldados romanos miraban
Fue entonces que por ahí pasó un hombre
Simón Cireneo
Un negro fuerte, como Paul Robeson, pasó por ahí
Miró aquello como sólo los negros saben mirar
Pilato sintió lo que el negro tenía en su corazón
Y a los soldados hizo una señal
Todos se echaron sobre Simón
Y con fuerza lo apalearon
Luego le dijeron: toma la cruz y cárgala
Simón tomó la cruz
La tomó de la mano del blanco
Se echó a correr con ella
Se echó a cantar
Se echó a bailar
Bailó cantó
Se fue corriendo hacia arriba
Dejando atrás a todos
Regresó cantó bailó
Hizo girar la cruz sobre su cabeza
La echó al aire
La atrapó
La cruz quedó bailando sola en el aire
La gente gritó milagro
Y cuando cayó la cruz
Simón la tomó
Bailó mucho con ella
Antes de devolverla a Jesús
Desde entonces
Cuando es muy pesada una cruz
Cuando algo pesa demasiado
para las fuerzas de un blanco
Llaman a un negro para que cargue
Después bailamos cantamos
tocamos el tambor
tocamos el bambú
Nuestra espalda es muy ancha
Cargamos la cruz, cargamos el fusil,
cargamos el cañón
ayudamos al blanco
cargamos los crímenes
cargamos los pecados
cargamos por todos.

Felix Morisseau Leroy nació en el pueblo de Jacmel en 1912.
Algunos críticos lo señalan como una de las más reveladoras
voces de la historia de la poesía de Haití. Su libro Dakout, al
que pertenece este poema, data de 1952. Escribió en créole y
y fue un defensor de la literatura en esa lengua. Murió en 1998.
(De La poesía de Haití; estudio de María Renata Segura y Eduardo Dalter;
Buenos Aires, 2001.)

Cristina Villanueva: Dos textos caseros



Vecindades

La Santa Rita era como un puente, una frontera de flores rojas,lloviendo sobre mi patio, un techo florecido en lugar de rejas.
Sabíamos que a la vecina no la beneficiaba su propia planta que caía como un regalo de belleza, sobre nuestra casa. Muchas veces es difícil de soportar que algo, de la sagrada propiedad privada, se de a otro por vocación o azar, por eso le hacíamos a la vecina (o a la planta) pequeños regalos. Ella se quejaba de las hojas que le tapaban la rejilla y que la obligarían a sacarla, nosotros posponíamos el momento con mimos, un peaje de sonrisas para el disfrute visual. No valía decirle que la deuda que teníamos con su planta, la pagaríamos con otra, que se de a otros, armando redes floridas.
Un día, ya sin vacilaciones, me dijo, -Cristina la saco, al rato, como culpable, me pidió, espero que todo siga igual entre nosotras –con llanto contenido, le contesté, la planta es suya.
Nunca será igual, sentí desprotección (como si fuera un problema de seguridad). Me basaba en que las espinas de la planta impedían el paso de posibles intrusos. Aunque sé que la sensación de desamparo surgía, del hecho de no poder mantener en el aire, ese borde rojo, que guardaba mi agradecimiento.
Más tarde, pensé que el patio parecía más luminoso y grande. Eso por no hablar del desconsuelo de mis ojos, o del duelo de romance herido entre las casas.



Reflexiones sobre la mudanza de la ubicación de la cama en el dormitorio y sus azarosas consecuencias

Ella cambia, le da la cara a un pedacito de cielo y de árboles, acuesta su ser desde lo nuevo, algo se mueve, a partir de ese pequeño movimiento duerme mas, serán las oscilaciones de la luz .La vida no, pero la noche que es la despedida del día, muda .Un placer secreto en dejarse llevar del otro lado de las cosas. Con la piel abierta, espía por la pequeña ventana celeste. Encuentra un dios que le promete desayuno con dátiles, y derrama alegría lunar sobre su cuerpo, apenas los pies tapados por las sábanas. Los pies que se niegan a la total desprotección. de la desnudez Los pies disfrutando lo materno que cubre mientras el resto interpela una mirada de hombre o de dios benigno .Se brinda a esos ojos confiando en el perdón por las imperfecciones que guardan la historia del tiempo .Un cuerpo rico de viajes y lecturas, que se abrió en los partos, con pechos que alimentaron y brazos extendidos al amor y la amistad .Con piernas que caminaron junto a otros para que no se haga una guerra, contra una muerte, por la vida.
Que lloró en la escena final de la lengua de las mariposas, en la escena final de todos sus queridos. Y que ahora, a veces se acurruca y a veces desafía, y todavía busca por el pequeño espacio que le dejan las ciudades al cielo, un resplandor cósmico que le envíe señales..


Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar